Capítulo II. Instalación del diablo en el texto nacional
3. El infierno, ese otro carnaval
El mundo invertido que va desarrollando Faramalla con sus intervenciones se ve consolidado en la participación de Siroco, su criado, y Petronila, sirvienta de los Barreta117. Ambos personajes pertenecientes a la cultura popular montados sobre una mula (mujer casada transformada por el diablo, según se nos explica, de modo aleccionador), viajan
116 Revisar “Introducción” de Leyton, César & Palacios, Cristián (Eds.). Industria del delito. Historias de las
ciencias criminológicas en Chile. Santiago: Editorial Ocho Libros, 2014.
117 Como los graciosos del teatro áureo español, sujetos populares, “menores”, que entraban en el teatro solo a
hacia un reino desconocido. La sirvienta no sabe dónde está y no reconoce al personaje vestido con extraordinaria riqueza que se le presenta:
Cubría su talle un jubón de seda carmesí con abotonadura i adornos de oro; calzón corto de la misma tela, con franja de oro, i polainas de seda blanca que le llegaban de la rodilla abajo, i en cuya parte superior sujetaba un broche de brillantes en cada lado de la rodilla. Su calzado estaba cubierto de oro i brillantes, lo mismo que su cabeza, que adornaba una corona real de oro salpicada de brillantes i rubíes, combinados de manera que produjesen un efecto magnifico (56).
La descripción del personaje, muy próxima a la que se hace de Faramalla, refuerza la idea aristocrática del vestir por sobre el sujeto. La fantasía material se traduce en una descripción sobrecargada de elementos extemporáneos y extranjeros, al estilo del modernismo en boga en los años de escritura del texto, es decir, la aparición de elementos ajenos al contexto inmediato, propios de otros lugares y tiempos. El cuadro lo completa la transformación de Petronila en princesa, y la visita al castillo en el que se encuentran.
Ante la pregunta por quiénes son los ricos presentes en el castillo, el príncipe responde: “son los cortesanos, acostumbrados a vivir a costa de las rentas del Estado. Les he dado honores i privilejios para tener una corte fastuosa i también para tener amigos” (61). Justamente, aquel es el pecado del príncipe, el haber sacrificado al pueblo para dar lujo a esos señores: “yo he sido un mal príncipe, cruel, abusador. Entreguéme a los vicios i a los crímenes; para mantener una corte de empleados inútiles i aduladores oprimí, con impuestos i contribuciones al pueblo trabajador; i ahora estoi condenado a vivir en el
mundo en figura rara, como tú me has conocido, o en forma de burro” (61). La confesión del pecado confirma el comportamiento propio del Antiguo Régimen del príncipe118.
El espectáculo que presencia Petronila no es más que un simulacro creado por “aquel que todo lo puede”119 para generar mayor pena en los pecadores. Con dichas fastuosidades y fiestas no hacen más que recordar su grandeza pasada y la escasez del presente120. La sirvienta ingenuamente pregunta por los hombres buenos: “No seas tonta, princesa cándida, respondió el príncipe riéndose; donde veas reyes i aduladores, riquezas i esplendores, no preguntes por virtud ni por buenas obras. Ah! si yo hubiera sido pobre, sería más feliz ahora!” (62). La exaltación de la pobreza como forma de vida justa, en contraste a la vida de reyes y del alto clero, tiene un origen en las ordenes mendicantes nacidas en la edad media, no obstante, en este caso respondería más bien a una forma expresiva de culpa por no haber seguido una vida menos fastuosa. Se presenta en este fragmento, cierta noción de mesura o repartición justa de riquezas, pensando que el intercambio material (y espiritual también si consideramos las almas como materia de cambio) es uno de los temas principales del texto. El infierno presentado lleva a cabo la premisa carnavalesca como inversión del mundo: “cuando entró al infierno el primer mocho de sotanas, el diablo huyó de miedo; i le dejó el campo libre. Desde entonces el infierno es la morada predilecta de esta jente...” (125). De ahí el lamento de Siroco: “si yo hubiera sido pobre, sería más feliz ahora”, enalteciendo la vida humilde del pobre y, por
118 Lo cual lo situaría en un cuarto círculo, según la ordenación de Dante en la Divina Comedia, es decir, junto
a los avaros y pródigos, movidos por el poder y la codicia, uno de los mayores males en la época del poeta florentino, particularmente para hombres de Iglesia. La misma preocupación parece estar en Rosales, Vicuña Mackenna y, por supuesto, en Lastarria, quien sigue de mejor manera el patrón dantesco.
119 También se dice de él: “Ese encanta a todo el mundo; lo manda todo, porque es señor absoluto, rei el más
poderoso; gobierna millones de hombres, tiene millones de espíritus a quienes trasformar en figuras diversas i él mismo puede aparecer como quiere” (62).
120 El viaje aleccionador de Petronila tiene algo del Cuento de navidad (1843) de Charles Dickens.
Desconocemos si fue una lectura o referente para Rosales, sin embargo, el tipo de moralización y representación operan de manera bastante similares.
extensión, del pueblo. La descripción del infierno gobernado por sujetos de sotana es la mejor escenificación paródica de esta inversión. La diferencia es que el tiempo festivo del carnaval se vuelve eterno, removiendo el sentido cómico por uno directamente trágico. Esto puede leerse a manera de crítica o moraleja en tanto consideramos el contexto histórico que sostiene el relato, es decir, la diatriba entre conservadores y liberales en Chile en torno a la administración del país, asunto abordado en la introducción de este estudio.
Faramalla señala que el infierno “no es más que 1a privación del amor. Por eso el diablo gusta pasear por el mundo en formas humanas diversas, porque así puede tener sensaciones i así puede ser querido” (122)121. Esta ausencia o privación de amor es la expresión máxima de vacuidad o vacío de sentido del infierno. Eagleton explica que “para la teología tradicional, estar en el infierno es caer de las manos de Dios por haber despreciado deliberadamente su amor, suponiendo que tal situación fuese realmente concebible” (34). Al no haber vida fuera de dios, siguiendo esta nomenclatura, el infierno se caracteriza no por la perpetuidad, sino por la extinción o destrucción del ser122. Justamente, como plantea Faramalla, el infierno es la ausencia total de dios, de la bondad123. El vacío entonces, surgido de la ausencia del amor (de dios), adquiere una forma violenta en Faramalla quien, contrariado, con rabia y soberbia dice: “el diablo, como es poderoso, se molesta con los amores difíciles; no puede tener la calma, la paciencia, la constancia que los hombres, i, por consiguiente, se cree autorizado para obrar
121 Esta idea del diablo dando vueltas por la tierra tiene su origen en la tradición clásica. Hades, enamorado de
Perséfone (hija de Deméter), la rapta mientras ella recolecta flores en los campos de Nisa. Tras algunos ardides, Hades logra atarla a él y al inframundo. Zeus interviene y la deja estar solo un tercio del año por él. En esta época es cuando cae el invierno, expresión de tristeza y luto de la diosa. Varias veces Hades muestra cierta inclinación o clemencia hacia el amor, como con Orfeo y Eurídice, justamente por entender su propia carente situación.
122 No sin cierta ironía, Eagleton dice: “quienes viven en el temor al fuego del infierno, pues, pueden estar
tranquilos. La buena noticia para ellos es que no se asarán por los siglos de los siglos. Y eso es así porque (la mala noticia es que), simplemente, se consumirán hasta que nada quede de ellos” (34).
violentamente” (122). Esta declaración nos permite vincular el mal con la destrucción, entendida como la única forma de triunfar sobre el acto (divino) de la creación: “El mal preferiría en realidad que no hubiera nada en absoluto, ya que no le ve sentido alguno a las cosas creadas. Las detesta porque, como bien afirmaba Tomás de Aquino, ser es –en sí mismo- una forma de bien” (Eagleton 63-64)124. Este principio destructivo es lo que lleva a Faramalla a querer terminar, incitando el suicidio, con la vida de Barreta, desquitándose de dios, haciendo una suerte de parodia (inversa, por supuesto) de la creación.