IV. CONCLUSIONES
4.1. Sobre la influencia de aspectos socioculturales en la génesis y
Existen multitud de aspectos socioculturales implicados en la génesis o desarrollo de los trastornos de la personalidad.
Estos aspectos, pueden diferenciarse en primer lugar en función a su naturaleza (papel que ejercen o forma en la que influyen), pudiendo ser causales (como parte de la etiología), o condicionantes (aspectos que favorecen u obstaculizan el desarrollo o evolución del trastorno).
Además, estos aspectos se pueden diferenciar también por su origen (contextual), siendo de tipo psicosocial ,cuando se encuentran en el entorno inmediato de la persona y forman parte de sus experiencias vitales únicas , privadas, o sociocultural (propiamente dicho), cuando están presentes en el medio sociocultural comúnmente compartido por los individuos de un contexto determinado.
Dentro de los aspectos de naturaleza causal (factores causales), existen algunos que funcionan como predisponentes (cuando consolidan unas condiciones favorables para el desarrollo de la patología), como es el caso de las experiencias duraderas o generalizadas o las normas y valores culturales, o como precipitantes (cuando un hecho o circunstancia determinada en el entorno social de la persona acelera, desenmascara o impulsa el desarrollo de la misma), como las experiencias traumáticas y las situaciones estresantes a
nivel ambiental.
En cuanto a los aspectos de tipo condicionante (factores condicionantes), encontramos los llamados “facilitadores” ( cuando influyen y determinan de forma favorable la evolución y pronóstico de la enfermedad), y los “obstaculizadores” (los que entorpecen el pronóstico de la misma, hacen que su evolución sea menos favorable).
Ejemplos de ésto serían la existencia (o no) de una red de apoyo en el entorno inmediato de la persona, los recursos especializados que haya para atender la problemática etc.
En resumen, los aspectos socioculturales (psicosociales y socioculturales), pueden ser de naturaleza causal (precipitante o predisponente), o de naturaleza condicionante (facilitador u obstaculizador).
Sobre los aspectos psicosociales.
− Los aspectos de tipo psicosocial son los que gozan de un mayor reconocimiento tanto en los diversos manuales teóricos sobre el Trastorno de la Personalidad como en el terreno del tratamiento e intervención.En general, los factores psicosociales causales hacen referencia a las experiencias vitales de las personas: experiencias duraderas y generalizadas (el proceso de socialización, las relaciones, educación y dinámicas familiares etc.), o experiencias traumáticas (abusos sexuales, maltratos y otro tipo de situaciones generadoras de malestar).
− Según numerosos autores, los aprendizajes, la educación y el trato que la persona recibe en su entorno inmediato (generalmente familiar), pueden predisponer a la consolidación de personalidades patológicas: aquellas que resultan conflictivas e inadaptadas a los entornos socioculturales predominantes y constantemente acarrean problemas que conllevan consecuencias negativas para la vida de la persona.
perjudiciales tienen la característica común de ser cambiantes y confusos en la comunicación, es decir, nos encontramos con familias poseen un patrón inconstante en el establecimiento de límites. También es perjudicial si existen diferencias en los estilos o patrones educativos de ambos educadores. La persona interioriza una tendencia a no aceptar ni adaptarse a los límites por su creencia de que los límites son cambiantes y nunca se mantienen estables. Uno de los prototipos más comunes es: padre “florero” y madre “sobre protectora”.
− Las experiencias traumáticas pueden entenderse como una causa precipitante para el desarrollo de un TP , pero no explicarían su surgimiento, más bien desenmascaran las carencias adaptativas de la personalidad de la persona que las padece (lo ponen de manifiesto). Algunos pacientes tratan de “ocultarse” tras estos episodios, pero la realidad es que se trata de un problema mucho más global: también existen personas que superan tales experiencias sin desarrollar un TP. En concreto, parece ser que los TLP son el tipo de trastornos de la personalidad en el que más abundan este tipo de experiencias en las historias de vida de los pacientes.
− En relación a los aspectos psicosociales condicionantes, decir que el apoyo/implicación del entorno inmediato de la persona (familia, pareja) en el proceso de recuperación, condiciona favorablemente la evolución o el pronóstico de la patología: el grado en que el entorno siga las recomendaciones de los profesionales es un factor clave.
− Otro factor condicionante del entorno es también el grado de apoyo con que cuenten las familias (entornos inmediatos) de las personas que poseen un Trastorno de la Personalidad. Los familiares / parejas etc. que conviven en su día a día con estas personas son los denominados “pacientes ocultos”. Una correcta atención hacia los mismos hace que sus
labores contribuyan en forma positiva a la recuperación de la persona.
Sobre los Aspectos socioculturales.
− Los aspectos socioculturales (causales) propiamente dichos, es decir, los modelos de conocimiento, educación, adquisición de moralidad y valores que podemos considerar comunes y compartidos entre los individuos de un mismo contexto cultural, como por ejemplo los referentes a la conducta occidental, están hoy en día siendo reconsiderados y replanteados entre los teóricos ambientalistas, y podrían brindar una explicación contundente al aumento acusado de este tipo de patologías en las últimas décadas, aunque se trata de simples “especulaciones”. − Estos aspectos hacen referencia a los cambios constantes observados
desde el término de la II Guerra Mundial , y pueden simplificarse en: la expansión del neoliberalismo en todos los campos de la vida económica, cultural y social y el avance de los Mass Media y las nuevas tecnologías (con la consecuente transformación de las relaciones sociales).
− Las consecuencias de estos cambios en relación a su influencia en la formación de la personalidad individual son:
1. La postmodernidad ha traído con sigo la consolidación de una estructura social que lejos de servir como marco estable para la formación del individuo- personalidad, se ha convertido en un continuo cambiante, cuyas características exigen el desarrollo de numerosas habilidades y capacidades en los individuos de forma inmediata.
2. Esta necesidad de inmediatez provocaría lo que muchos autores han denominado “estrés ambiental”: nos encontramos en una sociedad cuyo ritmo de cambio es estresante, implica un funcionamiento elevado de las capacidades humanas y acorta los tiempos y ritmos naturales de adaptación
que en la historia ha tenido nuestra especie ( “aceleramiento del tempus psíquico”).
3. Ante esta necesidad de adaptación inmediata, aquellas estructuras de personalidad consolidadas bajo unos patrones estables y asentados que han permitido al individuo adquirir cierta identidad personal, sentir el apoyo de un grupo o comunidad y adquirir una serie de habilidades de afrontamiento de las distintas circunstancias emocionales y sociales necesarias para la vida (tolerancia al malestar, habilidades sociales, resolución de conflictos, habilidades emocionales, capacidad crítica y de reflexión, autoestima etc) , tendrán menores dificultades para afrontar estas exigencias con éxito.
Sin embargo, aquellas personalidades que, bajo una predisposición biológica o no, se hayan construido en entornos inestables , invalidantes (sobre- protectores), represores con la experiencia privada, contradictorios en normas y mensajes, ineficaces en la transmisión de una moralidad de base o de un sentido de pertenencia e identidad , de apoyo o contención incondicional etc., podrían ser en cierto modo más vulnerables a la presión social y ambiental y desarrollar estilos patológicos (poco adaptativos y generadores de malestar) de conducta y comportamiento en su intento por sobrevivir.
4. Las manifestaciones de personalidad/conducta desadaptativas que encontramos son entre otras: intolerancia a la frustración, conductas evitativas, miedo al abandono, conductas antisociales, dependencia emocional, incapacidad para tomar decisiones, necesidad de reconocimiento y autoafirmación constante ante los otros , obsesión por el control, la perfección o la apariencia, incapacidad de establecer relaciones sociales normalizadas, y en definitiva, concepción poco realista (según edad, cultura etc.) del “sí mismo”, los demás y del mundo y las situaciones vitales.
5. La expansión del neoliberalismo ha traido consigo la llamada “crisis de valores”: la sociedad se rige por una lógica puramente mercantil, competitiva,
individualista, superficial, materialista, y ante esta avalancha, poco lugar queda para la construcción de una ética compartida que apueste por la solidaridad, cooperación, respeto, tolerancia etc., valores todos ellos necesarios para la vida en sociedad. La ética se diluye, se vuelve un conjunto de “relativos” utilizados en base al propio interés.
6. Esta “permisividad social” es la que se traduce en un aumento progresivo de personalidades conflictivas. En muchas ocasiones, sobretodo cuando hablamos del Trastorno Límite de Personalidad, no se trata de diagnósticos certeros. Se trata de jóvenes o niños “mal-educados”. El problema de base es una educación ineficaz en la transmisión de dicha ética o moral (sentido común). Son situaciones que se han “ido de las manos” a los padres o educadores. Personalidades intolerantes, caprichosas, carentes de responsabilidad, empatía y un largo etc., es decir, personalidades creadas a imagen y semejanza de nuestra sociedad actual.
Pero también son personalidades faltas de “sentido”, de entendimiento sobre sí mismos y el mundo que les rodea, que experimentan un gran vacío existencial y sufrimiento internos. A ésto se une la “psiquiatrización” que reina actualmente en nuestra sociedad: todo lo que no es bueno es porque está enfermo...
Realmente existe mucha más violencia en la calle que en la realidad de la enfermedad mental, y muchos más casos de personas “mal-educadas” que afectadas por una patología como el TP. Es decir, quizás este aumento de la patología se deba a la existencia de “pacientes falsos” .
7. Un aumento de los conflictos emocionales: tanto por el estrés y competitividad cotidianos en la vida de las personas, como por la intolerancia al malestar y la carencia de habilidades de afrontamiento. En nuestra sociedad los conflictos emocionales surgen de forma casi cotidiana, pero no encuentran mecanismos de contención naturales (familiares, amigos etc.) e interpretan el malestar como una enfermedad, abarrotando las consultas médicas,
psicológicas etc. Se trata de problemas emocionales, necesarios y naturales en la vida de toda persona. Sin embargo se pretende y reclama la inmediatez: el hombre ha de ser productivo al 100% en todo momento, al igual que una máquina, o no es “útil”.
En definitiva, más de lo mismo, la población general no posee desarrollada la tolerancia al malestar, ni las habilidades necesarias para la resolución de los conflictos personales por sí mismos, dentro de la intimidad.
Muestra de ésto es lo acontecido en relación a la última edición del DSM V (próxima traducción en nuestra lengua), el cual incluye como trastornos mentales los cambios de humor en los niños y los procesos de duelo entre otros...
8. Otra consecuencia de los cambios de la post-modernindad es la influencia de los Medios de Comunicación Social (MCS) en la transmisión de valores y de modelos de referencia y comportamiento. Los MCS juegan un papel importante en este sentido: proporcionan a la sociedad una serie de modelos de referencia. Nuestros medios de comunicación no muestran modelos de referencia de buenas conductas, actos solidarios, aportaciones intelectuales, compromisos sociales, excelencias laborales, educativas, artísticas etc. Para resumirlo de una forma más coloquial, nuestros medios de comunicación muestran como “modelos de referencia” personalidades histriónicas, carentes de empatía y compromiso social, de moralidad, humanismo, de esfuerzo intelectual etc.
9. Además no podemos olvidar la influencia de las redes sociales : han traído consigo un aumento abrumador de la “esfera pública” de los individuos y la renuncia a gran parte de la intimidad personal, afectiva y social. Se trazan cada vez interacciones más superficiales, a través de la “pantalla”, la “imagen”, “la fachada”. Se sobrestima la cantidad de “relaciones sociales” en vez de la “calidad ” de las mismas. Como consecuencia encontramos personalidades cada vez más histriónicas, más “hacia afuera”, más “dependientes” y
necesitadas de reconocimiento social , más pobres en la interacción directa con las personas.
10. Todo este tipo de características van consolidando las coordenadas de ésta nueva cultura postmoderna en cuestión de valores: autosuficiencia, competencia, individualismo, imagen, cuerpo, juventud, belleza, dinero, éxito y un largo etc., son las aspiraciones que se “contagian” a la masa poblacional. - Además de estos aspectos socioculturales (causales) existen otros que influyen en la evolución y recuperación de la persona una vez diagnosticado un TP, a modo de condicionantes, como serían: los recursos existentes: calidad, cantidad, grado de especialización, accesibilidad etc.
4.2 Sobre las principales vías de intervención en la práctica del Trabajo