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Influencia de las cubiertas sobre la humedad del suelo del viñedo

SUSTAINABLE LAND MANAGEMENT IN STEEP VINEYARDS IN CENTRAL SPAIN THE VISION OF LAND USERS.

6.1. Influencia de las cubiertas sobre la humedad del suelo del viñedo

La humedad del suelo está muy condicionada por la meteorología. Los años de estudio se han caracterizado por haber sido especialmente calurosos y con escasas precipitaciones. Esta situación ha dado lugar a elevadas tasas de evapotranspiración y un mayor déficit hídrico. Pero no sólo la meteorología es importante, la interacción planta-suelo también ha de tenerse en cuenta. En primer lugar es necesario considerar que la propia vid también consume agua a lo largo de su ciclo fenológico (marzo a septiembre). Este es un periodo decisivo, que se puede dividir en dos periodos fundamentales. El primero sería el desarrollo de las vides que va de marzo a julio. Esta etapa incluye la brotación (marzo-abril) y floración (abril-junio) de las vides. También se ha incluido en esta etapa el envero, cambio de color del fruto, en la transición entre el crecimiento y la maduración que ocurre a final de junio o principios de julio. En segundo lugar estaría la maduración del fruto, que va de julio a septiembre. El mantenimiento prolongado de la humedad en torno al punto de marchitez en estos meses (marzo a septiembre) daría lugar a mermas en la producción pudiendo llegar incluso a perjudicar a la propia planta. La instalación de las cubiertas vegetales añade una posible competencia por el agua. El manejo que se haga de las mismas (permanentes, segadas, etc.) puede repercutir en dicha competencia con mayor o menor intensidad en cada etapa según el estado vegetativo y su grado de desarrollo. Los meses tras la vendimia, que suele ocurrir en septiembre-octubre, se han incluido en el periodo llamado post-cosecha, que se dilata hasta la caída de la hoja en noviembre. A continuación durante los meses de invierno las vides progresivamente minimizan el consumo del agua debido a la bajada de las temperaturas que ralentiza la actividad de las plantas, es el periodo de latencia de las vides (noviembre-febrero).

Teniendo en cuenta estas premisas, en el viñedo de Campo Real donde se comenzó un año antes la experimentación, se observó que desde el primer año se producía un descenso de la humedad del suelo en la cubierta permanente (B. distachyon). La humedad media anual a 35 cm de profundidad del suelo de B. distachyon fue un 12 % menor (0,15 ± 0,00 m3 m-3) que la media obtenida en laboreo durante este primer año (0,17 ± 0,03 m3 m-3). Pero el descenso fue especialmente notable en el periodo comprendido entre abril y julio (floración y envero), periodo durante el cual la humedad a 35 cm de profundidad en B. distachyon (media de 0,17 ± 0,03 m3 m-3) fue un 15%

menor que en laboreo (0,20 ± 0,01 m3 m-3). Este periodo entre la floración y el envero de las uvas, abarca los meses críticos de desarrollo de la vid que además coinciden con el comienzo del verano, cuando las temperaturas aumentan y la irregularidad de las lluvias puede provocar escasez de agua. En estas mismas circunstancias, sin embargo, la cubierta de S. cereale (centeno) segada en primavera, no arrojó diferencias significativas en comparación al laboreo en ningunas de las etapas (media anual de 0,17 ± 0,04 m3 m-3 a ambas profundidades, 10 y 35 cm).

Se consideró importante corroborar este fenómeno durante más tiempo y en otros viñedos, con otras características de suelo. Efectivamente en los viñedos de Villaconejos y Belmonte también se detectaron diferencias. Así, los tratamientos usados en este estudio revelaron un patrón complejo en el cual durante ciertos periodos del año la humedad del suelo dependía de la lluvia mientras que en otros momentos dependía en mayor grado del crecimiento de las plantas y el consumo que éstas hicieran del agua.

Al comienzo del primer año de instalación de las cubiertas vegetales la humedad del suelo fue similar en todos los tratamientos debido a que el desarrollo de las plantas aún era escaso (porcentaje de cobertura medio <15%). Pero a partir de marzo (cuando tiene lugar la brotación de la vid) y a lo largo de abril-junio (floración de la vid), el desarrollo de las cubiertas (porcentaje de cobertura medio ~35%) aumentó el consumo de agua del suelo, lo que produjo diferencias relativas de humedad. Normalmente durante la primavera temprana no hay déficit de agua debido a la baja demanda (las vides consumen únicamente alrededor del 15% del agua total necesaria durante el ciclo anual) y porque la humedad del suelo suele ser alta gracias a las lluvias de primavera. Al final de esta fase de desarrollo se produce el envero de la uva que coincide con el comienzo del verano (final de junio y principio de julio). Es durante esta fase cuando las vides consumen hasta un 50% del total del agua de todo el ciclo fenológico, el periodo en el que un déficit de agua podría suponer la reducción de la producción y de la calidad del fruto. De hecho, durante el 2009, año en que la primavera fue especialmente seca, la producción de los tres viñedos descendió significativamente en comparación a años anteriores con lluvias de primavera más cercanas a la media de precipitaciones de la zona. En general de marzo a julio se observó que todos los viñedos labrados conservaban el suelo más húmedo a 10 cm de profundidad (media 0,13 ± 0,04 m3 m-3) y algo similar ocurrió a 35 cm de profundidad (media 0,13 ± 0,03 m3 m-3). Esto se debió al ahuecamiento del suelo conseguido mediante las labores, que produjo un incremento temporal de la porosidad que junto al incremento en la rugosidad favoreció la infiltración de las lluvias de primavera, que pudo mantenerse, dada la ausencia de cubierta vegetal que consumiera agua del suelo. El descenso de la humedad en las calles con presencia de cubiertas vegetales durante esta etapa de máximo desarrollo de las mismas, se solapaba con parte de la fase más críticas para el desarrollo de la vid, por lo que la producción del viñedo se vio afectada por la competencia por el agua. Durante la maduración del fruto (julio a septiembre), las vides consumen un 25% del agua necesaria durante su ciclo vegetativo. La humedad en este periodo descendió gradualmente en todos los tratamientos, y el suelo de laboreo seguía manteniendo la mayor humedad (media de 0,09 ± 0,03 y 0,11 ± 0,02 m3 m-3 para 10 cm y 15 cm de profundidad respectivamente).

Sin embargo, no todas las cubiertas ensayadas siguieron este patrón, y en algunos manejos se observaron valores de humedad similares e incluso superiores a los obtenidos en laboreo. Así ocurrió con el S. cereale, cubierta segada en primavera, que

dio lugar a una humedad en el suelo a 35 cm de profundidad (0,14 ± 0,02 m3 m-3) superior a la observada en el suelo labrado de ese mismo viñedo (0,13 ± 0,01 m3 m-3) durante los meses del periodo de desarrollo (marzo a principios de julio). Durante el periodo siguiente, en el que se produce la maduración del fruto de la vid (julio a octubre), la humedad en S. cereale a 35 cm de profundidad (0,12 ± 0,02 m3 m-3) fue igual que en el tratamiento con suelo labrado(0,12 ± 0,01 m3 m-3). Este resultado indica que la dosis de siembra y el manejo fueron correctos para este viñedo. El tratamiento de H. vulgare (cebada), con un manejo similar al S. cereale, durante la fase de desarrollo y maduración de las vides dio lugar a datos de humedad similares a los obtenidos con B. distachyon a una profundidad de 10 cm (B. distachyon: 0,06 ± 0,02 m3 m-3; H. vulgare: 0,06 ± 0,02), e incluso inferiores a la profundidad de 35 cm (B. distachyon: 0,09 ± 0,01 m3 m-3; H. vulgare: 0,07 ± 0,01 m3 m-3). Esto puede ser consecuencia de la distribución del sistema radicular de la H. vulgare, que llega a más profundidad que el de B. distachyon lo que explica que aquella pueda ser más eficiente extrayendo agua a esa profundidad. La vegetación espontánea dio lugar a un mayor consumo de agua a lo largo de todas las estaciones, incluyendo los meses más críticos. En ellos la humedad (0,09 ± 0,06 y 0,09 ± 0,04 m3 m-3 a 10 y 35 cm de profundidad respectivamente) fue menor incluso que en B. distachyon para el mismo viñedo (0,11 ± 0,06 y 0,12 ± 0,05 m3 m-3 a 10 y 35 cm de profundidad respectivamente). Se atribuyó a que la vegetación adventicia incluye gran diversidad de plantas anuales con sistemas radiculares muy variados y bien adaptados y por tanto eficientes a la hora de conseguir recursos hídricos. Se observó que esta cubierta tras la única siega que se realizó en primavera puede proliferar de nuevo consumiendo agua durante más tiempo lo largo del año.

En el siguiente otoño (post-vendimia) cuando comenzaron las lluvias, las diferencias de humedad entre tratamientos y laboreo se redujeron. En los días posteriores a la vendimia (octubre-noviembre), las cubiertas vegetales sembradas con siega anual (S. cereale y H. vulgare) reflejaron su capacidad de mejorar las tasas de infiltración del suelo en las lluvias otoñales, lo que conllevó a que la humedad del suelo en estas cubiertas se igualara a la del laboreo. E incluso, como en el caso de S.cereale a una profundidad de 35 cm (0,11 ± 0,02 m3 m-3), superara a la humedad del suelo bajo laboreo (0,10 ± 0,01 m3 m-3). Algo similar ocurrió con las cubiertas permanentes (B. distachyon) a 35 cm de profundidad donde la humedad también fue similar a la del suelo labrado. Para esta etapa de post-cosecha, el tratamiento de B. distachyon también arrojó valores menores de humedad en comparación con el laboreo pero sólo a profundidades menores de 10 cm (media de 0,08 ± 0,04 frente a los 0,09 ± 0,04 m3 m-3 obtenidos en suelo labrado) y lo mismo ocurrió con el suelo con vegetación espontánea a 35 cm de profundidad (0,04 ± 0,01 frente a los 0,10 ± 0,04 m3 m-3 de laboreo para ese mismo viñedo). Pero las ventajas del uso de las cubiertas vegetales permanentes (B. distachyon) se observaban claramente una vez que el momento de máxima necesidad de agua había pasado, en la fase de latencia de las vides, fase durante la cual no se obtuvieron diferencias en comparación a laboreo. Tampoco en S. cereale. Los suelos con vegetación espontánea siempre estuvieron más secos que los suelos labrados en este periodo (media de 0,16 ± 0,05 y 0,11 ± 0,04 m3 m-3 a 10 y 35 cm de profundidad respectivamente frente a los 0,18 ± 0,05 y 0,12 ± 0,04 m3 m-3 obtenidos en el suelo labrado para ese mismo viñedo) y algo similar ocurrió con la H. vulgare (media de 0,07 ± 0,02 y 0,08 ± 0,02 m3 m-3 a 10 y 35 cm de profundidad respectivamente frente a los 0,08 ± 0,02 y 0,10 ± 0,02 m3 m-3 obtenidos en el suelo labrado para ese mismo viñedo) donde la humedad fue menor.