Tres de las parejas del estudio tienen hijos. Estas son las parejas A, D y E. Una pareja, la C, espera un hijo. La existencia de los hijos influye en la situación lingüística de las parejas en varios aspectos. Primero, los hijos contribuyen indudablemente a obtener un nivel de conciencia más alto en el proceso de tomar elecciones lingüísticas. Se comprueba que la presencia de los hijos provoca una toma de conciencia en los padres sobre cómo la lengua de comunicación de la familia tiene que ser. Opuesta a la situación lingüística de una familia monolingüe, en una familia bilingüe esta elección lingüística no se hace automáticamente. Es lógico que los miembros de la familia tengan opiniones conflictivas sobre qué lengua hablar, y cuándo. Como la mayoría de los padres ya tienen ideas bien pensadas sobre la situación bilingüe de la familia y las estrategias para criar a los hijos bilingües, los participantes expresan que los hijos les dan la motivación necesaria para una acomodación de su propio lenguaje según estas estrategias. Al hablar con las parejas descubrí que el deseo explícito de la mayoría de los padres fue el mantener las lenguas separadas. Significa, entonces, que muchos de ellos no están contentos con la lengua del hogar siendo esta una alternación constante de lenguas. Sin embargo, lo aceptan como una consecuencia inevitable de ser una familia bilingüe. Recordemos particularmente a Elin, describiendo la situación de la lengua del hogar como una lucha consigo misma.
Además, parece que los hijos contribuyen a una conciencia más alta en los padres en lo que se refiere a su primera lengua. Los participantes hispanohablantes expresan que sienten una responsabilidad en criar a sus hijos bilingües, o por lo menos en que se familiaricen con la lengua minoritaria pasivamente. Según Ana, que tiene dos hijos en edad escolar, la lengua española representa para ella un requisito para preservar y transmitirles su cultura. Junto a sus hijos, participa en un grupo de padres hispanohablantes que se reúnen para cantar canciones españolas, contar cuentos y dejar a los niños familiarizarse con el trasfondo cultural de los
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padres. Otro padre hispanohablante del estudio, Enrique, se compromete mucho en la adquisición del español de su hija menor. En la entrevista habla sobre sus estrategias y expresa satisfacción ante el hecho de que todavía habla con ella únicamente en español.
La pareja C, que todavía no ha experimentado lo que quiere decir criar a un niño en un entorno bilingüe, ya tiene de todos modos sus reflexiones alrededor del tema. Cathrine y Carlos quiere que el hijo aprenda los dos idiomas. En su opinión, si el hijo crecerá con un híbrido lingüístico, va a tener problemas de separar las lenguas, y va a terminar confundido lingüísticamente. Por eso, dijeron en la entrevista, ya que piensan que el cambio de código contribuiría negativamente a la educación bilingüe del hijo, tienen ambiciones de seguir una línea más estricta en lo que se refiere al fenómeno.
La interacción lingüística de las parejas que tienen hijos se distingue de varias maneras de la de las parejas que no los tienen. Principalmente, cuando los hijos están presentes, la interacción se caracteriza por una conversación incoherente con enunciados incompletos y discontinuos. Con la presencia de los niños aparecen interrupciones constantes, y, así, dificultades para mantener una conversación fluida y suelta. Como los miembros de la familia siguen patrones diferentes para determinar cómo hablar a cada quién, alternan más a menudo el español y el noruego, dependiendo del interlocutor. El ejemplo que a continuación se muestra de la pareja E ilustra muy bien la dificultad que existe para mantener una conversación en una sola lengua:
(18) Elisa: Mamma, jeg mista denne!
Elin: Den kan du gi til pappa. ¿Qué es eso mi amor? Enrique: ¿Qué?=
Elisa: =Jeg mista denne her, mamma
Elin: (a la hija) Ja. Jeg vet ikke hva det er (al marido) ¿Qué es, mi amor? ¿Este? Para qué? ¿Este?
Enrique: Ah, es para la <?>
Elin: ¡Ah! Sí. Entonces lo pongo ahí.
En esta secuencia se puede observar muy claramente cómo Elin cambia de lengua según habla a su marido o a su hija. El cambio constante de las lenguas sucede rápidamente y sin reflexión.
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Las parejas que no tienen hijos mantienen conversaciones más largas. Pueden hablar durante quince o veinte minutos en una sola lengua, sin intercalar ni una palabra en la otra lengua. Otro rasgo típico es que las parejas que tienen hijos (las parejas A, D y E) emplean con más frecuencia los elementos léxicos noruegos en la estructura española. Caracterizaré estos casos cambios de inserción. Recordemos la enunciación de Ana a Anders:
(5) Ana: Tienes que hacer to matpakker, simplemente cuatro skiver. Otro ejemplo parecido aparece en el diálogo de Dag y Daniela:
(19) Daniela: Qué comió, qué comió por la mañana, manzana y banana y brødskive ¿no?
La interacción verbal de las parejas B y C se caracteriza más por el cambio entre turnos. Se quiere decir que utilizan más el cambio de código inter-oracional y menos del tipo intra- oracional que las parejas que tienen hijos.
Hay que enfatizar que este estudio se trata del bilingüismo adulto, así que la interacción que sucede sólo entre padres e hijos no será objeto de análisis. No obstante, dado que los niños igual participan en las conversaciones grabadas, hay que comentar cómo su influencia contribuye a la práctica lingüística de la familia y a la formación de los patrones del cambio de código. En este respecto representan un factor muy importante, sobre todo en lo que se refiere a la elección de lengua de los padres.
En última instancia, la existencia de los hijos juega un papel esencial en el proceso de sensibilización alrededor de la situación bilingüe de los padres.