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puesto en operación por el mit en 1966, el ya mítico The General Inquirer). Estos programas (Computed Assisted Qualitive Data Analysis) son conocidos por sus siglas en inglés como caqda.
En un principio estos programas, acorde a su juventud y a las posibilidades técnicas de los sistemas informáticos de la época, se limitaban a reproducir en una interface in- teractiva las tareas tradicionales del investigador cualitati- vo, como el recorte de fichas, la codificación de textos por medio de subrayados o el aglomeramiento de datos en un documento maestro.
En ese sentido, mucho de lo que ofrecían como novedad eran funciones que hoy puede realizar cualquier procesador de palabras casero. Con todo, la buena acogida que tuvieron entre un puñado de entusiastas, las nuevas posibilidades en materia de electrónica y computación, así como el reaviva- miento del interés por la mirada cualitativa en los ambien- tes académicos llevaron a que en casi una década existiera una nutrida oferta de distintos programas en el mercado (entre ellos tap, QualPro, HyperQual, TextBase, Alpha, y el celebrado Ethnograph), con funciones cada vez más avan- zadas y particularizadas, comenzando poco a poco a espe- cializarse y dividirse hasta hoy en dos grupos de tareas di- ferenciadas: descripción-interpretación y producción inductiva
de datos.
En el primer caso, se trata de programas especialmente útiles en la misión de ayudar al investigador a aislar y orga- nizar datos procedentes del trabajo de campo, a través de in- tervenir los documentos resultantes (entrevistas, observa- ciones, bitácoras, etc.) y, en el segundo, de aprovechar estos mismos datos para obviar y generar, de manera inductiva, explicaciones sobre los fenómenos intervenidos a partir de lo recabado en campo.
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Este segundo grupo de programas ha estado muy influi- do por el auge de la propuesta de la teoría fundada (grounded
theory) que, como ya hemos visto, ha basado su iniciativa en
la reivindicación de los procesos inductivos, partiendo del supuesto de que es más valioso generar explicaciones (teo- ría) de los fenómenos observados y desde la relación causal de los datos obtenidos, que intentar validar hipótesis gene- radas desde la teoría preexistente.
Aunque el debate sigue abierto y continúa sin existir un consenso acerca de esta afirmación, lo importante es que ambos tipos de programas se utilicen de manera flexible y complementaria para llevar a cabo la sistematización y ob- tención de datos tanto deductivos como inductivos, dejan- do la libertad al investigador de ser tan creativo como pueda y quiera ser en cada uno de sus proyectos.
En relación con este punto, vale decir que hoy la gran mayoría de los caqda, en comparación con sus rupestres antecesores de los años ochenta (muy limitados a sólo guar- dar registro de los datos identificados como relevantes por el investigador), están centrados en ofrecer al investigador herramientas y aplicaciones que le permitan cruzar datos de manera interactiva, intuitiva y amigable, relacionando, por ejemplo, los datos relevantes identificados en una et- nografía grabada en video o en audio con los encontrados en entrevistas transcritas, bitácoras en forma de texto o fo- tografías diversas.
La inmensa mayoría de estas aplicaciones, por ejemplo, ofrecen la oportunidad de generar sistemas de redes concep- tuales (como mapas semánticos graficados o matrices temá- ticas reticulares), donde se aprecia visualmente la conexión causal de datos contenidos en distintos materiales y docu- mentos, los cuales son cargados, mostrados y administrados por el mismo programa (y que pueden ser tanto fotografías
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como imágenes, fragmentos de video, grabaciones en audio o documentos de texto en distintos formatos).
Esto, entre otras cosas, hace mucho más fácil y factible proyectar y trabajar en conjunto con distintas técnicas, mé- todos y herramientas en un solo momento de relevamiento de campo, y visualizar más fácilmente hipótesis emergentes en distintos planos de interpretación, algo que era muy difí- cil de llevar a cabo con las técnicas e instrumentos tradicio- nales de lápiz y papel que solían implicar horas enteras de preproducción, recortado, pegado, subrayado y graficado, por no mencionar las largas y tediosas horas o días de clasi- ficación, codificación de textos y el análisis diferenciado de distintos materiales grabados.
Otra de las ventajas que ofrecen estos programas es fa- ci litar el trabajo colaborativo, pues a partir de funciones como el bundle (integración de datos en un mismo paquete) es posible compartir lo trabajado con otros colaboradores, o trabajar de manera diferenciada en los mismos datos y fuentes entre los miembros de un equipo.
Aun así, es necesario decir que el avance verificado en el desarrollo de tecnología informática, la creciente alfabetiza- ción digital de los usuarios, la convergencia de plataformas y el crecimiento de las necesidades académicas de producción y portabilidad de resultados digitalizados ha llevado a que los programas se actualicen demasiado rápido, siendo que ver- siones usadas hace uno o dos años de pronto quedan relega- das para ser sustituidas por diversas aplicaciones y versiones. Esto obliga a que el investigador se actualice constantemente y mantenga un ánimo experimental, o cuando menos en- tusiasta, además de mantener la precaución de actualizar el material en la nuevas versiones.
Otra de las ventajas que hoy ofrecen estos programas es que cada vez son más compatibles con programas de análisis
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de datos cuantitativos, permitiendo y fomentando así, fac- tualmente, el desarrollo de investigación más densa, compleja, interdisciplinar y multiobjetiva al integrar ambos aspectos.
Dentro de los programas de análisis de datos cualita- tivos más populares y persistentes en el mercado (2011) se encuentran Atlas TI y N Vivo, ambos programas con inter- faces muy intuitivas, de fácil manejo y con una amplia posi- bilidad de convergencia con otros programas.
Ambos son paquetes informáticos especialmente diseña- dos para generar investigación inductiva, con funciones par- ticularmente interesantes, como el aislamiento de unidades significativas en textos, imágenes y materiales audiovisuales, su posterior clasificación y la organización (codificación) de todos estos datos en distintos niveles de relación, operacio- nes que permiten observar fácilmente patrones de compor- tamiento en los datos y la subsiguiente aparición de confir- maciones hipotéticas o de nuevas hipótesis de trabajo.
Lo único que hay que dejar en claro es que estos progra- mas son sólo eso, herramientas útiles y prácticas, pero que en ningún momento sustituyen la actividad del investiga- dor ni su responsabilidad, intuición, creatividad ni habilidad investigativa. Sin la guía del experto y sin la ludicidad que permite el uso productivo de sus múltiples potencialidades, estos programas son tan útiles como el martillo que carece de la mano que calcule y dirija su golpe. De la misma manera que los programas cuantitativos no sirven de nada si no te- nemos conocimientos mínimos de estadística, los programas cualitativos son completamente inútiles sin la intuición del investigador y una visión metodológica limpia y coherente. programas de organización de datos y bases de datos Aunque no se trata de programas para la investigación, como los que brevemente hemos revisado antes, existe toda
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una gama de productos informáticos que son de suma uti- lidad en los procesos medios y avanzados de investigación, particularmente porque son muy prácticos al momento de enfrentarse con el rastreo y organización de información derivada o que sirve de insumo a la investigación.
Unos de ellos son los administradores o gestores biblio-
gráficos, programas que permiten administrar la biblio-
grafía utilizada en proyectos y muy útiles cuando se es- criben tesis, artículos u otros documentos con extensión considerables y un uso profuso de citas y referencias bi- bliográficas. Estos programas permiten al investigador administrar su “biblioteca”, organizarla por temas, auto- res u otras formas de clasificación, al mismo tiempo que reducen considerablemente el tiempo dedicado a la tedio- sa tarea de enumerar, revisar y homologar la bibliografía citada en el texto y referida en la bibliografía, además de ofrecer funciones como transformar bibliografías enteras a formatos de citación diversos (por ejemplo, American Ps- ychological Association [apa], Harvard, Modern Language Association [mla], Latina, etc.), crear una forma propia o exportar datos de citación de documentos desde las bases de datos en línea.
El programa de administración de bibliografía más usa- do es, sin lugar a dudas, End Note, aunque existe una am- plia oferta de este tipo de gestores, como Zotero, Reference Manager, RefWorks y otros parecidos. Al igual que los es- trictamente diseñados para la investigación, son progra- mas que demandan del investigador una atención sistemá- tica a sus transformaciones y ofertas, además de reclamar un periodo mínimo de entrenamiento para llegar a ofrecer un nivel óptimo de desempeño. Con todo, las interfaces son cada vez más amigables, las funciones más intuitivas y la convergencia entre programas cada vez más flexible.
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las bases de datos
Aunque las bases de datos no son nada nuevo (una bibliote- ca básicamente lo es), la forma en que funcionan las bases de datos digitales sí. Proyectadas a la par entre los avances de la era de la información y las disciplinas biblioteconó- micas, las bases de datos digitales son grandes acervos que reúnen y sistematizan cantidades ingentes de documentos, particularmente artículos procedentes de revistas arbitra- das, y que son puestos a disposición del público académico en línea.
Algunas de éstas son totalmente gratuitas y están abier- tas al público desde Internet (por ejemplo, Redalyc o Dialnet), aunque la gran mayoría funcionan como servicios contrata- bles, mismos que suelen ser adquiridos por universidades, bibliotecas, centros públicos de investigación e instituciones gubernamentales (casi nunca por particulares, pues las sus- cripciones oscilan en miles de dólares); a su vez, estas bases suelen ser ofrecidas por grandes empresas del ramo editorial o de servicios de información y, varias veces, por las univer- sidades mismas. Muchas instituciones de educación superior suelen ofrecer este servicio a sus estudiantes y académicos; otras más están abiertas al público estudiantil (como en al- gunas bibliotecas públicas), y una minoría cobra una módica cantidad por acceder a éstas o por documento descargado. A través de estas bases se pueden adquirir resúmenes de do- cumentos y documentos completos, así como traductores y otras herramientas similares.
En cuanto a su operación y manejo, se diría que el sistema de búsqueda es bastante similar al utilizado en los motores y navegadores de Internet, habilitados por operadores lógicos (booleanos) y cadenas de descriptores, por lo que alguien mí- nimamente familiarizado con la navegación en línea no en- cuentra mayores dificultades para trabajar con estas bases.
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Más allá de ofrecer información organizada y acceso a los documentos que se le asocian, la gran mayoría de bases de datos permiten al usuario (previamente inscrito con cla- ve y contraseña) realizar búsquedas avanzadas, tener acceso a alertas (que avisan cuando un documento ha sido subido, renovado, modificado, etc.), envío de documentos a cuentas de correo, acceso vía remota o desde dispositivos móviles, transcripciones auditivas, traducciones, descarga de fichas de identificación para gestores bibliográficos, acceso a acer- vos especializados, mapas, cartografías, censos, ligas a otras bases de datos especializadas y hasta contacto directo con al- gunos de los autores de esos documentos, entre otras cosas que varían de base a base y de proveedor a proveedor.
La mayoría de bases de datos que ofrecen el servicio por contrato (las que no son gratuitas) brindan cada determina- do tiempo accesos libres, conocidos como periodos de prueba o free trials, que pueden ser aprovechados muy eficazmente si se mantiene actualizada una agenda personal de documentos a encontrar. Otra forma de conseguir documentos especiales cuando no tenemos periodos gratuitos ni suscripción institu- cional a las bases que nos interesan es ubicar qué universida- des o instituciones están suscritos a éstas, pues muchas ins- tituciones permiten a usuarios externos, con un costo muy bajo, la recuperación de textos y documentos.
Así, algunas de las bases de datos más completas y rigu- rosas al momento de publicación de este texto (2011) son:
Blackwell Publishing: