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VIAJE AL CENTRO DE LA PROTESTA.

C.- Información económica 1 Producto Interno Bruto

-País: 285,703 millones de dólares. -Percápita: 16,273.

-Por sector productivo: a) primario: 3.6%; b) secundario: 36%; c) terciario: 60,4%

2.- Índice de Gini234: 52,1.

3.- Tipo de cambio: $528 por dólar.

promulgada el 10 de marzo de 1990.

231 Sistema que se remonta al año 1979 y que da cobertura de salud a cerca del 85% de la población chilena. 232 Instituciones creadas en 1981 y que da cobertura de salud a cerca del 15% de la población chilena. 233 Instituciones creadas en 1980.

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1.- Maduración cultural del neoliberalismo: malestares de la transición democrática y producción de figuras de subjetividad.

La transformación de la superestructura tiene una evolución más lenta que la de la estructura, y ha tomado más de medio siglo en manifestar en todos los ámbitos de la cultura el cambio en las condiciones de producción Walter Benjamin.

El debate sobre el malestar social en Chile.

En una edición del semanario Artes y Letras del diario El Mercurio del año 2008, el tema de portada interrogaba: ―¿Se incuba un malestar como el de 1910?‖235. Y agregaba:

un malestar es (…) una incomodidad indefinible, un ámbito donde nuestros sentimientos contrariados no aciertan a dar con un diagnóstico claro de lo que nos afecta.

Para hacerlo investigable, sin embargo, el malestar social puede entenderse como un estado subjetivo caracterizado por la pérdida de medios de control de vida -institucionales y subjetivos- de la que resulta incertidumbre, pérdida de sentido existencial, sentimiento de abandono y angustia (Pérez Fernández, 2008).

Los medios de control de vida dan certidumbre, son ―reglas del juego‖, normas que dan forma a las instituciones, permiten planificar nuestras vidas, conocer, con razonable certeza, los resultados de nuestras acciones (Pérez Fernández, 2008:32,33). El estudio del malestar, de ese modo, contiene en un extremo a la subjetividad vulnerada y, en el otro extremo, a estructuras, instituciones y sistemas inoperantes. Es decir, abordar el malestar es analizar la actual estructuración de la sociedad y la relación recursiva entre sujeto- estructura que le da forma.

Hasta ahora, el problema del malestar ha quedado reducido a un asunto teórico y, según algunos, se trataría de un concepto cargado de conservadurismo pues ―la ideología victimista no es más que la inversión de la teoría de la mano invisible: tras el caos de los hechos y de los acontecimientos, hay un destino malvado empeñado en nuestra desgracia‖ (Pascal Bruckner en Pérez Fernández, 2008:31).

235 En alusión a lo que se ha denominado la ―crisis del Centenario‖. Ver:

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Tal fue, por ejemplo, el caso de su debate en Chile a partir del siguiente diagnóstico realizado por el PNUD (1998) a propósito del avance de la modernización:

El país presenta una paradoja: junto con los notables éxitos de la modernización existe un difuso malestar social. Hoy día los chilenos tienen la seguridad de no pasar hambre y de ser respetados en sus derechos humanos (aún así) expresan sentimientos de inseguridad e incertidumbre.

Este diagnóstico fue, a su vez, reconocido como ―neoconservador‖ y crítico de la modernización:

el discurso de los malestares frente al desarrollo, la modernización y la modernidad se funda en una visión ideológicamente neoconservadora que, de sorpresa, se ha introducido en algunos círculos progresistas chilenos. Lo que existe es una disyunción entre las altas expectativas creadas por la modernización y las desiguales y sólo parcialmente satisfechas demandas generadas por dicho proceso (Brunner, 1998:174).

A partir del movimiento estudiantil del año 2011, este debate retornó pero, a diferencia de lo ocurrido en 1998, trascendió los círculos académicos y políticos para proyectarse hacia la esfera pública. Tironi (2011), por ejemplo, señala que el de los estudiantes es un movimiento ideológico y distingue entre fuentes inmediatas y mediatas del malestar social. Entre estas últimas, se encuentran la gestión del capitalismo desde un

ethos procapitalista del gobierno de Piñera, el desafío a las élites y demandas por mayor

poder a la ciudadanía, y una fuerte intolerancia a la desigualdad en la sociedad236.

Otra visión propone el malestar social como un estado de despolitización construido y mantenido para los fines del consenso social (Mayol y Azócar, 2012)237. En Chile,

la existencia de un proceso largo de acumulación de malestar, con escasos espasmos expresivos de él, tuvo su estallido cuando la clase política fue incapaz de sostener procesos de legitimación de las instituciones que operaban como dique de contención de la expresión del malestar (2012:3).

236 Para una crítica a esta interpretación, ver: http://cultural.argenpress.info/2011/10/chile-los-estrechos-

marcos-analiticos.html

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La política y la liberación del malestar tienen una relación de todo y parte. Si la primera es la coordinación de acciones en el marco de un proyecto de sociedad y el segundo es uno de los objetivos universales que las sociedades han asignado a su existencia, no cabe duda que el malestar se debe asumir incorporado en el sitio de la politicidad‖ (Mayol y Azócar, 2012:2).

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Una tercera interpretación -en perspectiva histórica y orientada a la construcción de un poder popular constituyente- es la de Salazar (2011:7-12), para quien el malestar expresado por el movimiento estudiantil es la ruptura con un ―estupor‖238 respecto a la sumisión de la sociedad chilena por décadas al modelo neoliberal y su administración por la coalición gobernante.

Es decir, el estudio del malestar social, de un lado, no debe presentarse en términos de conservadurismo versus modernización, sino en términos de la viabilidad del pacto social que requiere de relaciones basadas en la confianza y la certidumbre. El malestar está inmerso en los problemas de la política aunque no en la agenda de los políticos (Pérez Fernández, 2008:29).

Es en esta tesitura, entonces, en la cual asumimos los diagnósticos del PNUD (1998, 2002, 2012) y de Norbert Lechner (1999, 2002) con los cuales introducimos nuestra propuesta de las figuras de subjetividad vinculadas a los malestares de la transición democrática en Chile.

En primer lugar, y como una síntesis de las ―paradojas de la modernización‖, tres eran los principales miedos de los chilenos hacia 1998: miedo a la exclusión, miedo al otro y miedo al sinsentido.

La gente percibe que ella ni es el sujeto de una modernización que parece avanzar a sus espaldas ni el beneficiario de las nuevas oportunidades. Lograr un Desarrollo Humano en Chile plantea pues un desafío mayor: poner las exigencias de la modernización en relación con la subjetividad (Lechner, 1999).

―La subjetividad importa‖, enfatizó el PNUD, y se propusieron las siguientes líneas interpretativas sobre estas paradojas: 1) la rapidez y el carácter impositivo con que la dictadura inició la modernización que volvió súbitamente obsoletas las experiencias prácticas y disposiciones mentales de gran parte de la población; 2) una "inflación de expectativas" de la población que no lograron ser satisfechas; 3) una expresión típica de la modernidad que acompaña todas sus fases239.

238 Cuya definición alude a ―asombro y pasmo‖ pero también a una ―disminución de la actividad de las funciones intelectuales, acompañada de cierto aire o aspecto de asombro e indiferencia‖.

http://www.wordreference.com/definicion/estupor

239 De esta última interpretación, sin embargo, se siguen dos riesgos: la ―naturalización‖ de la modernización como un proceso al margen de la voluntad humana y la tendencia a absolutizar la estrategia de

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Según Lechner (1999), un dilema de la sociedad chilena se expresaba en una creciente brecha entre los procesos de globalización neoliberal y los de individualización240 derivada de la pérdida sistemática del vínculo social. Es decir, mientras las condiciones materiales habían mejorado, la percepción de la calidad de vida empeoraba. El desafío por entonces era: no podemos fortalecer la autonomía personal sin interrogarnos acerca de su complemento necesario, "lo colectivo".

Interrogando, entonces, por las oportunidades y restricciones de "lo colectivo", el PNUD indagó dos ámbitos: los sueños de los chilenos y los cambios en su sociabilidad. En cuanto al primero, el diagnóstico reconoció un ―bloqueo de los sueños‖ en el cual ―mientras las quejas fluyen con gran facilidad, las aspiraciones aparecen sólo a contracorriente‖ (Lechner, 1999).

En cuanto al segundo ámbito, se apreciaba un predominio del individualismo en la medida que las oportunidades, amenazas y ambivalencias biográficas que antes eran decididas según el marco establecido por la familia, el grupo o la clase social, ahora deben ser detectadas, interpretadas y manejadas por los propios individuos‖ (Lechner, 1999).

En continuidad con la exploración subjetiva, y en base a un informe posterior (PNUD, 2002) referidos a capital social y cultura- Norbert Lechner propuso que la lucha en la sociedad chilena enfrentaba el deseo por la autodeterminación democrática a la ―naturalización de lo social‖, entendida como ―desubjetivación‖ (Lechner 2002:99)241.

En primer lugar, y asumiendo que la capacidad de autodeterminación se vincula a la acción colectiva, en Chile se verifica que la producción de capital está debilitada242. La asociatividad es baja, su distribución es desigual entre grupos socioeconómicos y adopta modalidades de expresión más informales que formales243. Su importancia política radica modernización neoliberal como una nueva ortodoxia dogmática que olvida las condiciones particulares de cada país (Lechner, 1999).

240 Este proceso, estrechamente vinculado a la modernización, ―significa que cada persona debe decidir por sí misma las elecciones, valores y relaciones que hacen su proyecto de vida. Es el resultado de la valoración social de la autonomía personal, de la pérdida de autoridad de las tradiciones y del aumento de alternativas en los modos de vida‖ (PNUD, 2002:189).

241 Al ser una transfiguración del orden social en un aparente orden natural, la naturalización de lo social representa una amenaza a la subjetividad en la medida que opera una objetivación de las relaciones interpersonales dentro de un sistema abstracto y auto regulado.

242 Entendiendo por capital social –e inspirado en la definición de Robert Putnam- la capacidad de acción colectiva que construyen las personas sobre la base de confianza social, normas de reciprocidad y compromiso cívico (Lechner, 2002:100).

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en su aporte a la ―base social de la democracia‖ si bien su producción presupone un imaginario fuerte del Nosotros.

En segundo lugar, el capital social acumulado depende de los cambios culturales acaecidos en el país. Entendiendo por cultura los ―modos de estar juntos‖, las principales transformaciones son las siguientes: 1) una globalización interiorizada en la cual si bien la sociedad nacional sigue siendo el universo de la vida cotidiana, la experiencia de la gente ya no se agota en ese espacio; 2) un acelerado proceso de individualización en el cual una sociedad cada vez más compleja ofrece oportunidades pero también dificultades para la autodeterminación individual244; 3) una cultura de consumo, transversalmente compartida en la sociedad y en correspondencia con el tránsito desde una sociedad productiva a una de consumo; 4) una intensa mediatización social que produce tanto una fragmentación del tiempo como una desmaterialización de la realidad social.

Esta serie de cambios generan que la experiencia del Nosotros sufra una gran transformación pues ―han cambiado las representaciones que la gente suele hacerse de la sociedad. Antaño, esta se imaginaba como un cuerpo coherente y cohesivo. Ahora, en cambio, se siente que ―todo es posible y nada es seguro‖ (Lechner, 2002:110).

En tercer lugar, se experimenta un desarraigo afectivo de la democracia, una desvinculación emocional de las personas que le quita el ―piso subjetivo‖ al régimen político. Existe una falta de identificación afectiva con el desarrollo logrado (Lechner, 2002:112). Igualmente, se han debilitado los imaginarios colectivos, particularmente un débil imaginario del Nosotros. La transición restableció cierto consenso básico pero no un imaginario de ―nosotros los chilenos‖. En general, no se dispone de una imagen de democracia que ayude a dar sentido a nuestra experiencia cotidiana (Lechner, 2002:117).

Finalmente, lo que emerge de este análisis es un concepto de política como trabajo cultural que toma en cuenta las formas de relacionarse e imaginarse que tienen las personas y que pone de relieve a la política como producción de la sociedad245.

35% se ubicaba en un tramo intermedio. En cuanto a su distribución, se consignó que el 56% de personas de estrato alto posee capital social frente a un 29% de estratos bajos (Lechner, 2002:101).

244 Los chilenos viven con perplejidad el hallarse cada vez más cerca unos de otros pero sintiéndose extraños entre sí. La mayoría de las personas tiende a descreer y a no reconocerse en el relato que ha conformado lo chileno y muchos no poseen una imagen fuerte de sí mismos (PNUD, 2002:18).

245 Cuatro son las oposiciones que se enfrentan para la conformación de un Nosotros: a) subjetividad vs naturalización de lo social; b) imaginario democrático vs fragmentación social; c) espacio público vs retracción privatista; d) horizonte de futuro vs presente permanente o presentismo.

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En su más reciente informe, con posterioridad al movimiento estudiantil, el PNUD aborda el tema del malestar social como reverso de su interés principal: el bienestar subjetivo. Se comienza señalando que en cada hecho social de protesta –referidos a aspectos micro o macrosociales– se advierte la estructura de una insatisfacción o un malestar con la sociedad y en todos ellos aparece como telón de fondo la desigualdad (PNUD, 2012:17).

Tres riesgos, sin embargo, deben evitarse: 1) pensar que todo está mal pues actualmente el malestar social coexiste con valoraciones positivas sobre la propia vida; 2) pensar que todo está bien, desestimar el malestar, pues la satisfacción personal es coherente con una visión crítica de la sociedad y 3) desperdiciar el potencial transformador del malestar (PNUD, 2012:17).

El PNUD propone, entonces, el concepto de “bienestar subjetivo”246 para aludir a las condiciones necesarias que las personas requieren para sentirse satisfechas tanto con sus vidas como con la sociedad en que despliegan esas vidas (PNUD, 2012:17)247. Es decir, y así como lo propone Pérez Fernández (2008), se trata de un concepto que toma en cuenta la complejidad de las relaciones entre subjetividad y sociedad.

El bienestar subjetivo es un concepto con dos componentes: bienestar subjetivo individual y bienestar subjetivo social. El primero alude al estado subjetivo que resulta de la evaluación cognitiva-emocional que realiza el individuo de su vida. El segundo, en tanto, alude al estado que resulta de la evaluación que el individuo hace de la sociedad en que vive (PNUD, 2012:19,20).

Orientar la acción pública hacia la construcción de capacidades para el bienestar subjetivo es, por lo tanto, la responsabilidad de las instituciones, según el PNUD248. Y a este respecto, el informe revela otra cara de la desigualdad en Chile: no solo las

246 La propuesta es pasar desde la felicidad al bienestar subjetivo. Mientras el ―discurso de la felicidad‖ se focaliza en el ámbito íntimo y personal, el bienestar subjetivo es una noción culturalmente más neutra e ilumina de mejor manera la relación entre subjetividad y sociedad (PNUD, 2012:18).

247 Los esfuerzos por incrementar el bienestar o reducir el malestar se agrupan en dos grandes categorías: prácticas cotidianas y prácticas constitutivas. Las prácticas cotidianas consisten en acciones que la mayoría de las personas realiza habitualmente, poseen una duración acotada y tienden a circunscribirse en ámbitos específicos tales como la familia, el trabajo y el tiempo libre. Las prácticas constitutivas son acciones por medio de las cuales las personas buscan construir una autoimagen consistente ante sí mismas, y que sea legítima y reconocible también por los demás (PNUD, 2012:25).

248 ¿Qué son las capacidades? Son las libertades reales con que cuentan las personas para definir y realizar sus proyectos de vida deseados. Y la característica de las capacidades es que se construyen socialmente pero se apropian individualmente (PNUD, 2012:21).

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capacidades materiales están mal distribuidas, sino también las que pueden considerarse no materiales, como vínculos y proyecto de vida (PNUD, 2012:22)249.

Sobre esta trama de interacciones entre bienestar y el malestar subjetivos, el PNUD identifica cuatro grupos: a) los “satisfechos y conformes” con sus vidas y conformes con el país, pues están dotados de muchas capacidades; b) los “insatisfechos y descontentos”, por el contrario, están descontentos con sus vidas y también con el país; c) los “satisfechos y descontentos”, clases medias que han adquirido capacidades individuales pero sienten que viven en una sociedad que no les ofrece seguridad ni respeto; d) los “insatisfechos y conformes”, grupo muy representativo de los sectores más vulnerables (PNUD, 2012:24)250.

En general, agrega el informe, los chilenos y chilenas son más tácticos que estratégicos a la hora de construir su bienestar subjetivo. Es decir, tienden a realizar ajustes y adaptaciones en el marco de sus condiciones de existencia, pero no acometen acciones sustantivas para transformarlas (PNUD, 2012:25).

En base a estos diagnósticos, dos desafíos propone el informe. El primero es innovar en la acción pública con miras a mejorar las capacidades para el bienestar subjetivo. El segundo consiste en renovar la cultura política en Chile. En las demandas que las personas hacen a la sociedad, su contenido central trasciende el bienestar económico y la seguridad y se proyectan hacia un modo de relacionarse respetuoso y un modo de realizarse según los proyectos biográficos. Esto significa asumir que el malestar, el conflicto y la protesta pueden tener una función positiva en la deliberación social, pues son señales de los desajustes entre subjetividades e instituciones (PNUD, 2012:27,28). ―Satisfechos consigo mismos pero molestos con la sociedad: esa parece ser la realidad actual de la subjetividad en Chile‖. Tal es la conclusión del PNUD a lo largo de

249 Con respecto al bienestar subjetivo individual, las capacidades que más inciden son ―tener buena salud‖, ―tener las necesidades físicas y materiales básicas cubiertas‖, ―contar con vínculos significativos con los demás‖, ―ser reconocido y respetado en dignidad y derechos‖ y ―poseer y desarrollar un proyecto de vida propio‖. En cuanto al bienestar subjetivo con la sociedad, las capacidades más relacionadas son ―sentirse seguro y libre de amenazas‖ en ámbitos como la salud, el trabajo, la previsión y la delincuencia, ―sentirse respetado en dignidad y derechos‖, ―tener las necesidades físicas y materiales básicas cubiertas‖, ―contar con vínculos significativos con los demás‖ y ―poder participar e influir en la sociedad en que uno vive‖ (PNUD, 2012:23).

250 Son personas que tienen niveles de salud regulares, una cobertura media de sus necesidades básicas, vínculos que a veces son precarios y no logran construir proyectos de vida. Sin embargo, se sienten más respetados que los individuos del grupo anterior y sienten tener mayores probabilidades de incidir en su entorno, por ejemplo organizando a su comunidad. Esto podría explicar que estén menos descontentos.

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una serie de informes que, sintomáticamente, dedica su última edición al tratamiento del malestar social (como reverso del bienestar subjetivo) y que han venido retratando diferentes dimensiones de la subjetividad de los chilenos en el período de la transición democrática.

En todos ellos se aprecia la siguiente tendencia: de un lado, los sujetos que se apropian de recursos desigualmente distribuidos y que, en diferentes intensidades, demandan mayores cuotas de participación en los diversos ámbitos; de otro lado, instituciones y élites sociales que no producen las capacidades para una mayor identificación del sujeto con lo colectivo e inciden en una sociabilidad instrumental.

Para nosotros, esta dialéctica de los malestares es lo que caracteriza al caso chileno y corresponde al orden policial construido en la transición democrática junto a la fijación de un determinado régimen sensible capturado en las percepciones de la gente. Un orden caracterizado por la brecha entre los procesos de globalización neoliberal y los de individualización, la desigualdad en la distribución de los recursos, el desarrollo de miedos e inseguridades y un desbalance entre desarrollo individual y colectivo que ha tenido una deriva individualista.

Si bien no todo es malo, es clara la ausencia de un relato del Nosotros que le de sentido al proyecto colectivo, de ahí que la expresión de malestares y propuestas por los movimientos sociales tienen un gran potencial constructivo. El debate sobre el malestar social en Chile se ha convertido en tema de debate público.

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