2. EL PROCESO MÍSTICO EN LAS MORADAS DE SANTA TERESA
2.2 LA INICIATIVA PARTE DE DIOS
Según el texto bíblico de san Lucas estudiado en el capítulo anterior, la iniciativa la tiene Jesús. Mientras Jesús enseñaba a la gente en la orilla del lago, ve a unos pescadores que han terminado su tarea, pues están lavando las redes, y luego entabla relación con Simón Pedro. Al igual que Simón, Santa Teresa descubre que Dios toma la iniciativa, que desde su
62 4M 3,2. 63 Mas Arrondo,
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interior la llama y que por eso no se le conoce sino que se le reconoce, pues Él ha creado al hombre a su imagen y semejanza (1M 1,1) y siempre ha estado ahí y ni siquiera el mismo pecado podrá quitar en el hombre esa realidad de la presencia de Dios en su interior: “Es de considerar aquí que la fuente y aquel sol resplandeciente que está en el centro del alma no pierde su resplandor y hermosura, que siempre está dentro de ella, y cosa no puede quitar su hermosura”.64Se trata de la “Presencia divina” que llama desde el interior, pues el hombre tiene la capacidad de recibir el llamado de Dios y de responder a su llamado, dado que está hecho a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26). Este presupuesto es lo “que hace posible tanto la búsqueda como el encuentro y es además una primera formulación de lo que será el resultado”, es decir, este presupuesto es anterior a la experiencia de Dios y sólo desde esta experiencia la persona percibe a Dios en todas las cosas.65
Como lo expresa Martín Velazco66, el descubrimiento por parte del hombre de este presupuesto genera una repercusión inmediata en la conciencia de sí y en la de su mundo, de su gran dignidad pues se experimenta habitado por Dios, y que Teresa sabe que la persona no alcanza a entender y abarcar la totalidad de su gran dignidad humana: “No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como no pueden llegar a considerar a Dios, pues El mismo dice que nos crió a su imagen y semejanza”.67
Con este presupuesto ontológico con el que Teresa comienza su proceso de dirigirse hacia la profundidad de sí misma “adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma”,68 es necesario resaltar que:
Hemos de ver cómo podemos entrar […] porque, si este castillo es el ánima, claro está que no hay para qué entrar, pues se es él mismo; como parecería desatino decir a uno que entrase a una pieza estando ya dentro. Mas habéis de entender que va mucho de estar a estar: que hay muchas almas que se están en la ronda del castillo,
64 1M 2,3.
65 Juan de Dios Martín Velasco,
La experiencia cristiana de Dios (Madrid: Trotta, 2007), 126.
66 Ibid., 127. 67 1M 1,1. 68 1M 3,1.
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que es adonde están los que le guardan y que no se les da nada de entrar dentro, ni saben qué hay en aquel tan precioso lugar, ni quién está dentro, ni aún que piezas tiene.69
Teresa compara al hombre con un castillo, y el proceso que plantea en el libro de Las Moradas hace referencia a cómo poder entrar con cierta seguridad hasta lo más profundo del castillo, en analogía con la confianza de Simón Pedro a la Palabra de Jesús: “dirígete hacia lo profundo” (Lc 5,4). Todas esas experiencias que narra Teresa de Jesús “son manifestaciones de un hecho originario que constituye el principio y fundamento sobre el que descansa toda posible experiencia de Dios: su presencia constitutiva en el fondo de la realidad y su presencia originante en el centro de la persona”,70 es decir, algo trascendental como lo entiende Rahner, una estructura a priori, no adquirida por el hombre, sino dada de antemano, que es condición de posibilidad de su saber y de su actuar, por tanto, también del ser del hombre.71
Para que el hombre pueda introducirse en este viaje hacia su interior se necesitan otros presupuestos o disposiciones existenciales sin los que la Presencia de Dios en su interior no llegaría a reconocerse.72 Mientras Simón Pedro navega en su barca confiado en la palabra pronunciada por Jesús, Teresa comienza este adentrarse en el castillo interior por medio de la oración y la consideración (1M 1,7). Los teresianistas proponen que, de acuerdo a la imagen teológica del hombre en santa Teresa, se han de conocer las disposiciones existenciales previas para llegar a explorar la antropología mística. Se trata de un proceso de humanización en el que se puede, siguiendo las categorías teresianas, hablar de una fase ascética,73 que se convierte en una propuesta ética, pedagógica y estética y que comprende, entre otros: el conocimiento propio, el desasimiento, la oración vocal y mental, el
69 1M 1,5
70 Juan Martín Velasco,
La experiencia cristiana de Dios, 25.
71 KarlRahner,
Curso Fundamental sobre la fe: Introducción al concepto de cristianismo (Barcelona: Herder,
1998), 37-41.
72 Juan Martín Velasco,
La experiencia cristiana de Dios, 128.
73 Se entiende por “ascética” el conjunto de esfuerzos humanos para cooperar con Dios en la consecución del
ideal cristiano. La ascesis teresiana va en la línea de la vivencia comunitaria, que es más exigente que unas penitencias corporales. Ver: CV 4,7; 27,6; Tomás Álvarez, Diccionario de Santa Teresa (Burgos: Monte
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recogimiento, la quietud, una determinada determinación, los sacramentos y los discernimientos. Luego viene la fase mística como tal, en la que se analiza la realización del hombre en comunión con Dios donde aparecen los gustos, los sentidos espirituales, las visiones, las hablas, los vuelos de espíritu, las heridas y virtudes infusas, la noche, etc., hasta llegar al abismo, al hondón del alma, al centro, a las entrañas del alma, a los tuétanos, a la cámara real, al aposento de cielo empíreo que tenemos en lo interior de nuestras almas (6M 4,8), al tabernáculo de Dios (7M 3,13) a donde el mismo Dios quiere conducir al hombre.74