La primera agenda de la cooperación internacional al desarrollo de la salud se caracterizó por la incorporación de las políticas del anterior período al lenguaje del desarrollo de las décadas de los cincuenta y los sesenta. En el contexto político de la guerra fría la base teórica del lenguaje del desarrollo se cimentó en una filosofía de la historia que interpretaba el progreso como un avance lineal desde el atraso al consumo de masas. La confianza en el crecimiento económico como la vía para promover el desarrollo de los países más pobres, entonces subdesarrollados, planteó una agenda basada en las teorías de la modernización que defendían facilitar los recursos y la asistencia técnica necesaria para que éstos aceleraran su proceso de desarrollo y modernización13. La importancia de la
técnica y la mejora de los indicadores macroeconómicos legitimaron un modelo de actuación internacional que priorizó el conocimiento de las comunidades de expertos para definir las necesidades de la población (Rist. 2002: 112-118).
Durante la década de los cincuenta y gran parte de los sesenta este concepto de desarrollo influyó en las políticas de cooperación a la salud y la erradicación de la enfermedad volvió a ser como en las primeras fases de la expansión colonial un prerrequisito para el desarrollo. Las políticas sanitarias que comenzaron a desarrollar los organismos internacionales, las fundaciones y los organismos bilaterales de cooperación se basaron en la hegemonía de una lógica biomédica Occidental. La lógica de un desarrollo fundado en el crecimiento considerar el Plan Marshall para la reconstrucción de los estados europeos del bloque capitalista (1947). (Rist, 2002: 83- 93)
13 La Teoría de las etapas de Rostow señalaba un avance lineal desde el atraso al consumo de masas pasando por tres etapas intermedias en donde se creaban las condiciones del despegue, el despegue mismo y la madurez.
macroeconómico del país hizo que la erradicación de las enfermedades fuera una medida de mejora del capital humano y la fuerza de trabajo. Se extendieron los planes verticales que usaban altas concertaciones tecnológicas para la erradicación de enfermedades concretas como la malaria, la viruela y la tuberculosis (Irwin y Scali. 2007). Y también los planes verticales de erradicación fueron necesarios para la implantación de unas teorías modernizadoras que demandaban la construcción de grandes infraestructuras, presas y carreteras. Además de la simbiosis entre estas prácticas sanitarias y la lógica desarrollista que las impulsaba, los avances biomédicos como el insecticida DDT, la estreptomicina o la vacuna liofilizada contra la viruela ligaron las políticas de salud a la internacionalización de los intereses de la industria farmacéutica. La sucesión de grandes adelantos en la investigación de antibióticos, vacunas y otros medicamentos fortaleció la presencia de los criterios técnicos en las prácticas del desarrollo de la salud y también fortaleció el poder sobre las políticas internacionales de salud de la industria farmacéutica y de Fundaciones como la Rockefeller. (Werner D, y Sanders D; 1997).
Por otro lado la implicación de un discurso del desarrollo caracterizado por las teorías modernizadoras y la instrumentalización del conocimiento técnico fue asumida como agenda política internacional por los propios estados a los que se dirigían las agendas internacionales de desarrollo. La Conferencia de Bandung de 1955 confirmó la adscripción de las naciones no alineadas a la centralidad política del estado, a un modelo de desarrollo basado en el crecimiento económico y el valor neutral de la técnica. En función de estos criterios los estados receptores de ayuda revindicaron un tipo de cooperación internacional basada en un mayor suministro de recursos técnicos y en la creación de organismos internacionales regionales (Rist, 2002: 98-106). En consonancia con la Conferencia de Bandung los estados del Tercer Mundo revindicaron en la Asamblea de la OMS que los países desarrollados incrementaran su asistencia sanitaria en formación médica, vacunas, material hospitalario, refrigeradores o vehículos (Lee, 1998: 31). A la vez la instrumentalización del lenguaje del desarrollo significó la reimaginación de los lazos coloniales a través del surgimiento de una cultura del desarrollo en donde los africanos eran objetivo de los proyectos pero no parte activa en su diseño. Esta nueva relación se edificó en la superioridad de un conocimiento Occidental que debía ser enseñado y por tanto aprendido por los pueblos considerados subdesarrollados.
Las condiciones de posibilidad para que surgiera un conocimiento sobre los determinantes sociales y económicas en la salud de la población africana permanecieron, como en el período anterior, ausentes. Esta omisión contribuyó a ocultar los costes directos e indirectos sobre la salud que supusieron las agendas modernizadoras. En el primer caso los programas de irrigación para el agronegocio y la construcción de grandes presas alteraron equilibrios ecológicos. El impacto de las grandes infraestructuras y el uso desmedido de insecticidas permitió que en ciertas zonas emergieran nuevamente enfermedades como la esquistosomiasis o el paludismo14. Pero
14 Ante el fracaso de los planes desarrollistas que impulsaban los desplazamientos y los impactos ambientales que ocasionaron el agronegocio y la construcción de infraestructuras se convirtieron en una fuente de crítica al modelo. Ejemplos de estos fallos sucedieron en Nigeria, Kenia, Ruanda y Etiopía (Packard 1989)
también estas teorías modernizadoras crearon costes indirectos en salud por el desplazamiento de poblaciones completas de sus lugares de origen. El papel de los desplazamientos campo- ciudad quedaba oculto en el análisis de los procesos de contagio de igual manera que no se atendía a las condiciones de habitabilidad y salubridad de las ciudades (Packard 1989). Estas dinámicas participaban del anterior período donde las políticas sanitarias evitaron el estudio de las relaciones de la salud con las condiciones laborales en las empresas extractivas, las grandes plantaciones o la influencia de la enfermedad en el mundo rural y familiar. Las relaciones conocimiento-poder en el ámbito de la salud internacional continuaban considerando un centro, Occidente y una periferia, África.