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Los niños privados de cuidados parentales e institucionalizados se encuentran en una situación de particular vulnerabilidad, por lo que deben considerarse una serie de obligaciones adicionales de protección y cuidado por parte de los estados.

El término institucionalización ha sido relacionado con diversas alternativas de actuación en materia de protección social infantil que, dependiendo del país, recibe otras denominaciones: acogimiento o cuidado residencial, cuidado institucional, colocación en entidad de atención, medida de abrigo, hogares de protección, entre otros. La institucionalización es una medida de protección que separa al niño de sus progenitores, de tal manera que permanecer en su casa no siga constituyendo un riesgo para su integridad Benavides & Miranda, (2007); Gómez, Muñoz, & Haz (2007); Ison & Morelato (2008); Muñoz, Gómez, & Santamaría (2008). Los niños institucionalizados son producto de la pobreza, el desarraigo, las familias disfuncionales, la orfandad, la carencia de lazos afectivos, el estrato social bajo, el maltrato, la enfermedad, la soledad, nexos familiares inmersos en la desprotección o el abandono.

Estudios neurobiológicos sobre la atención institucional Johnson, Browne, & Hamilton(2006); Reuter, 2000; Rutter, O’Connor&The English and Romanian Adoptees Study Team, 2004; Smyke et al. (2007); Smyke, Zeanah, Fox, Nelson &Guthrie, (2010) sugieren que estos ambientes de alto estrés influyen en el desarrollo del cerebro y pueden causar deterioro cognitivo y déficit sociales. Los niños institucionalizados tienen una tasa mucho mayor de problemas psicosociales y de alto riesgo Rutter(2000) y muestran problemas tales como: agresividad, delincuencia, aislamiento o alteraciones de tipo emocional.

Algunos autores Ghera et al., (2009); Kreppner, O´Connor, & Rutter(2001), indican que el déficit de atención e hiperactividad puede constituir un síndrome de privación institucional.

Los niños institucionalizados tienden a presentar problemas de conducta, incluso cuando las condiciones de la institución son buenas. En varios estudios realizados a niños adoptados, se determinó que los principales problemas de conducta que los niños post-institucionalizados presentan son: problemas alimentarios que van desde la ingesta excesiva hasta el rechazo de la comida, conductas estereotipadas de balanceo o movimientos bruscos de los brazos, evitación del contacto y sentirse abrumado ante la atención afectiva de los pares, incapacidad para interpretar adecuadamente las señales afectivas, pérdida de límites sociales, impulsividad, falta de control y autorregulación; problemas atencionales que van desde la dificultad de focalización, y atención hasta una alta desconcentración. Aunque estos problemas pueden desaparecer cuando los niños son adoptados, la mayoría tiende a persistir hasta 8 años o más después de la salida de la institución.

El efecto más notorio de la institucionalización es la calidad de apego que los niños establecen con sus cuidadoras, los padres adoptivos y otras figuras. Entre los cuatro y seis meses el bebé empieza a discriminar un estímulo, esto indica que antes de los seis meses no se puede observar una conducta de apego diferenciada y solo a los nueve meses hasta finalizar el primer año los componentes que caracterizan la conducta de apego discriminada con la figura materna son evidentes. En el caso de los niños institucionalizados, el desarrollo del vínculo de apego se da con mayor lentitud; por lo que los componentes de la conducta de apego pueden demorar en aparecer hasta bastante avanzado el segundo año de vida.

Dentro de una institución los niños se encuentran al cuidado de cómo mínimo 3 personas a la semana que difícilmente responderán inmediata y adecuadamente a las demandas individuales de afecto y necesidades básicas, principalmente porque al estar a cargo de varios niños y tener que preparar sus alimentos, cambiarles la ropa, etc.; les deja poco tiempo para reaccionar a las señales. Es decir, la estimulación social es poco activa por lo que el desarrollo

del vínculo de apego y la conformación del repertorio conductual se da con mayor lentitud.

Las personas que cuidan al niño no son permanentes, por lo que difícilmente encontrará dentro de la institución una figura significativa y estable hacia la cual dirigir de forma diferenciada su conducta de apego. Indudablemente los niños con el pasar del tiempo llegan a apegarse de forma particular hacia alguna persona, pero la inestabilidad y poca disponibilidad de ellas; dificulta que el tipo de apego que establezca sea de carácter seguro.

Goldfard(1943), ha llegado a establecer que los efectos de la institucionalización son permanentes y que estos imposibilitaban la formación del vínculo de apego.

Tizard (1977), por el contrario, evidencia que cuando las condiciones dentro de la institución son buenas y permiten la formación de modelos mentales de apego, el vínculo con los padres adoptivos se da, incluso puede llegar a establecerse un apego seguro.

Entre los factores institucionales que influencian en los patrones de apego están: la razón de cuidadoras por niños, el tiempo de institucionalización, la calidad y sensibilidad de las cuidadoras. Entre los factores de los niños que dificultan la formación del vínculo de apego se encuentra principalmente la tendencia a apegarse a cualquier persona, que se conoce como “amistad indiscriminada” (Bowlby la denomina “hiper amistad”). Goldfard y Tizard determinaron que esta conducta afectiva y amistosa se despliega en presencia de cualquier adulto, sin hacer discrimen de los extraños. Chislhom(1998), determinó que la “amistad indiscriminada” puede perdurar hasta ocho años después de la salida del niño de la institución y que se relaciona sobretodo con problemas de conducta, hiperactividad y conductas disruptivas.

11.10. Análisis de Resultados