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2. LA ACOGIDA A LOS MIGRANTES EN LA VIDA CRISTIANA

2.1. El aspecto bíblico de la acogida a los migrantes

2.2.2. Instrucción “Erga Migrantes Caritas Christi” (EMCC)

El fenómeno de la emigración afecta de manera decisiva a toda la comunidad de fieles. Como dice en sus palabras iniciales la Instrucción Erga migrantes caritas Christi, las actuales migraciones constituyen el movimiento humano más vasto de todos los tiempos104. La Instrucción EMCC pretende actualizar la pastoral migratoria,

transcurridos, por lo demás, treinta y cinco años de la publicación del Motu proprio del Papa Pablo VI Pastoralis migratorum cura y de la relativa Instrucción de la Sagrada Congregación para los Obispos De pastorali migratorum cura (conocida también como

“Nemo est”). A través de la Instrucción EMCC, el Pontificio Consejo para la Pastoral de

los Emigrantes e Itinerantes haya querido dar unas nuevas orientaciones105. La perspectiva, la cual se asume es la de fundar la acción de la Iglesia por los migrantes en el amor de Cristo a toda persona y en la identificación del mismo Cristo con todo ser humano en necesidad.

La Instrucción EMCC, invita a “transformar aún más la experiencia migratoria en vehículo de diálogo y de anuncio del mensaje cristiano”106 y hasta llega a repensar la

noción misma de misión, “no es sólo la lejanía geográfica donde determina la misión cuanto la extrañeza cultural y religiosa”107. En las migraciones, la Instrucción resalta el

conocimiento recíproco y, son una ocasión de diálogo y comunión, e incluso de integración en distintos niveles108.

En sustancia, la EMCC es una respuesta eclesial a las nuevas necesidades pastorales de los migrantes, a fin de conducirles, a su vez, a transformar la experiencia migratoria en una ocasión de nueva evangelización y de misión109. “El actual fenómeno migratorio es

como un “signo de los tiempos” muy importante, un desafío a descubrir y valorizar en la

104 Pérez-Madrid, Reflexiones acerca de la nueva Instrucción “Erga Migrantes caritas Christi”, 217. 105 Pontificio Consejo para la Pastoral de los emigrantes e itinerantes, Instrucción Erga migrantes caritas

Christi, en la parte de presentación de la Instrucción.

106 Parolin, ¿Cuál misión con los migrantes?, 1. 107 Ibíd.

108 Pontificio Consejo para la Pastoral de los emigrantes e itinerantes, Instrucción Erga migrantes caritas

Christi, 2.

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construcción de una humanidad renovada y en el anuncio del Evangelio de la paz”110. También para responder los problemas del mundo migratorio en modo más adecuado.

Las migraciones contemporáneas nos sitúan, pues, ante un desafío, en cierto no es nada fácil, por su relación con las esferas económica, social, política, sanitaria, cultural y de seguridad. Se trata de un desafío, el cual todos los cristianos deben responder, más allá de la buena voluntad y el carisma personal de algunos. En todo caso, no podemos olvidar la respuesta generosa de muchos hombres y mujeres, de asociaciones y organizaciones, las cuales, ante el sufrimiento de tantas personas causado por la emigración, luchan en favor de los derechos de los emigrantes, ya sean forzosos o no, y en su defensa. Ese empeño es fruto de aquella compasión de Jesús, Buen Samaritano, donde el Espíritu suscita en todas partes, en el corazón de los hombres de buena voluntad, además de despertarla en la misma Iglesia111.

La acogida a los migrantes es un gran desafío en la Iglesia Católica, porque es difícil de encontrar personas quienes tienen la buena voluntad. Sin embargo, hay mucha gente de asociaciones y organizaciones quien lucha en favor de los migrantes, y se hace como el Buen Samaritano.

La composición de las migraciones actuales impone una visión ecuménica de tal fenómeno a causa de la presencia de muchos migrantes cristianos no practicantes o no están en plena comunión con la Iglesia católica. En frente de esta situación, se necesita asimismo de dialogo interreligioso, porque cada vez más consistente número de migrantes de otras religiones, en particular musulmanes. Los católicos deben demostrar un sincero respeto a todas las personas y, sobre todo, mediante la promoción humana y el testimonio de la caridad112. La caridad de Cristo hacia los emigrantes estimula la Iglesia (cf. 2Cor 5,14) a afrontar de nuevo sus problemas, y ahora ya conciernen al mundo entero.

Una exigencia pastoral más estricta se impone a los católicos, es decir, el deber de promover una acción pastoral fiel. Y al mismo tiempo, sea abierta a nuevas perspectivas, también por lo cual concierne a las mismas estructuras pastorales, deben ser adecuadas, y garantizar. Construir la comunión entre los agentes pastorales específicos y la jerarquía local de acogida. Esto es la instancia decisiva de la solicitud eclesial hacia los migrantes113. Además, se considera entre las tareas del agente de la pastoral de la migración, debe estar en primer lugar la defensa de la identidad étnica, cultural,

110 Pontificio Consejo para la Pastoral de los emigrantes e itinerantes, Instrucción Erga migrantes caritas

Christi, 14.

111 Ibíd., 3. 112 Ibíd., 56-69.

113 Pontificio Consejo para la Pastoral de los emigrantes e itinerantes, Instrucción Erga migrantes caritas

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lingüística y ritual del inmigrante. Y también, la ayuda para conseguir una justa integración y la simple asimilación de los migrantes a la cultura local114.

En la Instrucción se subraya de no pueden ser considerados a los migrantes como una mercancía o como mera fuerza de trabajo. Todos gozan, incluso los irregulares, de derechos fundamentales inalienables, los cuales deben ser respetados en cualquier situación.

Es importante que las comunidades no consideren agotado su deber hacia los inmigrantes con simples gestos de ayuda fraterna o apoyando leyes sectoriales, las cuales promuevan una digna inserción en la sociedad, donde respete la identidad legítima del extranjero. Los cristianos deben ser los promotores de una verdadera cultura de la acogida, y saben apreciar los valores auténticos humanos de los demás, más allá de todas las dificultades, de la cual implica la convivencia con quienes son distintos de nosotros115.

Es deber fundamental, sobre todo al considerar en general, la falta de una cultura de la acogida hacia los migrantes, donde se les reconozcan a todos, sus derechos y todas sus necesidades, incluso las necesidades espirituales. Se convidan a los cristianos, por lo tanto, para respetar las tradiciones y las culturas de los migrantes, deben tener la misma actitud hacia aquellas de los autóctonos y las leyes del Estado donde los acoge.

Es una obligación de testimoniar el Evangelio, el humilde anuncio del Reino de Dios. Este es el compromiso fundamental de los discípulos de Cristo y todos los cristianos. El verdadero cristiano sabe respetar la libertad religiosa y las convicciones de los demás.

Los cristianos realizarán todo esto mediante una acogida fraterna auténtica, respondiendo a la invitación de S. Pablo: “Acogeos uno al otro como Cristo os acogió, para gloria de Dios” (Rm 15,7). … Pero el espíritu auténtico del cristiano de la acogida dará el estilo y el valor para afrontar estos problemas y sugerirá las formas concretas de superarlos en la vida diaria de nuestras comunidades cristianas116.

Como discípulo de Cristo, el cristiano debe construir un espíritu fraterno con el prójimo. La Iglesia necesita personas de buena voluntad y pueden dedicar al servicio a los migrantes. El espíritu de acogida en la sociedad es un modo de mostrar la participación para construir el Reino de Dios en este mundo. Además, a través de la acogida, el cristiano se convierte como la levadura, la cual pueda hacer una sociedad más acogedora.

114 Pérez-Madrid, 225.

115 Pontificio Consejo para la Pastoral de los emigrantes e itinerantes, Instrucción Erga migrantes caritas

Christi, 39.

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El pueblo de Dios debe garantizar un aporte generoso en el respecto a la emigración, y se pide a los laicos cristianos para extender su colaboración a los campos más variados de la sociedad117, haciéndose también “prójimos” del migrante118. En todo ello han de tener en cuenta, sobre todo, las normas dadas o dará la Sede Apostólica y adaptarlas más conveniente a las condiciones de tiempos, lugares y personas119.

Por tanto, el número 41 de la Instrucción EMCC invita a toda la Iglesia del país receptor debe sentirse involucrada y movilizada en favor de los inmigrantes. En las Iglesias particulares, se exige a reexaminar y programar la pastoral, para ayudar a los fieles a vivir una fe auténtica en el actual nuevo contexto multicultural y multireligioso.

Por eso, es tan necesario, con la ayuda de los agentes sociales y pastorales, dar a conocer a las poblaciones autóctonas los complejos problemas de las migraciones y contrarrestar los recelos infundados y los prejuicios ofensivos hacia los extranjeros. En la enseñanza de la religión y en la catequesis debe buscar la manera adecuada de crear, en la conciencia cristiana, el sentido de acogida, en forma especial hacia los más pobres y marginados, como son con frecuencia los emigrantes: una acogida fundada en el amor a Cristo, seguros cuando el bien hecho al prójimo, en particular al más necesitado, por amor de Dios, lo hacemos a Él mismo120.

La acogida a los migrantes sea el signo del amor de Cristo a los pequeños y a los más necesitados. El evangelista San Mateo dice: “En verdad les digo en cuanto hicieron a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me hicieron (Mt 25,40)”. La Iglesia ha contemplado siempre en los migrantes la imagen de Cristo quien dice: “era forastero, y me acogieron” (Mt 25,35). Para ella sus acontecimientos son interpelación a la fe y al amor de los creyentes.

La asistencia religiosa a los migrantes considerada como el auxilio necesario para alimentar y sostener la fe. Las estructuras pastorales, las cuales se dedican al migrante tienen el objetivo de ayudarle a ser protagonista en la iglesia local. El migrante puede descubrir el papel donde su cultura y religiosidad tiene en su camino personal, social y eclesial. De este modo, ayudándole a salir de un círculo restringido para intentar

117 Concilio Vaticano II, “Constitución pastoral Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los laicos”, 10.

118 Concilio Vaticano II, “Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la iglesia en el mundo actual”, 27. 119 Pontificio Consejo para la Pastoral de los emigrantes e itinerantes, Instrucción Erga migrantes caritas

Christi, 21.

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proximidad, relación, y reconocimiento121. El reconocimiento mutuo es la forma más auténtica de la acogida, fundamento de la vida cristiana y de cada pastoral migratoria122.

En cuanto a la acogida en su propia dicha se refiere más bien a proyectos a más largo plazo. Aquí los agentes de pastoral están llamados a ayudar a conjugar la exigencia legítima de orden, legalidad y seguridad social con la realización concreta de la vocación cristiana a la acogida y a la caridad. Las intervenciones de acogida son importantes para lograr una progresiva integración y autosuficiencia del extranjero, de manera especial el empeño en favor de la reunión familiar, la educación, la vivienda, el trabajo, el asociacionismo, los derechos civiles y la participación de los inmigrantes en las sociedades de llegada. Sin embargo, será siempre muy importante la acogida en el sentido “la actividad de asistencia” o “primera acogida” como las casas de migrante para responder a las emergencias y conlleva el movimiento migratorio: comedores, dormitorios, consultorios, ayuda económica, centros de escucha123. El objetivo de la

pastoral migratoria es lo de instar a la iglesia local para abrir su corazón y recibir la gracia del migrante y todos sus dones, incluso su ser extranjero124, entendido como solicitud

para practicar la universalidad.