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La instrumentalidad de la acción: eficacia o eficiencia profesional

Capítulo II: La cuestión metodológica: convergencias operativas

2.4. La instrumentalidad de la acción: eficacia o eficiencia profesional

El uso instrumental, formalizado y positivista que durante el ejercicio profesional se hace de las técnicas, restringe -la mayoría de las veces- las posibilidades dialogantes e interactivas que las mismas puedan tener y sus aportes a la construcción del conocimiento y al establecimiento de media­ ciones y subjetividades.

Como su nombre lo dice, este aparte coloca su énfasis en desentrañar el uso instrumental que-en pos de una eficacia inmediatistaque rinda resul­ tados tangibles y cuantificables- ha asumido la profesión en detrimento de la acción social. La búsqueda afanosa por “la receta” y el “cómo” ha dado lugar a la sacralización instrumental descuidando muchas veces el alcance y sen­ tido que en términos de impacto y proceso social se pueda generar.

Aunque la instrumentalidad hace referencia a los medios e instrumentos utilizados por el Trabajo Social para operativizar los fines, propósitos e intencionalidades que las acciones propias del ejercicio profesional deman­ dan, es importante señalar que su configuración obedece a un proceso histó­ rico de confrontación entre las demandas y respuestas que el mundo del trabajo y la diversidad de situaciones sociales le plantean a la profesión y según las cuales se le atribuyen a la misma significados y reconocimientos sociales múltiples y diversos.

Asumir la instrumentalidad como el conjunto de respuestas intencionales que dotan de sentido, legitimidad o eficacia el ejercicio profesional es apor­ tar a desmitificar la sacralización que, en aras de la practicidad, suele hacer­ se de las herramientas que soportan la acción social, reconociendo las limi­ taciones y posibilidades que los contextos y coyunturas sociales ejercen sobre las técnicas e instrumentos, problematizando aquellas posturas que circunscriben la esencia de la reconfiguración profesional a la formalidad metodológica, de carácter tecnocrático.

La pertinencia social de la profesión está vinculada con la funcionalidad de la política social y con las demandas que el mercado, la sociedad, el cono­ cimiento y la comunidad académica en un momento dado establecen, ocasio­ nando fricciones y procesos tensionales de confrontación o diálogo que posibi­ litan el advenimiento o predominio de determinadas opciones y -e n sintonía con eiías - e! privilegio por lo teórico, metodológico o instrumental.

La instrumentalidad del Trabajo Social da cuenta del conjunto de proce­ dimientos de naturaleza profesional socialmente reconocidos y que constitu­ yen el acervo cultural de la profesión, adquiriendo diversos significados a lo largo de la historia: son propiedades, capacidades, destrezas y competen­ cias históricamente construidas y reconstruidas por el Trabajo Social en su proceso de inserción en el mundo del trabajo (mercado laboral) y en el ámbi-

to específico de la prestación de servicios sociales.

Desde el punto de vista analítico es importante clarificar que la instru- mentalidad es una categoría o constructo elaborado para nombrar aquellos atributos del ejercicio profesional asignados en función de la división técnica del trabajo y de las respuestas que la misma le impone a la profesión para alcanzar sus objetivos, para que sea competitiva y para que rinda los resulta­ dos esperados, colocando el acervo técnico-operativo en su debido lugar.

Considerada desde esa perspectiva, es posible distinguir en la instrumen- talidad del Trabajo Social tres aspectos fundamentales: su funcionalidad prác­ tica de tipo social, sus particularidades operativas y los procesos de media­ ción que desde ésta se logran establecer con los análisis genéricos y espe­ cíficos.

• En el primer caso, la instrumentalidad del Trabajo Social está ligada con las posibilidades prácticas que, en términos de eficacia, reviste la actua­ ción profesional. Las funciones de planificación, ejecución y evaluación ejer­ cidas con el propósito de “actuar” sobre los fenómenos o desajustes pro­ pios de la cuestión social han constituido espacios socio-ocupacionales propios de la profesión y mecanismos de control social funcionales para la reproducción del sistema y el mantenimiento del “statu quo”. Este aspecto de la instrumentalidad ha estado imbuido de una razón instrumental me­ diante la cual se establecen estándares de eficacia que, traducidos en respuestas o soluciones cuantitativas, se convierten en parámetros desde los cuales se califica la actuación profesional, en estrecha corresponden­ cia con la lógica que el sistema o la institución plantean.

El soporte de las acciones instrumentales está dado por las condiciones objetivas y subjetivas dentro de las cuales se realiza el ejercicio profesional y el tipo de respuestas que a ella se le exigen, caracterizándose la actuación por un alto grado de formalización instrumental carente de acciones reflexi­ vas de aprehensión global del proceso, asignándole especial importancia a la parafernalia procedimental y a un sinnúmero de dispositivos técnicos (prue­ bas, registros, records, cuadros, planillas) como garantía de eficacia. Cuando se restringe la dimensión instrumental el trabajo profesional se desdibuja, confundiéndose con las prácticas voluntarias que se estructuran bajo el soporte del activismo garantizando así la eficacia de la acción social y disminuyendo tiempos y costos de operación.

• El segundo aspecto de la instrumentalidad profesional tiene que ver con las particularidades operativas que la actuación profesional establece de acuerdo al tipo de respuestas que se le plantean a las demandas sociales. El ca­ rácter puntual e inmediatista presente en el ejercicio profesional le óonfiere especial importancia a las acciones particulares o singulares y a la utiliza­ ción de técnicas y herramientas de carácter positivista a través de las cua­ les los fenómenos sociales se reducen a datos o estadísticas susceptibles de ser manipuladas externamente, sometiendo los medios a los fines para

alcanzar por esa vía niveles aceptables de eficacia y rendimiento. La presencia de la razón instrumental al interior del Trabajo Social se cris­ taliza en aquellas tendencias metodologistas o instrumentalistas21 que, co­ locando el énfasis de la profesión en su carácter práctico y en la utilización de técnicas o procedimientos especializados para la atención de situacio­ nes individuales, sociales y familiares, ubican el fundamento de su legitimi­ dad social en una supuesta cientificidad derivada de procedimientos “co­ rrectos” e inhibitoria de su finalidad ético-política.

Las técnicas e instrumentos utilizados para la acción se conciben en sí mismos de manera neutral y abstracta, vacíos de contenido, con valor y propiedades naturales. Al sacralizar y reificar lo instrumental se descono­ cen las posibilidades y limitaciones que como cualquier producto humano ellas albergan y se esclaviza a los sujetos bajo el mandato de su dictamen asimilando competencia profesional con dominio del instrumental técnico. El saber y la especificidad profesional se conectan de esta manera con la exigencia por todo aquello susceptible de ser instrumentable, medible, ob­ jetivamente formal y técnicamente aprovechable.

• La instrumentalidad como mediación, hace referencia al condicionamiento que los criterios de utilidad y eficacia práctica le imponen al Trabajo Social, ocultando los vínculos constituyentes de los fenómenos sociales, invisibilizando la estructura y naturaleza de lo cotidiano y los vínculos sub­ yacentes a las acciones desarrolladas, a través de las cuales la profesión es reconocida o cuestionada socialmente. Comprender la instrumentalidad como mediación significa develar las configuraciones que ella adquiere como instancia de pasaje y como espacio de articulación de los elementos que hacen parte de la cultura profesional.

En su afán pragmático e instrumental, razón y pensamiento se identifican constituyéndose en un componente de la acción profesional, perdiendo su capacidad reflexiva, dando cuenta de la realidad social desde su apariencia externa y condicionando las elecciones profesionales a criterios técnicos de utilidad práctica inmediata.

Con los anteriores planteamientos se pretende llamar la atención sobre las restricciones epistemológicas, teóricas y prácticas que se le plantean a la profesión cuando se cierra o enfrasca en los confines de una instrumentalidad acrítica. Perder de norte el vigor y potencialidad que los microespacios so­ ciales encierran para la comprensión de la realidad y para el empoderamiento del ejercicio profesional es frenar la posibilidad de transgredir los encuadres que los tradicionales formalismos institucionales proponen.

En su complejidad, los universos implícitos en las acciones desarrolla­ das por la profesión son espacios de mediación importante puesto que posi­

(21) Tales tendencias son caracterizadas por algunos autores como conservadoras.

bilitan tránsitos reflexivos entre lo singular y lo genérico, abriendo caminos para una comprensión global de la realidad social, oteando el horizonte de los impactos intangibles de la acción y no sólo los resultados esperados.

Las alteraciones producidas en el mundo del trabajo le plantean a la profe­ sión nuevas respuestas y renovadas instrumentalidades. La razón instrumental, tan de boga hoy en día en las políticas neoliberales, instaura relaciones sociales basadas en el cálculo racional de resultados tangibles y cortoplacistas rompien­ do los ámbitos democráticos de elecciones concertadas y colectivas desde las cuales la eficacia se convierte en sinónimo de pertinencia social.

Las transformaciones propias de las sociedades contemporáneas exi­ gen la apertura de espacios ocupacionales que permitan estrechar vínculos con un proyecto ético-político que abogue por la democracia, la defensa de los derechos sociales y humanos y la lucha contra la exclusión en todas sus dimensiones. El tránsito de lo instrumental -entendido como la practicidad técnica donde lo importante es la afanosa búsqueda de resultados inmedia­ tos- hacia la definición de intencionalidades profesionales éticamente res­ ponsables y comprometidas con el conocimiento, con las implicaciones de su quehacer, con el ser humano y con la sociedad, exige la generación de nuevas instrumentalidades o competencias profesionales capaces de confi­ gurar legitimidades distintas a las simplemente operativas, requeridas por el mercado laboral.

Enriquecer la instrumentalidad del Trabajo Social es contribuir a la reconfiguración profesional sin perjuicio de su capacidad técnica, estando en capacidad de atender y anticipar las demandas colocando a las técnicas en su debido lugar y construyendo alternativas que sean viables y funcionales a un tipo de exigencias y ordenamientos alternativos diferentes a ios del capi­ talismo salvaje.

La cuestión metodológica: convergencias operativas o especifidad funcional