Conclusión: Paradigmas del Desarrollo en evolución.
3.3. Instrumento de recogida de datos.
Para desarrollar el cuestionario aplicado, nos basamos en el Inventory of Dimensions of Emerging Adulthood (IDEA) (“Inventario de las Dimensiones de la Adultez Emergente [IDEA]”) de Reifman, Arnett y Colwell (2006). Sus ítems están organizados en diversos apartados, con una escala Likert, ordinal y con cuatro opciones de respuesta referidas al grado de acuerdo con lo propuesto, desde “muy en desacuerdo” a “muy de acuerdo”, con dos grados intermedios (“en desacuerdo” y “de acuerdo”). En dicho instrumento se investigan las diferencias interindividuales y entre grupos de edad, de la identificación personal con los procesos de la adultez emergente (en este caso, Exploraciones de la Identidad, Experimentación, Negativismo, Autocentración, Centración en los Otros, y Sentirse Entremedias –ibid.), y las relaciones de sus dimensiones con otras variables psicológicas medidas. Es importante decir que, en la fecha en que desarrollamos el cuestionario para esta
investigación, la fuente citada aún no había sido publicada, por lo que sus resultados, actualmente analizados y publicados, nos eran desconocidos. Pero a pesar de la alta fiabilidad y validez reportada para este instrumento ya publicado, no encontramos que se haya probado su validez teórica o de constructo, sino sólo la basada en la convergencia con las medidas
de otros constructos.160
En primer término, aplicamos la versión traducida de la mencionada fuente tanto en sentido positivo como negativo (esto es, redactando las afirmaciones como negaciones, y viceversa), a 100 universitarios españoles entre los 19 y 28 años.161 A partir de la comparación entre las medianas obtenidas para ambas versiones, pudimos detectar sesgos confirmatorios en el contenido de los reactivos; cosa que sucedió en el 76,0% de los casos, donde las diferencias entre las medianas de acuerdo fueron significativas. Esta fue la razón por la que decidimos elaborar otra versión del instrumento, más extensa, intentando no sesgar el contenido de los ítems y que integrara otras cuestiones que nos interesaba poner a prueba, aparte de las centrales propuestas por la perspectiva de la adultez emergente. En cualquier caso, rescatamos la estructura general de la escala original para elaborar la nuestra.
Las preguntas formuladas en nuestro cuestionario se apoyaron teóricamente sobre todo en dos capítulos centrales (el 1 y el 10) del volumen de Arnett (2004), Emerging adulthood: The winding road from the late teens through the twenties.162 Tal y como expusimos en el anterior capítulo, en éstos se hace referencia a las principales realidades del desarrollo de muchos jóvenes estadounidenses en esta edad, caracterizadas y descritas en torno a las exploraciones identitarias, la inestabilidad, la auto-centración, las posibilidades, y el sentirse entre adolescente y adulto, y que postergan la entrada en la vida adulta. La orientación central del cuestionario desarrollado fue poner a prueba dichas aseveraciones de la teoría de la adultez emergente, para ver qué nivel de acuerdo encuentran entre españoles y mexicanos.
Basamos asimismo varios ítems en afirmaciones categóricas que hace el autor sobre la visión que de la transición, y sobre todo de la adultez, tienen supuestamente los jóvenes a esta edad, y que no constan datos de haber sido puesta a prueba. Importa subrayar que pusimos mucho énfasis en considerar el contexto argumentativo, antes de decidir la formulación de las frases que después probamos en la exploración previa a la aplicación definitiva. La elaboración de los reactivos la completamos con otras fuentes que abordan aspectos tratados por la
160 Esto quiere decir que se hicieron inferencias a partir de las correlaciones con constructos similares, pero sin
validar teóricamente los constructos planteados en el instrumento referido, y por tanto, si podía establecerse correlación con la validez teórica de los instrumentos utilizados como referencia, en caso de tenerla.
161
Tanto la traducción como la inversión afirmativa del contenido de los ítems fue realizada por nosotros.
162 Recomendamos ampliamente la consulta de este volumen, cuya cita completa puede verse en el apartado de
propuesta de la adultez emergente, considerados en los capítulos teóricos de este trabajo, como son los volúmenes de Psicología del Ciclo Vital (Craig, 2001; Lefrançois, 2001; Papalia y cols., 2005; Rice, 1997; Santrock, 2004 y 2006), y los estudios sobre juventud de ambos países (i. e., Aguinaga y cols., 2005; Imjuve, 2005).
La parte del cuestionario sobre marcadores de ingreso en la adultez estuvo también fundamentada en otras fuentes, mismas que ya hemos citado en el apartado sobre el tema en el capítulo anterior (i. e., Aguinaga y cols., 2005; Marini, 1984a y b; Green y cols., 1992; Zárraga, 1999).
Al haber realizado un estudio exploratorio y no de parámetros probabilísticos, no hicimos un piloteo estadístico completo, pero sí aplicamos versiones previas a la definitiva para la corrección del contenido de los ítems. Aplicamos dos de ellas a 100 estudiantes universitarios españoles de 18 a 31 años (27% varones y 73% mujeres; media de edad = 21,94 años; desviación estándar = 2,94); diferentes básicamente en el orden de presentación de las cuestiones. Al final del cuestionario piloto pedimos a los encuestados que hicieran comentarios respecto a las afirmaciones que les parecieran confusas, ambiguas o difíciles de contestar. Los resultados de las pruebas alfa realizadas después de la aplicación para conocer la fiabilidad del instrumento en conjunto y de sus diversos apartados, los presentamos en el capítulo próximo.
Las preguntas del cuestionario definitivo están agrupadas en siete secciones. En la primera se pide a los sujetos señalar qué tan de acuerdo están con lo propuesto, como reflejo de lo que están viviendo en este periodo de su vida –entendiendo por periodo, 2,5 años por delante y 2,5 por detrás, con el presente justo a la mitad– mediante diversas afirmaciones referidas a las descripciones de lo que caracteriza la vida de un adulto emergente. En los tres apartados siguientes averiguamos sobre sus ideas y representaciones de la vida adulta, preguntando acerca de las responsabilidades, el significado o lo que resulta importante de ésta. Después preguntamos sobre su acuerdo con la contigüidad entre ambas etapas, y con diversos marcadores del final de la adolescencia y de ingreso a la etapa adulta. Por último, en un apartado de preguntas abiertas, solicitamos las edades que consideraban adecuadas para diversos eventos del desarrollo: matrimonio, paternidad, comienzo de la adultez, final de la adolescencia, y las que comprende la “juventud”. En este caso, cuando los encuestados daban un rango de edad, sacamos el promedio de las cifras dadas, fuera el rango de dos años contiguos (v. gr., si decían que la adolescencia terminaba a los 19-20, para el análisis de datos la contabilizamos como 19,5) o un periodo más amplio (esto es, si en el mismo caso decían que entre los 17 y 20, consideramos 18,5). El formato final del instrumento puede consultarse en el Anexo 2A.
3.4. Procedimiento.
Para consignar las muestras para la aplicación definitiva, en primera instancia intentamos encuestar alumnos en grupos de clase, tanto de bachillerato como en universidades públicas (licenciatura y postgrado). Dada la dificultad para conseguir a numerosos sujetos de edades muy específicas (sobre todo a partir de los 24-25 años) tuvimos que recurrir a otros métodos. Por una parte, distribuimos a través de Internet el cuestionario a personas con el perfil requerido (el 15,78% del total). La otra forma de completar el número de personas encuestadas fue contactar uno a uno, principalmente en las mismas instituciones (universidades; centros de trabajo) en que lo habíamos hecho de forma grupal.
Cuando aplicamos el cuestionario en grupo, precisamos con énfasis a los participantes que leyeran bien el instructivo y rellenaran de modo preciso los datos personales, en especial las fechas de nacimiento y de aplicación del instrumento. En las otras maneras de aplicación (vía correo electrónico o individualmente), anexamos una hoja de instrucciones por separado – Anexo 2B– en la que indicábamos con observaciones muy precisas la manera en que debía responderse la escala –a solas, sin interrupciones, en una sola sesión, concentradamente, etc. Esto fue para controlar las condiciones de respuesta, de modo que fueran lo más parecidas a una aplicación de test en grupo.