3. Metodología
3.4 Instrumentos de recolección de información
“Trabajar en conducta prosocial con edades tan tempranas conlleva una dificultad añadida,
dada la escasez de instrumentos de evaluación para estudiar estas edades y las peculiaridades de
esta etapa evolutiva” (López, Apodaca, et.al, 1998, p. 47). Ante esta condición, el estudio contó
con dos instrumentos que serán adaptados en su lenguaje, a las edades de los niños para ser
aplicados: la entrevista como parte del diagnóstico y registro de observación realizado como
diagnóstico y posteriormente para la evaluación del plan de intervención y análisis de resultados.
Adicionalmente, el Cuestionario de Conducta Prosocial de Weir y Duveen (1981) fue
aplicado a los padres de familia ya que, como se explicó amplia y suficientemente en el marco
teórico de éste trabajo, la familia se constituye en el primer anillo de formación social de los
niños, por lo que es importante conocer la percepción de los padres acerca del desenvolvimiento
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3.4.1 Entrevista “Mi vida en el colegio”
La entrevista como elemento fundamental de la investigación cualitativa permite conocer
datos que evidencian la problemática que se investiga y se constituye en un diálogo que acerca
de manera detallada, al objeto de estudio.
Teniendo en cuenta la edad de los niños participantes en este estudio, y por ende su
imposibilidad para cumplimentar instrumentos de autorreporte, se decide aplicar la adaptación al español del cuestionario “My Life in School”, elaborada por Sebastián Navarro Tauste para el
estudio y evaluación del clima escolar en una institución educativa en Jaén, España (Navarro
Tauste, 2012). El autor de dicha adaptación, en su generosidad, orientó la validación del
instrumento, sugiriendo algunas de las modificaciones que se hicieron con el fin de hacerlo fácil
y entendible para los niños del contexto colombiano.
El cuestionario “Life in School” “es una herramienta utilizada en distintos estudios para medir
la violencia escolar, aunque en ninguno de ellos se ha sometido a una validación completa a
nivel psicométrico. Sin embargo, pese a su relativa antigüedad, “consideramos que sigue siendo hoy un instrumento válido para medir la dimensión de violencia entre iguales” (Navarro Tauste,
2012). Los aspectos que contempla dicho cuestionario, permiten indagar acerca de la percepción
que tienen los niños frente a algunas situaciones que pueden vivir al interior del espacio escolar tales como agresión verbal (“alguien me ha dicho algún apodo”) y agresión física (“alguien
intentó darme patadas”) en términos de agresividad; de otro lado también contempla la
percepción de conductas prosociales: “alguien me ha prestado alguna cosa”, “alguien fue muy
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La versión adaptada para la población andaluza, el cuestionario “Mi vida en el instituto”
consta de 39 ítemes; de ellos se han tomado 25 ítemes que indagan sobre dos categorías:
agresividad y comportamientos prosociales. Para mayor compresión de los niños se propone una
variación en las opciones de respuesta en el eje de frecuencia: Nunca (0), una vez (1), muchas
veces (2).
La versión final adaptada para los niños participantes de este estudio, que se puede observar
en el anexo B, la cual fue sometida a análisis en una prueba piloto programada para tal fin.
3.4.2 Registro de observación de conducta agresiva
“Cuando se realiza una observación de un comportamiento para recoger información, se
realiza un registro de lo observado, como acción directa” (Lázaro, 2002).
De otro lado, Teresa Anguera (1999) define la observación como "el método que pretende
captar el significado de una conducta, que se puede escoger previamente, evitando su
manipulación, y que es susceptible de ser registrada" (p. 230).
En razón a que, la observación directa como técnica de exploración permite conocer la
frecuencia y circunstancias específicas en las que se presentan las situaciones a considerar, y que
su valor reside en permitir una evaluación directa de la conducta de interés en situaciones
naturales (Carrasco Ortíz, 2006), para ésta investigación se ha estructurado un instrumento de
registro de observación sistemática y objetiva con base en la adaptación de la Escala de
Agresividad Manifiesta –EMAM- (Overt Agression Scale, OAS por su sigla en inglés) realizada
por el Dr. Prof. Antonio Andrés Pueyo1; las conductas señaladas en dicha escala corresponden a
comportamientos observados en grupos similares de estudiantes dentro de la misma institución.
1
Catedrático del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Universidad de Barcelona.
60
Tras la realización de una prueba piloto, se han omitido los ítemes que mencionan el uso de
elementos cortos punzantes o fuego para hacer daño, ya que la observación se realiza dentro del
espacio escolar y en este caso, los niños no tienen acceso a elementos como tijeras o fósforos,
por mencionar algunos. Tampoco se tienen en cuenta los ítemes correspondientes agresión física
a sí mismo y agresión contra objetos debido a que, con base en la observación previa y la
experiencia docente, estos comportamientos no se presentan.
Este instrumento permite registrar comportamientos que los niños presentan
frecuentemente tanto en el patio de recreo como en el salón de clase. La puntuación de
intensidad se realiza mediante una escala tipo Likert de 5 valores y la frecuencia se valora de
forma abierta. Se registró el tipo de conducta presentada y se valoró según la intensidad de la
misma y el número de veces que se presenta en un tiempo determinado tanto en el aula de clase
como en el espacio de recreo (Ver Anexo A).
3.4.3 Cuestionario de Conducta Prosocial Weir y Duveen 1981 – Padres
Teniendo en cuenta que el comportamiento del niño dentro de su ámbito familiar tiende a ser
más natural, se consideró pertinente conocer la percepción que las familias tienen de los
comportamientos prosociales de sus hijos, dado que se presume que hay una diferencia entre el
comportamiento que los niños presentan en su hogar y en la escuela. Por ello se aplicó el
Cuestionario de Conducta Prosocial de Weir y Duveen (1981), como análisis anterior y posterior
a la intervención.
El cuestionario de Conducta Prosocial en sus dos versiones (padres y profesores) consta de
veinte afirmaciones que refieren comportamientos prosociales y con base en ellos se evalúa la conducta prosocial de cada individuo tales como: “intenta ayudar a alguien que se ha lastimado o
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herido”, o “ofrece ayuda a otros niños y niñas que tienen dificultades con una tarea o juego” (ver
anexo C). Para este caso, se solicitó a los padres que evaluaran la conducta prosocial de sus hijos
con el ánimo de establecer comparaciones frente al registro de observación en el aula realizado
por la profesora, que permitió contrastar los comportamientos prosociales con los
comportamientos agresivos.
Para su evaluación se tienen tres opciones de respuesta en términos de frecuencia: nunca (0),
alguna vez (1), casi siempre (3).