1. FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA
1.1. Precisiones lingüísticas y culturales sobre la oralidad
1.1.4. Integración entre lo lingüístico y lo social: el discurso
El término “discurso” se usa indiscriminadamente para designar tanto a la lengua, como al habla, tanto a un enunciado separado, como a toda una serie indeterminada de enunciados, y asimismo a todo un género discursivo, el de “pronunciar discursos”. Bajtín, (1989) considera que existe la necesidad de definirla con mayor precisión para elaborar correctamente una teoría del discurso. Van Dijk (1985), define discurso en función de su relación dialéctica con las ideologías. Según este autor, el discurso es la práctica principal a través de la cual la ideología se reproduce y transmite, y es a la vez controlado y moldeado por esta.
Unida a la definición de discurso, Van Dijk define ideología como un sistema de creencias y representaciones sociales compartidas. Previamente a la definición de Van Dijk, se consideraba que el término ideología correspondía con “idea falsa de los otros”, teniendo en cuenta el uso que de ella había hecho el marxismo (la “ideología” de los poderosos). Hoy en día se considera que las ideologías son los sistemas básicos de la cognición social, conformados por representaciones mentales compartidas y específicas a un grupo, las cuales
se inscriben dentro de las creencias generales de sociedades o culturas enteras (Van Dijk, 1985).
Por un lado, la ideología cumple una función cognitiva en el sentido de que organiza las representaciones mentales, controlando las creencias sociales y personales (las opiniones) y las prácticas sociales, entre ellas el discurso. A través del modelo mental impuesto por la ideología, el individuo interpreta subjetivamente el discurso, y este se elabora a su vez en base a los modelos mentales conformados por información socialmente compartida.
Socialmente, la ideología organiza a los individuos en torno a un esquema conformado por categorías sociales como pertenencia, valores, actividades, jerarquías. Este esquema define las funciones, identidad e intereses del grupo. A través de la ideología también se organizan las jerarquías sociales, ya que pueden funcionar para legitimar el abuso de poder y la desigualdad, o la resistencia y el cambio (Van dijk, 1985).
El sustento de la ideología es el lenguaje, por lo que depende indisolublemente del discurso. En este sentido, nninguna forma lingüística considerada aisladamente tiene significado determinado, hasta que no cumple con una función ideológica. Esto ocurre porque las formas lingüísticas siempre aparecen en un texto como un signo de sistemas de significado embebidos en discursos específicos a los que se puede atribuir significado ideológico. La propuesta de Van Dijk consiste en estudiar la estructura de los discursos, develando las ideologías subyacentes a través del vocabulario, el estilo, la retórica, las formas sintácticas y las estructuras fonológicas (1985).
Un género o característica lingüística indica la presencia de un discurso ideológico cuando el sistema en el que se encuentran las frases les atribuye un significado específico. En este sentido, es posible afirmar que los formatos de discursos filiados a una ideología no son
creados, son repetidos. En oposición con el discurso, otro tipo de textos son imprevisibles y se prestan para el ejercicio creativo (Van Dijk, 1985). Es decir que en un discurso, las características lingüísticas encontradas obedecen a un esquema particular que previamente posee un significado determinado por la ideología que representa.
La creación de discursos implica el uso de reglas preestablecidas por el tipo de discurso que se pretende producir. El estudio de las ideologías en los textos, ha dado como resultado el análisis de cómo el significado sirve para sostener relaciones de dominio. Según Foucault (1999), las instituciones suscitan discursos o modos de habla que se suscriben a las diversas áreas de la vida social. Para el pensador francés, el discurso es el arbitraje entre dos partes en conflicto: el sujeto (la conciencia) y su entorno (la realidad). Más concretamente, entre la realidad y el sujeto está el lenguaje como mediador, entre la conciencia y la realidad está el discurso.
La intuición fundamental de este modelo es que, cuando alguien produce un enunciado, sobre esta sola base, es ya posible prever lo que va a decir después. En este caso, se habla generalmente de reformulación, no de argumentación ni de creación libre. Pero, a diferencia de Van Dijk, Foucault considera que toda reformulación introduce un desplazamiento, un traslado semántico-cognitivo, que induce a ver las cosas de un modo un poco diferente, y eso no resulta ajeno a la argumentación. Entonces la reformulación tendría un valor argumentativo independiente a su ideología (Foucault, 1999).
Develar el trasfondo ideológico que subyace a los discursos, es una parte fundamental del proceso de comprensión de la realidad social, política y económica en la que vivimos. El tipo de vocabulario que utilizamos para referirnos a ciertos temas revela nuestras propias filiaciones ideológicas conscientes o inconscientes. Estudiar la forma en la que estamos comprendiendo a la cultura y su sistema de valores, nos dotará de herramientas críticas para
el aprendizaje. Las palabras no son inocentes y los docentes deben estar alerta para reconocer en su propio lenguaje y el de sus estudiantes qué tipo de concepción de la realidad está detrás.
Comprendemos que cuando se argumenta sobre un tema público y polémico, los sujetos pertenecientes a esa sociedad, se instalan en una ideología específica. Así, cuando se trata de debatir sobre cuestiones como el aborto o el matrimonio igualitario, los sujetos tienden a adoptar una postura previamente construida por algún grupo intelectual o grupo de poder. Por ejemplo, la iglesia, los medios de comunicación, los partidos políticos y otras instituciones con capacidad para difundir sus ideas, construyen discursos cargados de argumentaciones para convencer a los receptores de su mensaje.
Sólo la capacidad de crítica permite a las personas ponerse al margen de las ideologías para, como dice Focault, lograr un desplazamiento del discurso original, produciendo un pensamiento propio. Esta es una actividad de alta complejidad que requiere la construir, reformular y rebatir argumentos. En el siguiente capítulo expondremos algunas teorías en torno a la argumentación, mecanismo que permitiría analizar los diversos puntos de vista, evaluando las ventajas y desventajas de cada uno.