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Intensidad de los cambios en los diferentes grupos de ocupados

MOVILIDAD DE LOS OCUPADOS EN ARGENTINA INTENSIDAD, CARACTERÍSTICAS

6. VARIACIONES EN LA INESTABILIDAD OCUPACIONAL A LO LARGO DEL PERÍODO

6.1. Intensidad de los cambios en los diferentes grupos de ocupados

El Cuadro 6 muestra que efectivamente a lo largo del período se produjo un incremento en las tasas de salida desde una ocupación. Sin embargo, por un lado, los mayores cambios se dieron entre la

primera y segunda fase; por otro lado, el incremento de la tasa pro- medio se asocia al aumento que experimentaron los grupos de me- nor antigüedad en el puesto (hasta un año). Por el contrario, el res- to de los ocupados lograron mantener el grado de estabilidad labo- ral sugiriendo, por tanto, que el crecimiento de la inestabilidad fue producto de la mayor rotación que afectó a las posiciones de corta duración.30

Estas regularidades también quedan evidenciadas en el Gráfico 3 donde se muestra la función de riesgo para cada uno de los sub- períodos. Allí se observa el fuerte incremento en la inestabilidad en la segunda y tercera fase en relación a la primera, especialmente entre las ocupaciones de un año o menos de duración.

30 Las diferencias entre las dos primeras etapas son estadísticamente significa- tivas al 95%.

Las modificaciones en el grado de rotación media de las ocupa- ciones entre los subperíodos fueron de diferente intensidad entre los grupos definidos por las variables arriba analizadas. En el Cua- dro A.6 del Anexo se advierten claras disparidades entre géneros, categorías, niveles educativos y edad. A diferencia de lo comenta- do al analizar la situación promedio de la década, los cambios en el tiempo entre géneros parecen ser los más significativos, seguidos por los que se registraron entre los estratos de escolarización y las categorías ocupacionales. En efecto, la probabilidad media de sali- da de la ocupación correspondiente al conjunto de los hombres se elevó mientras que la de las mujeres se redujo. Esta disminución resultó fundamentalmente de la variación habida entre quienes te- nían una ocupación con antigüedad superior al año, mientras que entre las mujeres con puestos de menor duración se evidencia un aumento en la rotación.

Al restringir el análisis a este subconjunto de ocupados de corta duración, entre quienes se perciben más claramente los efectos de la inestabilidad laboral, se comprueba nuevamente la diferencia de comportamiento entre géneros ya que los varones aumentaron más fuertemente la tasa de salida que las mujeres. Más aún, se advierte que las tasas correspondientes a las mujeres se mantuvieron esta- bles o disminuyeron en casi todas las categorías ocupacionales y estratos educativos (con la excepción de las de menor nivel educa- tivo y las trabajadoras independientes), pero fundamentalmente en el caso de las asalariadas registradas.

Por su parte, se amplió la brecha de estabilidad correspondiente a las diferentes categorías. Ello fue consecuencia del leve aumento de la tasa de retención entre los asalariados registrados y del incre- mento que experimentaron los dos grupos restantes. Asimismo, las diferencias en el grado de rotación también se ampliaron por nivel educativo debido a que los ocupados de menor escolarización, que eran inicialmente los más inestables, incrementaron las tasas de salida a lo largo del período con mayor intensidad que el resto de los ocupados. Por su parte, todos los estratos definidos según la edad experimentaron similares disminuciones en las tasas de re- tención en una ocupación.

Por lo tanto, estas estadísticas descriptivas sugieren que el debi- litamiento del mercado de trabajo especialmente desde mediados de la década de los noventa no impactó de manera homogénea en- tre los diferentes conjuntos de ocupados sino que, con la excepción del género, y en menor medida de la edad, afectó principalmente a los ocupados que ya experimentaban mayor rotación laboral por lo que las brechas de estabilidad se incrementaron. Asimismo, de la combinación de estas variables surge que fueron las mujeres cu- biertas por la seguridad social las que lograron los mayores incre- mentos en la estabilidad desde la segunda mitad de los noventa. Contrariamente a ello, los hombres que se desempeñan en trabajos independientes constituyen el grupo que más fuertemente incre- mentó su grado de movilidad laboral, especialmente aquellos de bajo nivel educativo.

Las estimaciones del modelo Log-Log Complementario (cuyos resultados figuran en el Cuadro A.3 del Anexo) confirman estas apre- ciaciones. En particular, para estimar estadísticamente los cambios en la movilidad ocupacional a lo largo del período se incluyeron en las regresiones dos variables dummy («1995-1998» y «1999-2002») que pretenden capturar el efecto de los cambios habidos en el fun- cionamiento del mercado de trabajo, de las modificaciones en las regulaciones laborales y de la inestabilidad macroeconómica acaeci- dos fundamentalmente desde la segunda mitad de los noventa.

En la regresión I y II (que incluyen a todos los ocupados) se observa que los coeficientes de estas dos variables resultaron posi- tivos y estadísticamente significativos indicando que efectivamen- te el grado de inestabilidad ocupacional aumentó en relación a los primeros años de la década de los noventa (el período 1991-1994 es el grupo de base); sin embargo no se verifican diferencias signi- ficativas entre la segunda y la tercera fase lo que sugiere que los cambios más importantes en la estabilidad se verificaron entre la primera y la segunda mitad de la década. Tal aumento se verificó con mayor intensidad en los tramos más cortos de duración (en la regresión IX se restringió el análisis sólo a los ocupados de 1 año o menos de antigüedad), tal como había surgido en las estadísticas analizadas previamente. Este resultado también se verifica en la

regresión X donde se estimó el efecto cruzado entre los dos subpe- ríodos y los tramos de duración. En particular, se adicionaron dos variables dummy: una adopta el valor 1 para los ocupados de 1 año o menos de antigüedad en el segundo subperíodo y la otra lo hace para el tercero. El signo positivo de ambas variables sugiere que el mayor incremento en la inestabilidad se verificó efectivamente en las posiciones de corta duración.

También se confirma el aumento en la brecha entre las catego- rías ocupacionales lo cual se deduce de las estimaciones realizadas para cada uno de los tres grupos definidos a partir de esta dimen- sión (regresión IV, V y VI del Cuadro A.3 del Anexo). En particu- lar, las dos variables que representan los subperíodos son negativas y significativas cuando el modelo se estima exclusivamente para los asalariados registrados mientras que cambia de signo en los dos grupos restantes. Este comportamiento se manifiesta también en la regresión completa a través de los coeficientes de signo positivo para las variables que combinan subperíodos con la categoría (re- gresión I del Cuadro A.7 del Anexo). Llama la atención que cuando se incluyen estas variables de interacción, las que corresponden a cada subperíodo se vuelven negativas. Ello estaría confirmando que son los asalariados no registrados y no asalariados los que incre- mentaron su nivel de rotación laboral a lo largo del período mien- tras que lo contrario sucedió entre los asalariados registrados.

Los resultados del modelo dan cuenta, asimismo, de la disminu- ción del poder explicativo del género debido a que la diferencia en el grado de estabilidad entre los hombres y las mujeres se redujo a lo largo del período tal como lo sugerían las estadísticas descripti- vas analizadas previamente. Ello se deduce del hecho que las va- riables binarias indicativas de cada subperíodo no resultan estadís- ticamente diferentes de cero en caso de restringir la estimación a las mujeres (regresión VII del Cuadro A.3 del Anexo), mientras que son positivas y fuertemente significativas para los hombres en ambos subperíodos (regresión VIII del Cuadro A.3 del Anexo). Esto explica, a su vez, por qué en la regresión para el período completo las variables que combinan el género con los subperíodos resultan positivas y significativas (regresión II del Cuadro A.7 del Anexo).

Se confirma, entonces, que las mujeres no acompañaron el pro- ceso de mayor inestabilidad laboral que experimentaron los hom- bres. Ellos aumentaron la probabilidad de salida en todas las cate- gorías y grupos educacionales –incluso entre los asalariados regis- trados de menor duración- aunque fueron más intensos en el caso de los no asalariados y los menos educados. Resulta destacable, sin embargo, el incremento verificado por la de quienes desempeñan actividades de manera independiente, comportamiento que podría estar asociado a las modificaciones experimentadas por el sector informal, del cual ese grupo es un componente importante. Una buena parte de las actividades informales urbanas de Argentina te- nía, tradicionalmente, un carácter menos precario que en el este- reotipo clásico de los mercados laborales de países en desarrollo. Esta porción consistía en unidades pequeñas pero con algún grado de estructuración, y que generaban ingresos y niveles de estabili- dad ocupacional adecuados a sus miembros. La reestructuración productiva de los noventa afectó a una parte de este segmento, fe- nómeno que no sólo llevó a que se redujese su tamaño sino a que se alterase su composición. Las actividades más informales y preca- rias habrían pasado a tener más preeminencia, con el consecuente incremento de la inestabilidad promedio de los trabajadores por cuenta propia.

A fin de comprender la estabilidad del nivel de rotación prome- dio de las mujeres conviene enfatizar que la tasa de actividad fe- menina continuó creciendo a lo largo de la década prolongando una tendencia de más largo plazo. Esta evolución resulta similar a la encontrada en otros países –por ejemplo, muchos europeos- en los cuales ello se verifica, incluso, en períodos de recesión econó- mica.31 Podría concluirse, entonces, que la mujer viene gradual- mente adoptando pautas de participación económicas más estables, independientes del ciclo económico y, por tanto, más similares a las de los hombres. La experiencia internacional también muestra 31 No obstante ello, la tasa de participación femenina en Argentina continúa siendo más baja que en la mayoría de los países europeos, excepto –en algu- nos casos- con la correspondiente a los primeros tramos de edad (por la entra- da más tardía al mundo laboral de las mujeres en los países europeos).

que este crecimiento en la tasa de participación femenina está aso- ciado a una mayor permanencia en la fuerza laboral una vez que se incorporan a ella.32 Entre algunas de las razones de tal comporta- miento se encontraría el aumento en el nivel educativo lo cual, des- de el lado de la demanda –y por lo señalado más arriba- implica una menor rotación. A su vez, este mejoramiento en la escolaridad inte- ractúa con modificaciones en las pautas culturales que llevan a que las mujeres estén dispuestas a aceptar relaciones laborales más esta- bles. En este sentido, suele enfatizarse el efecto de los cambios en la división del trabajo dentro del hogar que llevan a un mayor involu- cramiento del hombre en las tareas domésticas. Finalmente, se argu- menta que las mujeres han disminuido su tasa de fertilidad al confor- mar más tardíamente el grupo familiar, lo que les permite permane- cer períodos más prolongado dentro de la fuerza de trabajo.

A la luz de esta evidencia, podría sugerirse que el mantenimien- to del grado de movilidad ocupacional de las mujeres que se regis- tró en el Gran Buenos Aires durante los noventa reflejaría un com- portamiento de largo plazo hacia una presencia más estable de las mujeres en el mercado de trabajo. Esta tendencia habría sido par- cialmente contrarrestada por un incremento global de la inestabili- dad laboral. El argumento de la mejora relativa del nivel educativo aparece, sin embargo, como menos relevante en Argentina puesto que el nivel de escolarización de las mujeres ya era, a mediados de los setenta, similar al de los varones; el mismo sería, en cambio, un reflejo de las importantes modificaciones habidas en los valores culturales. También se ha enfatizado que durante los noventa, la mayor participación fue acompañada por un empeoramiento en las condiciones laborales que obligó a los trabajadores secunda- rios –básicamente las mujeres- a intentar compensar la caída de ingresos experimentada por el jefe de hogar.33 Esta respuesta im- 32 Osterman (1994), Rubery, et al. (1999), Blau et al. (2002).

33 En Cerrutti (2000b) se muestra que el mayor incremento de la tasa de activi- dad de las mujeres durante los noventa se verificó entre 1993-1995, años en los cuales se produjo una caída en la tasa de crecimiento económico conjunta- mente con un fuerte incremento en la tasa de desempleo de hombres y, en mayor magnitud, de mujeres.

plicó la necesidad de aceptar, en una elevada proporción, puestos inestables, precarios.

Como se apreciará posteriormente, el mantenimiento del grado de estabilidad entre las mujeres fue el resultado neto de una mayor permanencia en la población activa –ya que disminuyó el flujo en- tre la inactividad y la actividad- y, por el otro, una elevación de los movimientos entre la ocupación y la desocupación.

Finalmente, de las regresiones realizadas por separado para el subperíodo 1991-1994 y para el resto del período se confirman los resultados recién comentados (Cuadro A.8 del Anexo). En particu- lar, se observa que la dependencia negativa a la duración se hace más pronunciada desde mediados de la década reflejando que el aumento de la inestabilidad especialmente en los puestos de menor duración amplificó la brecha con respecto al resto de los ocupados. Se verifica que los coeficientes de las categorías se incrementan reflejando, también, el aumento en las diferencias de estabilidad con respecto a los asalariados registrados. Lo contrario sucede con la variable de género lo cual es consistente con la disminución de la brecha entre hombres y mujeres. Por su parte, también se confir- ma el incremento en el diferencial de estabilidad según el nivel de educación.

Asimismo, el bajo poder explicativo de las ramas de actividad se mantiene en ambas regresiones. Sin embargo, respecto de la in- dustria las actividades de construcción se hacen un poco más ines- tables al igual que el sector público (si bien éste mantiene el signo). Que no se verifiquen diferencias importantes en la evolución de la estabilidad entre ramas productivas puede estar reflejando el he- cho que algunos procesos fueron generalizados sectorialmente, pero también las limitaciones con las que se identifica tal variable en la encuesta de hogares. En particular, razones de tamaño de muestra impiden trabajar con una clasificación suficientemente detallada como para evaluar esta dimensión. De cualquier manera, cabe te- ner en cuenta que las reformas estructurales y el cambio de régi- men macroeconómico de los noventa debieron haber afectado de manera diferente al grado de estabilidad del empleo de las diversas ramas. En particular la industria manufacturera tuvo que enfrentar

un tipo de cambio sobrevaluado así como una disminución de las barreras arancelarias. Si bien las estrategias llevadas a cabo al inte- rior del sector fueron muy disímiles, el mismo perdió, en su con- junto, la capacidad de generación de empleo, tal como se mostró en el Capítulo 1.34 Ello pudo haber contribuido a la inestabilidad global del mercado de trabajo ya que, en promedio, el grado de rotación de la ocupación manufacturera era relativamente reduci- do. Adicionalmente, los nuevos puestos generados en la industria fueron más precarios e inestables que en el pasado, de manera si- milar a lo sucedido en otras ramas.

Hasta aquí se han examinado los cambios experimentados por las probabilidades de salida desde una determinada ocupación así como los efectos que la duración y las variables relevantes han tenido sobre ellos. Se desprendió de tal análisis que se produjo un incremento en la movilidad laboral y que éste no tuvo igual inten- sidad entre diferentes grupos de ocupados sino que, por el contra- rio, algunos de ellos sufrieron con mayor fuerza el riesgo de perder una ocupación.

6.2. Factores asociados a los cambios en la inestabilidad