6. HORIZONTES DE SIGNIFICADO: EL PESO DE LOS VÍNCULOS
6.2 LA VALORACIÓN DE LOS AMIGOS
6.2.3 El interés académico
Para algunos adultos jóvenes entrevistados, el interés por “la vida académica”, se convierte en una posibilidad de entablar vínculos de amistad con otros hombres y mujeres, debido a que ello conlleva a construir relaciones mediadas por el gusto de compartir temas, ideologías, posiciones frente a la vida y visiones de mundo que enriquecen la perspectiva individual. Este tipo de prácticas cobran relevancia en la medida en que la mayoría de los interlocutores son estudiantes universitarios o profesionales que expresan un deseo orientado a continuar “alimentando la mente” a través de la búsqueda de nuevos conocimientos que los cualifique en áreas específicas como la economía, la Psicología o la ingeniería, entre otras. En este tipo de expresiones se denota una razón práctica en muchos de los casos, ya que afirman que su disciplina en lo académico les puede “abrir puertas” para acceder a mayores oportunidades de empleo que reviertan en el mejoramiento de su calidad de vida en términos materiales. En este sentido, es valido recordar que en el periodo de la adultez joven se es más reflexivo, se busca estabilidad económica y afectiva, por lo que muchos de los varones se proyectan en un futuro con una familia conformada y con una profesión que les brinde estabilidad y posibilidades de ascenso social.
Desde esta perspectiva, el amigo aparece como ese otro co-constructor de sueños y proyectos que constituyen el futuro de estos hombres, mediante su participación en la elaboración reflexiva de su acción y del mundo. Puede decirse que los varones con quienes se trabajó dan continuidad a su proceso de construcción como sujetos sociales competentes, capaces de asimilar y reafirmar su autonomía a través de sus relaciones de amistad. El comentario de Andrés es bastante elocuente al respecto:
“Últimamente los amigos que tengo me han ayudado a valorarme más como persona, a mirarme más adentro de lo que me veía y a mirar a las personas más
allá de lo que los ojos ven. Me ha gustado tener ese tipo de amigos porque me han ayudado a ser más analítico con respecto a las personas, a los hechos... a aprovechar cada una de las experiencias que me pasan, aprender más de ellas”. Se observa en el anterior comentario la madurez y la responsabilidad que se van configurando como rasgos característicos de las edades de los adultos jóvenes (20 – 40 años) y como las experiencias demarcadas por las relaciones con los amigos determinan ciertas maneras de ser y hacer que estructuran las representaciones sociales que guían su vida. Como afirma Rodríguez78, las representaciones sociales son medios para la construcción de identidades que siempre se definen frente a una alteridad, frente a un “otro” con quien recrean sus significados y los sentidos de sus acciones.
La familia, al igual que el grupo de amigos, se convierten en un referente sociocultural específico que permite a estos hombres su construcción como sujetos genéricos, lo cual se convierte en una contribución para el proceso de comprensión de sus representaciones en torno al cuidado de sí en salud, las cuales se estructuran con base en el sentido que la cultura y la sociedad otorgan a la figura masculina y femenina. La interacción con la familia y con los amigos lleva a estos varones a afianzar conductas y comportamientos estipulados para los hombres, ya que éstos referentes de significado (familia – amigos) ejercen presión sobre estos adultos jóvenes para moldear su identidad con base en las diferencias del género. De esta manera, en los vínculos afectivos con la familia y con los amigos, los varones establecen mediaciones producidas por la sociedad para estructurar y enriquecer sus representaciones sobre lo masculino, sobre sus prácticas sociales, sobre sus actitudes, sus comportamientos y sus formas de asumirse a sí mismos y al mundo en el que viven y en el cual cohabitan con otros con quienes generan intercambios sociales para mantener su realidad subjetiva y estructurar su identidad. Al respecto, Berger y Luckman4 afirman que los otros significantes ocupan una posición central en la economía del mantenimiento de la
realidad y revisten particular importancia para la confirmación continua de ese elemento crucial de la realidad que llamamos identidad. Pero esta identidad se transforma en un proceso dialéctico en el cual estos hombres son producto y, a su vez, productores de sentido y de universos de significados que los convierte en participantes activos de dichas transformaciones, mediante sus procesos de subjetivación de la realidad social en la cual están inmersos durante toda su vida. Es en ese escenario que los adultos jóvenes con quienes se trabajó pueden construir el sentido y el significado del cuidado de sí en salud, a través de sus vivencias y de sus experiencias cotidianas. Por ello, hablar en términos abstractos del contenido de esta categoría de análisis, se tornaría en un asunto inoficioso si no se tienen en cuenta los procesos socioculturales que dibujan sus contornos y sus contenidos. El cuidado de sí en salud es una construcción social que depende de los procesos de interacción y de los juegos intersubjetivos que tejen estos hombres mediante sus acciones y reflexiones como sujetos y como reproductores del mundo de la vida , en el cual se van transformando como seres que constantemente buscan su autonomía y su libertad para vivir en medio de las posibles adversidades y satisfacciones que, en el día a día, configuran una visión de mundo, una manera de ser, de obrar y de sentir, de acuerdo con las posibilidades que la misma vida proporciona.