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DIMENSIÓN ESPIRITUAL D

5.1 Interpretación de resultados

El mí-mismo, como se mencionó en otros apartados, es un constructo de naturaleza configuracional, que puede cambiar, seleccionar o regular conductas. Al ser configuracional no depende de un solo factor para realizar transformaciones y ser consciente de sus procesos, puede partir de sí-mismo y autotransformarse.

Se trata del lugar donde se encuentra lo que le da estructura al ser humano, pero también, el lugar de las relaciones con su mí-mismo, con el mí-mismo de las y los otros y con el universo que lo rodea. Por ello, dentro de estas configuraciones surgen como una constante posibilidades que se relacionan entre sí y dan origen a nuevas posibilidades y nuevas configuraciones que nos permiten optar y responsabilizarnos de nosotros mismos y de la relación que establecemos con el mundo, para renovarnos, reconstruirnos o bien, deconstruirnos.

Los hombres y mujeres que participaron en esta investigación a través de sus historias muestran la naturaleza configuracional del mí-mismo, puesto que es posible observar a través de ellas los cambios .surgidos a lo largo del tiempo y la diversidad de enlaces y relaciones de unas dimensiones con otras, lo que nos lleva a corroborar la unicidad de los seres humanos y sus procesos.

A continuación se presenta la relación entre los aportes teóricos de esta investigación y los resultados obtenidos de la misma de acuerdo con cada dimensión estudiada y los constructos del Enfoque Centrado en la Persona.

5.1.1 Dimensión Corporal

Concepto e imagen de mí-mismo

Dentro de la dimensión corporal resulta relevante destacar que no solo se trata de aquellos aspectos referentes al cuerpo en su conformación morfológica o fisiológica, sino que es una dimensión que va más allá de las características biológicas, que como lo menciona López (1996, p.13) se trata de “la barrera que nos separa y nos contiene, pero que al mismo tiempo permite desplegar la existencia”; es el espacio donde tienen lugar nuestros primeros contactos y la conciencia de ser únicos y diferenciados de otros. Concebir esta dimensión de manera integrada ha sido poco constante en la historia de los seres humanos; de manera general se le concibe como una parte del ser humano disociada de las emociones o la espiritualidad, y no como un lugar donde se manifiestan los procesos y se vivencian las experiencias de crecimiento.

Esta concepción del cuerpo como fragmento y no como unidad se presentó de manera constante en los resultados de investigación; en las mujeres el estado del cuerpo y su descripción está centrado en aspectos físicos, no se presenta la .integración deí cuerpo como totalidad, principalmente en la infancia y la adolescencia, en algunos casos y de manera indirecta es visualizado como un espacio de desarrollo intelectual, en la edad adulta es donde se integra la salud como elemento importante en la concepción de su estado. En la totalidad de los varones el cuerpo es concebido desde la actividad física; el perfeccionamiento físico es un aspecto importante de su descripción y al igual que para las mujeres en la edad adulta, la salud es un elemento importante.

Es posible observar que la idea de un cuerpo como la forma de estar presente en el mundo, aún hoy, no es simbolizado de manera conciente como dimensional,

es decir, como unidad en sí-mismo, sino por el contrario como una herramienta que permite el reconocimiento o rechazo estético, la actividad física o la consecución de objetivos.

Desde la teoría rogeriana durante la infancia los niños y niñas perciben su experiencia como realidad y esta se encuentra constituida por las representaciones que hace y por la relación que tiene con el entorno; tanto la experiencia de interacción consigo mismo como con el medio contribuyen a formar la imagen de sí-mismo. En la perspectiva de género la construcción de la identidad será única de acuerdo al momento histórico, las vivencias y experiencias del individuo, lo cual será internalizado desde la infancia. Ambas visiones destacan la importancia que tienen dentro de la construcción de la propia imagen la relación con los otros; el resultado de la percepción que los hombres y las mujeres tiene de sí se da de manera diferente. En hombres y mujeres mayores de 43 años, la relación con los otros ha sido un elemento importante en la construcción de la percepción que tienen de sí mismos. El concepto de sí-mismo en los varones de 30 a 42 años está basado en aspectos físicos y en acciones, las relaciones con otros no forman parte importante en la construcción de su concepto. Mientras que para los mayores de 43 años la concepción de sí. esta basada en un marco de referencia interno y las relaciones con otros son importantes en su construcción. Para las mujeres la concepción que tienen de sí está marcada por la propia experiencia en conjunto con la valoración o percepción que el entorno hace de ellas.

La visualización del mí-mismo como un ser humano integrado es variante, la posibilidad de integrar la experiencia considerada como positiva o como su contrario y entrelazarla con cada dimensión es diferente en cada caso. De manera general en esta integración se contempla la participación de aspectos profesionales, la espiritualidad, la afectividad y las relaciones sociales, pero no en todos se mantiene la misma configuración.

Experiencia organísmica

La valoración organísmica es el proceso en el cual las experiencias son primero valoradas y después simbolizadas de manera consciente, es un proceso que se caracteriza por la fluidez y le permite al organismo evaluar su propia experiencia en vistas a su crecimiento. Esta experiencia puede considerarse satisfactoria cuando proviene del propio organismo y se identificó como enriquecedora o bien puede ser considerada no digna y por lo tanto valorada condicionalmente.

Dentro de la investigación, la experiencia organísmica para las mujeres es ¡dentificable con mayor claridad a partir de la adolescencia y su presencia consciente es más clara en la edad adulta en cuanto a simbolización de la experiencia se refiere. Para los varones el contacto consigo mismo a través de la experiencia organísmica es una constante a lo largo de la vida, en los que son mayores de 43 años es clara la conciencia de la experiencia y la integración tanto de las experiencias satisfactorias como de las que no lo son.

Conciencia Corporal

Acceder a la conciencia significa que la experiencia ha sido simbolizada y que existe una representación, ya sea cognitiva, verbal o una figura con significado. Esta conciencia puede ser pre-reflexiva, reflexiva o intencional según González (2005, p.277), la primera, es la empírica; la segunda, implica la reflexión, el discernimiento y el significado del contenido; y la tercera, busca captar y hacer suyo el objeto. Este darse cuenta de sí-mismo y de la relación en sus diferentes niveles varía en las etapas de la vida y se modifica de acuerdo al tipo de relaciones que se tienen.

En cuanto a la conciencia que se tiene del propio cuerpo a través de las relaciones y los contactos, en algunas mujeres el descubrimiento de sí mismas se produjo con el primer contacto con su cuerpo, mientras que para otras la conciencia corporal se dio en el contacto con las y los otros de manera positiva o a

través de las limitaciones de su mí-mismo. En ambos casos fue el contacto lo que les permitió la diferenciación de su sí-mismo con el de los demás.

Para los varones la sexualidad y las sensaciones corporales como la desnudez, el deseo y las emociones inmersas en éstas, son fundamentales en el descubrimiento de sí-mismos; la sexualidad se percibe como un centro de integración.

La conciencia de las experiencias vividas se identifica claramente a partir de la adolescencia en algunos casos, pero se presenta en el total de los participantes en la edad adulta con mayor profundidad en la identificación, sin embargo, esta conciencia se manifiesta más en la dimensión cognitiva que en cualquiera de las otras dimensiones. La integración de las experiencias satisfactorias y amenazantes no se da de manera homogénea.

Vivencia positiva vs vivencia negativa del cuerpo

La manera en como las mujeres y los hombres viven sus cuerpos puede variar, pero es indudable la importancia que tiene en la concepción de su vivencia la diferencia sexual a partir de la cual se ha definido lo que significa ser mujer o ser hombre, lo que les es permitido a cada uno y las expectativas que se depositan en ellos. De esto depende mucho que la vivencia sea considerada positiva o negativa y como se observa a continuación la opinión que las y los otros tienen de nuestros cuerpos resulta fundamental en nuestra propia opinión.

Para las mujeres de 30 a 42 años la vivencia del cuerpo es positiva al considerarlo bonito y se presenta aceptación de este; mientras que en las mujeres mayores de 43 predomina la vivencia negativa basada en las experiencias con el entorno. En todas ellas el papel que juega la opinión o concepción de los otros acerca de sí-mismas es importante como un parámetro que determina la aceptación de sí, ya sea como una manera de ser aceptada o bien por el rechazo sentido.

En la mayoría de los varones la vivencia del cuerpo se da de manera positiva en la infancia, posteriormente en la adolescencia la concepción de la vivencia se

determina por la funcionalidad y la estética, es positiva excepto en un participante para quien este mismo elemento (la estética) es el lugar en donde se centra lo negativo de la vivencia.

5.1.2 Dimensión Emocional

Emociones, sentimientos y sensaciones experimentados

Dentro de los elementos que podemos encontrar en las emociones, el cognitivo-subjetivo, el funcional y el expresivo, tal vez sean los que más se aproximan a lo encontrado en la investigación. La representación que las personas hacen de las emociones, el beneficio que les otorgan y la manifestación conductual y social es lo que les da sentido a sus vivencias.

Las principales emociones y sensaciones experimentadas en las mujeres durante la infancia están relacionadas con el contacto familiar, a través del cuidado, protección, cooperación, inteligencia, afecto y la atención, pero también con la rudeza, el abandono y la regulación social del comportamiento. En la adolescencia hay una presencia importante de sensaciones de vergüenza, fragilidad, agobio y aumento de responsabilidad debido al crecimiento y los cambios fisiológicos. Finalmente, en la adultez hay un descubrimiento más profundo de emociones y sensaciones que resulta un parte aguas en cuanto a la riqueza en la identificación de emociones que anteriormente no habían sido experimentadas o concientizadas, como: el deseo, el placer sexual, la independencia, la autonomía, el amor, el temor e inclusive sensaciones hacia la muerte.

En los varones, durante la infancia, las emociones y sensaciones experimentadas son diversas, incluyen vergüenza, dolor, la posibilidad del llanto, la atracción y el aprendizaje, así como, amor y afecto, además de considerar la plenitud de la experiencia como algo importante durante la etapa de exploración infantil. En la adolescencia las sensaciones respecto a los cambios fisiológicos producen vergüenza o petulancia, pero también la aceptación de los otros

adquiere relevancia puesto que genera sentimientos de culpa, inseguridad e incluso la noción de pecado o la reprobación del sí-mismo.

En la edad adulta al igual que en las mujeres se destaca con mayor importancia la riqueza y complejidad de lo experimentado. Excepto un participante que considera sin cambio este aspecto, el resto distingue un reconocimiento de sí mismo distinto, en el que se le da mayor relevancia a la unión e integridad con el entorno, a la toma de decisiones personales, a la búsqueda de sentido existencial y a la comprensión y aceptación de sí mismo y de los otros.

Relaciones interpersonales

Dentro del Enfoque Centrado en la Persona las relaciones interpersonales significativas son aquellas en las que se da el contacto entre sus integrantes, pero no un simple contacto sino un contacto psicológico en el que los miembros de la relación sean concientes del mismo.

El contacto psicológico según Vandeneynde (2007, p.175) “tiene un impacto en la persona, en su experiencia y sentir, el cual puede ser positivo o negativo”. Este contacto puede favorecer una relación de ayuda, es decir, aquella en la que por lo menos una de las partes tiene la intención de promover el crecimiento de la otra.

Tanto para hombres como para mujeres existen relaciones interpersonales significativas, es decir, en las que, por lo menos, una de las partes busca el contacto y el crecimiento, pero la intención conciente no se identifica claramente, se reconocen las relaciones como importantes y como núcleos que aportan elementos enriquecedores, pero no hay una simbolización y una expresión clara, lo que provoca dificultades en' los procesos de comunicación. Estas relaciones en muchos casos son casuales, se establecen por relaciones consanguíneas, laborales o situacionales, pero no hay conciencia del proceso que llevan o de la reciprocidad en cuanto al contacto psicológico.

Durante la infancia de las mujeres, las relaciones consideradas como importantes se encuentran dentro del entorno familiar principalmente en los padres y hermanos modificándose el orden de importancia para cada una de las

participantes; mientras que durante la adolescencia las relaciones con los padres siguen siendo importantes aunque las características pueden variar, puesto que se modifica la concepción que se tiene de estas relaciones, es decir, son importantes porque representan aceptación o bien por el deterioro de la relación. Además que el grupo de pares y la pareja inician como relaciones importantes en sus vidas.

En la edad adulta la familia de origen es importante pero no es identificada como el núcleo de las relaciones, en el caso de las mujeres que tiene hijas, estas son la relación más importante y para las que no los tienen, la pareja y la relación consigo mismas es la principal, otorgando un espacio importante a los amigos o compañeros de trabajo. Las relaciones consideradas como importantes se sitúan de manera general en los espacios familiares, pero en aquellos construidos a lo largo de la vida y no en las familias de origen, aunque estas no dejen de mencionarse.

Para los varones, en la infancia las relaciones más importantes se encuentran dentro del entorno familiar, excepto para uno de ellos que distingue como la relación más importante la relación amistosa. Para el resto, la madre, los abuelos o ambos padres son relaciones significativas en este periodo. Durante la adolescencia, el entorno familiar es importante, pero adquieren mayor relevancia las relaciones amistosas y la pareja. En contraste con las mujeres para los varones el desapego de la familia de origen se da con mayor fuerza durante la adolescencia, no hasta la adultez.

Finalmente, en la edad adulta, la relación con la pareja es considerada la principal y posteriormente la relación con los hijos o las familias de origen y los amigos. Resulta importante mencionar que el varón, que a diferencia del resto de los participantes, durante la infancia identificaba la amistad como lo más importante, en la edad adulta sitúa a la familia como el núcleo de las relaciones.

El deterioro de las relaciones se da cuando uno de sus miembros se encuentra en un estado de incongruencia, lo que hablaría de la discrepancia entre experienciación, simbolización y expresión, provocando la percepción parcial de la situación y por lo tanto, incomunicación. La adolescencia se convierte en una

etapa de vulnerabilidad, puesto que es una etapa de construcción del sí-mismo donde las confrontaciones con el entorno son una constante.

El deterioro de las relaciones interpersonales se muestra en el grupo de edad mayor de 43 años, principalmente en cuanto a confrontaciones entre las propias expectativas y las del medio durante la adolescencia.

Las características de las relaciones interpersonales son vagas en la expresión, no hay elementos plenamente identificables para los participantes que les permitan identificar una relación como única con características propias, la descripción de las relaciones es generalizada, se contempla la confianza, la apertura y el contacto como importantes para algunos de ellos, pero no se diferencian de manera consciente los elementos que constituyen a cada relación.

5.1.3 Dimensión Social

Relaciones sociales

a) Aceptación vs negación del sí-mismo en la relación social

La condición necesaria para considerar una relación como relación social radica en la aceptación del otro de manera legítima en la convivencia, “los seres humanos somos seres sociales: vivimos nuestro ser cotidiano en continua imbricación con el ser de otros” (Maturana, 2007, p.1), sin embargo, el total de las relaciones entre las personas no siempre está basado en la aceptación, por el contrario en ocasiones la relación depende de dejar de ser lo que se es para ser lo que los otros esperan que se sea de acuerdo a normatividades y expectativas del entorno, que cumplan con patrones establecidos.

En las mujeres con una sola excepción, las relaciones sociales fueron basadas en la negación de sí-mismas a través de reglamentaciones de comportamiento basadas en mensajes verbales o actitudinales que orientaban este para lograr aceptación del entorno, sin que en ellos predominará la propia construcción de sí- mismas de acuerdo a sus necesidades de crecimiento.

En los varones esta situación se diversifica, para uno de ellos la relaciones Sociales fueron basadas en la aceptación de sí-mismo dentro de un ambiente de confianza, mientras que para otros la negación estuvo presente a través de normatividades religiosas y confrontaciones constantes de intereses, donde se buscaba integrar la expectativa del medio con la vivencia y la propia necesidad.

b) Ámbito de las relaciones: esferas privadas o públicas

En la formación del mí-mismo las relaciones que se establecen con el entorno varían para hombres y para mujeres: en los primeros se basan en la autonomía y el desapego, mientras que para las segundas se encuentran dentro de la esfera de necesidades y sentimientos; de alguna manera, para las mujeres se trata de lo privado mientras que para los varones se refiere a lo público.

Para niños y hombres, la separación y la individuación están críticamente ligadas a la identidad sexual, ya que la separación de la madre es esencial para él desarrollo de la virilidad. Para niñas y mujeres, las cuestiones de identidad femenina no dependen de lograr la separación de la madre ni el progreso de la individuación. Puesto que la virilidad es definida por medio de la separación, mientras que la feminidad es definida por el apego (Gilligan, 1985, pp.24-25).

En la totalidad de las mujeres las relaciones sociales fueron establecidas dentro de un entorno privado, principalmente familiar, dentro de la esfera de necesidades y sentimientos, poca presencia de contacto con entornos públicos, sólo a través de otros o hasta la adolescencia en una de ellas, como los hermanos mayores, pero en ningún momento hay participación activa de la esfera pública.

Para los hombres las relaciones sociales surgen dentro de la esfera de necesidades y sentimientos pero estas relaciones son equilibradas en el contacto con lo público a través de los amigos, por lo que comparten la esfera de autonomía e independencia como un aspecto relevante del aprendizaje, en esta se distinguen modelos a seguir.

En el caso de las mujeres participantes en la investigación se confirma la intimidad de las relaciones dentro de un ambiente privado, con cierto contacto en lo público, es decir, no existe una exclusión total, pero predomina lo privado sobre lo público. Para los varones esta situación es más flexible, predomina la esfera

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