Hegel subraya la signiicación de Edipo como el primer ilósofo de la historia, entendiendo por esto el primer momento registrado en la literatura en que se usa exclusivamente la razón ilosóica, a diferencia del dictado oracular, para intentar
resolver un problema enigmático y arcano pero de importancia vital para el grupo humano. En el mito dramatizado en “Edipo Tirano” de Sófocles, había sido necesario pedir a un hombre, a cualquier voluntario que se sintiera capaz, que se enfrentara a la Esinge, dado que los sacriicios propiciatorios ofrecidos habían fallado. El nombre “Edipo” signiica pies hinchados. La maldición del oráculo de Delfos que pesaba sobre el personaje es bien conocida: parricidio e incesto. En la interpretación hegeliana se enfoca el mito de Edipo en términos ilosóicos. Esta interpretación es retomada en “Edipo Filósofo” (1998) de Jean-Joseph Goux.
Hegel resalta que el discurso simbólico era en la leyenda representado por el enigma que plantea la Esinge en la forma de una breve narrativa aparentemente metafórica de las etapas de la vida humana: ¿cuál es el animal que por la mañana se apoya en cuatro patas, al mediodía en dos y por la tarde en tres? El simbolismo es reemplazado por un concepto cuya función es señalar a lo humano como radi- calmente distinto del resto del cosmos. La interpretación de Hegel, en el marco de la historia de las ideas, se centra en la respuesta de Edipo: “el hombre”. Según su análisis, la respuesta tiene el carácter de concepto, esencialidad del pensamiento, en oposición al carácter alegórico-metafórico del enigma de la Esinge, y representa un giro axial en la historia de la relexión sobre la esencia del mundo. El símbolo había sido hasta entonces la materia prima del pensamiento mitológico pero ca- recía de la capacidad de diferenciar claramente, a nivel del pensamiento, entre los diferentes dominios del ser. En el enigma como símbolo, a la vez expresión y representación de la Esinge, lo animal y lo humano aparecen mezclados sincré- ticamente. Esta indiferenciación también se encuentra representada en el cuerpo monstruoso de la Esinge. La fuerza explicativa del concepto sobrepasa a la del símbolo: su generalidad, su nivel de abstracción, el hecho de que se constituye tras largo y elaborado proceso analítico y formal, el que consista las más de las veces de una sola palabra de amplia connotación y que sea una sola noción distinta y única de suiciente contenido en extensión y profundidad. En estos términos, es pues Edipo el primer ilósofo de la historia e irrumpe en el escenario histórico de una manera deinitiva pero problemática, enfrentando a una tradición religiosa de profundo arraigo popular y aliada importante del aparato del estado.
Jean-Joseph Goux interpreta el gesto edípico de apuntar a sí mismo al contestar a la Esinge como un giro humanístico en materia de epistemología: el saber es creado por y para el ser humano. Hace énfasis en dos dimensiones importantes de la tragedia de Sófocles: la confrontación directa entre el saber ilosóico y el mito- lógico y la arrogancia implícita en el hecho de que un saber no iniciático pretenda ser capaz de resolver los grandes asuntos que hasta entonces eran considerados competencia exclusiva de los dioses. Según Goux, es ésta la arrogancia que se castiga en la tragedia de Edipo, quien se enfrenta así directamente a Apolo y será castigado gravemente.
La singular incorporación de la igura de la Esinge y su enigma representa al mismo tiempo la presencia viva del pasado y su tradición animística e incorporan- do además ahora como temática la violencia propia de la vida humana individual que surge en la familia y la sociedad. La Esinge griega es hija de Equidna, igura
La confrontación verbal entre Edipo y Tiresias es explicada por Goux con la descripción del surgimiento de lo que para entonces era una forma nueva de racionalidad: a diferencia de las artes plásticas y la arquitectura basadas en una comprensión aspectiva que predominaba hasta los tiempos de la grandeza de Egipto, las artes plásticas y la arquitectura de la Grecia clásica incorporan un diseño y construcción en base a perspectiva. La primera prescinde del punto de vista del espectador, nihiliza al sujeto, reconociendo tácitamente realidad absoluta y total al objeto representado. En la perspectiva, en cambio, el punto de vista del observador es determinante de la representación, siendo éste un cambio radical en la racionalidad no sólo de las artes plásticas sino que se extiende a la ilosofía. En las revoluciones cientíicas (Kuhn, 1970), el cambio de paradigma cientí- ico se equipara a una especie de conversión religiosa motivada por muy diversas causas, en la cual la teoría predominante, mucho más antigua, cuenta con una amplia variedad de recursos mientras que el paradigma emergente apenas puede ser concebido por los pensadores de avanzada y no tiene por lo pronto mucho sobre qué hablar sino que comienza a gestarse como revolución intelectual.
Goux, siguiendo a Hegel, considera a Edipo como el primer ilósofo en cuan- to se señala a sí mismo como el origen y el in del pensamiento mientras que al pensamiento religioso-oracular se le consideraba como prerrogativa exclusiva de los dioses, conocedores también del destino, como ley que pasaba por alto las cualidades particulares del individuo.
Aplicando esta noción al tema de la crisis del pensamiento mitológico se tiene que ese pensamiento que pretendió encontrar la lógica del destino no podía explicar los diferentes destinos individuales.
En síntesis, la ilosofía empieza a producir las fórmulas explicativas que la institución augural no podía ya proporcionar, estando orientada a descifrar los mandatos del destino adoptando implícitamente la presuposición de que hay un saber eterno ajeno y superior al humano conocido sólo mediante el favor de los dioses. Los ilósofos en cambio están preocupados por la exploración de lo actual mediante el uso de la razón teórica.
Eliot Benítez: "De mitología a ilosofía: transformación estructural del pensa- miento clásico", en: La escritura ilosóica, blog. Disponible en:
III. Rastros y huellas: indicios
Microhistoria
El dato más intrascendente del pasado pudo dejar su huella en la historia, como los desvaríos de un pobre hombre que compara al mundo con un queso devorado por gusanos. He ahí un tema para la microhistoria. La microhistoria es una rama de la historia social de desarrollo reciente, que analiza cualquier clase de acontecimientos, personajes u otros fenómenos del pasado que en cualquier otro tratamiento de las fuentes pasarían inadvertidos. La razón por la que llaman el interés del historiador puede ser muy diversa: puede ser lo raro pero también lo cotidiano. En todo caso, demuestra tener posibilidades interpretativas desusadas cuando el historiador introduce la llamada reducción de escala o el examen con lupa del pasado, que constituye el instrumento innovador de esta disciplina.