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Intramuros sagrados: Conventos y colegios nefandos

de Río de Janeiro de los siglos XVII y X

2. La heterogeneidad discursiva de la disidencia erótica

2.2. Intramuros sagrados: Conventos y colegios nefandos

El panorama que ofrecía San Sebastián vista desde la bahía de Guanabara era el de una ciudad con dos niveles, o más bien, dos ciudades: la “ciudad de Dios”, conformada por los conventos en lo alto de los morros (montes), y la ciudad terrena, a sus pies.

Especialmente “indisciplinados”, parecen haber sido los carmelitas, sobre todo en sus conflictos con otras órdenes. Cuenta Froger que uno de sus compañeros fran- ceses que buscaba refugio en el Convento del Carmen, después de una pelea con portugueses, fue recibido a golpes en la cabeza por los monjes.48

Antônio Soares es el carmelita de quien más tenemos noticias acerca de sus comportamientos “lujuriosos”. Proveniente de una importante familia, a los 14 años se postuló para ingresar a la orden de los dominicos, pero no fue aceptado dadas sus costumbres “nefandas”. Entró entonces en el Convento de los Carmelitas de Benfica, en Lisboa. Allí, además de mantener relaciones con novicios —siempre más jóvenes y tanto como “agente” y “paciente” (lo que en términos de la Inquisición era denominado: sodomia ad invicem)—, llegó a tener dos “amancebados”, es decir, dos relaciones estables. Procesado por la Inquisición de Lisboa, se exilió en el Brasil, donde vivió por largos veinte años en el monasterio de San Benito de Río de Janeiro y continuó con su afecto por los jovencitos.

Pero sin dudas, la orden más poderosa e influyente fue la Compañía de Jesús, siempre en conflicto o en alianza con las autoridades civiles y eclesiásticas, y enfrentada con los señores de ingenio a raíz de las disputas sobre los indíge- nas. Y es sobre los jesuitas precisamente, y más concretamente de los colegios, sus estudiantes y maestros, de quienes tenemos noticias privilegiadas sobre sus comportamientos “lujuriosos”. El testimonio más certero sobre la existencia de re- laciones eróticas, afectivas, celos y disputas entre hombres es el informe del Padre Cepeda, encargado de elaborar una “relación” sobre el estado de la Compañía de Jesús en 1761:49

Y no es esto cosa nueva, porque no sólo escandalizaban el mundo con es- tudiantitos, por los patios, sacristías, coros, porterías, cubículos, etc., como

older man in the absence of, or prior to, sustained sexual commerce with a wife. Youths might provide an ancilliary sexual satisfaction. In that paradigm little or no emphasis was placed on the sexual pleasure or response of the younger partner. Neither participant thought of them- selves as definitively homosexual or ‘gay.’ Youths as much as women and girls were subordinate objects to dominant males in the sexual arena, just as lord and vassal shared reciprocal obliga- tions under feudalism” (Higgs, 1999:118).

48 Froger [1695] VRJC, 1999:52.

49 “Relação do Padre Bento Pinheiro d’Horta da Silva Cepeda sobre a deplorável estado a que chegou a Companhia nesta Província do Brasil do 21 de fevereiro de 1761”, ápud Vieira Fazenda, RIHGB, t. 89/140-157. En adelante, todas las citas son de este documento.

también causaba horror lo que hacían con los propios esclavos. Díganlo sino las porquísimas peleas del Padre Albuquerque, viejo de más de setenta años, con el Padre José Caetano, por causa del mulato Lourenço; las del Padre José Caetano con el Padre João da Rocha; las del Padre Alexandre dos Reis con el Padre José de Paiva, aquellas por el mulato José Ferreira, estas otras por el mulato Ferraz, etc.

Particularmente disputado entre los padres de la Compañía, parece haber sido el bello “mulatito Miguel”:

En la misma ocasión que estos papeles corrían, trataron de ser mostrados como libertos varios mulatos del Colegio, entre los cuales uno era el mula- tito Miguel, que había en el Colegio servido de amasio a muchos Jesuitas y, como se encontraba libre de ellos, refería por caso de los ministros increí- bles torpezas que con él obraban los Padres; mil riñas, odios entre unos y otros, por su causa.

Un estudiante que particularmente escandalizó a los cariocas entre los años de 1683-86, fue el joven José Gonçalves, estudiante de latín, natural de Lisboa y tercer amante del conocido fanchono Luiz Delgado. La vestimenta de José era escandalosa para la época: calzones que, con seguridad, resaltarían lúbri- camente sus prominencias, a veces de seda de colores y hasta adornados con cintas rojas y amarillas, e incluso abanicos que tiernamente su amante Luiz le colocara. Vestía también jubón de tililho o de chamalote encarnado50 “encintado con varios colores” con la parte de atrás (cauda) acortada para mejor exhibir sus “encantos” postreros.

La ostentación de tales trajes y su desenfado (levantaba la loba51, para dejar a la vista sus calzones) en las calles cariocas (quizás al igual que el joven retratado en los azulejos de la sacristía de la Iglesia del convento de San Antonio de Río de Janeiro —que reproducimos abajo—) le traerían serios problemas.

50 El jubón era una especie de saco masculino corto, que se usaba desde el cuello hasta la cintura y que cubría la camisa. Chamalote es un tipo de tela, generalmente mezcla de lana y seda, en que la posición del hilo produce un efecto ondeado. Encarnado, se refiere al color “carne”, rosa o rojo escarlata.

51 Especie de sotana o traje hasta el talón (talar) que vestían los padres y estudiantes de algunos colegios.

Imagen 3

Según el testimonio de João de Azevedo, Mirinho de Río de Janeiro52 “por andar vestido con calzones deshonestos para traje de estudiante, por ser labrados en seda de color, con cintas rojas y amarillas, mostrándolas al levantar la loba”, el Oidor de Río mandó a prender a José “por dar escándalo y nota”, “y cortar la cola de su vesti- menta”, ya que causaba mal ejemplo en los otros estudiantes. Fue liberado, debido a la intervención de sus maestros, monjes benedictinos, y partió en 1686 para Lisboa, donde confesó su “afección deshonesta” en los Tribunales inquisitoriales.

En síntesis, el ambiente conventual constituía una especie de refugio para aque- llos que manifestaban actitudes y comportamientos eróticos disidentes. Sin presión para contraer matrimonio, en un ambiente netamente unisexual, y protegidos y ca- muflados por el prestigio que en la época daba ser clérigo de alguna de las poderosas órdenes, con mayor o menor dificultad, los conventos fueron las “catacumbas” para el ejercicio de eróticas disidentes.

52 Mirinho era un cargo similar al oficial de justicia en la actualidad, que actuaba en instancias civiles y religiosas. En las Visitas del Santo Oficio cumplía la función de curador de los menores (Mott, 1999).

2.3. Las nimphas androgynas: el travestismo en las fiestas

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