1.1 Dedicatoria: Cicerón dedica a su hermano Quinto esta obra, que ha compuesto movido por las siguientes razones: A ) La afortunada y fortuita existencia de propicios lapsos
de ocio, en medio de su incesante y a menudo riesgosa entrega a la patria.
B) La autoridad que le confiere su diuturna dedicación a la elocuencia.
C) El deseo reiteradamente expuesto por Quinto, de que escribiera sobre el tema una obra más digna de su edad y experiencia que aquella otra compuesta en su juventud. D ) El deseo del propio Cicerón de dejar así definitivamente
zanjada una vieja disputa entre él y su hermano Quinto, acerca de si la elocuencia se basa en una amplia cultura (opinión suya) o en el talento natural y la ejercita- ción (opinión de Quinto) (1-5).
1.2 La elocuencia:
A ) Escasez de oradores en verdad dignos de ese nombre 'en toda la memoria de edades, tiempos, ciudades” (en comparación con el crecido número existente no sólo de generales, sino de filósofos, matemáticos, gramáticos e incluso de poetas), pese a la abundancia de estímulos que para dedicarse a la oratoria existen (6-15).
B) Causa de tal escasez: increíble dificultad de la tarea (1 6 ), debida a los amplios conocimientos y variados dones que exige: dominio del lenguaje y de la psico logía, gracia, amplia instrucción, ágil ingenio, conoci mientos de historia y derecho, adecuada actuación, felicísima memoria (17-18).
C) Los preceptos de la elocuencia no son los ^ ^ i o n a l - mente enseñados (19): la cultura general es la base indispensable de la verdadera elocuencia; sin aquélla, ésta resulta inane y pueril (20).
D ) Definición de elocuencia: decir ornamentada y copio samente acerca de cualquier asunto que sea propuesto
( 2 1 ).
E) Cicerón promete exponer los preceptos de la elocuencia (limitada a la forense, como desde antiguo se ha hecho), repitiendo no lo especulado por los rétores griegos, sino lo pensado por "hombres nuestros elocuentísimos y prín cipes en toda dignidad”, los cuales por poseer experien cia deben ser antepuestos a aquéllos (22-23). II. PREÁMBULO
II. 1 Circunstancias del diálogo entero (24-25): Conversación que, a fin de relajarse de los difíciles momentos vividos apoyando a Druso contra Filipo, acerca del arte de hablar sostuvieron Craso y Antonio en septiembre del año 91, durante los Juegos Romanos, en una villa que en Túsculo poseía aquél. Por haber agotado todos los aspectos del te ma, dicha conversación hubo de ser sostenida en tres etapas, en la primera de las cuales participaron también, aunque brevemente, Escévola el Augur, Sulpicio y Cota (24-25).
En las otras dos etapas Craso y Antonio continúan siendo los principales sustentantes de la exposición, en la cual intercalan apenas breves comentarios Cota y Suplicio; movido por la fatiga y sus muchos años, Escévola se ha retirado a su propia villa al terminar la primera charla, pero se incorporan al grupo Cátulo y César Estrabón, quienes intervienen con exposiciones muy diferentes en extensión y valía.
II.2 Circunstancias de la etapa primera del diálogo: La vista de cierto paraje de los jardines hace que Escévola, recordando el Pedro de Platón, sugiera emplear los días de asueto forzoso de que gozan, en una conversación similar a las socráticas (26-28).
II. 3 Planteamiento del tema: complaciendo a Escévola, Craso propone discutir acerca de la elocuencia (29).
III. LA PRIMERA ETAPA d e l d iá l o g o (mañana del primer día)
(30-265):
III. 1 La naturaleza y el campo de la elocuencia: III. 1.1 Craso afirma que:
A) Por ser el arte de "dominar las asambleas de los hombres, cautivar las mentes, impulsar las voluntades a donde se quiera, y de donde se quiera apartarlas”, la elocuencia tiene espléndido florecimiento y poder dentro de los estados pacíficos (30).
B) La elocuencia es singularmente bella y útil (31-32). C) La palabra, causa de la superioridad del hombre sobre
los demás seres animados, interviene decisivamente no sólo para civilizar a los hombres dispersos, constituyendo
los estados, sino para conservar los estados ya constitui dos (33).
D ) Merced a su actuación el orador procura honor para sí mismo, utilidad para sus amigos, recompensa para la república (34).
III. 1.2 Escévola presenta algunas objeciones:
A ) Craso ha otorgado a la elocuencia la valía moderadora y civilizadora que es propia de la sabiduría (35; 36-38). B) El orador no necesita ser "perfecto en todo género de
conversación y humanismo” (35; 39-43).
C) Los juicios y las deliberaciones públicas constituyen el campo propio de la oratoria (44 ).
III. 1.3 Craso responde sosteniendo los siguientes puntos: A) Escévola ha repetido cosas usualmente dichas por varios
filósofos griegos (45-47).
B) Para ser efectivo en los juicios y en las asambleas, sena toriales o populares, el orador requiere cuando menos de conocimientos de instituciones, derecho y psicología
(48).
C) Incluso si se considera que el arte del orador se reduce a hablar con elegante ornamento, los físicos y los filósofos necesitarán ser ayudados por él para exponer bien sus doctrinas (49-50); el orador, una vez entendida la mate ria sobre la cual va a hablar (sin lo cual cuanto diga será "o nulo o por la irrisión de todos coreado”), la expondrá gracias a su arte, mejor que el experto en ella (51-52).
D ) Para ser eficaz, el orador'necesita aprender lo que acerca
de las emociones enseña la ética, pues propio de él es el discurso, además de grave y ornamentado, "acomodado a los sentimientos y las mentes de los hombres (53-54). E) Los diversos conocimientos (derecho, estrategia, geogra fía, leyes, arquitectura, medicina, filosofía, etcétera) pueden existir sin la elocuencia, pero no ésta sin aquéllos; sólo puede hablar disertamente quien además de la mate ria de la cual habla, domina el arte de hacer y pulir el discurso (55-63).
F) Elocuente es "ese que de manera sabia y compuesta y ornamentada y memoriosa, así como con cierta dignidad de acción, diga cualquier asumo que se le presente, que deba ser por su locución explicado” (64).
G ) Una vez bien informado, el orador es el mejor expositor de cualquier materia (65-67).
H ) De las tres partes de la filosofía: la física, la lógica y la ética, esta última es la que permite al orador alcanzar magna elocuencia (68-69).
I) En recursos expresivos el orador es semejante al poeta, al cual supera en no estar esclavizado al número (7 0). J) Cualquiera que sea el tema del cual hable el orador, sus
palabras mismas translucen claramente si ha adquirido o no la necesaria base cultural (71-73).
III. 1.4 Escévola objeta que no es posible que todos adquieran tan extensos conocimientos; que Craso así lo exige por poseerlos él (74-77).
III. 1.5 Craso modestamente declara entonces no ser dueño de la magnífica instrucción que se le atribuye, pero insiste en
que el orador en verdad grande surgirá sólo cuando se reúnan un ingenio magno y magnos conocimientos (78-79). III. 1.6 Antonio interviene:
A ) Declara que el ideal de elocuencia propuesto por . Craso, inalcanzable a causa de las cotidianas ocupa
ciones del romano, está por añadidura reñido con la oratoria popular y forense, necesariamente menos puli da (80-81).
B) Relata una conversación sostenida en Atenas entre el estoico Mnesarco (quien afirmaba que sólo el sabio es el verdadero orador: 82-83), el académico Carmadas (el cual opinaba que la filosofía era el fundamento de la elocuencia: 84) y el retórico Menedemo (quien hacía ver que la política y la ética y la psicología son conocimientos que, indispensables en el orador, no eran contemplados por los rétores: 85-88). Como fundamentó de su tesis de que el arte de decir ni existe ni es necesario, Carmadas alegaba lo siguiente: a) ningún rétor ha sido gran orador; b) la elocuencia es un don natural pulido por la práctica: 89-92; c) sólo quien ha estudiado las óptimas doctrinas filo sóficas puede hablar diestra o sapientemente (93). C) Manifiesta que, influido por Carmadas, él mismo había
afirmado en un librillo escrito en su juventud, haber oído a muchos disertos, mas nunca a un elocuente: en su opinión, éste será quien, de mayor talento natural y más tiempo para estudiar que él, haya oído, leído y escrito mucho (94-95).
III. 1.7 Sulpicio, tras expresar su felicidad por tener el privilegio inesperado de asistir a esta discusión en torno a si la
elocuencia es una práctica, una ciencia o una facultad (9 6 ), ruega tanto a Craso como a Antonio que expongan sus pensamientos acerca del arte del decir (97-98). III. 1.8 Craso le responde que por considerarse él carente de la
práctica de enseñar y del necesario conocimiento sobre el tema, Antonio le parece más idóneo para dar esa expli cación (99).
III.1.9 Cota interviene para suplicar asimismo a Craso que expon ga su manera de pensar (100).
III. 1.10 Craso, vencido por la insistencia de ambos, promete desem peñar la tarea lo mejor que pueda (101).
111.1.11 Sulpicio pregunta entonces a Craso si cree que existe un arte del decir (102).
111.1.12 Craso sugiere que como tales disertaciones son futilidades propias de "un grieguillo ocioso y hablador, y tal vez docto e instruido” —de los cuales el primero fue el preclaro Gorgias de Leontino— , tal vez sea preferible hacer venir al peripatético Estáseas, hospedado en una villa cercana, quien es experto en la materia (103-104). III. 1.13 Escévola rechaza tal idea y apoya la solicitud de Cota
y Sulpicio, "adolescentes de excelente ingenio”, afirmando que una explicación válida de tales temas sólo puede proporcionarla alguien que, como Craso, esté formado no sólo por librillos, sino por amplísima y preclara práctica "en este domicilio del imperio y de la gloria” (105-106).
III.2 Las cualidades del orador:
111.2.1 Craso sostiene que el arte de hablar o no existe o apenas puede ser calificado de tal, pues consiste en una recolec ción de cosas que han sido observadas en la práctica del decir, y que, debidamente definidas, han sido distribuidas i en géneros; para lograr la elocuencia son necesarias “otras
cosas más grandes” que la retórica (107-109).
111.2.2 Antonio tercia en este punto: a juicio suyo, Craso está en lo cierto cuando afirma que yerran tanto los rétores cuando magnifican su arte, como los filósofos cuando niegan que tal arte exista (110); exhorta a Craso a hablar acerca de aquellas cosas más grandes á las cuales acaba de aludir. 111.2.3 Craso vuelve a tomar la palabra, reiterando que va a hablar
no como maestro, sino como togado; esto es, como hombre forjado por la práctica (111-113). Declara que:
A ) Poseer sobresalientes cualidades donadas por la natu raleza (talento fértil y memorioso, facilidad de pala bra, buena voz, vigor físico, adecuada apariencia) sóñ el primer requisito en un orador; los dones mediocres- pueden hasta cierto punto ser mejorados por el arte, pero quien carezca de ellos no podrá alcanzar una elocuencia perfecta (113-115).
B) La tarea del orador es "en verdad magna: asumir y profesar que se es el único que, estando todos silentes, debe ser oído acerca de las cosas máximas en una magna reunión de hombres” (116).
C) Tal grandeza causa que todos los oradores, noveles o curtidos, sean presa de cierto pudor y miedo cuando empiezan a hablar, según sabe por experiencia propia
(117-121).
111.2.4 Antonio interviene:
A ) Explica las causas de tal miedo:
a) no siempre se logra estar a la altura requerida por el caso;
b) se exige al orador más que a los restantes artistas (122-125).
B) Concuerda con Craso en la necesidad principal de poseer variados dones, cuya ausencia o mediocridad difícilmente puede ser suplida por el estudio (126- 128).
111.2.5 Craso concuerda con Antonio y afirma que en el orador cualquier defecto de actuación es de inmediato ho sólo advertido, sino censurado con mayor acritud que en el actor profesional; por ello exige al orador "superioridad y perfección (129-130).
111.2.6 Sulpicio le pregunta si en vista de tal exigencia, le acon seja dedicarse a otra ocupación.
111.2.7 Craso le responde que de ningún modo es ése su consejo, pues para la oratoria tanto él como Cota poseen disímiles y egregias cualidades, mismas que, con todo, necesitan ambos aprender a usar óptimamente (131-132).
111.2.8 Cota, entusiasmado, le solicita que explique ahora cuáles cosas se necesitan, además de los dones naturales (133). 111.2.9 Craso explica que el segundo requisito es poseer "afán y
un cierto encendimiento de amor”; como el tercero es conocer el necesario método de estudio, propone expli carles el suyo (134-135).
111.2.10 Sulpicio aplaude calurosamente tal proposición, sabedor de que esa condescendencia es un proceder inusitado en Craso (136).
111.2.11 Craso afirma que su método no es recóndito ni inaudito, pues lo conforman preceptos comunes y trillados (137): A ) "el deber del orador es decir de modo adecuado
a persuadir” (138).
B) La elocuencia se despliega tanto en temas abstractos como en cuestiones concretas (138 ).
C) Ante todo debe determinarse la naturaleza de lo tratado: si ha sido o no hecho; de qué clase es, cómo debe designarse, justicia o injusticia que impli ca (139-140).
D ) Existen tres clases de oratoria: la judicial (donde se indaga la equidad); la deliberativa (donde se indaga la utilidad), y la demostrativa (donde se indaga la dignidad) (141).
E) La oratoria consta de cinco partes: invención, dis posición, elocución, memoria y acción (142). F) La disposición establece cuáles deben ser la finalidad
y el contenido del exordio, la narración, la argu mentación y la peroración, y la secuencia de estas partes ( 143 ).
G ) Los preceptos fundamentales de la elocución son hablar latina, clara, ornamentada y adecuadamente
(144).
H ) Este arte conformado observando y recopilando las cosas que espontáneamente hacen los hombres elo
cuentes, si bien no resulta indispensable para el bien decir, no es indigno de ser conocido (145-146; cf. I. 107-109).
I) Para ser orador destacado es de trascendental impor tancia prepararse con antelación, prácticando deter minadas ejercitaciones (147).
111.2.12 Sulpicio le suplica extenderse sobre este último tema (148).
111.2.13 Craso enumera los siguientes ejercicios:
A ) Hablar improvisando sobre casos ficticios, pero seme jantes a los que se presentan en la vida real (149). B) Exponer disertaciones de antemano preparadas, sobre
casos previamente fijados (150).
C) Escribir disertaciones: "el punzón es óptimo y pres tantísimo forjador y maestro del decir” (150-153). D ) Parafrasear de memoria a poetas o prosistas, o dis
cursos de los oradores griegos (154-155).
E) Ejercitar la voz y el gesto, imitando no sólo a los buenos oradores, sino a los mejores actores (156). F) Ejercitar la memoria, aprendiendo palabra a palabra
"escritos nuestros o ajenos”, con ayuda de las nor mas mnemotécnicas (157).
G ) Realizar estos mismos ejercicios en público (157). H ) Leer y criticar a poetas y artistas de todos los géne ros; discutir sus temas, ora defendiéndolos, ora refu tándolos (158).
I) Estudiar el derecho civil, las leyes, los derechos de los aliados, las costumbres, la historia (159). J ) Recopilar bromas y dichos ingeniosos: con ellos,
‘'como con la sal, esté por completo rociado el dis curso” (159).
111.2.14 Escévola exhorta a Cota a pensar si considera precisa alguna explicación adicional (160).
111.2.15 Cota declara estar ansioso de escuchar una ampliación de tan magnífico discurso (161).
111.2.16 Escévola le sugiere solicitarla (162).
ΠΙ.2.17 Cota le suplica que interceda, pues el pudor le impide pedirla ( 163 ).
111.2.18 Escévola así lo hace (164).
111.2.19 Craso reitera que no dice sino cosas trilladas (165).
111.2.20 Escévola le ruega que se extienda acerca de los variados conocimientos que antes ha planteado como indispensa bles en el orador (165).
111.2.21 Craso, ejemplificando lo dicho, recuerda un caso donde la ignorancia total del derecho civil perjudicó gravemente a los abogados de las partes contrarias (166).
111.2.22 Escévola declara que tales abogados son indignos del nom bre de orador (167).
III.2.23 Craso amplía su ejemplo:
A ) Asevera que a ambos abogados les faltó "no elo cuencia, sino ciencia del derecho civil” (167). B) Alude a casos de similar ignorancia, merecedores de
compasión o de burla (168-169).
C) Elogia la diligencia de quienes, como Publio Craso, declaran necesario el conocimiento del derecho civil, o de quienes alcanzan la pericia en la materia que distinguió a Marco Catón (170-171).
D ) Asienta que Antonio, quien declara ignorar el dere cho, por su talento constituye la excepción a lo anterior (172).
E) Condena la pereza e impudicia de muchos aboga dillos ignorantes y presuntuosos (173-174). F) Expone diversos casos sustentados por él o por otros,
donde el núcleo de lo expuesto fue el derecho de la ciudad o "los semejantes a éste” (175-184). G ) Se explaya acerca del derecho civil:
a) necesidad de reunir en un arte los dispersos cono cimientos de derecho civil, como se ha hecho con los de música, geometría, astronomía, gramática y arte del decir, empleando para darle cohesión una ciencia filosófica: la dialéctica (185-188); b) utilidad de conocerlo (188);
c) necesidad de dividirlo en géneros y especies, debidamente dotados de definiciones (189-190); d) prestigio que otorga ser experto en él (19 1); e) facilidad con que es posible dominarlo (192);
f) deleite que proporciona su estudio (193-194); g ) superioridad indiscutible de las XII Tablas y
otras leyes romanas sobre las demás legislaciones (195-197);
■ h) conveniencia de ser experto en él: la casa de un jurisconsulto es el oráculo de la ciudad entera, por lo cual éste jamás queda relegado ( 198-201 ). H ) Predica la necesidad de saber historia, manantial de
antecedentes para lo sustentado. I) Muestra el excelso papel del orador:
a) ser una especie de dios por tener dominio excep cional del fruto de un don a todos concedido; b) poder defenderse a sí mismo;
c) poder castigar a quien daña y liberar al inocente; d) poder alentar o sosegar o sacar del error al pueblo,
conduciéndolo por la senda correcta (202-203). 111.2.24 Escévola declara que Craso ha hecho suficiente por Sul picio y Cota, pues les ha revelado "el acceso y puerta” al decir (204).
111.2.25 Sulpicio exhorta a Craso a profundizar en lo dicho (205). 111.2.26 Craso le propone solicitar ahora a Antonio que explique
sus ideas acerca de la invención (206).
111.2.27 Sulpicio asiente, pues sabe que Craso y Antonio piensan de manera similar.
111.2.28 Craso presenta dicha solicitud a Antonio (207). 111.2.29 Antonio accede (tras alegar con cortés humildad no sólo
ignorancia, sino deseo de no suceder a Craso), pero aclara LXII
que va a explicar no alguna teoría, sino lo aprendido merced a su intensa práctica (208).
111.2.30 Craso elogia lo dicho por Antonio (209).
111.2.31 Antonio, en vez de hablar sobre la invención, refuta a Craso:
A ) Conforme a lo que prescribe la retórica, es preciso definir ante todo los términos en los cuales se centra la discusión: definiciones de general, político, juris consulto, filósofo (210-212).
B) Craso comprende la ciencia de todos ellos bajo el nombre de orador, pero éste a juicio suyo es sólo alguien que en el foro puede usar tanto "palabras placenteras para escucharse, como pensamientos ade cuados para aprobarse” (213).
C) Para ser orador se requieren dones naturales: voz, acción, gracia (213).
D ) La notable autoridad de muchos personajes procedía de su prudencia y saber, no de su elocuencia (214- 217).
E) A fin de que sea ameno lo que dice, el orador necesita haber oído, visto, meditado, leído muchas cosas, pero sólo "libándolas como ajenas” (218). Así:
a) la filosofía no le es indispensable:
— a veces perjudica exhibir profundos conoci mientos filosóficos (219-221);
— insistir en las nociones comúnmente aceptadas (investigadas de antemano por el orador con agudeza y sagacidad) resulta más útil, según
lo prueba el éxito obtenido por Craso en cierto juicio (222-226);
— otros ejemplos de este último proceder (227- 233).
b ) el derecho civil es excelente por sí mismo; ahora bien:
— es ajeno al arte del bien decir (234-238); — los jurisconsultos a menudo proporcionan
pareceres contrapuestos (239-241);
— el elocuente, debidamente asesorado por un jurisconsulto, hablará mejor que éste (242- 245);
— aprender el derecho no es tan fácil ni tan pla centero como pregona Craso (24 6);
— las leyes con frecuencia son obsoletas o han sido sustituidas por otras nuevas ( 247 ).
c) sólo es necesario no ser "romo ni bisofio en la vida común y en el hábito vulgar de los hombres” (248-249); siempre es posible obtener la aseso ría de un jurista competente, o estudiar en los libros lo necesario para resolver el caso (250); d) saber manejar el gesto y la voz es necesario, pero
no tanto que sea preciso someterse a las arduas ejercitaciones practicadas por los actoreá trágicos
(251-253);
e) poseer la ciencia del derecho civil es útil y pro porciona compañía y prestigio, pero eso también lo procura el dinero (254-255);
f) los amplios conocimientos exigidos por Craso (de historia, leyes, etcétera), no pueden ser adquiridos, y los ejercicios por él prescritos consumen tiempo excesivo; con todo, siempre que sean precisos datos contenidos en alguna rama del saber, se