2. MARCO TEÓRICO CONCEPTUAL
2.4. La investigación en agroecosistemas y en ecoturismo con el enfoque de
En esta tesis se abordan los conceptos de agroecosistemas y ecoturismo que sirven de referencia para conceptualizar las definiciones utilizadas en el marco teórico de esta investigación. A continuación se realiza un análisis de los conceptos y finalmente se elaboran las definiciones en apego al objeto de estudio: los sitios de ecoturismo.
Existen investigaciones en las que se ha propuesto el tratamiento dialéctico para analizar los agroecosistemas. Sin embargo, los discursos teóricos han sido instrumentalistas y estructural-funcionalistas, por lo que es necesario trasladar enfoques de explotación y control a otros de comprensión y conservación, donde el ser humano sea considerado sujeto y no objeto de investigación y parte fundamental para entender los sistemas complejos en los que está inmerso.
La agroecología actual tiene una visión multidimensional del fenómeno agrícola y de los agroecosistemas para su entendimiento de los niveles ecológicos y sociales en cuanto a su estructura y función. Así, la agroecología analiza la interrelación de todos los componentes del agroecosistema y la dinámica de los procesos ecológicos complejos (Vandermeer, 1995).
La agroecología provee las directrices para desarrollar agroecosistemas diversificados para aprovechar los efectos de la integración de la biodiversidad de plantas y animales, aumenta las complejas interacciones y sinergismos para optimizar las funciones y los procesos de los agroecosistemas. Por ejemplo, los principios agroecológicos en agroecosistemas son la regulación biótica de organismos nocivos, reciclaje de nutrientes, y la producción y acumulación de biomasa, permitiendo a los agroecosistemas gestionar su propio funcionamiento (Altieri y Nicholls, 2002b).
Los agroecosistemas presentan atributos entendidos como propiedades o características inherentes a sistemas sustentables (interdisciplinarias y multi-escala).
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Un criterio es un mecanismo de comparación o un elemento útil para evaluar o juzgar un sistema (Masera et al., 1999).
Los criterios de sustentabilidad se conforman en siete atributos (Cuadro 2). Representan un nivel de análisis más detallado que los atributos, pero menos que los indicadores. Los criterios de diagnóstico sirven como vínculos intermedios entre los atributos, puntos críticos e indicadores, permitiendo una evaluación más efectiva y coherente de la sostenibilidad. Un criterio de diagnóstico usual para el atributo de estabilidad, por ejemplo, es diversidad. Los indicadores que reflejan este criterio son el número de especies en el área o el número de mercados en el área económica. El acuerdo general es que los criterios de diagnóstico deben dar pautas sobre el potencial y las limitantes físicas, económicas y sociales del agroecosistema para plantear su rediseño o adecuación (De Camino y Müeller, 1993; Müeller 1995; Masera et al., 1999).
Los criterios de diagnóstico son considerados como la fase intermedia entre los atributos y el indicador. Es decir, representan un nivel de análisis más detallado que las propiedades, pero más general que los indicadores, por lo que se consideran como elementos que ayudan a construir mejor a los indicadores (Cuadro 2).
Los criterios de diagnóstico pueden ser aplicados a través de varias técnicas y estrategias. Cada una de ellas tiene diferente efecto sobre la productividad, estabilidad y resiliencia dentro del agroecosistema, dependiendo de las oportunidades locales, la disponibilidad de recursos y en muchos casos, del mercado.
Para Gliessman (1998), los principios básicos de la agroecología que debe tener un sistema de producción sustentable debe incluir el reciclaje de nutrientes y de energía, la sustitución o minimización de insumos externos; el mejoramiento de la materia orgánica y la actividad biológica del suelo; la diversificación de las especies de plantas y los recursos genéticos de los agroecosistemas en tiempo y espacio; la integración de los cultivos con la ganadería, y la optimización de las interacciones y la productividad del sistema agrícola en su totalidad, en lugar de los rendimientos aislados de las
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distintas especies (Masera y Astier, 1996). En este sentido, si la práctica del ecoturismo visto desde el enfoque de agroecosistemas intenta coadyuvar a los principios de la agroecología y se puede formar un sistema interactuante con los subsistemas del agroecosistema, y en conjunto se pudiera lograr la sustentabilidad o niveles mayores de sustentabilidad.
Las propiedades se conceptualizan como el conjunto de atributos básicos que debe poseer un agroecosistema para ser considerado como sustentable, por lo que pueden variar en función al tipo de estudio e incluso a propuesta del investigador. Un requisito importante es que las propiedades propuestas deben cubrir los aspectos que tienen efecto sobre el comportamiento de un agroecosistema.
Cuadro 2. Criterios comunes para la evaluación de la sustentabilidad en función del factor ambiental, económico y social.
Factor
Ambiental Económico Social
Cri ter io s de di agn ó stico d e s u sten tabil idad
Eficiencia Eficiencia Distribución de costos y beneficios Productividad Diversificación del ingreso Calidad de vida
Diversidad Viabilidad Participación
Adaptación Variabilidad Aceptación cultural
Conservación de los
recursos Rentabilidad Organización
Fuente: Elaboración propia.
La utilización del concepto de agroecosistema a los sitios de ecoturismo como unidad de observación, análisis e intervención dota a la investigación de un alto grado de especificidad. Ecológicamente cada ecosistema es un arreglo o combinación de factores naturales diferentes, con una singular identidad. El conocimiento local generado de la interacción hombre-naturaleza en cada agroecosistema supone la acumulación histórica de formas específicas de manejo y soluciones endógenas producto de la coevolución social y ecológica.
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Existe una serie de propiedades o atributos sistémicos de los agroecosistemas para poder precisar operativamente el concepto de sustentabilidad. Estos atributos pueden utilizarse para el análisis de los aspectos relevantes del sistema y obtenerse algunos indicadores de la sustentabilidad del modelo.
En algunos de los casos la definición de estos atributos se hace de manera ad hoc,
como la propuesta elaborada por el Grupo de trabajo Internacional para Evaluar el Manejo de las Tierras Sustentables (FESLM, por sus siglas en inglés), en su reporte sobre los Recursos Mundiales de Tierra, para la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación en 1994. Aquí se identificaron, como bases para evaluar los modelos de sustentabilidad, a la productividad, la seguridad, la protección, la viabilidad y la aceptabilidad. Este conjunto de propiedades pretende de considerar los aspectos básicos que deben cumplir los agroecosistemas o sistemas de manejo de recursos naturales con la finalidad de ser sustentables.
La agroecología mantiene la biodiversidad agrícola y alcanza una producción sustentable (Altieri et al., 2000). Desde este planteamiento agroecológico, la evaluación
viable de un agroecosistema se refleja, en base a ocho criterios; donde la sustentabilidad de los agroecosistemas puede caracterizarse por un limitado paquete de propiedades dinámicas o atributos que no sólo describen su conducta esencial, sino que pueden usarse como criterio en el diseño, la realización o ejecución o evaluación de un proyecto de desarrollo agrícola, ya que en última instancia suponen una valoración de los fines del agroecosistema (Conway,1987; Marten,1988; Reijntjes et al.,
1992). Un criterio es un mecanismo de comparación o un elemento útil para evaluar o juzgar un sistema.
1. Productividad: relación entre la unidad de producto obtenido y unidad de recurso utilizado, en un tiempo determinado. La dificultad de su medida está en su carácter multidimensional, ya que puede ser medida de muchas maneras en función de la naturaleza del producto y de los recursos utilizados (Altieri et al., 2000).
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Se emplea para comparar la productividad de la agricultura ecológica y convencional: el rendimiento físico por hectárea, el rendimiento monetario por hectárea y el rendimiento energético en relación a la cantidad de kilocalorías invertidas en su producción (Naredo y Campos, 1980). La eficiencia energética de la agricultura referida al consumo de energía fósil es hoy evaluada con especial interés, no sólo por el carácter no renovable de estas fuentes de energía, sino primordialmente por el papel que desempeñan en la generación de gases de efecto invernadero y el consecuente cambio climático a nivel planetario, que de forma tan dramática puede alterar la vida en la Tierra.
2. Estabilidad: capacidad de un agroecosistema para mantener sus características económicas, sociales y ambientales de manera estable en equilibrio dinámico a través del tiempo. Es la constancia productiva bajo un conjunto de condiciones ambientales, socioeconómicas, de manejo cultural y administrativo (Conway, 1987). Refleja si esta producción está sujeta en el tiempo a variaciones amplias o limitadas. La propiedad del sistema de guardar un equilibrio dinámico; que mantenga una productividad del sistema sin dañarlo, en el tiempo y condiciones normales. La mejor forma de saber si un agroecosistema permanece estable es si es capaz de mantener igualmente estable su capacidad productiva a lo largo del tiempo.
3. Resiliencia: habilidad de un agroecosistema para mantener la productividad cuando está sujeta a una mayor fuerza de perturbación; o capacidad del sistema para volver a su situación inicial, tras una perturbación.
También es conocida como la plasticidad de un agroecosistema para recuperarse después de un estrés causado por cuestiones sociales, económicas o ecológicas. La actual o potencial perturbación puede estar causada por un estrés frecuente, a veces continuo, relativamente pequeño y predecible, que tiene efecto acumulativo, tal como la salinización, la erosión o la acumulación de sustancias tóxicas en el suelo, la pérdida de conocimiento campesino. También la alteración puede ser causada por una perturbación externa, grande e impredecible, tales como una sequía de proporciones
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inusuales, una inundación, la introducción de una plaga o enfermedad exótica o desconocida, el repentino ascenso de los precios de los insumos debido a una subida inesperada del precio del petróleo, etc. tras el estrés o shock la productividad del
agroecosistema puede volver al nivel inicial, subir o bajar y quedarse a otro nivel, o desaparecer. La presencia de biodiversidad y el buen estado del suelo son básicos para el aumento de ambos atributos: estabilidad y resiliencia (Gliessman, 2002).
4. Equidad: acceso al poder y a los propios recursos naturales, que estén distribuidos de forma tal que las necesidades básicas de todos los miembros de la organización social se cubran. Se refiere a la distribución de productos del agroecosistema entre propietarios, trabajadores, población local y consumidores. Reparto de la riqueza generada entre los miembros de la sociedad asentada en el ecosistema y habilidad para distribuir la producción (beneficio o costo) de manera justa.
5. Autonomía: grado de integración de los agroecosistemas, reflejado en el movimiento de materiales, energía e información entre sus componentes y el sistema en su conjunto, entre éste y el ambiente externo y, sobre todo con el grado de control que se tiene sobre dicho movimiento. La autonomía de un sistema de producción está estrechamente relacionada con la capacidad interna para suministrar los flujos necesarios para la producción. También la mayor o menor salida de producto final desde el agroecosistema hacia el mercado y sobre todo el control que se tenga sobre este proceso, le confiere mayor o menor grado de autonomía.
6. Confiabilidad: capacidad del sistema para mantenerse en niveles cercanos al equilibrio, ante perturbaciones del ambiente.
7. Adaptabilidad (flexibilidad): capacidad de encontrar nuevos niveles de equilibrio y continuar siendo productivo, ante cambios a largo plazo en el ambiente.
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8. Autodependencia (autogestión en términos sociales): es la capacidad de regulación y control por parte del sistema, de sus interacciones con el exterior.
Gliessman (2002), menciona que los indicadores a nivel sistema son aquellas cualidades que emergen de los agroecosistemas, tales como: Producción; Productividad; Diversidad; Estabilidad; Resiliencia; Riesgo; Insumos externos; Flujos energéticos; Ciclaje de nutrientes; Regulación de poblaciones; Interacciones ecológicas a nivel comunidad.