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Investigando con más profundidad

Los siguientes dos artículos han sido escritos por un teólogo amigo mío, el Rev. Maurice Fuller. Maurice Fuller es pastor de Queen´s Park Full Gospel Church en Calgary, Alberta, Canadá. Es también el Jefe de Estudios de la escuela bíblica Calgary School of the Bible y miembro del Consejo Rector de la Association of Church- Centered Bible Schools.

Ha habido un gran número de personas que han recibido y han sido bendecidos por los conceptos que hay en Comunión con Dios, pero han tenido luchas (o han hablado con los que las han tenido) con este concepto de “visualización” o “ver en el espíritu). Lo que parece ser la causa de este problema no es la posibilidad de tener un sueño (mientras dormimos) o una visión (mientras estamos despiertos) o cualquier tipo de experiencia visual en el Espíritu cuando es iniciada soberanamente por Dios, pero la idea de iniciar nosotros la visión, “usando la visión” (como se nos anima a hacer en

Comunión con Dios), o “cebar la bomba” (como Mark Virkler lo expresa) va contra lo

que a muchos de nosotros se nos ha enseñado siempre. Tampoco nos ha ayudado el hecho de que Dave Hunt sugiriese en La Seducción de la Cristiandad que este concepto (de visualización) nunca ha sido mencionado (en la Biblia) ni mucho menos explicado o enseñado,5 y que... todos los ídolos son fachadas para los demonios. Esto es lo que hace a la visualización de Jesús o de Dios no tan sólo un pequeño error sino extremadamente peligroso6.

5 Hunt, David. La seducción de la cristiandad, Harvest House, 1985, p. 114. 6

No hay duda de que hay un tipo de visualización que es ocultista y demoníaca, y mucho es también un completo sin sentido. Pero ¿hay una visualización genuina en el Espíritu? Definitivamente hay una diferencia tanto filosófica como fisiológica entre ver y buscar. La primera es casi involuntaria, mientras que la segunda es definitivamente un acto de nuestra voluntad.

Primero, está el hecho de que está sucediendo. Muchos de nosotros hemos visualizado a Jesús en nuestras mentes y, según la imagen cobraba vida, vimos a Jesús hacer una variedad de cosas. Estas experiencias han sido de inmensa bendición para nosotros. Jesús se convirtió en algo más real para nosotros y hemos experimentado una mayor cercanía e intimidad con Él. Muchas veces otros han sido ministrados cuando hemos visto, en el Espíritu, a Jesús yendo con ellos, imponer sus manos en ellos, etc., (incluso aunque estas personas no tenían conocimiento de lo que nosotros estábamos viendo en el Espíritu). El efecto de buscar a Jesús y verle moverse y trabajar de diversas formas, en el contexto de la quietud y el silencio en la presencia de Dios por verdaderos creyentes, dedicados, en sumisión a Dios y al liderazgo de una iglesia local, ha sido desbordantemente positivo y beneficioso.

Segundo, para responder a la pregunta de si está bien buscar a Jesús en visión, debemos hacer otra pregunta. ¿Está bien oír de Dios? ¿Está bien orar por sabiduría y luego, como un acto de nuestra voluntad, escuchar su voz en respuesta a nuestras oraciones? Pocos cristianos tendrían problemas con esto; en esto consiste la oración. De esto es de lo que se trata la comunión con Dios – concentrarse internamente y, como un acto deliberado, escuchar su voz, o escribir lo que viene a nuestros espíritus de su parte. Lo que a menudo no se entiende es que los actos de oír y ver están íntimamente relacionados. El entendimiento completo a menudo depende tanto de oír como de ver. No dudamos que es correcto buscar una obra o rema de Dios. No sólo aceptamos un

rema que viene espontáneamente o soberanamente iniciado por Dios, sino también ese rema que hemos pedido, esperado y activamente escuchado con los oídos de nuestros

espíritus.

¿Cuál es la conexión entre oír y ver, entre palabra y visión? En las Escrituras están íntimamente ligadas. Fe, en Romanos 10:17, viene de un rema de Dios. Quizá hemos pensado sólo en un rema como una palabra, oída con nuestros oídos espirituales, pero un rema también se puede ver. Números 14:11 pregunta: ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? (énfasis añadido). Aquí creer (actuando en nuestra fe) no depende sólo de las palabras de Dios que habían oído, sino también de las señales de Dios que habían visto; ambas son rema. Deuteronomio 29:2-4 también conecta las dos: “Vosotros habéis visto todo lo que Jehová ha hecho delante de vuestros ojos... las grandes pruebas que vieron vuestros ojos, las señales y las grandes maravillas. Pero hasta hoy Jehová no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír”. Lo que sus ojos vieron y sus oídos oyeron debería haber producido en ellos percepción o entendimiento – que es lo que es la fe. El hecho de que no lo hicieran indica algún defecto en su carácter. El Salmo 74:9 va más allá ligando palabras con vista, oír con ver: “No vemos ya nuestras señales; no hay más profeta, ni entre nosotros hay quien sepa hasta cuándo”.

Las ideas de ver y oír están inseparablemente unidas en Juan 6:45-46: “Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre (énfasis añadido). Aún Jesús dijo en Juan 14:9 “... El que me ha visto a mí, ha visto al Padre...”.

Ver al Señor nunca se hace sólo por tener una experiencia visual. Siempre va acompañado de una palabra suya. Lo que se haya visto será siempre en sí mismo una

palabra visual, una palabra ilustrada una imagen verbal. Wilhelm Michaelis dice: “A menudo ver y oír constituyen juntamente la totalidad de la percepción sensual (de los sentidos) y espiritual”7.

Cuando buscamos una palabra o rema de Dios, lo que recibamos puede ser en forma de una visión, una palabra en nuestro espíritu, una palabra a través de nuestro diario o alguna otra forma de comunicación. Hemos de mantener abiertos no sólo los oídos de nuestro espíritu sino también los ojos de nuestro espíritu. De la misma forma en que escuchamos una palabra, también buscamos una visión. Ambas constituyen la comunicación divina (rema) para nosotros. Ambas son bíblicas y ambas son válidas. Dios nos ha dado la capacidad espiritual para ambas y nos responderá cuando le busquemos activamente en ambas de estas formas.

Buscando visión

En el primer artículo de esta serie hablamos sobre el fundamento filosófico de buscar una visión. Buscar una visión fue entendido como algo distinto de recibir una visión que es soberanamente originada por Dios. Sugeríamos que escuchar un rema es, para la mayoría de los creyentes, tan aceptable como oír un rema que sea soberanamente originado por Dios. La mayoría de nosotros creemos que es bastante legítimo buscar activamente una respuesta de Dios para algunas preguntas que podamos tener. Incluso aceptamos que es apropiado iniciar el proceso a través de escribir en un diario.

¿Es legítimo buscar activamente una visión e incluso iniciar el proceso?

¿Bajo qué premisa es también legítimo buscar activamente la visión e incluso iniciar el proceso? En el ámbito de lo físico, tenemos la misma capacidad de mirar para ver que la de escuchar para oír. En nuestra capacidad de recordar o rememorar (una función del espíritu humano), podemos recordar tanto palabras como imágenes. De hecho, es imposible recordar sin imágenes. Nosotros iniciamos este proceso y, como al iniciar la visión, los resultados algunas veces nos sorprenden. Nos sorprendemos muchas veces de lo que el proceso que hemos iniciado por nosotros mismos nos ha traído a la memoria. Al tener estas capacidades que Dios nos ha dado, ¿podemos entonces utilizarlas igualmente para tocar a Dios, el cual habita en nosotros y se ha hecho un espíritu con nosotros?

Lógicamente, esto ciertamente parece posible. Para algunos, sin embargo, esta actividad es muy arriesgada, pero los mismos peligros residen en el proceso de escuchar a Dios hablar como lo hace en el proceso de buscarle para revelarse a sí mismo en una visión. La posibilidad de contactar con fuerzas enemigas existe tanto en una como en la otra. De hecho, como vemos en los Testigos de Jehová, la gente puede caer en el error tan sólo leyendo las Escrituras, pero la misma protección (una vida dedicada y el Espíritu Santo) también está presente en todos estos procesos.

Pero ¿qué dice la Biblia? ¿Existen ejemplos bíblicos de gente buscando visiones? Yo creo que sí los hay. Consideremos el Salmo 27:4: “Una cosa he demandado de Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo”

David deseaba y buscaba tres cosas: estar, contemplar e inquirir. Como el primero y el último deseo presentan menos problemas, miremos estos primero.. “Estar” en el hebreo es yashav, con el significado de “habitar, morar, permanecer”. Algunas veces significa “sentarse”. La idea parece ser la de morar sin prisa o permanecer en la casa del

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Señor, el lugar donde únicamente Dios estaba presente. Sin duda, David deseaba poder gastar toda su vida en este íntimo intercambio espiritual.

“Inquirir” es la palabra hebrea bagar que significa meditar o reflexionar, investigar. Keil y Delitzsch definen la palabra en este pasaje como “meditación contemplativa que se pierde en Dios el cual está ahí de forma evidente.

Pero ¿qué significa contemplar la hermosura de Jehová? Notemos primero que “buscar” vagas, en la primera parte del versículo, indica una búsqueda con la intención de que el objeto que se busca se encuentre. Cuando se usa para buscar a Dios (como es el caso), puede significar “buscar una palabra o una revelación de Dios”. También es bueno notar que esta búsqueda no es meramente una búsqueda de alguna nueva experiencia. La palabra o revelación incluirá órdenes o instrucciones que se tienen que obedecer.

“Contemplar” es en el hebreo chazah, una palabra usada tanto para una visión natural de los ojos como para visiones sobrenaturales. Es conveniente decir que aquí no significa visión natural, sino una visión sobrenatural del Señor. Es muy raro que se use, por cierto, para visión natural, pero en el Antiguo Testamento parece tener el significado predominante de “una visión espiritual, una visión de Dios”. Así que aquí

tenemos a

David buscando una visión espiritual del amor y la hermosura de Dios. Keil y Delitzsch describen la experiencia como “Su revelación, llena de gracia, que está ahí visible a los ojos del espíritu”. Buscar la visión tiene el propósito de comprender totalmente su voluntad para nosotros.

De nuevo, la visión que veamos no será sólo con el propósito de tener una experiencia nueva, extática o entretenida. La visión que veamos con los ojos del espíritu tendrá precisamente la misma función que una palabra que oigamos con los ojos del espíritu. Es un rema de Dios que, según Romanos 10:17, trae fe a nuestro corazón; siempre es instructivo. Buscar una visión a la ligera es invitar al engaño. Tener todos los sentidos de nuestro espíritu abiertos, buscando una rema auditiva o visual con una sumisión humilde a su autoridad y un compromiso a obedecerle, es una invitación a que Dios se revele a nosotros en una variedad infinita de formas; es con el propósito de entender totalmente su voluntad para nosotros.

Theological Word Book of the Old Testament, (Chicago: Moody Press, 1980) Vol. I,

p. 105.

Keil and Delitzsch, (Grand Rapids: Eerdmans, 1985), Vol. V, p. 357. Keil and Delitzsch, p. 357.

Theological Dictionary of the Old Testament, (Grand Rapids: Eerdmans, 1974), Vol.

II, p. 238.

Keil and Delitzsch, p. 357.

Aplicación personal

Use la siguiente página para escribir su diario. Imagínese a Jesús con usted en un lugar cómodo. Posiblemente ir a dar un paseo por el Mar de Galilea o sentarse con Él en la ladera de una montaña mientras Él enseña a la gente. Según usted disfruta de estar con Él, relájese, cálmese y fije sus ojos en Él. Quizá le vea como un Ser con una larga túnica y un amoroso y amable semblante. Quizá vea un resplandor en sus ojos y una sonrisa en sus labios, porque Él disfruta mucho de pasar tiempo con usted. Disfrute de

estar con Él, pídale qué es lo que Él quiere decirle. Si tiene una pregunta más específica que esta, hágasela ahora.

Escriba en el espacio de debajo. Luego sintonice con la espontaneidad, fije sus ojos en

Jesús y empiece a escribir con la fe simple de un niño lo que le venga en el fluir que borbotea en su corazón. Escriba lo que Él quiere decirle. No lo compruebe ahora, hágalo después, ahora tan sólo escriba con la fe de un niño.

Por favor escríbalo ahora, antes de continuar. Empiece este ejercicio de su diario escribiendo la pregunta que quiera hacerle al Señor.

Capítulo 7

La lucha de los fariseos con