compartían una celda pequeña, mientras que el almirante Jacobson y sus hombres ocupaban cuatro celdas más grandes. Todos estaban en silencio, no porque sintieran vergüenza por la derrota, sino por el agotamiento de la batalla. Para ser justos, los marineros no parecían decepcionados por su derrota y estaban sentados bastante cómodos en las celdas. Muchos extendían las extremidades y sucumbían al sueño por el balanceo suave del barco.
T
La llama Dolly–No se preocupen, hombres –dijo el almirante Jacobson mientras caminaba por su celda–. ¡Hallaremos un modo de salir de este navío y llevaremos a las piratas ante la justicia! Esas criminales quizás nos tienen prisioneros ahora, pero ¡pronto escaparemos y haremos que la Marina Real británica esté orgullosa!
Los marinos miraron alrededor de las celdas para ver a quién le hablaba el almirante, porque ninguno de ellos estaba demasiado preocupado o ansioso por cambiar la situación. Después de meses de labor extenuante operando
, el encarcelamiento era un cambio de ritmo agradable para ellos.
La rabieta real
–Ahórreselo, almirante –dijo Conner–. Toda la tripulación sabe que le gusta Sally Ricitos Castaños. Nadie espera escapar en el futuro cercano.
El almirante se enfureció ante aquella insinuación.
–¿Cómo te atreves a sugerir que me que hundieran mi barco o que que unas piratas capturen a mis hombres? –replicó el–. ¡Nunca traicionaría a Gran Bretaña por afecto a una escoria como la capitana Sally Ricitos Castaños!
pareció bien permití
Conner suspiró y movió la cabeza de lado a lado.
–Levanten la mano si sabían que esto ocurriría –dijo él–. Vamos, no sean tímidos.
Él alzó la mano y Alex lo imitó rápidamente. Uno por uno, los marineros también extendieron las manos en el aire, y el almirante enfrentó un despertar de consciencia brusco. A pesar de su esfuerzo por ocultarlo, su corazón era tan visible como las medallas de honor en su chaqueta.
–¿Quieren decir que lo han sabido todo el tiempo? –preguntó él. Los marinos asintieron junto a los mellizos.
–Para ser honesto, almirante –dijo el primer oficial de cubierta–, creo que ninguno de nosotros sabía que intentaba . Pero no lo resentimos por eso. La razón por la cual nos unimos a la marina en primer lugar fue para vivir una aventura, y nunca ha habido un momento aburrido mientras perseguíamos a estas damas por el mar.
ocultarlo
El almirante quería continuar discutiendo, pero el asunto estaba sin dudas aclarado. En lugar de intentar limpiar su reputación, solo se encogió de hombros
y tomó asiento en el suelo.
–Bueno, entonces supongo que es un alivio –dijo Jacobson.
El almirante perdió todo deseo de idear un plan de escape. Subió los pies sobre los barrotes de metal y disfrutó del silencio y la calma de las celdas con el resto de su tripulación. Conner, en cambio, estaba cada vez más nervioso con cada segundo que pasaba. Su misión de localizar y reclutar a sus personajes sería mucho más difícil ahora que había rechazado la ayuda de su hermana.
–Entonces, ¿qué ocurre a continuación en la historia? –preguntó Alex con un bostezo.
–Sally Ricitos Castaños invitará al almirante Jacobson a cenar a su camarote – dijo Conner–. Admitirán lo que sienten por el otro y luego Jacobson convencerá a los marinos de unirse a la tripulación pirata de Sally Ricitos Castaños.
–Qué lindo –dijo Alex–. ¿Y aún crees que no es una historia de amor?
Estriboria
Conner gruñó antes de contestar.
–Bien, de acuerdo; es una historia de amor –admitió–. Has descubierto que tu hermano es un gran tonto. ¿Estás contenta ahora?
–No sé por qué es tan difícil para ti admitirlo –respondió ella riendo–. Muchos hombres escriben romances.
–Nunca fue mi intención escribir una historia de amor –ex- plicó Conner–. Solo pensaba que Jack y Ricitos de Oro tenían una historia genial. Todos quieren ser un héroe, pero Jack renunció a todo para estar con la persona que amaba. No le importó lo que los demás pensaran de él: Ricitos de Oro era más importante para él que su reputación. Se necesita valentía para enfrentar a un gigante, pero solo un verdadero héroe le hace frente al mundo entero. Supongo que quería celebrarlo incorporándolo a mi propia historia.
Una sonrisa apareció en el rostro de Alex mientras escuchaba a su hermano. Él mantenía sus sentimientos ocultos detrás de una muralla emocional de ladrillos, pero cada tanto ella lograba hacer un agujero en ella y espiar del otro lado.
–No eres un tonto, pero sin dudas eres un –dijo ella–. Creo que la señora Peters tenía razón. Aprenderás mucho de ti mismo viajando a través de estos cuentos.
romántico incurable
Conner no quería concordar con ella, pero sabía que su hermana tenía razón. –Cielos –dijo él–. Antes de que me dé cuenta, comenzaré a coleccionar muñecas de porcelana y a escuchar polka.
Las puertas se abrieron, y Wendy la Tuerta y Sydney Saltarina ingresaron. Golpearon las barras de las celdas con sus armas para molestar a los cautivos, pero los marineros tranquilos ni siquiera alzaron la vista. Las piratas abrieron la celda del almirante y lo obligaron a salir jalando de su coleta.
–¡Ay! –gritó Jacobson–. ¿Qué significa esto?
–La capitana quiere que la acompañes a cenar –respondió Wendy la Tuerta. Los marineros aullaron y silbaron, lo que hizo que el almirante se ruborizara. Wendy la Tuerta les mostró la cuenca vacía de su ojo y ellos hicieron silencio rápidamente. Las piratas abrieron la celda de los mellizos a continuación.
–¿Qué sucede? –preguntó Conner.
–La capitana quiere que ustedes dos también la acompañen –respondió Sydney Saltarina.
Conner no esperaba aquello. Hasta ese instante, cada giro de la historia había seguido las líneas de su escritura sin ningún obstáculo. Esperaba que eso significara que su advertencia acerca de Sam Velas Humeantes había llamado la atención de la capitana.
Las piratas escoltaron a los mellizos y al almirante por hasta la cubierta superior. Abrieron unas puertas dobles y empujaron a los chicos y al almirante dentro del camarote de la capitana.
La llama Dolly
La recámara privada de Sally Ricitos Castaños era la parte más elegante del barco. Las paredes estaban cubiertas de empapelado rojo y tenían molduras de oro. Un candelabro de cristal colgaba sobre una larga mesa de madera preparada para cuatro personas. La capitana parecía estar sumida en sus pensamientos cuando llegaron. Ella tomó asiento en la parte posterior de su recámara, en un escritorio que tenía muchos mapas del Caribe extendidos. Estaba sentada con un pie en alto y hacía girar una daga sobre el escritorio como un trompo. Su sombrero y su abrigo colgaban de un gancho junto al escritorio, y su cabeza llena de ondulado y largo cabello estaba expuesta.
–Sus invitados, capitana –anunció Wendy la Tuerta mientras presentaba a los mellizos y al almirante.
–Gracias –respondió Sally Ricitos Castaños–. Pueden retirarse.
Wendy la Tuerta y Sydney Saltarina abandonaron la recámara y cerraron las puertas al salir. Conner había escrito la siguiente parte de la historia como una cena romántica entre la capitana y el almirante, pero era obvio que las cosas habían cambiado. En cuanto ingresaron, Sally Ricitos Castaños clavó los ojos en él, con una mirada curiosa y firme.
–Dado que pareces saberlo , imagino que no tiene sentido fingir que el almirante y yo somos adversarios –dijo ella.
todo
–Nop –respondió Conner–. Tienen una relación a distancia complicada, chicos.
–Solo para aclararlo –añadió Alex–, creo que es muy romántico.
Conner fulminó con la mirada a su hermana: ella lo dejaría en paz al respecto. El almirante miró a la capitana y a los mellizos, esperando que alguien
lo pusiera al día.
–¿Alguien explicará por qué este chico sabe tanto acerca de nosotros? – preguntó él.
–Según él, solo somos personajes en una historia que él ha escrito –respondió entretenida Sally Ricitos Castaños–. Él cree que todo en este mundo es producto de su imaginación.
A Conner no le agradó el tono desdeñoso en su voz. El almirante lo miró al igual que todos los demás después de haber oído la declaración.
–¿He hecho o dicho algo que lo ? –preguntó Conner–. Porque estoy bastante seguro de que he tenido razón respecto a hasta ahora.
contradijera
todo
Sally Ricitos Castaños lo fulminó con la mirada y una expresión desafiante apareció en su rostro.
–Tengo algo oculto bajo mi camisa –dijo la capitana–. Solo hay cuatro personas vivas que saben que existe. Dos están en esta habitación y una es la Reina de Inglaterra. Adivina correctamente y te tomaré con mayor seriedad.
quizás
Conner sabía con exactitud a qué se refería y no desperdició ni un minuto en probarlo.
–Llevas puesto un collar llamado el Corazón del Caribe –dijo él–. Es la joya más preciada en el hemisferio occidental. La Reina Anne se la entregó al gobernador Connelly como un gesto de agradecimiento por gobernar la pequeña isla de Santa Ballena.
La intensidad en el rostro de Sally Ricitos Castaños desapareció y quedó boquiabierta. Ella y el almirante estaban perplejos. La capitana jaló de la cadena de oro que llevaba puesta alrededor del cuello y alzó un gran collar con un rubí fuera de su camisa. El rubí era más brillante que las molduras y el candelabro juntos.
Conner señaló la joya.
– es lo que le robaste a Sam Velas Humeantes –dijo él–. Y te equivocas, por cierto. Hay personas con vida que saben de su existencia, siete incluyendo a mi hermana y a mí. Un pirata llamado Billy el Asesino te vio cuando la robaste. Él es quien le contó a Sam Velas Humeantes que la tienes, y ahora Sam viene a recuperarla.
Eso
cinco
Alex solía ser muy buena llenando vacíos en las historias, pero la falta de detalles comenzaba a generarle frustración.
–¿Podrías compartir con el resto de la clase quién es Sam Velas Humeantes? – preguntó ella.
Conner vaciló. Conocía la historia de memoria; solo que no era algo agradable que contar.
–Sam Velas Humeantes es el pirata más temido del Caribe –explicó él–. Es tan poderoso que la Marina Real británica se niega a acercarse a él. Posee una flota de cinco barcos y cientos de piratas. Sus barcos tienen hileras de antorchas ardientes sobre sus velas, lo cual deja un rastro de humo en el cielo, así todo el Caribe sabe dónde han estado y hacia dónde se dirigen. Destruyen cualquier barco en su camino, ya sea una amenaza o no.
Alex tragó con dificultad. Esa era exactamente la clase de villano que temía que su hermano creara.
–Suena encantador –dijo Alex–. ¿Cómo se hizo tan poderoso?
–Sam Velas Humeantes era un esclavo –respondió Conner–. Unos comerciantes de esclavos lo capturaron en una aldea africana y lo trajeron al Caribe en un barco esclavista. Sin embargo, en el camino, él rompió las cadenas que lo amarraban y lideró un motín con los otros esclavos. Sam se convirtió en el nuevo capitán, los esclavos liberados se convirtieron en su tripulación y él rebautizó el barco como La Venganza.
Por desgracia, el poder se le subió a la cabeza. La tripulación de Sam quería regresar a casa, pero él quería continuar su camino en busca de más venganza. Navegó en hacia la pequeña isla de Santa Ballena y les ordenó a sus hombres que la saquearan. El gobernador Connelly le comunicó a la Marina Real británica que estaban bajo ataque, pero dado que la isla es muy pequeña y sin valor, la marina los abandonó. El gobernador y todos los hombres en Santa Ballena fueron asesinados y obligaron a sus familias a trabajar como sirvientes.
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La Venganza
Dado que no había gobierno o autoridad en Santa Ballena, los criminales de todo el Caribe navegaron allí y se unieron a Sam. Pronto, el pirata tuvo la cantidad de hombres suficiente para formar una flota de barcos pirata. Sembraron el terror en todas las colonias cercanas y se hicieron más y más fuertes después de cada objetivo que aniquilaban. Los esclavos liberados de
no querían participar de ello, así que robaron un barco de la flota de Sam y se dirigieron a África. Sam estaba tan furioso que los persiguió y hundió su barco. Los escombros humeantes que quedaron de la destrucción le dio a Sam Velas Humeantes su nombre, y todo el Caribe conoció su crueldad.
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La Venganza
Con el transcurso del tiempo, Sam Velas Humeantes tuvo una hija llamada Sumire. La única hija del gobernador Connelly, una chica llamada Christine, fue obligada a trabajar como su criada. Las jóvenes se hicieron muy cercanas y se querían como hermanas. Sumire ayudó a Christine a planear el escape de Santa Ballena. El Corazón del Caribe era el único objeto perteneciente al gobernador Connelly que Sam Velas Humeantes no destruyó, así que Christine lo robó antes de huir. No pasó mucho tiempo antes de que Sam Velas Humeantes notara la desaparición de la joya. Para salvar a su amiga, Sumire aceptó la culpa. En vez de ser piadoso con su única hija, Sam Velas Humeantes la convirtió en un ejemplo espantoso. Le cortó la garganta delante de toda su flota, lo que demostró aún más su brutalidad y nadie jamás le robó otra vez.
Christine escapó de la isla y le vendió el Corazón del Caribe a un joyero mercante, pero luego robó la joya otra vez al día siguiente. El dinero que había conseguido con la venta fue suficiente para comprar su propio barco y contratar a una tripulación. Nombró a su barco , y se hizo famosa en todo el Caribe como…
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La llama Dolly
–¡Sally Ricitos Castaños! –dijo Alex, terminando la oración de su hermano. –Correcto –respondió Conner–. Cuando Jacobson se convirtió en almirante, su primera tarea fue capturar a la ladrona navegante Sally Ricitos Castaños. Fue amor a primera vista y desde entonces han estado persiguiéndose mutuamente por el Caribe. Lo que la capitana no sabe es que Billy el Asesino le dijo a Sam Velas Humeantes que la vio robar el Corazón del Caribe. Sam también ha estado persiguiendo a por el mar y se aproxima más con cada minuto que pasa. Dado que Sally es la única persona que le ha robado algo y que ha sobrevivido para contarlo, también quiere convertirla a ella en un ejemplo espeluznante.
La llama Dolly
–Conner, ¡esa historia es muy oscura! ¿Por qué escribirías algo tan terrible? – preguntó Alex.
–Te lo dije, está basada en una pesadilla que tuve –respondió él–. Además, los piratas reales no eran mucho mejores.
Conner miró a Sally Ricitos Castaños y al almirante Jacobson con desesperación en los ojos.
–¿Ahora me creen que yo los creé? –preguntó él.
La capitana y el almirante estaban perplejos por el conocimiento que Conner tenía de sus vidas. Sin importar quién era y de dónde venía, ya no podían negar que había algo único e inquietante.
–Creo que escribiste sobre esto, pero aún no me convence que hayas este mundo o a las personas en él –dijo Sally Ricitos Castaños.
Conner había puesto los ojos en blanco tantas veces que le dolían las cuencas. –Entonces, ¿crees que lo plagié? –preguntó él.
–Los exploradores se apresuran a reclamar los lugares que encuentran, pero no la tierra en la que alzan sus banderas –dijo Sally–. Quizás todos los escritores no son más que exploradores del subconsciente, navegando por un mar de otros mundos, y tú solo eres el primero en descubrir el nuestro.
crean
Alex estaba intrigada por la teoría de la capitana. Se preguntaba si cada historia de ficción que había leído era más bien el de un autor en
vez de su . Quizás la era un a mundos
desconocidos del cosmos. Sin dudas explicaría por qué la Poción Portal de su abuela era tan efectiva: no el mundo descripto por el texto, sino que simplemente proveía una puerta de acceso a un mundo que siempre había estado allí.
descubrimiento idea imaginación mapa subconsciente
creaba
A Conner comenzaba a dolerle la cabeza mientras intentaba comprender la teoría.
–Eso suena muy profundo y complejo, pero ¡no es el punto! –dijo él–. ¡Estoy intentando decirte que la flota de Sam Velas Humeantes se dirige hacia aquí ahora mismo! ¡Planea matarlos a todos y recuperar el Corazón del Caribe! Pero si nos escuchan, ¡podemos ayudarlos a evitarlo!
–¿Cómo? –preguntó el almirante Jacobson.
–Ayudándonos a mi hermana y a mí –explicó Conner–. Estoy a punto de hacerles una oferta: será difícil de comprender, así que tal vez querrán tomar asiento.
Sally Ricitos Castaños, el almirante y los mellizos ocuparon sillas alrededor de la larga mesa.
–Te lo dije: yo me encargo –respondió Conner y carraspeó–. ¿Recuerdas ese mar subconsciente de otros mundos del que hablabas? Bueno, en todo sentido, ¡existe! Hay otro mundo que está en graves problemas; uno que yo no escribí. Todos nuestros amigos viven allí y un ejército terrible lo ha invadido. Mi hermana y yo estamos reclutando personas de algunos mundos distintos para que nos ayuden a luchar contra ese ejército. Si vienen con nosotros y nos ayudan a derrotarlos, los traeremos de regreso hasta aquí.
Conner sonreía como si estuviera siendo más que generoso. La capitana y el almirante intercambiaron una mirada confundida; algo no cuadraba.
–Eso no es una oferta –dijo Sally Ricitos Castaños–. Una oferta es un . Alejarnos de nuestros problemas, hacernos luchar por ustedes y luego traernos de regreso a nuestros problemas no es un intercambio: es solo más trabajo para nosotros.
intercambio
–Tiene un punto –comentó Alex.
–Bien –añadió Conner y pensó rápido en algo atractivo que ofrecer–. Bueno, si nos ayudan, les diré cómo derrotar a Sam Velas Humeantes.
La capitana y el almirante asintieron mientras lo consideraban. Jacobson susurró algo al oído de Sally Ricitos Castaños, como un abogado que habla con su cliente.
–Entonces, ¿dices que a Sam Velas Humeantes? –preguntó la capitana–. ¿ si los ayudamos o no?
derrotaremos Sin importar
–¡Obvio! –dijo Conner, resoplando–. Ese es el punto de esta historia.
Alex golpeó su propia frente con la palma de la mano. Su hermano era ajeno a lo que Sally Ricitos Castaños implicaba. Decidió convertirse en la abogada
y lo apartó para susurrarle en el oído.
de su hermano
– –susurró
ella–.
Conner, básicamente acabas de decirles que no necesitan ayudarte Tienes que hacer una oferta que no puedan rechazar.
–Ah, ¡maldición! –respondió él–. No debería haberlos escrito como personajes tan astutos. Gracias por la advertencia.
Los mellizos voltearon de nuevo hacia la capitana y el almirante. Conner emitió una risita baja, lenta y amenazante.
–Tonta, tonta, Sally –dijo él–. Lo que no sabes es que el camino a la victoria es largo y tedioso. Hay decenas de batallas, cientos de pérdidas y miles de kilómetros esperándote. Llevará descubrir lo que yo podría decirte en cuestión de segundos. Si nos ayudas, te daré el a tu triunfo, y te ahorraré toneladas de molestias. Le ahorrarás a tu barco muchos daños e incluso salvarás las vidas de algunos miembros de tu tripulación.
años
atajo
Sally Ricitos Castaños y el almirante Jacobson intercambiaron otra vez susurros entre ellos. Ambos sabían que en algún momento deberían enfrentar a Sam Velas Humeantes; era imposible evitarlo. Si Conner podía proveerles la