En el camino a la construcción de esta sistematización que se caracteriza por ser participativa, los y las jóvenes se expresaron e hicieron oír sus voces, lo cual fue posible mediante la aplicación de 4 entrevistas focalizadas a 2 jóvenes de Santander y 2 de Suarez, además de desarrollar una línea de tiempo con 15 jóvenes, siendo 10 mujeres afro del municipio de Suarez corregimiento de Asnazú entre 15 y 25 años y 5 hombres diversos étnicamente de Santander de Quilichao en edades de 20 – 27 años de edad.
Una de las primeras apreciaciones es la de Deisy Leandra una joven de 20 años de edad del municipio de Suárez Cauca, una mujer afro colombiana quien participó activamente del proceso y se destacó como lideresa, ella considera que tenía ideas pero el temor le impedía expresarlas al punto de definirse de la siguiente manera:
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“Yo era una chica que tenía muchas ideas, pero no las expresaba por miedo a ser rechazada” (Mayo 12 de 2015).
Contrario a ella, Gabriel Escobar un joven de 28 años del municipio de Santander de Quilichao, se describe antes de la experiencia con sueños y expectativa frente a la vida, pues desde su adolescencia desarrolla acciones de carácter artístico en su comunidad.
“Yo era un joven que so aba con salir adelante con el estudio y poder ser una persona con valores, responsable y trabajador, realizaba actividades culturales con un grupo en diferentes barrios” (Julio 27 de 2015).
Con lo anterior no busco demarcar una diferenciación de género, aunque es una realidad latente en Santander de Quilichao, donde se presentó mayor participación de hombres en los diversos escenarios, mientras que en Asnazu participaron de la experiencia en su mayoría mujeres, lo cual me remite a reflexionar sobre el rol de la mujer en el ámbito rural, manifestando mayor interés por los asuntos colectivos y comunitarios, mientras que los hombres de este entorno rural no se interesan mucho por estas experiencias, dedicándose a la minería o hacer recursos a través del mototaxismo, etc.
La situación de mayor participación de mujeres en el ámbito rural resulta distinta en Santander de Quilichao, un contexto urbanizado donde la participación mayor es de hombres, y las pocas mujeres que participaron en la experiencia tuvieron roles menos protagónicos, más de apoyo y asistentes. En este sentido, es interesante para próximas experiencias reflexionar sobre los roles de género en la participación social, sin embargo aquí podremos interpretar que se continúan reproduciendo modelos patriarcales donde el hombre participa más en la ciudad, en el mundo urbanizado y de privilegio, mientras que la mujer se mantienen en lo privado, en lo rural cuidando de su comunidad y los hombres sostienen el hogar con el sudor de su frente.
Aunque faltó indagar más sobre este aspecto, las anteriores citas nos muestran dos posiciones y situaciones diferentes, es decir, donde identifico que siendo parte de una misma
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experiencia los jóvenes viven circunstancias personales y anhelos diversos, dando cuenta de las distintas formas de asumir la juventud.
La joven demuestra mucha timidez y temor al rechazo, mientras que el segundo refleja mayor seguridad de sí mismo y claridad frente a lo que quiere, reconociendo que participa comunitariamente realizando actividades culturales, mientras que la joven del corregimiento de Asnazú según su expresión demuestra que no ha contado con oportunidades en su municipio que le permita desarrollar sus ideas, habilidades y saberes. Es importante considerar la diferencia amplia de edad que los distingue, sin embargo quiero centrarme en los elementos externos que contribuyen a la participación, permitiéndonos inferir que las oportunidades de inclusión y socialización juvenil, contribuyen al ejercicio del desarrollo de habilidades, autoconocimiento y participación comunitaria de las juventudes.
En este orden de ideas el estado en el cual los jóvenes llegan a la experiencia, nos permite tener una línea base para identificar las condiciones de los individuos, de esta forma podremos acceder a posibles cambios y transformaciones en los imaginarios y acciones, dejándonos como aprendizaje que en cada experiencia de intervención y participación las personas llegan con una experiencia personal, familiar, fortalezas y debilidades, de tal forma que el proceso en el cual incursionan influye o afecta sus vidas.
Quiero citar a Clara Zúñiga de Suárez del corregimiento de Asnazú, porque da cuenta de la incidencia que tuvo la experiencia sobre su vida, siendo una adolescente afro de 16 años, ella manifiesta antes de la experiencia no hacía nada por su comunidad, porque no tenía una adecuada comunicación y relación con los jóvenes de su entorno, la experiencia le aportó para transformar su participación en su comunidad, ella manifiesta que se dedicaba a dormir, ver televisión, jugar y caminar.
“Yo era una persona que casi no tenía una comunicación con los jóvenes de mi corregimiento, no me gustaba estar en público” (Clara Zúñiga, Mayo 12 de 2015)
Del mismo territorio se encuentra la joven Natalia de 18 años una adolescente afro, le gustaba jugar futbol andar en la calle y estudiar el bachillerato, reconoce que:
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“ Era una persona desafortunadamente muy conflictiva y sin un proyecto de vida claro” ( Natalia 2015)
A través de estas jóvenes de Asnazu podemos ver una participación pasiva en sus comunidades y algunos problemas de convivencia y proyecto de vida, jóvenes que no habían tenido la posibilidad de participar en procesos como estos, siendo reconocidas y con posibilidades de desarrollar sus liderazgos. mientras que Santander de Quilichao nos denota un panorama diferente frente al de Suarez, claro está que hay unas particularidades marcadas entre la ruralidad y la urbanidad en términos de oportunidades e inversión social, sin demostrar a Quilichao como un escenario perfecto en participación, pero sí que cuenta con mayor variedad y oportunidades para las juventudes.
Nacido de este municipio Danny Amu, siendo un joven de 25 años de edad que participaba en organizaciones juveniles y comunitarias a través del hi-hop describe que :
“ Antes de la experiencia yo era joven con ganas de transformar o ser pieza clave para dicho
proceso dentro de los diferentes espacios de expresiones culturales relacionadas al género urbano - canto” (Julio 27 de Julio de 2015).
Esta expresión denota que la participación y las oportunidades que se ofrecen en los municipios generan motivación e interés, además de aportar a la significación de sujetos importantes y dignos en un territorio. En este sentido Diego Andrés otro joven de Santander durante una conversación informal en la entrevista manifestó que se ha destacado por participar en espacios académicos y educativos, con 24 años de edad, añadiendo que nunca se había involucrado en procesos sociales más allá de capacitaciones en un aula de clases, por eso significa su experiencia como novedosa y enriquecedora.
“Antes de iniciar la experiencia JCC era un joven que tenía en mi mente sueños y metas profesionales y académicas, me gustaba participar con jóvenes amigos en diferentes actividades, no me gustaba meterme de lleno. Me interesaban los temas de
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Estas opiniones me remiten a considerar que la experiencia generó oportunidades para que los jóvenes desarrollaran sus liderazgos y capacidades, quienes han tenido experiencias participativas como a aquellos que no han contado con estas oportunidades, situación que me parece positiva y relevante para tener en cuenta en próximas oportunidades, teniendo en cuenta que estas combinaciones de experiencia fortalecen y animan a los otros.
Desde el punto de vista territorial, de garantía de derechos e inclusión, esta diversidad en ambos municipios puede ser entendida desde la educación popular, donde se plantea lo “popular” en los
dos sentidos que propone Jara citando al sociólogo Helio Gallardo(2006)
“Por un lado, se basa en la noción de “pueblo social” (sectores sociales que sufren asimetrías de cualquier tipo: opresión, discriminación, exclusión, explotación, etc.); y, por otro, en la noción de “pueblo político” (cualquier sector que lucha por eliminar dichas asimetrías). Así, una educación “popular” hace referencia a aquellos procesos político-pedagógicos que buscan superar las relaciones de dominación”.
Frente a este aporte puedo decir que se evidencia unas asimetrías bien marcadas en términos de exclusión social, en la medida en que se denota mayor posibilidades para la participación juvenil en el contexto urbano, es decir lo que Jara llama “pueblo social” donde adolescentes y jóvenes no cuentan con igualdad de condiciones, oportunidades de participación social.
Los procesos de participación juvenil que posibilitan el encuentro entre diversos territorios, permiten que se visibilicen las asimetrías a través del encuentro con otros y la identificación de diversas condiciones, al mismo tiempo constituyen un desafío para actuar al respecto y dejar la indiferencia frente a su comunidad, empezando a generar nuevos procesos y pronunciamientos para que se invierta y se cuente con los adolescente y jóvenes de su entorno así como logran ver que se hace en otros territorios.
Mediante la aplicación de la línea de tiempo y las entrevistas focalizadas realizadas con jóvenes de Santander de Quilichao, la mayoría habían participado en otras experiencias o grupos juveniles, mientras que los de Suárez del corregimiento de Asnazú no habían contado
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con estas oportunidades que potenciaran su participación dando cuenta de exclusión. Se trata entonces de un sector social que sufre asimetrías en la medida que adolescentes y jóvenes atraviesan unas condiciones de riesgos alarmantes que requieren atención e inversión, pero se carece de estos procesos.
4.2 Participación y liderazgo juvenil, una alternativa para alterar la realidad de las