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J Dewey, Logic The Theory of Inquiry, Nueva York, 1949, página 233.

In document Historia y Verdad - Adam Schaff (página 138-144)

DOS CONCEPCIONES DE LA CIENCIA DE LA HISTORIA: EL POSITIVISMO

25 J Dewey, Logic The Theory of Inquiry, Nueva York, 1949, página 233.

Ibid., p. 235.

En conclusión: cada presente tiene su pasado; cada presente reescribe la historia.

“La reflexión más simple demuestra que el dato concep­ tual aplicado en la escritura de la historia, procede de la época en que nosotros escribimos la historia. No existen otros materiales accesibles para los principios directores y las hipó­ tesis aparte de los que suministra el presente histórico. Puesto que la cultura cambia, también cambian las concepciones dominantes en la cultura. Necesariamente aparecen nuevos puntos de vista, nuevos juicios y nuevos criterios de selección de los datos. La historia se reescribe entonces. Los materiales rechazados ulteriormente se presentan actualmente en forma de datos, ya que las nuevas concepciones solucionan los nuevos problemas que necesitan una nueva sustancia fáctica para ser formulados y verificados. En una época determinada dominan en la cultura ciertas concepciones de modo tan evidente que su aplicación en la construcción de los acontecimientos del pasado nos parece justificada por los ‘hechos' hallados en un pasado ya dado. Este punto de vista invierte la sucesión de las cosas." 27

Destler calificaba justamente esta posición de “presentis- mo subjetivista y relativista". Pero, concedamos una tregua momentánea a los teóricos y a los filósofos; pasemos, como ya habíamos anunciado, a los historiadores profesionales.

Entre los numerosos historiadores presentistas, vamos a escoger

para hacer un análisis crítico, los puntos de vista de Ch. A. Beard y de C. Becker que son autoridades en la llamada “escuela colombiana", al igual que G. Read que representa a la siguiente generación.

Charles A. Beard, conocido por sus estudios sobre la

Constitución norteamericana y como uno de los principales animadores de la “rebelión antipositivista”, es tanto más interesante de analizar puesto que asoció el relativismo a una interpretación económica de la historia. No se contentó con atacar la teoría de la verdad histórica objetiva, sino que eligió abiertamente a la ciencia de la historia practicada a partir de posiciones de clase y con “espíritu de partido”. Esto es lo que evidencian de modo claro sus verdaderas arengas contra Ranke y su escuela. Comenzaremos nuestro análisis por ellas, ya que arrojan una viva luz sobre todo el problema del relativismo en la historiografía norteamericana contem­ poránea.

En 1909, año en que se sitúan los primeros ataques pre­ cisos contra la tesis de Ranke, considerada hasta entonces como un dogma, el historiador norteamericano George Bur- ton Adams hizo la apología de la escuela de Ranke como corriente científica por excelencia. 28 Tras haber recordado que ésta había reinado durante cincuenta años sin haber sido impugnada, Adams tranquiliza a sus partidarios con el credo siguiente: “toda ciencia que es una auténtica ciencia debe fundarse en hechos probados y comprobados”. 29 Así, tras varias décadas de dominio, la vieja escuela se pone a la defensiva.

Charles Beard la ataca negando el carácter científico de la historia e intentando alcanzar al adversario en su punto más sensible: su mito de “la imparcialidad”.

“ ... El pensamiento histórico contemporáneo rechaza la concepción de los científicos de finales del siglo xix y de prin­ cipios del siglo xx según la cual es posible escribir la historia 28 G. A. Adams, “History and the Philosophy of History” en

The American Historical Review, 1909, No 14, pp. 221-236.

tal como se ha desarrollado en realidad, a la manera como un ingeniero describe una máquina determinada. ” 30

Con el fin de fundamentar su ataque Beard procede a una vigorosa crítica de Leopold von Ranke, el principal represen­ tante de la escuela que combate, y los partidarios de ésta reaccionan escogiendo a Th. C. Smith como portavoz, quien publica un polémico artículo en The American Historical Review (1934, N° 3, págs. 439-449). Beard responde inme­ diatamente 31 llevando su crítica mucho más lejos.

Beard demuestra que Ranke preconizaba el ideal de una ciencia de la historia objetiva, “positiva”, “imparcial”, basada sólo en el estudio de los documentos, pero que en realidad profesaba un singular panteísmo, concibiendo la historia como “la revelación de Dios”, como den Gang Gottes in der Welt (la marcha de Dios por el mundo). Propugnaba “la impar­ cialidad” de la historia cuando él mismo (Ranke) estaba profundamente imbuido de un espíritu de partido. Beard da una serie de pruebas en apoyo de estas afirmaciones suyas: el carácter parcial de la orientación general dada por Ranke a la publicación de la Historisch-Politische Zeitschrift; su actitud negativa hacia la libertad de prensa después de la Revolución de Julio de 1848; el apoyo que concedió a Gui­ llermo en su lucha contra una constitución democrática; su juicio positivo acerca de los resultados de la guerra de 1870- 1871 como victoria de la Europa conservadora sobre la Revolución, etc. Beard concluye:

“Fingiendo obstinadamente ignorar los intereses econó­ micos y sociales en la historia, él consigue evitar todo trabajo histórico que perjudicara a los intereses conservadores de la Europa de su época. Ranke merece que se le califique como

30 Ch. A. Beard “Written History...", ed. cit., pp. 220-221. 31 Ch. A. Beard, “That Noble Dream”, ed cit., pp. 74-87.

uno de los historiadores más ‘parciales' que el siglo X IX ha producido. ” 32

La fórmula de Ranke (wie es eigentlich gewesen) fue inte­ grada en la concepción de una historiografía enfocada a semejanza de las ciencias naturales, dice Beard, quien rechaza esta concepción, niega el determinismo, la regularidad de los procesos históricos y la posibilidad de la previsión en la historia. Al presentar Beard, en términos vulgarizados, la aplicación de los métodos de las ciencias naturales a los estudios histó­ ricos, consigue una victoria fácil sobre su adversario, tras lo cual proclama el triunfo de un subjetivismo radical que reduce a nada el carácter científico de la historiografía.

Para condenar la asimilación de los métodos de la ciencia histórica a los métodos de las ciencias naturales, Beard recurre a una argumentación de carácter social. Esta asimilación, afirma, implica el neutralismo social (un marxista diría “el objetivismo” ), actitud dictada en determinada época por las necesidades definidas de las clases dominantes, aunque más tarde las condiciones cambiaron 33 provocando, según Beard, una crisis al final de la cual el dogma del neutralismo fue abandonado y los historiadores reconocieron que la obra his­ tórica constituye el reflejo del pensamiento de su autor en condiciones determinadas.

A partir de esta crítica de Ranke y de la historiografía positivista, Beard forja su propia concepción de la ciencia de la historia. Distingue la historia como “realidad pasada” y la historia considerada, de acuerdo con Croce, como “pen­ samiento contemporáneo sobre el pasado”. 34 Esta última, la historiografía, es la que constituye el objeto de sus análisis.

32 Ibid., p. 78 (palabras subrayadas por A. S. )

33 Ch. A. Beard, “Written H istory... ”, ed. cit., p. 221. 34 Ibid., p. 219.

Si bien la historia es la captación del pasado por el pensamiento, siempre es, según Beard, el producto de una selección: los hechos son escogidos y reunidos por el historiador “de acuerdo con su modo de pensar”. 35

¿A qué conclusiones llega Beard en cuanto al carácter de la historia?

Aunque se opone formalmente al relativismo, se inclina de hecho hacia su versión radical, ya que, según él, la historia es un “acto de fe”, y, por tanto, una creación subjetiva del historiador, que depende de la persona de su creador y cambia con ella.

“El historiador que escribe la historia realiza, consciente o inconscientemente, un acto de fe en lo que concierne al orden y al movimiento en la historia, ya que no puede sacar certeza alguna respecto al conocimiento de la realidad a que se dedica... Su fe equivale de hecho a la convicción de que se puede saber algo verdadero sobre el movimiento de la historia; pero, esta convicción es una decisión subjetiva y no un descubrimiento objetivo. ” 36

El subjetivismo de esta profesión de fe y su consecuencia, el relativismo, son evidentes. Criticando el historicismo, en el sentido de la doctrina positivista de Ranke, y acusándolo de objetivismo (en el sentido del neutralismo de clase), Beard propugna abiertamente una historia en la que reine el espíritu de partido. Pero, a pesar de haber señalado las determina­ ciones de clase de la doctrina de Ranke, Beard no realiza un análisis semejante con relación a sus puntos de vista. Lo harán por él sus compañeros y partidarios.

35 Ibid., p. 220.

36 Ibid., p. 226. En forma menos radical, las tesis del relativismo

son expuestas en la obra de Ch. A. Beard y Alfred Vogts, “Currents of Thought in Historiography”, ed. cit., pp. 480-483.

Así, J. H. Randall Jr., especialista en metodología de la historia, repite con Beard que la elección de un principio definido de selección constituye un acto de fe. 37 Esta posición evidentemente sólo puede llevar al presentismo, tal como Randall lo expone explícitamente: “El presente y el porvenir que actúa sobre el presente son los que crean el pasado y lo convierten en historia. Recrean el pasado que es la sustancia del presente. ” 38 La selección llevada a cabo en los mate­ riales del pasado siempre es relativa, y está en función del presente. El pasado es nuestro pasado, “nuestro pasado no se encuentra en el pasado como tal, sino en el presente, en nuestro presente”. 39 A partir de aquí, Randall desarrolla su concep­ ción del “relativismo objetivo”, o sea de un relativismo histó­ rico que califica de “objetivo”, ya que en su opinión es objetivo lo que está referido a unas condiciones definidas. 40 Carl Becker, uno de los principales instigadores de la “re­ belión” relativista, fue también partidario de Beard. Vamos a analizar sus puntos de vista expuestos en la conferencia que dio en 1931 en una reunión de la Asociación Norteameri­ cana de Historiadores cuando acababa de ser elegido presi­ dente. En esta clase de alocuciones “presidenciales” es tradi­ cional exponer la profesión de fe sobre las cuestiones funda­ mentales de la ciencia.

Al igual que Beard, Becker identifica la historia con el pensamiento sobre la historia y con la ciencia de la historia. Aunque distingue la existencia de dos series: la de los mis-

37 J. H. Randall, Jr., G. Haines, “Controlling Assumptions in the

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