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James, E O.: Op cit., pág 73 gina 73.

el culto im perial, sino que éste se vio fuertem ente influenciado po r variadas prácticas locales que sí influyeron en la extensión del culto im perial.

El significado general del culto im perial no es sim plem ente la inclusión del culto al Em perador, sino la m ultiplicación de las diversas form as de cul­ to existentes y su traslado a la casi totalidad de las unidades político-institucionales que constituían el Im perio. Por todo esto, el culto im perial va a exten­ der a todo el ám bito te rrito ria l del Im perio y a cada una de las unidades que lo constituyen las form as religioso-ideológicas que lo caracterizan.

P ara Raym ond Bloch2 el culto im perial consti­ tuyó, sin duda, uno de los aspectos más originales de la política seguida po r Augusto, en el sentido que sirvió p ara revivir el conjunto de tradiciones reli­ giosas de la Roma republicana, al m ism o tiem po que mezcló toda la tradición nacional con los cul­ tos helenísticos que quedaron patentizados en la vinculación religiosa con el jefe político-m ilitar que significaba la figura del Em perador.

El proceso de asociación, que se dio en la figura del em perador como principal objeto del culto im­ perial, de todo un conjunto de cualidades y pode­ res suprahum anos fue el exponente más caracterís­ tico de la lenta sacralización de la figura del em pe­ rador; en él comienzan a confluir las funciones de p ro tecto r y salvador que tienden a p resen tar clara­ m ente en sus atribuciones los poderes típicos y tra ­ dicionales ta n to del m undo occidental como orien­

2 Bloch, R.: “La religión romana”, en Los religiones anti­ guas, III, bajo la dirección de Henri-C harles Puech, Madrid, 1977, pág. 278.

tal, y con ello se refuerza el carácter de jefe suprem o de todos los territo rios del Imperio.

E n el culto al em perador encontram os en todo el Im perio un proceso de asociación de las cuatro virtudes cardinales a su persona, esto es: V irtus, Clementia, Iu stitia et Pietas \ Tanto las inscripcio­ nes privadas en honor del em perador como las de­ dicadas por entidades públicas han dejado constan­ cia de las atribuciones que al em perador se le con­ ferían. Las virtudes comienzan a considerarse como cualidades intrínsecas a la figura del em perador, si bien el papel de las virtudes asociadas al em pe­ rad o r no fue monolítico, sino que sufrió un proceso de adaptación según las necesidades de cada m om en­ to 4. En algunas ciudades se ha podido co nstatar que incluso la construcción de tem plos dedicados a u n a v irtu d concreta y sus correspondientes sa­ cerdotes, sirvieron para atestiguar la extensión de este culto con carácter colectivo.

Otro proceso im portante y altam ente significa­ tivo del culto im perial fue, sin duda, la asociación que se dio en la persona del em perador de los dis­ tintos dioses del panteón rom ano, lo cual implicó un reforzam iento del carácter universal del empe­ rad o r y con ello u n m ayor apoyo a su papel de jefe absoluto del Im perio. El proceso de sincretism o en­ tre los dioses del panteón rom ano y el em perador, sin duda, tendió hacia la unificación de un solo dios, objeto de culto, pero la trayectoria sería lar­ ga. Además p ara que se llevase a cabo fue necesario que con anterioridad el em perador fuese diviniza­ do d u rante su vida, hecho este que no fue rápido,

J Etienne, R.: Le cu ite..., pág. 326. 4 Ibidem, pág. 333.

sino todo lo contrario. En este aspecto, la influencia helenística que tendía hacia la concepción m oral del soberano-dios5 es un hecho que se im puso len­ tam ente, aunque tam bién es indudable que Augusto, como ya dijim os anteriorm ente, contribuyó con la organización del culto im perial a sen tar unos pre­ cedentes que fueron desarrollados p o r sus sucesores. En medio de la creciente m ultiplicidad de cultos y de los dioses, el culto im perial sirvió como el más sólido vínculo de unión entre Roma, Italia y las provincias, cim entando la unidad del im perio y sim ­ bolizando el patriotism o profundo de los ciudada­ n o s 6.

De nuevo hemos de hacer referencia al culto des­ arrollado sobre el Genius del E m perador, no ya como el gran p ater fam ilias o p ater orbium , según vimos en el apartad o referido a la ciudad, sino por el com ponente universalista del Genius Im p e ria l7. El culto de Genius, como señala E tie n n e 8, a pesar de su origen, fundam entalm ente privado, va a tra n s­ form arse gradualm ente en un aspecto del culto al em perador viviente. Con una fuerte influencia grie­ ga, el culto al Genius del em perador hemos de ver­ lo como una contribución pública al honor heroico de un hom bre viviente, esto es, el reconocim iento de la capacidad de héroe o semidiós que en la reli­ gión griega era tan im portante. La introducción del culto al em perador constituyó la m anera más fácil que tuvieron los ciudadanos rom anos p ara iniciar en gran culto oficial del Estado sobre el em perador

5 Bloch: Op. cit., pág. 279.

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