7. RESULTADOS
7.1 REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA SOBRE EL ESTUDIO DEL ARTE EN
7.1.1. Jatropha (Jatropha curcas)
7.1.1.11 Jatropha en Colombia y situación del sector
Actualmente, según funcionarios del gobierno colombiano, 3.2 millones de hectáreas de las 6.5 millones destinadas para el cultivo de productos agrícolas, pueden ser destinadas a la siembra de plantas con características oleaginosas como la palma africana, el sorgo dulce, y unas menos comunes como Jatropha
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curcas, siendo ésta última, considerada como una de las mejores opciones para la obtención de aceite vegetal apto para la producción de combustibles (Hildalgo & Torres, 2012).
En el país existen aproximadamente 135,5 hectáreas sembradas, las cuales se encuentran en los departamentos de Vichada, Choco, Santander, Cauca, Antioquia, Cesar y Nariño. Vale la pena resaltar que en algunos de éstos departamentos una de las razones de peso para la siembra de Jatropha curcas L. es la capacidad que tiene la planta para recuperar suelos degradados por la minería (Hidalgo & Torres, 2012).
Según Yepes et al.. (2012) el cultivo de Jatropha curcas se ha venido fomentando debido a la intención del gobierno colombiano de impulsar los cultivos que abastecerían el mercado nacional de aceites demandados como biocombustibles o biodiésel. La Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (CORPOICA), apoya esta iniciativa estatal mediante la actividad de liderazgo asumida por un profesional que coordina los trabajos propios de los proyectos definidos de acuerdo con esta iniciativa.
Se tiene conocimiento acerca de las plantaciones sembradas en territorio de Urabá, Bajo Cauca y Occidente en el departamento de Antioquia, además de las siembras en los llanos orientales con la asesoría de CORPOICA (Yepes et al.., 2012).
La jatropha constituye una opción potencialmente interesante para la agricultura familiar; permite la diversificación de las actividades agrícolas tradicionales en algunas regiones; requiere pocas labores de mecanización y es altamente dependiente de mano de obra, por lo que genera empleos en el campo (Paneque, 2011; citado por Alonso & Lezcano, 2014).
Política de biocombustibles en Colombia
La demanda de biocombustibles, desde la perspectiva de los organismos económicos internacionales (OCDE, BM, BID, PNUD), busca resolver el problema de escasa producción y/o reserva petrolera, así como para contrarrestar los efectos del cambio climático (Rucoba et al., 2013) y el potencial de producción de biocombustible en América Latina es altísimo (Gaona, 2009).
Los gases de efecto invernadero –GEI, originados en su mayoría por combustión de derivados de origen fósil, empleados en el sector transporte. Datos recopilados por Gaona (2009) indican que la emisión de CO2 por año es de aproximadamente 29.195 millones de toneladas métricas- mtm, en Colombia es de alrededor de 62mtm. Por tanto el uso de la bioenergía es la solución para no generar excesos de GEI. Actualmente, los biocombustibles representan cerca del 1% de consumo de combustible y se estima que ascienda a 7% al 2030 (Escobar et al.., 2008; citado por Gaona, 2009).
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Desde el año 2001 el gobierno nacional ha implementado una política orientada a promover la producción de biocombustibles en el país mediante herramientas normativas e incentivos económicos con el fin de aprovechar las oportunidades de desarrollo económico y social que ofrecen los mercados de biocombustibles (García & Calderón, 2012).
En cuanto al biodiésel, la Ley 939 de 2004, estableció que el combustible diésel que se utilice en el país podría contener biocombustibles de origen vegetal o animal para uso en motores diésel. Actualmente, la regulación ordena una mezcla obligatoria de 7% o 10%, según la región.
Los biocombustibles son parte de la estrategia de desarrollo productivo para mitigar los efectos ambientales del consumo de combustibles fósiles (Gaona, 2009). La planificación para implementar cultivos con miras a la producción de biocombustible es una de las prioridades para aprovechar las ventajas cualitativas (variedad de ecosistemas) que tiene Colombia (Campuzano, 2009; citado por Gaona, 2009).
La política de biocombustibles está enmarcada por distintas iniciativas y normas que buscan promoverla. En el documento CONPES 3510 (2008) se encuentran los lineamientos de política planteados para promover la producción sostenible de biocombustibles en Colombia. De igual manera la promoción de biocombustibles ha estado plasmada en los dos Planes Nacionales de Desarrollo (García y Calderón, 2012).
La producción de biodiésel genera empleos en el sector rural, los cuales están encaminados a reducir el impacto ambiental hasta alcanzar niveles sostenibles, denominados empleos verdes (Gaona, 2009), según proyecciones del CONPES (2008) en el 2015 se generarían 29.988 empleos directos al año, sin incluir el empleo generado en procesos de transformación y comercialización.
Es claro que existen diferentes puntos de vista acerca de la utilización de la tierra, los cuales generan un choque, en primer lugar por el cambio de uso de la tierra destinada a la agricultura por la producción de biocombustibles, lo que se ha llamado un riesgo en la seguridad alimentaria; por lo que Gaona (2009) deja en claro que el documento CONPES 3510 (2008) habla de la estrategia para armonizar la Política Nacional de biocombustibles con la Política Nacional de seguridad alimentaria y nutricional, para que llegado el caso en el que se vean afectados los precios de la canasta familiar se implemente un mecanismo compensatorio por parte del Gobierno Nacional, a través de la Comisión Internacional para el Manejo de Biocombustibles.
Se justifica la producción de biocombustibles en el país como un opción de búsqueda de autosuficiencia energética, mejoramiento de la calidad de aire, salud pública y generación de empleo, en especial en el sector agrícola (Gaona, 2009).
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Se considera que la reducción de GEI al reemplazar combustibles fósiles por biocombustibles es del 30 al 50%. El interés es desarrollar materia prima para estos tipos de biocombustibles en donde no se utilice biomasa comestible, tal como residuos de celulosa, pastos perennes, entre otras (Eckardt et al., 2009). Las proyecciones indican que los precios de los alimentos a nivel mundial tendrán un aumento significativo por lo que es importante empezar a investigar y desarrollar formas de obtención de biocombustible con plantas no comestibles (Gaona, 2009).
En el marco del El Plan Estratégico Nacional de Mercado Verdes – PENMV del 2012 bajo la coordinación del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible buscó “…Incrementar la oferta de servicios ecológicos competitivos en los mercados nacionales e internacionales, contribuyendo al mejoramiento de la calidad ambiental y el bienestar social” permitiendo de esta manera el promover la producción de energías limpias a través de cultivos bioenergéticos.
De igual forma sirvió inicialmente como marco nacional e institucional, dinámico y adaptable a los desarrollos de los mercados verdes internacionales, respondiendo de cierta manera a las necesidades del país y a las oportunidades de mercado que este sector representa para Colombia en el futuro.
A partir del año 2012 se reactivan los Negocios Verdes, con la formulación del Programa Nacional de Biocomercio Sostenible, y en el año 2013 se realiza la formulación participativa de los cinco (5) Programas Regionales de Negocios Verdes. Esta formulación participativa se llevó a cabo a través de talleres regionales que involucraron a los actores de los diferentes territorios.
Es claro que la producción nacional debe orientarse hacia los mercados internacionales potenciales, reconociendo que sectores se proyectan como los de mayor crecimiento. Las oportunidades según las tendencias de mercado al 2020 son eficiencia energética, movilidad sostenible, energías renovables y sostenibles, entre otros (BMU, 2009; citado por MADS, 2014).
El MADS adopta la Política de Producción y Consumo Sostenible (PPyCS) en el 2012 que pretende generar una cultura de consumo sostenible y transformación productiva, a través de la cual se integran el PML y el PENMV. El objetivo de la Política es dirigir los patrones de producción hacia la sostenibilidad ambiental, de esta manera se pretende generar oferta y demanda de bienes y servicios más sostenibles en los mercados, reducir la contaminación, conservar los recursos naturales y fomentar el uso sostenible de la biodiversidad, todo esto como fuente de competitividad empresarial. Simplemente busca impulsar el crecimiento económico por medio de una mayor eficiencia en la utilización de los recursos naturales y un uso sostenible de la biodiversidad.
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