CAPÍTULO II. JOSÉ LEZAMA LIMA O EL OCULTAMIENTO BARROCO
II.1. José Lezama Lima, ¿un vanguardista? ¿un neobarroco?
¿Por qué la obra de José Lezama Lima ha sido leída —sobre todo vía Severo Sarduy, Néstor Perlongher y Roberto Echavarren— como el punto de inflexión en la literatura latinoamericana hacia el Neobarroco? ¿Qué constantes tanto formales y estructurales17 como temáticas dentro de la escritura y pensamiento lezamianos provocan esa lectura que “desemboca” en el Neobarroco? ¿Es suficiente la visible y confesada traza/presencia barroca en la obra de Lezama para considerarlo como impulsor o momento de fuga hacia el Neobarroco? ¿Más allá de la lectura (para algunos tergiversación) francesa de Sarduy de la obra de Lezama Lima, hay realmente fundamentos para pensar lo neobarroco a partir del poeta de Dador? Este capítulo intentará dar respuestas a estas interrogaciones.
En una entrevista fechada en el 200618, el poeta (integrante de Medusario) y ensayista uruguayo Eduardo Milán, ante la pregunta: “Dentro de la herencia que nos legó la vanguardia, fundamentalmente con las perspectivas de Lezama Lima, Parra y Paz, ¿distinguirías a alguna de ellas como predominante?”, respondió:
17 Durante toda esta tesis distinguiremos forma de estructura, conceptos que comúnmente suelen confundirse o intercambiarse. Para dicha distinción, nos afiliaremos a la idea desarrollada por Gillo Dorfles en su artículo “¿A favor o en contra de una crítica estructuralista?”, recogido en el volumen
Estructuralismo y estética (1969). Según Dorfles: “La estructura es algo más que una forma: es un sistema
unitario no necesariamente ligado a una forma; corresponde, si se quiere hacer una comparación fácil con la fisiología, a lo que representa el sistema nervioso, o linfático, con respecto a una neurona aislada o a un ganglio aislado” (14). Así, podemos tener una estructura sin forma(s), pero toda forma requiere de una estructura para su cumplimiento. La forma configura, de ahí que pueda incluso aislarse; por el contrario, la estructura señala una totalidad en sus varios niveles, ya que podríamos hablar no sólo de la “estructura de una obra”, sino también de la “estructura de una época”.
18 Esta entrevista fue realizada por el poeta peruano Maurizio Medo, y puede consultarse en
Yo no sabría decirte cuál es la predominante en cuanto influencia de esas presencias mencionadas. Pero para mí, el poeta más importante de los nombrados es Nicanor Parra. Por una razón muy simple: fue el único de los tres que mencionas que afectó realmente a la poesía latinoamericana. Generó una incomodidad tan grande en la concepción del “poeta como vate” que escribir poesía después de Poemas y antipoemas era una cuestión de
replanteamiento constante. Además, lo que hace Parra con la materia prima poética, el habla cotidiana, es altamente arriesgado siempre. Es trabajar con lo gastado sabiendo que está gastado. En ese sentido Parra está más cerca de Mallarmé que toda esa banda de poetas neo-órficos que se la pasan
renaciendo.19
Tanto la pregunta como la respuesta anteriores contienen varias confusiones. La primera, una pifia menor por parte del entrevistador, es colocar a Lezama Lima, Parra y Paz como poetas vanguardistas, cuando en realidad pertenecieron histórica y
estéticamente al período posterior a las vanguardias20. Otra confusión más delicada y compleja, es pensar a Nicanor Parra como el “más importante de los nombrados”, y además como el que “está más cerca de Mallarmé que toda esa banda de poetas neo- órficos que se la pasan renaciendo”. Aquí no estamos ante un caso de simple cuestión de criterio personal. Con independencia de que estemos ante un ataque por parte de Milán a la poesía y al pensamiento poético de Lezama —no olvidar que el sistema poético lezamiano tiene una de sus bases en la tradición órfica, como lo demuestra su ensayo “Introducción a los vasos órficos” —, el cuestionamiento de peso estaría dirigido precisamente a la idea de que Parra es más cercano a Mallarmé que Lezama. O, para decirlo de otra manera, que Parra es más continuador del pensamiento poético moderno que Lezama Lima. Tal afirmación delata errores de lesa ignorancia. ¿Por qué?
19 Ídem.
20 Las vanguardias tuvieron durante la década de 1920, y hasta inicios de los años treinta del siglo XX, su momento de real desarrollo. Las poéticas y/o movimientos inmediatamente posteriores a las vanguardias son, para algunos críticos como Enrique Anderson Imbert, parte de las llamadas “Posvanguardias”.
Uno de los poetas latinoamericanos (incluso podemos ampliarlo a todo el panorama hispano) donde con mayor complejidad se manifiesta la tradición poética moderna — cimentada en el Romanticismo alemán y sobre todo en la lírica francesa de Baudelaire a Valéry, todos ellos con sus recepciones de Edgar A. Poe— es en José Lezama Lima. De hecho, su posterior asimilación por parte de Sarduy y Néstor Perlongher con el objetivo de configurar una posible definición del neobarroco latinoamericano —repitámoslo: estética continuadora del pensamiento poético moderno como ninguna otra en el panorama hispano en los últimos cuarenta años—, confirman la sentencia anterior.
Si la obra de Lezama ha sido pensada como fundadora (o cuanto menos anunciadora) de la estética neobarroca, es precisamente porque en ella se logra, gracias al enroque de la tradición poética moderna y de la tradición barroca hispana, un pensamiento poético (para muchos un sistema) sin paralelos en la historia de las letras hispanas en el siglo XX. Las próximas páginas intentarán demostrar la afirmación anterior. Asimismo, intentarán exponer la importancia y la culpabilidad de Lezama en la aparición y posterior desarrollo del neobarroco latinoamericano.