CÚARTA PARtE.
154 JOSÉ MANUSL TIIDALGO,
mayores goces y consideración: Todo lo aceptóel 1 babieca, y estaba encentado de esa vida y decsa
niñistad, E
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Yolande veis en Lil,entón lo qce vió en Bozel, un etiinplernento indispensable A su chic; el eora~6n
nada tenia cp~ever en elle. Aquél era más ameno y bullicioso; y como estabaconveñido que tenia macha gnacia, se erejan obligados á reir de cuanto decía;-
Le encontrabadnfle, es decir gracioso, si bien.saáa más propiollamade un drdlc, que no es lo mismo, pues el aditaraentó del un significa que se es ah
pifio.
Tolaude y él es sonreian en público como si se -
amaran, como se sonreian. los augures al ~nc6ii-: trarse, y así pasaba ci tiempo sin que llegara haMa’.::E ella que tenia la indecencia de echarla decomidillá:
á sus amigas para divertirla.s con las confianzas que
les hacia, y lisoajear al mismo tiempo su ámon.pro-.. pio; villania más frecuente de lo que sospecha ~:
ViCTIMAS DEL CIlIO, . isa.
gen le que vive en una atmósfera sana A ignora hasta donde va la desvergüenza de cinchos de la juventud dorada.
Quiéii sabe cuásto tiempo habrían continuada así, si al cabo de un año no hubiese surgido un. acontecimiento que dió al traste con todo l
En todas las operaciones de Folsa, Libertón daba los consejos y Esternay el dinero, puliendo ambos el beneficio, si lo hubiera, y como nunca lo habla, los corredores de Bolsa as pagaban con lo qimEster— cay babia depositado como garantia, y así de ope~ ración en operación se quedó sin nada. La quu le di~ el golpe da gracia faé la pérdida en la estrepitosa baja de los metales, en que ~e hablan empañado febrilmente tantos óapitalcs,.quc arruiné A numerosas familias conocidas y á la misma empresa. M mi~no: tiempo habían propuestoÁ Libertón un negocio que creía seguro, infalible, y naturalmente se lo acullá, metiendo en. él todo lo que le quedaba, con la certeza de ganar veinte veces más de [o que arriesgaba,’ y ‘ya echaba en su cabeza l~scuentas de sus ganancias
y de sus grandezas futuras.
Pero el uno por tontó y ambicioso, ~el otro por
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josÉ
MANUaL hIDALGO.ambas pérdidas se hicieron públicas, achacándose con razón A Libertón la reina ¿le Esternay~
Gran golpefué para Yolande la ruina de su mari- do, cuyo nombra se citaba públicamente entre las victimas; pero casada bajo el régimen dotal, ~ucae- ¿ltd quedaba salvado, y con él iban á vivir ambos el resto de su vida. Difícil habria sidoAYoiandeeni— prenderla contra su marido; el mal estaba hecho, la querella era inútil, y sobre todo, el riesgo de~que se vengase en ella con na cscñndalo, debia cvitars~ asi quc~de acuerdo con la Baronesa, afectaba cora- padecerle y basta le mimaba con .tanttmás .rancjtd. Edad, qoe ni un centúvo salía de sus are~spara: pa— gar esas imprudcaeias~que A menudo se ve arruinan: A hombres más prúcticos y avisados que el nulo de Esternay.
Arruinado Libertón, no le era posible permarie- ter en París; no era su corazón el que sufria por alejarse de Yolande, sino su amor propio;, bien sabia jue en breve seria reemplazado con la misma pron- titud que él reemplazó A Bozel. La idea de suicidar- se, como hizo una persona muy conocida por haber también perdido en los metales, era contraria ~.su apegoá la vida, y pensando en lo que han heóho
VÍCTIMAS DEL CHIC. 137’
tantos jóvenes conocidos, arruinados por el juego y los pladeres, se enganché en la misma semana y es loA A servir como, soldado en Argelia.
Todo esto eontrari&y puso de ma! talante ú Yo- Isnde; pero tenía que disimular y seguir apareciendo alegrc y feliz, como lo aparçeia el dia y la noche desda que era chic.
En un largo coloquio con la Baronesa, ledecia:
— No tengo suerte; ci uno por ingrato y el otro
por pillo, me quedo sin ninguno.
— Asi es, pero mira, necesitas distraerte;ya sa-
bes lo que hice antes de casarme; hazio tú casada. No tienes idea de lo divertido, de lo que embriaga la conquista de nn hombre que Cstá á los pies de una ‘dama guapa; es oria lucha sujeta A pcripeoias picantes, á situaciones difíciles que aguzan el inge— nioy dan valor para todo hasta alcanzár el triunfo: sigue mi ejeffiplo y verás que la vida perderá para ti su monotonia, que la imaginaciún se distrae en la estrategia, cuino los generales qne en la vispera de la batalla meditan sus planes para ejecutarlos al dia siguiente. Y el combate no aer~en apartado sitio y callandito, sino en vistoso palenque, como brillan- te torneo en que resuenan los aplausos al vencedor,
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6 mejor diciendo, A la vencedora, ~ Vas A sentirte. otra, crecerás á tu? propios ojos, hasta el día en puedas recrearte en el triunfo ante ti misma y atite: eL público, que dirá eres la mujer m~Shábil y ~ ductora que se ha visto~ ,
La vehemencia, la energia de la Baronesa, iáftt&4 din á Yolande un ardor bélko, como Itt marcha mili.J tarda entusiasmo al soldado ‘para arrojarse ~ zmgo Su orgullo femenino se amparo de ella, olvidA a Libeiton, se coasolo de la ruina de su marido, ya no pen~é~sinoen planes, combates y tiiuníos
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