CAPÍTULO III: INSTITUCIONALIZACIÓN DEL FOLCLOR EN LIMA: LA
3.4. El debate por la autenticidad y la academización
3.4.1. José María Arguedas, Conservador de folclor
La labor de José María Arguedas ligado al estudio del folclor en el país, se rastrea desde las década del 30 y 40, mucho antes de ingresar a estudiar antropología al Instituto de Etnología de San Marcos. Entre esos años, empieza a escribir y publicar una serie de artículos en periódicos del extranjero, como La Prensa de Buenos Aires, donde va describiendo la cultura y la literatura oral del mundo indígena.
“Desde el año de 1937 vengo estudiando el folklore de mi país, especialmente la canción popular, las danzas y los ritos indígenas. Por haber nacido y crecido en un pueblo de indios, y por sentir en lo más íntimo y esencial de mi espíritu muchas de las virtudes de la psicología india, dedico mi vida a demostrar que el pueblo indio y mestizo de mi patria tiene grandes, originales y nobles posibilidades de creación espiritual y de trabajo y rendimiento económico” (En Pinilla 2007: 143).
Desde estos años Arguedas tiene un vínculo muy estrecho con el recojo de informaciones folclóricas, y que luego ve complementada y sustentada profesionalmente con los estudios que realiza posteriormente en el recién creado Instituto de Etnología. Ello le permite “…respaldar su saber vivencial y (…) realizar «profesionalmente» una tarea que él ya venía desempeñando espontáneamente (…)” (Pinilla 2007: 221). Precisamente el ingreso al Instituto le da un sustento teórico y académico a sus estudios y opiniones respecto al folclor, con lo cual le permite defender y condenar a aquellas prácticas estilizadas y “no auténticas” que se empezaban a realizar en la ciudad de Lima.
Para Arguedas (1964a), el folclor como disciplina es el estudio de las artes tradicionales de cualquier pueblo, cuya forma de transmisión “no pueden aprenderse sino tradicionalmente de viva voz, “por boca”, por explicación oral, por imitación. El folklore es el arte del pueblo” (p. 11). El folclor, por tanto, estaría constituido tanto por la literatura oral (cuentos, mitos, leyendas) como por la música y la danza, y que a su vez eran aprendidas por aprendizaje natural, de generación en generación, y que reflejaba la condición de vida y cosmovisión de cada pueblo. De este modo, el folclor era un vehículo para conocer a las poblaciones, pues era una especie de
depósito de la tradición y la herencia cultural. Para el caso específico de las danzas, estas serían una forma de expresar vínculos con lo ancestral y lo divino.
Como mencionamos en el capítulo 2, a fines de la década del 40 y comienzos del 50, el Estado trató de conservar las manifestaciones folclóricas que se producían en Lima, mediante la emisión de algunas leyes o resoluciones oficiales, así también con la creación de la Sección de Folclor del Ministerio de Educación. Es en este contexto, Luis E. Valcárcel incorpora a José María Arguedas a dicho ministerio con el cargo de “Conservador general de folclor” en 1947. Tres años más tarde, en 1950, Arguedas asume la jefatura de la Sección de Folklore del mismo ministerio hasta 1952. Su principal función fue la de velar por la autenticidad de los espectáculos folclóricos (de los trajes y las músicas tradicionales) que se realizaban en diversos espacios, como coliseos, teatros, radios, etc.59 (Merino 1970, Pinilla 2004, Cornejo
Polar 1995). Como recuerda su hermana Nelly Arguedas cuando dice:
“(…) Los domingos íbamos al Coliseo Cerrado Nacional, que quedaba cerca de mi casa, en la Victoria. Él tenía la misión de supervisar el vestuario con que se presentaban los artistas de cada región. Debía ser auténtico, típico; de los contrario no daba su visto bueno, pues como Jefe de la Sección de Folklore, Bellas Artes y Despacho de la Dirección Artística y Extensión Cultural del Ministerio de Educación (…) era muy estricto en el cumplimiento de sus funciones y no permitía que los usos y las costumbres de los bailes típicos se modificaran” (En Pinilla 1999: 319).
Es en estos años y en este contexto institucional del Estado frente a las prácticas folclóricas en Lima, surge un dilema respecto al mismo: ¿qué sucede con la profesionalización del folclor en Lima durante las décadas de los 50 y 60? ¿Qué sucede cuando aparecen conjuntos, agrupaciones que modifican, cambian el sentido de las danzas y músicas andinas? Es aquí en donde hallamos los calificativos que
59 Luego de permanecer como Jefe de la Sección de Folklore del Ministerio de Educación, Arguedas
continúa asumiendo cargos en algunas otras instituciones del estado. Entre ellas, y más ligado al ámbito de la antropología, asume la Jefatura del Instituto de Estudios Etnológicos del Museo de la Cultura. Mientras que continúa como Secretario del Comité Interamericano de Folklore con sede en el
Perú, editando la revista “Folklore Americano” desde el primer número al noveno, hasta el año 1961.
Ya en plena Junta Militar se decide crear mediante Decreto Supremo Nº48 del 24 de agosto de 1962, la Comisión Nacional de Cultura, como un organismo autónomo en sus acciones pero dependientes
administrativamente del ramo de Educación Pública, teniendo como misión: “encauzar y fomentar y
difundir la cultura en todos sus aspectos dentro del ámbito nacional” (Nº1 del Decreto). Posteriormente, en el año 1963 mediante el Decreto Ley 14479 se crea la Casa de la Cultura del Perú,
como organismo ejecutivo de la Comisión Nacional de Cultura. De este modo, en agosto de 1963
Arguedas ingresa nuevamente en una institución estatal, esta vez como Director de la recién fundada Casa de la Cultura. Su permanencia duraría exactamente un año, cuando en agosto del año 1964 renuncia, como forma solidaria, por el alejamiento del Dr. Carlos Cueto Fernandini a la Presidencia de la Comisión Nacional de Cultura (Merino 1970, Cornejo Polar 1995).
Arguedas sobre la “estilización” y el sentido de lo inadecuado de la labor de Rosa E. Figueroa.
Entre las cartas, artículos y cartas de respuestas entre ambos personajes sobre el asunto de la profesionalización del folclor, se encuentran tres argumentos que son los que rigen la polémica: por un lado, Arguedas cuestiona la academización del folclor, es decir, que el hecho folclórico no puede ser enseñado en la medida en que este se origina a partir de la herencia social y de contextos culturales particulares; por otro lado, se debate la estilización y la conversión del folclor en espectáculo; y finalmente, se resalta la autoridad académica de Arguedas quien apela a su condición de antropólogo para cuestionar a Figueroa y la academización del folclor que realizaba con su escuela.