CAPÍTULO I. FRAY JUAN DE ROJAS APROXIMACIÓN BIO-BIBLIOGRÁFICA
1. NOTAS BIOGRÁFICAS
1.7. Juan de Rojas, un episcopado trágico (1682-1685)
Tenemos al P. Rojas a partir de 1681 como simple religioso del convento madrileño, después de su segunda encomienda169, y dedicado a ultimar la composición de su Torre de
David, que aparecerá en 1683. A principios de ese mismo año le vemos todavía en Madrid170. Después de su experiencia en el gobierno de diversos monasterios, pronto le vendría su nominación como Obispo.
Según Fray Pedro Nolasco Pérez171, en la sesión de 17 de junio de 1682, Rojas es propuesto al rey Carlos II por el Consejo de Indias para el Obispado de León, sede episcopal de Nicaragua.Aunque iba en tercer lugar de la terna, fue aceptado y elegido por el monarca. Tras su elección como Obispo, fue presentado al Papa Inocencio XI el 14-XII-1682, y preconizado172 en marzo de 1683. El 10 de Abril del mismo año ya dispone licencia para pasar a América en el navío la Santísima Trinidad, y desde enero, antes de la preconización, tiene Cédulas Reales173, urgiéndole su marcha. La Real Cédula de 22 de Enero de 1683 que el Rey dirige a Rojas para que vaya a gobernar su Obispado, destaca por la urgencia del encargo, para que parta inmediatamente a su destino. Le adjunta una carta que deberá presentar al cabildo catedralicio, para que le den posesión del gobierno diocesano, entretanto lleguen las bulas papales (sin las cuales no se podría posesionar). Es decir, el rey hace caso omiso al procedimiento papal. Su predecesor diocesano, por ejemplo, el también mercedario Fray Andrés Navas de Quevedo, y con poco más de 40 años, recibió las bulas en España. La R. Cédula indica que el mercedario ha de partir «yendo personalmente» y se ha de ocupar y entender «en el gobierno de dicho Obispado». Con la misma cédula se despacha otra, con idéntica fecha, al Cabildo de Nicaragua, para que reciban y dejen gobernar al nuevo Obispo. Insiste el Rey en que «yendo personalmente el dicho Fray Juan de Rojas» se le dé poderes y «que no habéis de ejecutar lo referido, si el
168 Dicho “estilo” tiene una larga tradición, pues «Allí verás como usaron de él los Santos, y Autores
Antiguos; y no extrañarás ver aquí más repetidas las consonancias, reconociendo la razón que este grave autor allí da por causa, para usar de ellas a que yo me he adelantado por lo mismo» (Al pío lector).
169 La portada del Compás de Perfectos lo atestigua: «Comendador que fue dos veces del Convento de
Cuenca, una del de Segovia, y otras dos del de Madrid».
170 Así consta en la protesta de la impresión de 1683 del Compás de Perfectos, fechada «En este Convento
de Madrid del Real Orden de N. Señora de la Merced, Redención de Cautivos, en 8 de enero de 1683». El 13 enero de 1683 el Corrector general Lic. Don Francisco Murcia de la Llana en su Fe de erratas señala a Fray Juan de Rojas como «Religioso en el de Nuestra Señora de la Merced».
171Los Obispos…, pág. 262. El texto completo de las Reales cédulas posteriores en págs. 263 y ss. 172 Preconizar: «Proponer y hacer relación, en el Consistorio Romano, de las prendas y méritos de algún
sujeto, que está nombrado por un Rey o Príncipe Soberano, en alguna Prelacía u Obispado» Autoridades.
173 El texto completo de la Real Cédula en Pérez, Los Obispos... pág. 263. Ibid., pág. 264. Sobre Andrés
Navas, cito del episcopologio nicaragüense referido por R. Recolons, «Diócesis de Nicaragua»... en Aldea, Marín, Vives, (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, 5 vols. Madrid, CSIC, 1973, vol. III, pág. 1772.
mismo electo Obispo no os requiere personalmente, con esta mi cédula, y sin admitir procurador, ni excusa alguna, porque mi voluntad es que él haya de ir, en persona, al gobierno de su Iglesia». Pocas opciones de renuncia u otro tipo de componenda le quedaban a nuestro viejo fraile. Fue consagrado algunos meses después en la Catedral de León de Nicaragua174.
Sobre el origen de esta promoción afirma el P. Gómez175, refiriéndose al Catecismo, que «no deja de ser probable que haya jugado buen papel en el Obispado de Rojas». El Catecismo Real, libro de “educación de príncipes”, lo concibió Rojas «con el deseo de ponerle a los Reales pies de su Majestad, que Dios guarde»176. Pero, «como el reverente respeto, puesto de parte del debido temor, acortó siempre los ánimos de los humildes, ocasionando los accidentes de turbación, que con su grandeza causan las Majestades….», lo dedicará al Maestro y ministro de Carlos II, el famoso jurista Don Francisco Ramos del Manzano 177, según nos cuenta en la dedicatoria del tomo I de su obra, pues —añade a continuación— «Un Alfabeto Coronado ¿a quién mejor puede dedicarse que a V. S. Ilustrísima, que es el rey de las letras?»178. Al mismo Ramos del Manzano va dedicado el tomo segundo179. También dedicó su Candelero (1674)a
174 Tal celeridad estaba posiblemente motivada para impedir cualquier maquinación de no “ir a misiones”,
con una renuncia posterior a la ordenación episcopal en España, como era frecuente en la época, de ahí la prohibición de consagraciones episcopales para diócesis misioneras en territorio hispano.
175 E. Gomez, O. de M., «Espiritualidad mercedaria», Estudios, 12 (1956), págs. 341-355.
176 Lo afirma igualmente en la dedicatoria de sus Representaciones al Obispo Juan Asensio: «Mi Catecismo
Real… que para el Rey nuestro Señor (que Dios guarde) imprimí el año pasado de 72, en esta Corte».
177 El Maestro y ministro de Carlos II fue un erudito y profesor español. Nació en Vitigudino en 1604 y
murió en 1683 en Madrid. Doctor en Leyes, Teología y Letras. Catedrático de Derecho de la Universidad de Salamanca. Mereció la admiración de sus contemporáneos por su personalidad y aptitud sorprendente para la cátedra. Según Mayáns, fue Ramos del Manzano el jurisconsulto más admirable de su época. Vivió algunos años en Florencia, Bolonia, Nápoles y Roma, logrando igualmente el respeto y la admiración de los más famosos juristas italianos. Obras: El memorial a nuestro santísimo padre Alejandro VII sobre la provisión de las iglesias que están vacantes en la Corona de Portugal —Madrid y Nápoles, 1659 y 1666—, Respuesta de España al manifiesto de Francia —Madrid, 1668—, Reinado de menor edad y de grandes reyes —Madrid, 1672. Tomo la mayoría de los datos de Federico Carlos Sainz de Robles, Ensayo de un Diccionario de la Literatura, Madrid, Ed. Aguilar, 1973, 2 vols. II, pág. 995. Como vemos, no consigna la faceta de Maestro y ministro de Carlos II, lo cual es fundamental, en nuestro caso, para comprender la dedicatoria de Rojas, y el papel que pudo jugar en su promoción al episcopado.
178 Y con sentido práctico añade: «y por muchas razones elegí la de V. S. Ilustrísima, reconociendo que
como de Maestro (y tan grande) de su Majestad, la tendrá muy hecho a ofrecerle libros (propios y ajenos) para que el Magisterio logre la Real enseñanza, que no puede sin estos instrumentos... ».
179 En esta dedicatoria se nos muestra Rojas buen conocedor de la emblemática, utilizando ad hoc el
instrumental que le proporciona Alciato. Ante la necesidad de una doble dedicatoria, recurrirá a un texto alciatino (Emblema CLXI, Auxilium numquam deficiens), estableciendo su propia glosa. Porque, opina Rojas, «Libros duplicados solicitan protecciones repetidas. Tantos fueron aquellos, que no les faltaran, en el valiente, y poderoso escudo que eligen para estas. En uno halló dos Myrtilo, que con título de auxilio indeficiente celebró Alciato en este Emblema [Auxilium numquam deficiens], [CLXI], [43]: Bina pericla unis effugi sedulus armis, / Cum premererque solo, cum premererque salo. / Incolumem ex acie clypeus me pr[a]estitit [:] idem / Naufragium [Navifragum] aprensus, lit[t]ora adusque tulit. [y explica y aplica la intención] Cuando es poderoso el protector, él solo basta para muchas protecciones, que si es fuerte el escudo, no le dejan tan gastado las flechas de la tierra, que no pueda servir de tabla, para lograr escaparse en ella de los naufragios del mar. Pues ¿qué importa que mis libros sean dos, si es su escudo tan fuerte? Bien haya mi elección, que supo asegurar su defensa, previniéndose de tales armas, y darles en V. S. Ilustrísima tan poderoso dueño, tan piadoso protector, y tan firme escudo, que no tienen que temer los peligros por que muchos que sean, si V. S. Ilustrísima los recibe, y favorece con la sombra de su gran protección». Hemos corregido el número del emblema y la cita textual latina, a partir de la edición de Santiago Sebastián. Cfr. Alciato, Emblemas, Ed. de S. Sebastián, Madrid, Akal, 1985, pág. 203.
un personaje influyente en la Corte: Doña Mariana Engracia de Toledo y Portugal, Aya del Rey Carlos II.
Su nombramiento es la conclusión de una carrera de predicador, de gobernador de conventos de importancia, como el de Madrid, junto con sus títulos académicos y su producción literaria, sin menoscabar la posible influencia del Maestro y Aya del Rey. La versión de Hardá y Jover es más convencional: «Cumque nominis sui celebritas diffussa circumquaque ad Regias aures delata esset, factum est, ut, postmoderatam Carracensem, Secoviensem, et non semel Matritensem domum, a Carolo II Hispaniarum Rege Ecclesiae Nicaraguensi in Novo Orbe datus sit meritissimus Episcopus»180. En la Cédula Real (100-1-12-vol.15-fol.334), despachada al Cabildo de Nicaragua, y refiriéndose a Rojas, comunica el Rey al Deán y Cabildo «la buena relación que he tenido de su persona, letras y vida»181.
En vida de Rojas no consta ningún episodio polémico. Fray Juan no estaba precisamente dotado de “boca caliente”, con excepción de algunos momentos en el púlpito (por otro lado tan típicos en el sermonario de la época), aunque no olvidamos su alta estima por el conflictivo predicador Fray Hernando de Santiago182, hermano de hábito, a quien define como «gloria de mi Religión» en su prólogo a La Verdad Vestida (1670), o las páginas críticas a la sociedad madrileña en la misma obra, a propósito de las fiestas locales madrileñas del Sotillo183, San Blas y el Ángel. También fueron aceradas sus palabras dirigidas a la Corte en el prólogo de su
Candelero, cuando escribe refiriéndose a Falconi, que «aun cuando los caminos Reales están ocupados del vicio... en las llamas de esta Cortesana Babilonia supo vivir Falconi, ángel salamandra...». No obstante, era enviado a una Diócesis pobre184 y de reconocida peligrosidad y conflictividad185. La pobreza de la diócesis a la que va destinado es tal, que el Consejo de Indias pide al Rey que conceda al Obispo electo mil pesos para los gastos de bulas, pontifical y viaje186.
El gobierno episcopal duró poco más de dos años, pues murió el 25 de Noviembre de 1685, en el pueblo de San Pedro de Metapa, actualmente Ciudad Darío. No se le conoce ninguna publicación pastoral, ni existen documentos diocesanos sobre su actividad como obispo. Su
180Bibliotheca Scriptorum... pág. 542 181 En Pérez, Los Obispos... págs. 263-64.
182 Algunos aspectos tormentosos de la vida de Fray Hernando se recogen en mis dos artículos citados. 183 El Sotillo, a orillas del Manzanares, gozaba de merecida mala fama como lugar propicio a las aventuras
galantes y a la prostitución. Hoy sigue ocurriendo lo mismo, no lejos de allí.
184 Algunos datos sobre la Diócesis aporta Ritzler y Sefrin, Hierarchia... pág. 287: «A. 1670. Epatus de
Nicaragua sita est in Indiis occidentalibus; eius caput est civ. Legionem, quae continet 50 focularia, sub dominio temporali regis cath.; eccl. Cathedr. sub invocatione B.M.V. suffrag. Metrop. Mexican.; in ea sunt 5 dign.; valor ann. fr. mens. Epalis 500000 morapetinorum; in civ. sunt 2 conventus virorum; dioec. amplectitur 40 eccl. paroec. (P.Cons.[Processus Episcoporum S. Congregationis Consistorialis] 69 f. 342 s.); taxa 33 1/3 flor. (AM 42 f. 120)».
185 «Como todas las naciones centroamericanas, sus tres provincias diocesanas (Nicaragua, Costa Rica y
Nueva Segovia) fueron constantemente codiciadas por su valor estratégico. Este hecho atrajo a piratas y a codiciosos gobernadores, y repercutió en la vida eclesiástica de la diócesis a lo largo de toda la época colonial española» en R. Recolons, «Diócesis de Nicaragua».... Vol. III, pág. 1772.
186 Pérez, Los Obispos... pág. 264. El texto dice: «Señor: El Maestro Fray Juan de Rojas… ha representado
que, aunque le está concedida la tercia parte de la última vacante de él para ayuda a los gastos de las bulas y pontifical, es tan corto su valor que no alcanza a superarlos; y respecto de que se halla falto de todo remedio para poder hacer su viaje…».
muerte sucedió, según Pérez187 «practicando la visita pastoral y a causa de un accidente mortal que le sobrevino por haber andado largo trecho, a paso muy violento, para evitar que le aprisionaran los piratas ingleses que acometieron aquella provincia»188. La diócesis fue prácticamente destruida. La Catedral, Seminario y Palacio episcopal, que habían sido construidos recientemente bajo el mandato del antecesor, fueron arrasados. C. Oviedo189 anota los últimos momentos de Rojas, a partir de una carta de fecha 9-2-1685 dirigida al rey Carlos II por el Arzobispo de Guatemala, y antecesor de Rojas en Nicaragua, Fr. Andrés Navas, también mercedario: «falleció el 25 de noviembre del año pasado 1685, huyendo de los piratas enemigos, en el pueblo de S. Pedro de Metapa, treinta leguas de León, en una pobre choza de paja, y murió sin el socorro de los santos sacramentos»190.
En la actualidad, se encuentra sepultado en la iglesia de la Parroquia de San Pedro, en Ciudad Darío (Nicaragua)191.