ATARAZANAS: Sol de domingo brillando sobre las aguas serenas del puerto, sobre las cosas y los hombres. Estos se hallaban en plena fiebre de combate. Fuego de fusilaría ensordecedor. Gritos, unas veces de maldición, otras de triunfo. Rumores de marejada humana y súbitos silencios para preparar una estratagema más eficaz para vencer a los atacantes, la casta del privilegio que no quiere soltar su presa milenaria. El poder. En las calles, se dirimía el 19 de julio, tal tremenda contienda entre la Opresión y la Libertad.
Los defensores de ésta, eran ya muchedumbre. Una llamada ardiente, apasionada, hecha por una minoría de hombres, el alma encendida por un ideal, los arrastró a jugarse cara a cara sus vidas contra sus enemigos los fascistas: desdoblamiento del explotador, del sacerdote no sacerdote y del militar al servicio de la reacción.
Juan Yagüe anda entre esta multitud ardorosa y combativa que dominando la agresión se disponía para el alumbramiento de una nueva forma de convivencia humana. Él estaba radiante, jadeante de emoción, los ojos iluminados por el entusiasmo. Lo vi, y pasó por mi imaginación la vida de aquel hombre. Hacía unos años que lo conocía. Venía a Tierra y Libertad a coger periódicos invendidos. Otro tanto hacía con otras publicaciones nuestras, y cargándose de enormes paquetones, se iba a distribuirlos a las tripulaciones de los barcos anclados en el puerto, sobre todo entre los que arribaban de América del Sur entre los que tenía muchos amigos. Él también había sido marino y navegado por todos los mares del mundo, pro- pagando por todo él las ideas libertarias. Era en extremo delgado, tenía ojos de fiebre, estaba siempre afónico del continuo perorar. En todo momento hablaba de las ideas, viviendo completamente para ellas. Consumiendo sus energías físicas y morales en su propa- ganda. Acabada su tarea de reparto de prensa, llegaba al anochecer al local del periódico extenuado, muerto de fatiga, exhausto de voz y entonces se acostaba sobre un montón de Tiempos Nuevos y Tie- de hacer de los chicos un auditorio de nuestras proezas o fracasos,
debemos llevarles con su nula preparación de militantes a la Organi- zación ya sea ésta pobre, o reducida y en el seno de la misma, ins- truirlos y organizarlos, no como oyentes espectadores, o meros alumnos. Hay que darles paso a las cargos más notables y responsa- bilizarlos de ellos.
Remozar nuestro movimiento con una materia nueva, un tanto desligada de nuestras amarguras internas, de nuestras enemistades y de nuestros rencores recíprocos.
Dar a nuestro movimiento una tregua de serenidad y de reposo a la nunca bastante bien ponderada militancia que arranca desde principios de siglo hasta nuestros ajetreados días.
No nos dé aprensión el que lo hagan mal o deficientemente. Es por el ejercicio de la actuación por el que encontrarán como encon- traron sus predecesores, el camino del acierto y la sabiduría.
Agrupemos a nuestros pocos o indoctos juveniles, en el supues- to que sea así, pues seguramente serán más numerosos de lo que pensamos, y a lo menos tan doctos como éramos nosotros en sus tiempos, y llenos de generosidad los viejos, les dejemos vía libre y les digamos de corazón: ¡Paso a la juventud!
¿Y si, en acción de gracias, se les ocurriese cometer alguna divina locura, la de hacer en España algunas proezas como las que oyeron contar a sus padres?
Anarquista fiel y generoso Esforzado luchador
A quien ni el tiempo ni el martirio El entusiasmo apagó
Las Juventudes te recuerdan Y de tu vida aprenderán Viva por siempre
La anarquía que es el sol Sol de justicia social
Jóvenes, conoced estas figuras de nuestro movimiento, ellas os alentarán en el camino de la lucha y quizás os transmitan lo mejor de ellas: su entusiasmo y su convicción. En la nueva etapa en que la contienda se prevé muy difícil, os hará mucha falta esa fe, esa con- vicción profunda indispensable para hacer triunfar una idea.
Os hará falta, además, una preparación cultural muy sólida. Durante el periodo del 36 al 39, acusamos un fallo en las capacida- des orientadoras de nuestros militantes. No tuvieron éstos los medios para prepararse debidamente para llevar a cabo una buena ordenación en la marcha de las complejas sociedades modernas tan múltiples y precisas.
No obstante, las realizaciones en el orden de Economía de Defen- sa y culturales fueron considerables y hasta grandiosas a pesar de sus imperfecciones. Hay que tener en cuenta que la casi totalidad de estos hombres tuvieron la cárcel por universidad. Otros, aprendie- ron por propia iniciativa, un poco atropelladamente, en libros y con- ferencias. Muchos sacrificando las cosas más indispensables en el orden material para tener dinero para comprar libros y horas al des- canso corporal para su lectura y estudio. Les guió un instinto certero para saber elegir entre la diversidad de ideas, las más razonables, las más humanitarias y generosas pero que exigen también un gran sacrificio para propagarlas. Estas generaciones fueron los pioneros de las experiencias y de inmolación.
Muchos aún de la nueva juventud serán sacrificados. Por desgracia aún habrá que derramar sangre para que vuelva a regir en España un clima de libertad. La estupidez de los hombres que dirigen la política y que no respetan más ley que la fuerza bruta, nos obligarán al com-
rra y Libertad (no teníamos cama para darle) y dormía unas horas
para reemprender la misma tarea al día siguiente.
Unos días antes de la tremenda convulsión de julio, fue Juan Yagüe el que, en sus andanzas por el puerto, descubrió un barco con un cargamento de armas. Avisó a los compañeros y éstos se apo- deraron del armamento, gracias a éste, la defensa contra la agresión pudo contar con un buen refuerzo.
Naturalmente Yagüe estaba aquella mañana del 19 de julio entre sus hermanos combatientes. En un rato de calma entró en el local del Sindicato del Transporte Marítimo, se encontró conmigo y me dijo: «Ven, verás lo que estoy haciendo. ¡Algo estupendo!» Nos fui- mos y nos adentramos por unas calles mudas, desiertas, en las que se percibía una quietud de angustia. Entramos en un taller de mecá- nica. Sobre unos tableros había unos objetos de formas redondas. «Ves, ¡son bombas! Bombas que estoy preparando para luchar contra los fascistas». Lo dejé allí, sólo, cargando aquellos artefactos de una forma rutinaria con lo que ponía a cada momento su vida en peligro. Unos días después tomó parte en la expedición a las Islas Baleares. A su regreso marchó al frente de Aragón. En Aragón (no puedo recor- dar el nombre del pueblo. ¡Maldita memoria!*) lo encontré un anoche-
cer. Entramos en una casa de campesinos. No había más luz que la del resplandor de un gran fuego de leña en la chimenea. La habitación estaba llena de humo de tabaco. Varios milicianos se hallaban tendi- dos por el suelo, con todo su armamento. Yagüe era entonces jefe de Milicias. Aquella noche lo vi todavía más magro, más exaltado. Me dijo que estaban preparados para atacar un pueblo a la madrugada.
¿Era Quinto? Confieso que no me acuerdo. Me despedí de él con una emoción inacostumbrada. Unas horas más tarde me llegó la noticia de su muerte en aquel combate.
Juan Yagüe, toda una vida consagrada y sacrificada a las ideas libertarias. Jóvenes, sabedlo y recordarlo. A mi memoria acuden como homenaje a él, unas estrofas de la canción Juventud que com- puso el compañero Jacinto Toryho:
*Juan Yagüe murió en la toma de Estrecho Quinto y Monte Aragón, ya en la Columna Roja y Negra.
tendencias, la dictadura comunista y la democracia burguesa, no hay solución satisfactoria a los problemas de vida en las colectivida- des humanas. La primera porque limita, castra la personalidad; la segunda porque diluye aquélla en una serie de concepciones arcai- cas, mezcladas de sofismas religiosos, que hacen del hombre o de la mujer un ser híbrido sin aspiraciones de nobleza espiritual. Frente a esas dos concepciones igualmente viejas e ineficaces, se ofrecen robustas, completas en su compleja estructura de variaciones, las concepciones del Socialismo Libertario.
Sobre las divergencias que separan nuestro movimiento, debe- mos recordar una respuesta que dio Max Nettlau a E. Relgis, cuando éste le interrogaba sobre unas diferencias entre el Socialismo y el Humanitarismo. Decía Nettlau: «Entre los humanitaristas*y los anar-
quistas no habrá ninguna divergencia si, tanto unos como otros, evi- tan caer sobre el influjo de cualquier concepción que considerasen como única, perfecta y que quisieran imponer a otros. Este no es el caso de los verdaderos anarquistas y no será el caso de los verdade- ros humanitaristas. Estos últimos —como yo los creo ver en su per- sona— son amigos del Socialismo integral. Los unos y los otros han visto la insuficiencia y el peligro del exclusivismo de las concepcio- nes y de las acciones incompletas, unilaterales. Éstas llevan a la into- lerancia, a la violencia y a la guerra».
Jóvenes: loor a Juan Yagüe y a todos nuestros caídos el 19 de julio: Francisco Ascaso, Cabrerizo, Juan López y P. López, a todos los compañeros que murieron en la guerra y los que han muerto a lo largo de nuestro doliente exilio. Formad de nuevo vosotros los nue- vos grupos de combate y de cultura. Lo primero para transformar a España, lo segundo para adquirir la sabiduría de todo lo que atañe al bienestar material y a los conocimientos morales sin límites en los horizontes de la libertad.
España Libre, Toulouse, de julio 1959. Firmado: Lola Iturbe. bate. Pero si triunfamos en éste, a vosotros, jóvenes con cultura, os
debería corresponder la tarea de las realizaciones las más perfectas, espléndidas y audaces posibles en la vida social de nuestro país. Para ello necesitaréis estudiar mucho. Ya que tenéis para instruiros univer- sidades en lugar de cárceles, aprovechadlo bien. Aprended, si que- réis, la fabulosa ciencia de la Economía y de la Mecánica moderna, pero que vuestros conocimientos técnicos vayan hermanados con una buena formación moral. Cuidar mucho de enriquecer vuestro espíritu con conceptos de libertad. Sed hombres lo más completos posible, lo más difícil de ser. Si la capacidad intelectual de los gigan- tes de la ciencia moderna, de la energía nuclear y de los audaces cohetes de la exploración del Espacio, fuese pareja a una formación moral libertaria, en el mundo se viviría ya, una vida más equitativa y libre dentro de las posibilidades humanas. Éste es el gran razona- miento que se hacía Kropotkin en una época en la que no existían tantos adelantos como en la presente.
Leed mucho, sobre todo a Proudhon, Bakunin, Kropotkin. Más cerca de nosotros están los faros luminosos que fueron en sus vidas y continúan siendo en sus obras, Rodolfo Rocker y Max Nettlau. Estu- diadlos. En cada una de sus páginas encontraréis maravillas de sabidu- ría; aprended por vuestra propia voluntad. Nettlau dijo: «Nuestras doctrinas no se enseñan. No se puede más que suscitar las cuerdas vibrantes del individuo y entonces formará sus propias ideas según las energías de su ser, las necesidades de su naturaleza, y se le prevendrá contra los errores, sin querer dirigir su conciencia. Realizar la libertad en sí mismo y alrededor de sí mismo, realmente el objetivo de su des- pertar por la propaganda y esa actividad será apoyada por la enseñan- za, el estudio y las facultades críticas apoyadas en la experiencia».
Estudiad también la Revolución. Kropotkin decía de ella «que era la madre de todos nosotros». Asimismo conoced a Fourier, Saint- Simon, R. Owen, los buenos escritores que aún nos quedan, el realis- ta Santillán, el poético y humano Dionysios, el gran literato Ramón Sender. También un libro que acaba de aparecer en París titulado Jeu-
nesse du Socialisme Libertaire del gran escritor Daniel Guerin.
Como también nos dijo en una conferencia Luis Mercier, nunca como ahora es de tanta actualidad, está tan remozada, la idea del
combatir al franquismo, no estaría fuera de lugar el que enviásemos al diablo, ya de una vez, los odios, las enemistades y la inoperancia, y aprovechemos rápidamente las energías que nos queden, para unir, recrear una sólida organización que estudiase los problemas de nuestras ideas y el combate a Franco. Unidad sin mezquinería; sin más condición previa, que el firme propósito por parte de todos de derribar a Franco, fidelidad a las ideas libertarias, e inteligencia en la acción a desarrollar. No obstante estas consideraciones que se deri- van de una interpretación, sobre la utilidad de nuestra unificación, a fuer de sinceros, afirmamos que los publicados artículos, fueron en su mayoría escritos en los dichosos y fructíferos años de nuestra absoluta unidad. Personalmente tenemos sufridos desdenes de algu- na de esas mujeres que hemos descrito, pero eso no cuenta en nues- tro ánimo, no se puede ofuscar el pensamiento de quien siente nuestras ideas, símbolo de todas las compensaciones y de las justas tolerancias. Generalmente, los historiadores han ignorado las heroí- nas del pueblo, las verdaderas, las que han luchado la batalla de la vida de los trabajadores libertarios. Batallas contra la miseria, la moral al uso y las autoridades. Aquellos, sólo nos han exaltado a las reinas y a las santas, o a lo sumo, alguna que otra heroína popular como Agustina de Aragón o Mariana Pineda. Entre nosotros se han citado con entusiasmo a las grandes figuras intelectuales del extran- jero como María Lacerda Da Moura, Gabriela Mistral, Rosario de Acuña, Selma Lagerlof, Maria Storppes, Leda Rafanelli, Maria Mon- tessori, las rusas Vera Figner, Sofía Perovskaia, o las francesas Severi- ne, Curie y Louise Michel. También los comunistas han lanzado al mundo unos nombres de españolas, Dolores Ibarruri, Lina Odena y varias otras. ¿Y las militantes del anarcosindicalismo español? Hubie- ra sido una injusticia y un grave error para la continuación de nues- tro movimiento, el haber dejado esas militantes nuestras, valores auténticos, en el silencio y el olvido.
Y al poner punto y final en nuestros trabajos, queremos también distinguir con nuestra mención, a las esposas, hijos y familiares de los políticos, intelectuales y militantes de la República, que han sabido sobrellevar el exilio con valentía y dignidad.
Citamos para terminar algunos nombres de compañeras meritísi- mas que omitimos en nuestro primer trabajo, Conchita Dávila, la
La mujer en el movimiento libertario español
En el caso de nuestra vida, llena el alma de la congoja opresiva y amarga por nuestro declive como fuerza organizada y de eficacia combativa, tuvimos la idea de recopilar estos recordatorios de nues- tras militantes, y de otras, que no siéndolo nos dieron simpatía y apoyos en nuestras viejas luchas para hacer conocer y reafirmar las ideas libertarias en nuestro país. La divulgación de las actividades sociales de ese ramillete de mujeres anarcosindicalistas y del sacrifi- cio de vida de algunas de ellas, bien merece la justicia de rendirles público homenaje de gratitud y reconocimiento. Repito: honor, jus- ticia y gratitud para todas ellas.
No pudiendo o sabiendo ofrendar a nuestras ideas libertarias otros valores, otras actividades, les hemos dado esas notas biográfi- cas, pobres quizás, incompletas seguro, pero sí llenas de fraternal amor. Nuestra mayor satisfacción sería saber que han sido leídas por la juventud. Si así ha sido, nuestro esfuerzo está ya recompensa- do, pues habrá conocido la energía y generosidad para con nuestro movimiento de sus precedentes militantes, y quizás el ejemplo de ellos los incite al conocimiento y engrandecimiento del mismo.
No ha habido por nuestra parte finalidades especulativas de otro orden que las citadas anteriormente y sobre todo, la difusión de nuestras ideas.
Hay quien ha querido interpretar que nuestros artículos han sido un trabajo de éclaireurs, una avanzadilla de reconocimiento en el terreno de nuestra desunión. Otros, que se han llenado las bocas de palabras no sentidas, a ciertas personalidades de nuestros medios, para ver si su sensibilidad reacciona favorablemente a la unidad, ante la exaltación de hechos y conductas. Esto último, está fuera de nuestra moral. Lo que se ha dicho de esas mujeres ha sido fuertemente sentido y completamente honrado.
Lo de la unidad de nuestro movimiento, ya se habla de ello, diga- mos que buena falta nos está haciendo. Creemos que después de trece años de discordias y de una lucha fragmentaria e ineficaz para
cieron por la ambición de dominio y más que nada por no haber sabido proteger, conservar y acrecentar los bienes de la naturaleza.
Ya cerca de nosotros, las razas mejores se distinguen por su capacidad de organización en los aspectos esenciales de la vida: el trabajo, la cultura, el comercio, los medios de transporte, etc., etc. Una de las causas principales que determinan esta evolución es el aumento de la población y otra, de no menos trascendencia, el alza lenta pero constante del nivel de vida del individuo; pese a la per- manente explotación del hombre por el hombre.
Tiempos Nuevos: el fulminante progreso de las ciencias en gene-
ral y de la Medicina en particular, que se produce desde hace más de dos siglos, ha trastocado y variado profundamente las nociones anteriores de la Economía y de la Sociedad. Las revoluciones indus- triales a que periódicamente está sometida la producción, modifi- can, alteran y cambian por completo las formas de elaboración, de consumo y de distribución de los bienes materiales. En este orden de cosas, hemos de corregir la omisión malintencionada de muchos economistas burgueses que se olvidan, sistemáticamente, del impe- rativo social-revolucionario, palanca de elevación del poder adqui- sitivo de los trabajadores (Revolución inglesa, Revolución francesa, fuertes corrientes reivindicativas del siglo XIX y del XX).
Este adelanto prodigioso de la industria ha creado el mayor des- equilibrio de todas las épocas. En efecto, guardando las proporcio- nes necesarias al estudio de periodos históricos diferentes, en el siglo XVI había mucha menos diferencia entre un artesano de la capital de un país próspero y un campesino árabe, que la que hoy existe entre un obrero especializado de los países del norte de Europa y un mísero trabajador agrícola del Cáucaso.
La desproporción entre el desarrollo social de los obreros de diferentes naciones es debida a la injusta acumulación del dinero llevada a cabo por los potentados del comercio y de la industria, pertenezcan éstos a la zona del dólar o a la del rublo.
La independencia económica de algunos países latinoamerica- nos y la de otros de Medio Oriente y de África, tiende, queramos o no, a descongestionar el centralismo capitalista (ruso o americano) promotor de las mayores injusticias que dividen el mundo en dos: países prósperos y países míseros.
compañera de Mariano Vázquez, la excelente escritora Carmen Alde- coa que en unión de su compañero G. Malo, trabaja intensamente en la propaganda de nuestras ideas en América. Las militantes, Nativi- dad Mulet, Carmen de Morey, Simona Buenacasa (fallecida en el exi- lio), Maria Carrión, Paquita Manso, Suceso Portales, Sol y Trinidad Ferrer, ésta última ya fallecida. La primera, autora de la excelente biografía de Ferrer, la segunda, seguidora en su vida de las ideas del padre. Retrocediendo muchos años, acude a mi memoria, la gran- diosa y bella silueta de Isabel Hortensia Pereira que fue compañera de Salvador Cordón. Volviendo a nuestros días, Alfonsa Bueno, que