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3. Hallazgos e interpretación

3.1.1. El juego y el género

A partir de los instrumentos utilizados como herramientas de investigación diarios de campo, iconografías y tablas inductoras se evidencia como los niños y las niñas adoptan y establecen el juego como un factor innato en el cual se puede tener una lectura acerca de su 36

situación afectiva, su desarrollo de la inteligencia y los contextos sociales y familiares en los cuales se desenvuelven, brindando otros aspectos importantes y relevantes para comprender las relaciones escolares.

En las observaciones se destaca la división por género a la hora de jugar.

“En primer lugar se evidencia en los niños una fuerte preferencia por el balón, juego de contacto y movimiento constante, que implica la participación de varios niños para que sea más emocionante. En la dinámica del juego se evidencian roses que producen exaltación de los niños llevándolos a golpearse y pelear por la tenencia del balón. En el juego de las niñas se evidencia el juego simbólico característico de esta edad, sin embargo tiene un toque de emocionalidad y vivencias familiares ya que a través del lenguaje, la expresión gestual y corporal se muestran las relaciones al interior de los hogares y el trato que tienen ente sus integrantes” (Tomado del diario de campo, marzo 24 de 2015). (Ver Anexo No. 1)

La socialización es un elemento importante en la primera infancia que comienza al nacer y constituye un proceso de aprendizaje cultural de los papeles asignados a cada uno según su sexo. Desde que nacen, los niños y niñas reciben trato distinto por parte de los adultos de su entorno social, y aprenden las diferencias que existen entre los niños y las niñas y entre las mujeres y los hombres.

Las expectativas de la sociedad y los padres con respecto a los niños y a las niñas, la selección de juegos y juguetes según el género del menor y la asignación de tareas basadas en el género tienden a definir un proceso de diferenciación social que se puede denominar “socialización de los géneros”. En diversos puntos del mundo hay numerosos ejemplos de que la socialización de los géneros se relaciona íntimamente con los valores étnicos, culturales y religiosos de cada sociedad. Y el proceso de socialización de los géneros continúa durante toda la vida. Esto 37

implica que la cultura determina la representación social que el sujeto construye, así los objetos culturales que se dan en el juego del niño o la niña inciden en la construcción de la infancia.

En el caso de los niños establecen juegos de contacto, grupales con sus pares, juegos de rapidez, al aire libre, de constante movimiento donde se pueden brindar reglas frente al objeto utilizado. En el caso de los niños, el fútbol un juego de su predilección que se considera popular para todo grupo social, el cual se puede desarrollar con cualquier objeto que se pueda “patear” por una mayoría de personas o por un colectivo.

“En momentos se escuchaba que unos eran policías y otros ladrones, utilizaban palabras soeces y al responder a la pregunta ¿porque se golpean?, la respuesta común fue que los policías son así, que ellos golpean a los ladrones porque los han visto. Otro juego es el futbol con botella, un niño se la encontró y la tiro al piso invitando a los demás a jugar. Sucedió lo mismo que con el balón en el salón, se pelearon por tenerla.” (Tomado diario de campo, marzo 30 de 2015)(Ver Anexo No. 1)

En el caso de las niñas se evidencia un juego de roles, el cual para su edad es fundamental como proceso de aprendizaje. Las niñas del grado preescolar asumieron un papel determinado para recrear los roles y parecerse al adulto, establecieron vínculos relativos en las cuales debe estar presente el cumplimiento de deberes, derechos, acciones y la creación de un papel ficticio; ser y parecerse a los adultos y hacer todo lo que estos hacen en su contexto local y familiar.

“Las niñas se reúnen en grupos de tres o cuatro juegan a cantar y mover las manos, hacen imitaciones de roles de adultos, como la señora de la peluquería, la mamá, la tía, la señora de la tienda, todos roles femeninos. Hay momentos de diferencias lo que implica que se digan palabras como fea, boba, odiosa, pero no se agreden físicamente.” (Tomado diario de campo, marzo 30 de 2015). (Ver Anexo No. 1)

Fotografía de Diana Vásquez. (Bogotá D.C. 2015). Archivos fotográficos Diana Vásquez, Bogotá D.C.

Estas representaciones de juego que tienen los niños y niñas están ligadas a las acciones que movilizan su cotidianidad con los adultos que los rodean.

Tal como sostiene Moscovici (citado por Castorina y Kapplan, 2003) la sociedad en la que los niños nacen es una sociedad pensante, las representaciones sociales son las que constituyen el entorno pensante para el niño. Al desarrollar la competencia para participar como actores en esta sociedad pensante, los niños pueden adquirir el acceso a las representaciones sociales de su comunidad. Si bien la ontogénesis como proceso no está limitado a la infancia, sino que puede producirse cada vez que los individuos se involucran con nuevas representaciones sociales que les permiten participar en la vida de un grupo. (p. 35)

Esta concepción de Moscovici determina las razones por las cuales los niños y niñas de preescolar del colegio Luis Eduardo Mora Osejo, representan en sus juegos situaciones de su entorno, asumiendo roles de los adultos que lo rodean, jugando con los objetos que el adulto les ha otorgado, participando en los espacios en los que el adulto se desenvuelve.

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