Gadamer comienza la crítica a la noción de experiencia del idealismo especulativo, exponiendo la fuerza especulativa de la filosofía de la reflexión, o para ser más precisos, la negación determinada de la dialéctica absoluta. Para pasar después a mostrar, en que han errado en su proceder los críticos de Hegel al querer poner límites a su pensar. Sólo en la medida en que Gadamer retenga la verdad del pensamiento del metafísico del devenir y traiga a la presencia la incapacidad de sus críticos de limitar a la omnipotencia de la reflexión, estará en condiciones de poner límites, y por tanto, de romper el círculo de la dialéctica especulativa, al no resolverse en una realidad reflexiva de la unidad del saber del efecto, e inmediatez y superioridad del pensar que lo provoca.
Atendiendo a estas circunstancias, nos arrojará luz la polémica discusión de Hegel contra la cosa en sí postulada por la filosofía kantiana. La argumentación se despeja de la siguiente manera, la restricción crítica de la razón realizada por Kant, había demarcado la aplicación de las categorías a las cosas de la experiencia posible, afirmando como principio fundamental la incognoscibilidad de la cosa en sí, que subyace a las cosas mismas. La metafísica dialéctica de Hegel, opone contra esto que, Kant al restringir la razón a este límite y al diferenciar el fenómeno de la cosa en sí, acentúa en realidad la diferencia como de la razón misma. No es que acaezca la razón al límite de sí misma, sino que al poner este límite, sigue estando absolutamente vaciada dentro de sí. Pues, este ponerlo, implica ya una superación de límite por parte de la razón misma.
Siguiendo sobre esta problemática, todo límite tiene la singularidad de que implica siempre al mismo tiempo, aquello referente a lo cual se delimita lo que
circunscribe dicho límite. La esencia de la dialéctica del límite es en cuanto se supera. De igual forma, el ser en sí que constituye a la cosa en sí, a diferencia de su mostrarse sólo es en sí para nosotros. Lo que en el proceso dialéctico del límite se da en su generalidad lógica, se concreta para la conciencia en su experiencia, de que tiene certeza, de que el ser en sí que había distinguido ella, es sólo lo otro de sí misma, y que sólo alcanza su verdad, cuando es sabido como sí misma, en palabras nítidas, cuando la autoconciencia absoluta sabe que sabe, qué es lo real efectivo, acerca de esto mienta Hegel:
Es por ello la mayor inconsecuencia conceder, por un lado, que el entendimiento sólo conoce fenómenos y, por otro lado, afirmar este conocimiento como algo absoluto cuando se dice que el conocer no puede ir más allá, que ése es el límite absoluto, natural, del humano saber. Las cosas naturales son limitadas y solamente son tales, [o sea,] cosas naturales, mientras no saben nada de sus límites generales, mientras su determinidad es un límite sólo para nosotros, no para ellas. Algo se sabe como límite o falsa, es más, algo se siente como límite o falta solamente cuando una, al mismo tiempo, está más
allá [de ello]. Las cosas vivas tienen el privilegio del dolor por
encima de las cosas que carecen de vida; incluso [se puede decir que] las cosas vivas sienten una determinidad singular como algo negativo, porque en cuanto vivas tienen en ellas mismas la universalidad de la vitalidad que está por encima del singular; en lo negativo de sí mismas se conservan, y esta
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contradicción la sienten como algo que existe en ellas.
En conexión con la exposición del modo gadameriano de ver las cosas, los críticos de Hegel han hecho latentes sus objeciones contra la filosofía de la razón absoluta, desde los más diversos puntos de vista; no obstante Gadamer, sostiene que, sus críticos no logran imponerse frente a la potencia reflexiva de la automediación dialéctica absoluta, tal como Hegel la concibe en su Fenomenología del Espíritu, la ciencia del saber real.198 199 La objeción, comúnmente
198 Hegel, G. W. F. 2005. Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas. Editorial Alianza, pp. 162 - 163.
199 Como bien lo señala Hyppolite «La identidad entre el sí mismo y el ser, que se ha puesto de
empleada contra la infinitud especulativa de la dialéctica, es la de que el otro no debe ser determinado por mi pura autoconciencia, esto es, que el otro no debe ser aprehendido en el devenir fenomenológico como lo otro de mí mismo, «La conquista del ser - del - sí - mismo del sí - mismo en su autonomía»200, sino como lo otro radicalmente, sin embargo, esta crítica no logra afirmarse frente a la posición metafísica de Hegel. Más por otra parte, es claro, desde luego, que tal vez no hay nada tan decisivo y esencial del proceso dialéctico del espíritu, como el asunto mismo del reconocimiento del otro. Resulta entonces que, el espíritu sólo alcanza la verdad de su esencia, en tanto que se disputa, por poseer su reconocimiento en el otro, «Más aún, la conciencia moral representa el elemento espiritual del llegar a ser reconocido, y el reconocimiento mutuo en el que el espíritu es absoluto sólo se alcanza a través del reconocimiento de la propia posición y a través del perdón».201
La crítica contra el metafísico absoluto carece de una posición fija. Pero lo que justamente Gadamer señala aquí es que, la crítica capaz de limitar a la filosofía hegeliana, nunca lo podrá hacer desde la reflexión, ya que no hay posición alguna que no esté ya implicada en la movilidad del acontecer, de la conciencia, que va retornando al interior de sí misma. Dicho ontológicamente, el modo del conocimiento absoluto, es la mediación reflexiva. Por eso, la mediación está referida concretamente al medio que media, según esto, tiene al mismo tiempo a ese algo, que tiene que ser mediado y aquello hacia donde es redirigido lo mediado.
En la relación de la mediación que se pone en movimiento, en lo cada vez mediado se obtiene como cumplimiento de la mediación, al penetrar en el medio, la dirección en que va la mediación. Así, pues, «El nervio de la dialéctica en cuanto método es la negación determinada, y se basa en la experiencia de la
caracteres del ser para la conciencia, es el resultado de la Fenomenología». Hyppolite, Jean. 1974. Génesis v estructura de la Fenomenología del Espíritu de Hegel. Editorial Península, p. 520.
200 Heidegger, Martin. 2008. La Fenomenología del Espíritu de Hegel. Editorial Alianza, p. 199. 201 Gadamer, Hans - Georg. 2005. Verdad v Método I. Ediciones Sígueme, Salamanca, p. 418.
importancia de la crítica mientras se mantenga en lo general (por ejemplo, mientras despache al objeto criticado subsumiéndolo desde arriba bajo un concepto, como mero representante suyo): sólo es fructífero el pensamiento crítico que desata la fuerza almacenada en su propio objeto, y la desata al mismo tiempo a su favor (haciéndole encontrarse consigo mismo) y en contra suya (al recordarle que aún no es él mismo)».202
La crítica a la filosofía de la reflexión hegeliana, se había dirigido esencialmente a ponerle límites a su omnipotencia, resolviéndose en un realidad reflexiva, por lo que la inmediatez y superación, sobre la que descansa la verdad del principio de la metafísica de Hegel, se había elevado por encima de todos sus críticos, bien podríamos resumir la crítica de Gadamer a los críticos de Hegel en estas palabras, «La polémica contra el pensador absoluto carece a su vez de posición. El punto arquimédico capaz de mover a la filosofía hegeliana no podrá ser hallado nunca en la reflexión, que no puede haber ninguna posición que no esté ya implicada en el movimiento reflexivo de la conciencia que va llegando a sí misma»203, y, por otra parte, nos dice Gadamer, que la filosofía de la reflexión, tampoco puede negar que existe gran cantidad de verdad incluida en la crítica contra el idealismo especulativo, desde la perspectiva de la finitud de la conciencia humana.
202 Adorno, Theodor W. 1969. Tres estudios sobre Hegel. Editorial Taurus. p. 109.