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L A EVALUACIÓN SOCIAL

In document Sarlo_literatura y sociedad.pdf (página 58-62)

DEL TEXTO Y DE LA IDEOLOGÍA

L A EVALUACIÓN SOCIAL

Podemos volver ahora a uno de los interrogantes que se formularon más arriba sobre la orientación de la literatura en el mundo social. En primer lugar, se corrige la definición general de la literatura corno reflejo del medio ideológico; en segundo lugar, el concepto mismo de orientación asegura el carácter activo de la literatura respecto de los contenidos ideológicos representados. A esta relación dinámica entre el texto y el ambiente ideológico. Bachtin la denomina evaluación social.24

La literatura no refleja nada que le sea, desde el punto de vista de su existencia como discurso, heterogéneo. No refleja “cosas” sino “ideas”, no refleja “actos”, “experiencias”, “prácticas”, sino la forma en que el discurso de la ideología se hace cargo de ellos. El problema de un reflejo más o menos mecánico del mundo social se plantea, entonces, no en la instancia en que la literatura trabaja con los discursos de la ideología, sino previamente, cuando los discursos de la ideología se hacen cargo de lo real. El reflejo mecánico se desplaza de la producción literaria a la producción de ideologías, pero allí subsiste: hay un momento mecánico, cuando las ideologías surgen como reflejos de posiciones y prácticas del medio social. Si la teoría literaria de Bachtin evita el mecanicismo pasivo de las estéticas del reflejo, no

puede decirse lo mismo de la teoría de la ideología que le es complementaria y previa.

Entonces, desplazada la cuestión sobre el carácter reflejo a la instancia previa de las ideologías sociales, la literatura se define como producción de significaciones y de formas de significaciones, a partir de discursos ideológicos y de la lengua: ésta es el material, aquéllos son los contenidos del texto. Comparten una común naturaleza lingüística, que le proporciona homogeneidad a las obras. Pero a la tendencia a la homogeneidad se contraponen rasgos de heterogeneidad y conflicto, cuando se funden los contenidos ideológicos con el material lingüístico. En efecto: “¿Cómo reunir, se pregunta Bachtin, en la unidad de la construcción artística la inmediata existencia material de una obra individual, su aquí y ahora, y la infinita plurivocidad en perspectiva de los significados ideológicos introducidos en ella? ¿Cómo conciliar el desarrollo en el tiempo real de ejecución y de audición o de lectura con el desarrollo del acontecimiento narrado en un tiempo ideal, que se prolonga durante años?” (1978a, 261) A las preguntas formuladas por Bachtin podrían agregarse otras: si todos los materiales y contenidos de la literatura son sociales, persiste sin embargo la cuestión de por qué un escritor elige precisamente este discurso, por qué sitúa su trabajo sobre la lengua en este registro y no en otro, por qué su literatura se construye a partir de tal zona del anillo ideológico, ignorando

o reprimiendo las otras. En una palabra, ¿qué hace que una obra literaria resulte una forma particular del discurso de la literatura? ¿cómo se producen las diferencias entre los textos, la multiplicidad de las escrituras, de los estilos, de las formas de la ideología en la literatura? ¿cómo se especifican los textos literarios, partiendo de la generalidad social del lenguaje y de la estratificación de los discursos?

En cada palabra de la lengua, el escritor encuentra las huellas de la historia y de la sociedad, las marcas de los usos sociales y, también, de los olvidos, el gasto por el uso y por el desuso. Cada una de estas marcas ofrece una resistencia cuando la palabra se incorpora al texto literario: es la resistencia de los significados sociales, de las formas en que el lenguaje es vivido y trabajado por la comunidad o por un sector de ella. Todos los elementos de la lengua se ordenan según un sistema de evaluaciones sociales.25Un acto de habla es comprensible

en relación con una evaluación social, que lo orienta en el mundo ideológico: “Las potencialidades del lenguaje están encerradas, en su nacimiento y su desarrollo, dentro del cerco de las evaluaciones sociales, que inevitablemente se forman en un grupo social dado” (1978a, 271) La resistencia que la lengua opone, como material, a la actividad literaria proviene de las evaluaciones, fronteras sociales en y de los actos de habla. La evaluación es punto de enlace y de conflicto de lo general y lo particular; marca no sólo las elecciones y los límites

del escritor, sino también la actividad de su público: “El problema del sonido significativo y de su organización se conecta con el del público social, con el problema de la mu- tua organización del hablante y del oyente, y la distancia jerárquica que se extiende entre ellos... El público social es constitutivo del sonido significativo y de su organización”.

Por eso, Bachtin considera a la lengua como material de la literatura no sólo en tanto sistema fónico-lexical, sino sobre todo en tanto sistema de evaluaciones sociales. La obra sería la realización plena de una evaluación social que organizaría el material lingüístico, el acontecimiento y las formas. La evaluación social tiene un doble juego. Por un lado está en la lengua; por el otro, forma parte de la actividad del escritor frente a su material, que produce una segunda evaluación, a partir de las evaluaciones sociales de la lengua. Lo mismo podría decirse de los procedimientos literarios posibles. También en este caso el movimiento es doble, porque el conjunto de los procedimientos es, en primer lugar, producto de evaluaciones sociales (toda retórica es un conjunto de evaluaciones que responden a una serie de preguntas: cómo contar, cómo organizar el tiempo de la narración, cómo concebir o liquidar al personaje, cómo unir lo diferente en el sistema de imágenes permitido, etc.) y, luego, orientación de un escritor en este medio literario.

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