• No se han encontrado resultados

L A IDENTIFICACIÓN DE LOS ANGLICISMOS

CAPÍTULO II: DISEÑO DEL CORPUS

3. L A IDENTIFICACIÓN DE LOS ANGLICISMOS

Una vez conseguidos y preparados los textos, se procedió a la lectura exhaustiva de todos y cada uno de ellos, recogiendo en una base de datos todas las unidades sospechosas de tener procedencia anglosajona. El criterio que hemos utilizado para realizar este reconocimiento ha sido nuestro propio conocimiento de las lenguas inglesa y española. Las voces que menos problemas plantean son aquellas cuya ortografía delata su procedencia, que en este trabajo hemos llamado patentes, de acuerdo con la nomenclatura propuesta por Chris Pratt (1980). Las que suponen un verdadero quebradero de cabeza y que son más susceptibles de inducir a error son aquellas que pueden pasar por voces españolas ante los ojos de un hablante nativo (anglicismos no patentes). Para reconocerlas hemos intentado recoger en la base de datos el mayor número de voces sospechosas posibles, prefiriendo excedernos que quedarnos cortos.

Aún así, es indudable que durante la lectura de análisis habrán desfilado ante nuestros ojos un cierto número de anglicismos que nos habrán pasado desapercibidos, lo cual es inevitable incluso para el más docto en estas cuestiones. Otras voces que habremos recogido y reconocido como anglicismos son confusas y su procedencia es dudosa. Sin embargo, en este caso sí estamos en condiciones de neutralizar el problema añadiendo una buena dosis de prudencia a nuestro análisis, en el que detallamos toda la problemática que el término conlleva. En muchos de los casos analizados, el término ya aparecía como anglicismo en alguno o en varios de los diccionarios consultados. En otros, ha sido necesaria una investigación exhaustiva.

En total, hemos recogido 1.524 voces. Tras nuestro análisis, hemos prescindido de 1.056 de ellas y nos hemos quedado por tanto con 468. Ya desde el primer momento se hizo evidente que la mayor parte de las mismas

78

ANGLICISMOS EN LA PRENSA ECONÓMICA ESPAÑOLA.

tenían una frecuencia de aparición muy pequeña, esto es, su número de usos en el corpus era muy reducido. Por ello se hizo imprescindible establecer un parámetro diferenciador de las voces integradas en el lenguaje analizado y aquellas cuyo uso era meramente esporádico, fruto de un capricho de un autor particular o de una necesidad comunicativa específica en un momento determinado, sin ninguna trascendencia.

Por ello establecimos que considerábamos como anglicismo en este trabajo cualquier término o expresión de filiación anglosajona que tuviese presencia en cinco o más textos del corpus, tal y como hicimos explícito en nuestra definición de anglicismo. Aquellos que apareciesen en menos de cinco textos serían considerados voces inglesas y serían tratados en una sección aparte. Nos pareció importante establecer este criterio en función del número de textos en los que aparece el término y no en el número de usos del mismo, ya que se puede dar el caso –como de hecho se produce con cierta frecuencia– de que un término tenga un número elevado de usos en un número muy pequeño de textos (porque aparece varias veces en los mismos artículos). He ahí el por qué de nuestra decisión.

Chris Pratt (1980) estableció que para que un término pudiese ser considerado como anglicismo tenía que tener en el inglés su étimo inmediato. Nosotros hemos hecho caso omiso de esta recomendación y hemos incluido como anglicismos algún que otro término del que está probada su entrada en el español a través del francés, como deflación, aunque lo más previsible en el tipo de lenguaje que estamos analizando –como de hecho ha ocurrido– es que todos o casi todos los términos hayan sido tomados directamente del inglés económico americano, por ser allí en donde se halla el centro de control, no sólo de las finanzas, sino de las agencias de noticias que venden la información (escrita originalmente en inglés) a los medios de comunicación de masas de todo el mundo.

CAPÍTULO II: DISEÑO DEL CORPUS. 79

En el reconocimiento de los anglicismos hemos seguido fielmente el criterio definido por Pratt a propósito de los términos que presentan dudas o dificultades especiales:

This hypothesis states that during periods of strong influence of one culture (ergo, its language) on another, if linguistic evidence proves inadequate or inconclusive, a form is to be considered an Anglicism (provided, of course, there is a pre-existent model in English) unless it can be proved otherwise. This somewhat radical viewpoint inverts the normal terms. Taken to its logical conclusions, this hypothesis further states that it is culturally highly improbable for modern Spanish to be in a position to coin most kinds of neological vocabulary (there are small pockets of highly innovative language which form the exception to the general tendency) owing to Spain’s total subservience to other cultures, especially those of America and Western Europe (1986: 350).

Si este criterio es aplicable al español común, con mucha más razón será aplicable a una lengua de especialidad como la de la economía, cuyo ámbito de utilización hemos descrito como un apéndice de Washington y Nueva York. Está más que justificado, por tanto, el uso en esta investigación de este criterio propuesto por Chris Pratt, que nos ha permitido incluir como anglicismos un cierto número de términos del lenguaje periodístico de la economía, como rebote o castigo, simplemente porque hemos encontrado unos modelos ingleses adecuados (rebound y punishment, en estos casos). Cuando utilizamos este criterio, siempre lo hacemos explícito en nuestro análisis.

Entre los términos incluidos como anglicismos hay algunos que no podrían ser considerados strictu sensu anglicismos del lenguaje de los negocios. La mayor parte de ellos son anglicismos de la informática que han sido transferidos al lenguaje de los negocios debido a la creciente informatización de los procesos económicos, especialmente en los terrenos bursátil y empresarial. Así, ASP (Application Service Provider) “proveedor de aplicaciones informáticas para empresas a través de Internet” o B2B (Business to business) “comercio electrónico entre empresas”. Aunque se trata de términos de origen no económico, les hemos dado el tratamiento de anglicismos propios de la

80

ANGLICISMOS EN LA PRENSA ECONÓMICA ESPAÑOLA.

economía. Por idénticas razones hemos incluido en nuestro análisis algún que otro término originalmente propio del mundo de las telecomunicaciones y el petróleo, y también vocabulario fiscal-legal.

En la definición de anglicismo que ofrecimos en la introducción evitamos deliberadamente hablar de los anglicismos de la economía, limitándonos a dar una definición general. Lo hicimos así porque es enormemente difícil señalar con precisión los límites de una lengua de especialidad, y nos pareció que semejante intento no haría sino añadir confusión a la definición. Ya hemos comentado en este capítulo pormenorizadamente nuestra concepción amplia del léxico de la economía. Añadiremos solamente que la inclusión de los términos en el análisis ha tenido inevitablemente que depender de los datos semánticos obtenidos en nuestra investigación y, en último término, de nuestro propio criterio personal.

CAPÍTULO II: DISEÑO DEL CORPUS. 81

NOTAS:

1Expansión Directo 1991-2001.

2 Véase la tabla número 1 de los apéndices. 3 Véase la tabla número 2 de los apéndices. 4 Véase la tabla número 3 de los apéndices.

5 Cada texto se corresponde con un día del año, como ya hemos visto. 6 Véanse las tablas 5 y 6 de los apéndices.