LAS INTERJECCIONES
3.1 La interjección, ¿“cenicienta” de la lingüística?
3.2.5.3 L A INTERJECCIÓN Y LA TEORÍA DE LA RELEVANCIA
En el apartado 3.2.5.1, se ha hecho referencia a otro tipo de significado que la interjección podría tener, al no disponer de significado denotativo. Una posible respuesta a este interrogante nos puede llegar de una de las últimas teorías del ámbito de la pragmática, desarrollada por Sperber y Wilson (1986): la teoría de la Relevancia. Los autores, en efecto, proporcionan un marco muy interesante para explicar el funcionamiento de la interjección en el proceso comunicativo: prueba de ello, es que, autores que se han dedicado a estudiar y profundizar el tema de la interjección, como Torres (2000) y Cueto y López (2003), hayan decidido enmarcar la cuestión dentro de la teoría relevantista, lo que, añadido al modelo de clasificación de Ameka (1992), nos permite esbozar un modelo de referencia en el análisis de la interjección de los capítulos siguientes (cfr. § 3.2.6).
Sin pretender profundizar la teoría de la relevancia, objeto del apartado 4.2.3, lo que nos interesa es identificar el papel de la interjección en el modelo relevantista. Como observan Cueto y López (2003: 62), uno de los principios básicos de la teoría de la relevancia consiste en
minimizar costes en aras de un mejor aprovechamiento de los recursos (siempre sobre la información relevante), toda contribución que maximice el proceso interpretativo contribuye al éxito de la comunicación.
En la comunicación, por lo tanto, se distinguen dos tipos de informaciones, una de tipo conceptual y otra de tipo procedimental. La primera tiene que ver con el significado denotativo del enunciado, su contenido representacional, mientras que la segunda no codifica datos del mundo extralingüístico, sino que sirve para activar operaciones destinadas a ayudar el proceso interpretativo de los contenidos referenciales. La interjección pertenece a este último tipo de información, ya que su presencia se explica en función de su utilidad en el proceso inferencial. Dicho de otro modo, la presencia de informaciones procedimentales agiliza la labor inferencial y contribuye a llevar a cabo la máxima de la relevancia, reduciendo el esfuerzo mental en el proceso de interpretación de un mensaje:
la interjección manifiesta una actitud hacia lo dicho; por ello la ausencia de este elemento actitudinal provoca que la intención con la que el emisor presenta ese contenido sea un fleco inferencial más que debe resolver (Cueto y López, 2003: 63).
Según la terminología de Sperber y Wilson, la interjección, como operador procedimental, actúa en doble sentido: por un lado, al activar el contexto, facilita la búsqueda de información contextual y se define, por tanto, como “restrictor contextual”, y, por otro lado, señala la actitud del emisor ante lo que se dice (dictum) y se define como “restrictor de explicaturas de alto nivel” (ibídem). Por lo que respecta la primera definición, cabe decir que la noción de contexto, para Sperber y Wilson, remite en realidad a una serie de supuestos que una determinada situación comunicativa activa, por lo que se puede recuperar este contexto no sólo a partir del enunciado del emisor y de su contenido referencial, sino también a partir de datos no verbalizados que influyen sobre el receptor en la selección de los supuestos útiles para la comprensión del mensaje. La función pragmática de la interjección se limita a estimular ciertas informaciones (actitud del hablante ante lo dicho) para que ello contribuya a restringir el contexto y permita reconstruir, por consiguiente, la intención comunicativa del hablante (id.: 68). Como destacan Cueto y López (2003: 69), del funcionamiento de la interjección como “restrictor contextual” procede la asimilación con los marcadores discursivos, ya que ésta parece ser su función prioritaria en la comunicación (cfr. § 3.2.5.4).
La definición de “restrictor de explicaturas de alto nivel”, en cambio, remite a la manifestación explícita de la actitud del hablante, ya que por “explicatura de alto nivel” se entiende una forma proposicional insertada en una estructura que manifiesta la actitud del hablante. Así pues, las interjecciones, en calidad de partículas ilocucionarias y de actitud, “restringen el contenido explícito en el nivel intencional y actitudinal” (Cueto y López, 2003: 70), aunque no contribuyen a las condiciones de verdad de lo expresado por la explicatura.
Dicho esto, ¿cómo conciliar las funciones comunicativas desempeñadas por la interjección con su definición de restrictor contextual y de explicaturas de alto nivel? De hecho, si se hace referencia a la función expresiva, sin lugar a dudas la predominante en los usos interjectivos, lo dicho hasta ahora acerca de su función y significado procedimental encaja perfectamente. Aún así, si las interjecciones desempeñan funciones puramente conativas y fáticas no funcionan como restrictores contextuales, ya que en el primer caso se trataría de “índices del comportamiento
ostensivo del hablante” , (Cueto y López, 2003: 73) mientras que en el segundo sería más bien “una llamada de atención sobre el proceso comunicativo”, o sea de un uso puramente ostensivo de la intención del hablante (id.: 71). Lo que confirma también la opinión de Torres sobre la variedad de características significativas y funcionales de la interjección (2000: 88). Por esta razón, esta última, en su propuesta de clasificación basada en la teoría relevantista, opta por distinguir las interjecciones en “propiamente dichas” y en fáticas (id.: 122). Las primeras “son elementos lingüísticos que codifican información procedimental y que ayudan al oyente a recuperar una actitud determinada del hablante en cada intercambio comunicativo” (ibídem) y se subdividen en base a su valor emotivo, apelativo y cognitivo. Las segundas, en cambio, “intervienen en la fase inferencial de recuperación de implicaturas (implicaturas fáticas), en el proceso interpretativo, y no en las explicaturas de alto nivel, como el resto de las interjecciones” (id.: 139). Cueto y López (2003: 71) soslayan el problema sosteniendo, en cambio, que “en la mayor parte de los casos, el componente expresivo no se anula, sino que erigiéndose como valor dominante añade un cierto componente apelativo, fático e, incluso, apelativo- fático”.
Este nuevo enfoque, añade, sin lugar a dudas, una perspectiva más al estudio de la interjección, reforzando su indiscutible esencia pragmática y su importancia en el proceso comunicativo, en tanto que elemento dotado de significado procedimental.