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E L PAPEL DEL C LERO Y LOS O BISPOS

La implantación y el desarrollo de la Contrarreforma

I.5) E L PAPEL DEL C LERO Y LOS O BISPOS

La importancia de los programas y las propuestas llevados a cabo por el clero diocesano, especialmente por los obispos, encarnándose en ellos de forma ejemplar la figura del príncipe contrarreformista y el pastor celoso, queda puesta de manifiesto en todas aquellas acciones que fueron emprendidas desde la cátedra episcopal con distinta intención. Estas diversas ocupaciones y preocupaciones de los finados que ostentaron la mitra oriolana denota de entrada un apego especial a las cuestiones relacionadas con lo pastoral y lo doctrinal, si bien es cierto que en ese breve lapso de tiempo de apenas doscientos años se asiste a un momento de eclosión arquitectónica y de esplendor de las artes, lo que se pone en relación con la primera implantación y el posterior desarrollo de aquellos cánones que empezaron a dictarse en el Concilio de Trento, dentro de la llamada Reforma católica, que en esta diócesis adquiere un carácter verdaderamente rotundo. Responsables directos, pues, de ese apogeo artístico serán los obispos diocesanos, desde Gregorio Gallo hasta Pedro Albornoz, el último de los obispos puramente contrarreformistas, pues aunque se empiezan a evidenciar atisbos ilustrados en la persona de don Juan Elías Gómez de Terán, no serán completamente firmes hasta la figura del obispo José Tormo y Juliá123, por lo que dicho mitrado queda ya fuera de este estudio.

123 Con todo, debe advertirse que este Tormo también siguió un cuidado programa de reforma del clero y del culto, con un cierto aire tridentino aunque ya influenciado plenamente por las corrientes ilustradas. Regaló, entre otras dádivas, una corona imperial a la Virgen de la Asunción de Elche, el copón y el terno que lució en las ceremonias de consagración de la iglesia de Santa María de dicha ciudad, varias piezas de orfebrería (una custodia para Cox, un cáliz para Albaida, un relicario para Torrevieja) y llevó a cabo la construcción tanto de parroquias (Torrevieja, Cox y la conclusión de la ilicitana ya mencionada) como palacios (el de Cox y el de Elche, ambos desaparecidos) y obras civiles (el puente para Rojales y la traída del agua potable a Elche). Su personalidad y la faceta de mecenas artístico han sido estudiados en A. CAÑESTRO DONOSO y J. D. GARCÍA HERNÁNDEZ, D. Josef Tormo y Juliá. La magnificencia de la mitra. Elche, 2009. Otros estudios a destacar son A. L. GALIANO PÉREZ, “El obispo José Tormo y Juliá. Un filojansenista en la diócesis de Orihuela”, en VV. AA., Temas toledanos y estudios varios. XXXIII Congreso de la Asociación Española de Cronistas Oficiales. Córdoba, 2008, pp. 447-454; y J. Á. MACIÁ PÉREZ, El Obispo Tormo (1767-1790). Figura clave de la diócesis de Orihuela en el siglo XVIII. Monforte del Cid, 2010. No obstante, conviene tener

Retrato de Juan Elías Gómez de Terán, obispo de Orihuela.

Con todo, el caso del mecenazgo episcopal ocurrido en Orihuela no constituye un hecho aislado, pues en diócesis vecinas y en otras más alejadas existieron contemporáneamente otras figuras destacadas que, a veces incluso con sus propios fondos, costearon dignas obras de arquitectura y donaron suntuosas piezas artísticas, sobre todo de platería y textiles, de igual forma que ocurriera en la diócesis oriolana, cuyos prelados fueron cuidadosamente legando parte de sus bienes a aquellos templos a los que eran estrechamente afectos. La puesta al día y la regeneración del obispado de Orihuela puede decirse, por tanto, que fue principalmente obra de sus obispos, aunque convendrá hacer notar asimismo la presencia de personajes en principio ajenos, como es el caso del cardenal Belluga.

Este fenómeno de la Contrarreforma, de carácter universal, se concretiza en las distintas realidades diocesanas mediante la acción de una serie de agentes que intervienen en este fenómeno, caso de las Órdenes Religiosas, que, como se ha visto, hasta llegan a imponer una tipología arquitectónica como es la planta de nave única con capillas laterales, también en cuenta el volumen Biografías de los Reverendísimos e Ilmos. Sres. Obispos que han gobernado y regido la Diócesis de Orihuela, desde que en ella fue erigida la Silla Episcopal desmembrada de la de Cartagena; con un resumen histórico de la Iglesia Catedral de esta Ciudad. Orihuela, 1886, pp. 44-48.

especialmente querida y valorada por dichas órdenes precisamente por sus efectos prácticos y funcionales y que incluso esos modelos fueron adoptados por otras iglesias y grandes templos de la diócesis, como la colegial de San Nicolás de Alicante o la iglesia de Santa María en Elche, que seguirán el mismo patrón.

Evidentemente, uno de los agentes más directamente responsable de la implantación y el desarrollo de la Contrarreforma fueron los obispos, dado su papel preponderante que se decretaba en Trento y que sería fielmente ratificado en los sínodos diocesanos, como se veía líneas arriba. Muchos de esos obispos eran foráneos, especialmente valencianos, conocedores de otras realidades y otras perspectivas, llegando incluso a ostentar numerosos y relevantes cargos tanto eclesiásticos como políticos, si bien es cierto que, aunque fuese diversa su procedencia, todos estaban motivos por un fin común: adecuar su diócesis a las exigencias tridentinas, con toda una serie de reformas del culto, del mismo clero o de los comportamientos de la población bajo su báculo. Lógicamente, la reforma del clero llevaba pareja una puesta al día, una actualización, de las parroquias, que viven en estos momentos un periodo de remozamiento con la construcción de nuevos templos, cuando no se renovaron y pusieron bajo la impronta contrarreformista con la erección de una nueva fachada, una nueva capilla mayor o unos nuevos planteamientos. Los ajuares y las celebraciones litúrgicas no quedarán al margen de este panorama, que asimismo se ven mejorados y completados según las estrictas disposiciones tanto del Concilio de Trento como de los tres sínodos convocados al efecto en el caso de la diócesis de Orihuela.

Como se indicaba, este fenómeno de rango universal que se vive en el ámbito de la Iglesia Católica tendrá en el obispado una de sus más perfectas imágenes, si bien es cierto que ese mismo panorama se dio en otras diócesis, caso de Navarra, Valencia o la vecina Murcia. Es conocido el caso de la Sacristía Mayor de la catedral de Pamplona, que pasó a convertirse en el empeño personal de cuantos obispos pasaron por aquella ciudad, especialmente don Diego Ramírez Señedo de Fuenleal124 y el conocido obispo don Antonio Zapata y Mendoza, gran promotor de las artes por esas tierras, siguiendo un cuidado y claro programa que venía a

124 M. C. GARCÍA GAÍNZA, “La sacristía mayor de la catedral de Pamplona: mecenas y artistas”, Príncipe de Viana. Navarra, 1999, pp. 383 y ss. Cabe destacar asimismo el trabajo de R. FERNÁNDEZ GRACIA, “La sacristía de la catedral de Pamplona: uso y función. Los ornamentos”, Príncipe de Viana. Navarra, 1999, pp. 349-382.

sintetizar los postulados contrarreformistas, basado en “propiciar una nueva imagen y mayor realce al culto catedralicio” significando prioritariamente “los escenarios y las celebraciones principales del mismo”125

, para lo que fomentó el encargo artístico.

Sacristía mayor de la catedral de Pamplona.

El patriarca San Juan de Ribera.

125 J. RIVAS CARMONA, “Navarra y la Contrarreforma: una nueva imagen religiosa”,

Igual suerte se corrió en la archidiócesis de Valencia con la presencia de dos figuras bien conocidas y ponderadas: el patriarca San Juan de Ribera y el arzobispo Fray Isidoro de Aliaga, dos grandes promotores del arte valenciano, que atrajeron a su arzobispado a muchos de los grandes artistas que trabajaban en la España de entonces así como a las nuevas tendencias estilísticas que incipiaban. Todos se movían bajo un mismo compás: la reforma del clero y la reforma de las costumbres, que pasaba mayoritariamente por la renovación y regeneración de templos, parroquias, conventos y, consecuentemente, ajuares y ceremonias. Dentro de la reforma de las costumbres, destaca el empeño personal del patriarca Ribera en la delicada cuestión de los moriscos y su empecinada lucha contra el erasmismo126. Indudablemente, su mejor huella quedó en el patrocinio127 y erección del Colegio-Seminario del Corpus Christi128. Con todo, no cesó en su tarea y fundó muchas parroquias a lo largo de la geografía valenciana y de él se dijo que “era partidario de combinar la catequesis con un talante conciliador, huyendo de la provocación y del uso de la fuerza”129

.

126 Cfr. S. GARCÍA MARTÍNEZ, “El patriarca Ribera y la extirpación del erasmismo valenciano”, Estudis: Revista de historia moderna nº 4. Valencia, 1975, pp. 69-114. 127

Otras obras patrocinadas han sido estudiadas en M. T. ABAD AZUAGA, “Una donación del patriarca Ribera: el Cristo de la Salud de Navarrés”, Ars Longa. Cuadernos de Arte, nº 9-10. Valencia, 2000, pp. 259-262.

128 “Trataba de dar respuesta a dos retos que se derivan del ambiente que se vivía por entonces: por un lado, sensibilizar en relación a las necesidades materiales y espirituales del pueblo de fieles, que eran muchas, y, por otro, acometer, como mandaba Trento, una mejora notable en la formación teológica y espiritual del clero. Los sacerdotes se convertían en punto clave de referencia para revitalizar la vida cristiana de la sociedad a través de la renovada institución parroquial” (J. SEGUÍ CANTOS, “El Patriarca Ribera y las instituciones políticas valencianas”, Estudis: Revista de historia moderna, nº 31. Valencia, 2005, p. 128).

129 J. SEGUÍ CANTOS, “La razón de estado: Patriarca Ribera y Moriscos (1599-1609- 1999), Estudis: Revista de historia moderna, nº 25. Valencia, 1999, p. 101.

Real Colegio del Corpus Christi. Valencia.

Tuvo un digno sucesor el patriarca Ribera, el fraile dominico Isidoro de Aliaga, cuya obra está plenamente enmarcada en la Contrarrefoma, pues llevó a cabo una profunda renovación eclesial en la Valencia de mediados del siglo XVII, impulsada, desarrollada y ampliada a partir del Concilio de Trento a través de una doble vía: las visitas pastorales, de obligado cumplimiento según lo trentino, y la convocatoria de un sínodo diocesano en 1631, que en sí mismo revela el gran talante reformador de Aliaga y en el cual se abordaron tres grandes temas: los sacramentos, la reforma de los eclesiásticos y las fiestas y la religiosidad popular, con toda una serie de consideraciones al respecto que se vieron ampliadas y completadas por el apéndice titulado Advertencias para los edificios y fábricas de los tenplos, que presentaba un modelo de templo ideal, con los diferentes espacios y partes que lo componían y los elementos empleados en el servicio de la iglesia130, muy influenciado por la obra de San Carlos Borromeo.

La vecina diócesis de Cartagena también tuvo sus príncipes mecenas, entre los que cabría mencionar a los obispos Sancho Dávila y fray Antonio de Trejo, que encarnaban perfectamente la continuidad y la

130 Ver al respecto el trabajo de E. CALLADO, “El arzobispo Aliaga y su pontificado”,

implantación de la Contrarreforma en aquellas tierras. Además, se hace necesaria la mención del cardenal Luis Belluga y Moncada, quien asimismo estaría vinculado con el sur de la diócesis de Orihuela, como quedará expuesto a continuación. Dávila será el primero de los finados contrarreformistas que tendrá el obispado cartagenero, encargado de “revestir a la diócesis de la imagen episcopal que deseaba”131

y de recurrir al arte como uno de los vehículos, junto a la veneración de las reliquias y la recuperación de las tradiciones históricas, para alcanzar los fines propuestos por Trento. La visita pastoral, de la que líneas abajo se hablará con mayor profusión, fue una de las actividades principales de su episcopado, que aprovechó para hacer notar una más que evidente preocupación por la dignificación del culto tanto en el aspecto jurisdiccional como en el meramente litúrgico132.

Tuvo Sancho Dávila por sucesor a Fray Antonio de Trejo, responsable, entre otras muchas acciones, de la erección del espléndido trascoro133 de la catedral murciana, todo un alegato a la Inmaculada Concepción en medio de unos tiempos convulsos en los que se discutía su dogma, y que además serviría como propia tumba del finado. La catedral será objeto de primera atención por parte de Trejo, reformando también la capilla mayor y su retablo y creando, junto con el trascoro, un “eje devocional dominante en el núcleo de la catedral”134

.

131 F. J. ALEGRÍA RUIZ, “El obispo Sancho Dávila y la nueva imagen episcopal de la diócesis de Cartagena”, en Actas del Congreso Internacional de Imagen y Apariencia. Murcia, 2008 [recurso electrónico].

132

Una de las visitas que efectuó a la seo se ha estudiado en F. J. GARCÍA PÉREZ, Visita del obispo Sancho Dávila a la Catedral de Murcia. Año 1592. Murcia, 2000.

133 J. RIVAS CARMONA, Los trascoros de las catedrales españolas. Estudio de una

tipología arquitectónica. Murcia, 1994, p. 123. 134

Cfr. J. NADAL INIESTA, “Fray Antonio de Trejo: el primer príncipe contrarreformista de la diócesis de Cartagena”, en Actas del Congreso Internacional de Imagen y Apariencia. Murcia, 2008 [recurso electrónico]. Otro estudio relativo a Trejo puede verse en M. C. SÁNCHEZ-ROJAS FENOLL, “Antonio de Trejo. Obispo de Murcia. Ejemplo de personalidad contrarreformista”, en G. RAMALLO ASENSIO, La catedral guía mental y espiritual de la Europa Barroca Católica. Murcia, 2010, pp. 549-568. Para ampliar el panorama relativo al dogma de la Inmaculada, ver M. T. LÓPEZ GARCÍA, “El auge del dogma de la Inmaculada Concepción auspiciado por Fray Antonio de Trejo, obispo de Cartagena, y la implicación del concejo de Murcia, a principios del siglo XVII”, en Actas

Vista parcial del trascoro de la catedral de Murcia.

Sin embargo, será la figura del cardenal don Luis Antonio Belluga y Moncada la que se vincule de una manera íntima con la diócesis de Orihuela, pues no en vano gracias a su acción fueron constituidas las villas de San Felipe Neri, San Fulgencio y Nuestra Señora de los Dolores, todas ellas en la Vega Baja del Segura, dotándolas convenientemente de sus respectivos templos y de las necesidades más básicas que pudieran requerir135. Fue un gran mecenas artístico y bajo su patrocinio se levantaron excelsas obras como el trascoro de la colegial de San Patricio (Lorca)136, el monasterio de los Jerónimos (La Ñora, Murcia) y otras tantas edificaciones, mayoritariamente para las órdenes religiosas, para con las que fue

del Simposium La Inmaculada Concepción en España: religiosidad, historia y arte. Madrid, 2005, pp. 119-138.

135 Este aspecto se desglosa en profundidad en J. SÁEZ CALVO, San Felipe Neri. Real

villa de las Pías Fundaciones del Cardenal Belluga. Alicante, 2002, especialmente pp. 199 y ss. “Belluga quiso recoger y educar a los huérfanos, mujeres viudas y extraviadas una vez finalizada la guerra de Sucesión…y ‘conmovido ante tantas tragedias, se lanzó Belluga a una labor de beneficiencia y piedad, pocas veces igualadas en la historia de España’”. 136 J. RIVAS CARMONA, Los trascoros…, ob. cit, p. 125. Esta información es ampliada en P. SEGADO BRAVO, La Colegiata de San Patricio de Lorca. Arquitectura y arte. Murcia, 2006, pp. 112 y ss.

especialmente afecto Belluga137. La seo murciana se vio remozada en sus tiempos, pues no en vano fue restaurada la magnífica capilla de los Vélez y comenzada su fachada, eligiendo el mismo cardenal al arquitecto Jaime Bort como responsable de sus trazas.

Trascoro de la colegiata de San Patricio. Lorca .

Imafronte de la catedral de Murcia.

137 J. J. LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, “El mecenazgo artístico del Cardenal Belluga: la Capilla de la Virgen de los Dolores en la iglesia mayor de Motril”, Imafronte, nº 17. Murcia, 2004, p. 77. Una de las últimas publicaciones ha sido AA. VV., D. Luis Belluga y Moncada. La dignidad de la púrpura. Murcia, 2007.

Iglesia del monasterio de los Jerónimos. Murcia.

Asimismo, es destacable el caso de la diócesis de Córdoba138, cuya catedral fue objeto de reformas para “la adaptación…a los enfoques litúrgicos y devocionales de la Contrarreforma”, resultando un ejemplo muy claro del papel promotor de los obispos con el deseo de reforzar esa nueva imagen implantada a raíz del Concilio de Trento. Así pues, tres destacados prelados estarán presentes en tan magna obra: el obispo Mardones, preocupado y responsable del retablo mayor; el obispo Salizanes, quien levanta una capilla dedicada a la Virgen139 como “un segundo centro de devoción” junto con el altar mayor; y el cardenal Salazar, bajo cuyo patrocinio se llevó a cabo la Sacristía Mayor o Capilla de Salazar.

138 Los datos están extraídos de J. RIVAS CARMONA, “La platería de la Catedral de Córdoba y su significación histórica”, en J. RIVAS CARMONA (coor.), Estudios de Platería San Eloy 2006. Murcia, 2006, p. 638.

139 Ello ha sido estudiado en J. RIVAS CARMONA, “El arte franciscano en la catedral de Córdoba: la capilla Salizanes”, en M. PELÁEZ DEL ROSAL, El arte franciscano en las catedrales andaluzas. Córdoba, 2005, pp. 145-147.

Retablo mayor de la catedral de Córdoba.

Por otra parte, también no hay que dejar de lado el panorama y el desarrollo habido en otro foco geográfico, como Oviedo y su catedral, con la actuación renovada de varios obispos, desde Juan Vigil de Quiñones y su capilla funeraria que se inspira en modelos romanos, pasando por las diversas acciones de Bernardo Caballero de Paredes, quien también ocupará la mitra oriolana, destacándose la creación de la Nueva Cámara Santa o Relicario, lo que está revelando un interés manifiesto en dotar y adecuar

convenientemente al primer templo de esa diócesis, acorde a los nuevos gustos de la Contrarreforma140.

Nueva Cámara Santa de la catedral de Oviedo.

Antes de entrar en materia, conviene detener la atención en una figura que bien puede ser el perfecto antecedente de todos los obispos, con la diócesis creada, pues en él se sintetiza igualmente de forma extraordinaria la figura del príncipe promotor del arte con la de pastor celoso de su grey: el arzobispo de Lérida, el oriolano don Fernando Loazes141, asistente al sacrosanto Concilio de Trento, gran valedor, personaje principal en el intento definitivo de desmembrar la silla cartagenera y erigir un obispado propio en Orihuela, y responsable directo de la erección en la villa de Orihuela del colegio de Santo Domingo, un conjunto de belleza sin parangón que llegó a ser comparado con El Escorial por su pulcritud,

140 El panorama ovetense ha sido objeto de análisis en G. RAMALLO ASENSIO, “Renovación y modernización material y espiritual de los templos catedralicios por acción de sus obispos. La catedral de Oviedo en el siglo XVII”, en VV. AA., Cartografies visuals. Barcelona, 2009, pp. 149-170. Agradecemos al prof. Dr. Pedro Segado Bravo, que haya facilitado el acceso a ese artículo.

141 Para ampliar tanto la biografía como las acciones pastorales y de mecenazgo de Loazes se hace preceptiva la lectura de J. SÁNCHEZ PORTAS, El Patriarca Loazes y el colegio Santo Domingo de Orihuela. Orihuela, 2003, especialmente pp. 65 y ss.

cuidado y exquisito ornato142. Este Loazes, quizá, sentó las bases de todo aquello que tendría que suceder pasado el año 1564 y con la nueva diócesis de Orihuela puesta en funcionamiento.

Escudo de don Fernando de Loazes. Extraído de J. Montesinos (1795).

Sepulcro de don Fernando de Loazes. Colegio de Santo Domingo. Orihuela.

142 Es muy interesante el proceso constructivo de este colegio, que no se aborda en este presente epígrafe por formar parte de la llamada Pre-Reforma, que tendrá su lugar en el capítulo 2.

Vista aérea del Colegio de Santo Domingo. Orihuela.

El Concilio de Trento hizo especial hincapié en la reforma del clero, para la cual se hacía fundamental la figura del obispo, más cercano, obligado a permanecer en su diócesis143 y a atender de forma detenida los asuntos relativos a la pastoral. Deja ahora de ser un obispo distante, ocupado en temas muy distintos y lejanos de su sede para ser un pastor próximo a su

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