3. SIGLO XX, LA BIOPOLÍTICA EN COLOMBIA Y LA REGULACIÓN PARA LA MUJER ADOLESCENTE
2.5 LA ADOLESCENCIA Y LAS TRANSFORMACIONES CULTURALES
Se dice desde diferentes orillas conceptuales que un adolescente se enfrenta en la actualidad con códigos menos precisos para descifrar lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, lo que se permite y lo que se transgrede. Los garantes metasociales, aquello que se conocía como metadiscursos, los mismos que organizaban la mente a través del discurso instituido por el Estado, la religión, la familia y el entorno han cambiado. Sin embargo, el valor de la experiencia infantil y temprana, el descubrimiento de la sexualidad infantil y el valor organizador de los fantasmas son hallazgos del psicoanálisis que continúan vigentes con el paso del tiempo, de acuerdo a los relatos clínicos de algunos autores que trabajan en este campo.
En momentos en donde lo atinente a los temas relacionados con la sexualidad son más visibles y transparentes, más cotidianos y “sin tanto tapujo”, en donde la sexualidad sin prejuicios ni tabúes ha llegado a lugares en donde al parecer se vive con una mayor libertad, hay un campo interesante para que el psicoanálisis plantee sus preguntas y pueda evidenciar que hay una suerte de engaño, y que la transparencia y la libertad, empleados como sinónimos de una armonía en lo relacionado con el sexo, no existen, ni podrán existir.
En este punto vale la pena traer a colación un texto crítico de Freud, llamado “La moral sexual “cultural” y la nerviosidad moderna”, sobre todo porque en él realiza una lectura de la situación de la cultura a partir de la obra de Ehrenfels, Ética
sexual. Nos dice Freud que dicho autor señala toda una serie de daños que son
responsabilidad de la moral sexual dominante, de la vida moderna, y también de la forma como se vive la cultura. Uno de esos daños es precisamente la nerviosidad, resultante de poner en juego la totalidad de las energías anímicas en un contexto caracterizado por la irreligiosidad, el descontento, la ambición, el comercio y la tecnología, las cuales han cambiado el ritmo de la vida. Es un texto que hoy tiene
63 toda su vigencia, y en él Freud nos aporta un elemento fundamental cuando afirma que:
“Vemos reducirse la influencia perjudicial de la cultura a una coerción nociva de la vida sexual de los pueblos civilizados (o de los estratos sociales cultos), por la moral sexual cultural en ellos imperante […]. Nuestra cultura descansa totalmente en la coerción de los instintos. Todos y cada uno hemos renunciado a una parte de las tendencias agresivas y vindicativas de nuestra personalidad, y de estas aportaciones ha nacido la común propiedad cultural de bienes materiales e ideales […] claro está que este proceso de desplazamiento no puede ser continuado hasta lo infinito.”52
Es posible afirmar que gran parte de las energías utilizables para la labor cultural tienen su origen en las pulsiones reprimidas. Sin embargo, a la vez que hay acatamiento a los mandatos de la cultura, hay rebeldía hacia estos. El propio Freud nos dice que:
“no es ya difícil prever el resultado que habrá de obtenerse al restringir aún más la libertad sexual prohibiendo toda actividad de este orden fuera del matrimonio legítimo. […] el número de individuos fuertes que habrán de situarse en franca rebeldía contra las exigencias culturales aumentará de un modo extraordinario, e igualmente el de los débiles que en su conflicto entre la presión de las influencias culturales y la resistencia de la constitución se refugiarán en la enfermedad neurótica.”53
Varias ideas quedan establecidas claramente. La cultura no permite un “libre desarrollo de la sexualidad”; es decir, la sexualidad no puede estar libre de impedimentos y no puede ser una sexualidad plenamente satisfecha, ya porque la cultura se interpone, ya, y este es el punto fundamental, porque estructuralmente
52Freud, Sigmund. Ensayos sobre la vida sexual y la teoría de las neurosis. Madrid: Alianza Editorial. 1985. Pg 25,26,27
64 no puede haber plena satisfacción por la condición del ser humano de ser hablante.
Pero de otro lado, algo se le escapa a la cultura en su intento de restringir. Un algo que es ahistórico54 y amoral, que no es instinto, sino que tiene otras características por estar organizado por el lenguaje. Es la pulsión, responsable directo del malestar de la cultura y, por lo tanto, de los cambios que han influido en los destinos subjetivos de lo que fue ha sido la nerviosidad del sujeto en la cultura y que hoy toma otras formas, dejando otras marcas en el sujeto y en sus discursos.
Introducir los cambios culturales y su incidencia en la constitución de la subjetividad de los niños y las niñas, e interrogar su transformación, implica asumir que tales niños o niñas no nacen con todo su equipamiento, y mucho menos que nacen organizados en su dimensión de sujeto, sino que se construyen como tal a través de variados procesos, funciones, referentes y discursos, donde intervienen necesariamente el lenguaje y la cultura, es decir, aquello que el psicoanálisis sitúa como Otro. En esta misma lógica, si se registran cambios culturales, igualmente se registrarán cambios en los malestares y expresiones emocionales, pues son concomitantes a la cultura.
Las transformaciones de la época han hecho igualmente que la iniciación de las prácticas sexuales hayan venido sufriendo un cambio de una especie de solemnidad del acontecimiento, caracterizada por complicidades y goce en los riesgos, oscilando entre momentos en los que el mandato es de castidad, y momentos de una iniciación sexual precoz y ligera, incluso desenfrenada. En este sentido, podemos decir, echando mano de la fenomenología, que antes muchos de los conflictos vinculados a la vivencia sexual podían formularse entre lo permitido y lo prohibido, mientras hoy parecen ser ordenados entre lo posible y lo imposible para los y las adolescentes. Se mezclan lógicas heterogéneas y contradictorias que existen en el mismo tiempo y espacio, y aspectos como la
54 Se señala a la pulsión ahistórica en relación con la historia social, colectiva, pero no así con la historia subjetiva. Sin embargo ciertas formas de su organización, y ante todo de su goce, son sensibles al discurso dominante en cada época..
65 tecnología han realizado un corte, diferenciando la función orgásmica de la reproductiva en la sexualidad. Esto no obsta para que sigan existiendo enigmas y traumas a resolver por cada sujeto y por cada generación, con respecto al amor y a su lugar en la sexualidad; aunque ahora, y en medio de la inmediatez de la imagen, de lo que podemos llamar acelerado o efímero, se ve reducida la disposición a la pregunta y la reflexión.
“Hoy, la aceleración del tiempo social, pletórico de estímulos y acontecimientos a metabolizar, empuja las almas a la urgencia de andar ligero, aunque sea para ir a ninguna parte. Aquello que nuestro fuero interior albergaba como síntoma o malestar, y aportaba los ingredientes del conflicto psíquico, hoy se derrama en el cuerpo o en la conducta exterior visible, a falta de espesor psíquico para albergarlo. El grito del síntoma y la perentoriedad de su resolución, más la propuesta del progreso farmacológico, dejan sin campo el territorio freudiano de la perlaboración […]. Los Ulises del inconsciente viajan en jet o en fórmula uno y se estrellan en la velocidad del consumo o de la anorexia, o de la adicción o del suicidio, o de la crisis clástica, según hacia dónde apunta tánatos, si hacia otros o hacia si mismos.”55
Definitivamente la subjetividad y los vínculos se ven seriamente interpelados en momentos en que la expansión de la urbe, la velocidad de los transportes, la información instantánea y la fugacidad y superficialidad de las relaciones es el sinónimo de la cultura contemporánea. Nunca antes la palabra adrenalina había sido usada con tanta frecuencia y con una intención que permitiera definir el riesgo, y sobre todo la relación con la vida.
La mayor carga en esta dinámica la tiene el dispositivo tecnológico; la inmediatez que le imprime al tejido relacional y su responsabilidad en el proceso de transformación social y cultural, le impone un reto a las ciencias que estudian el fenómeno humano y social. Familia, sexualidad o educación son significantes que
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FLECHER, Silvia. Psicoanálisis y adolescencia. Dos temporalidades que se interpelan. Buenos Aires: Psicolibro ediciones, 2012, pág. 75.
66 abren otros horizontes, diferentes a los de otrora, para alguien que atraviesa un momento de su ciclo vital, denominado cada vez con mayor certeza como adolescencia.