Familia: Espirituales.
Otras manifestaciones: Mística, sanadora.
Misión vital: Convertirte en un ser humano espiritualmente congruente.
Desafío: Llevar una vida que aúne tus necesidades espirituales, emocionales y físicas. Lección primordial: La verdad te hará libre.
Gracia definitoria: Humildad.
Lado oscuro: Las leyes ordinarias de la vida no son aplicables a mí porque soy un ser espiritual y, por tanto, especial. No
va a sucederme ninguna desgracia porque sigo una senda de espiritualidad.
Faceta masculina: Buscador espiritual.
Mito de la buscadora espiritual: Seguir una senda espiritual te aboca a la pobreza y la soledad. Pautas de comportamiento y características: La buscadora espiritual...
• confía en la intuición incondicionalmente, • busca en su interior quién es realmente,
• busca el verdadero propósito y el sentido de su vida,
• se compromete a seguir un camino de crecimiento espiritual, • da prioridad al pensamiento espiritual,
• quiere de la vida algo más que éxitos materiales.
Desafío al modo de vida: Despertar tu inteligencia intuitiva.
M
ISIÓN VITALMucho ha cambiado el mundo durante el último medio siglo, pero tanto o más hemos cambiado nosotros internamente. Nos estamos convirtiendo en una sociedad egocéntrica y tremendamente ambiciosa. Hemos desarrollado el deseo de entender la naturaleza de la psique y del espíritu y por hacerle caso a nuestra inteligencia intuitiva. Nos planteamos preguntas acerca del sentido de la vida en general y del propósito de la nuestra. Nos hemos vuelto buscadores de datos espirituales de toda clase.
La mayoría de la gente cree que un místico es alguien que vive entregado a la espiritualidad o que lleva una vida monástica. Pero la contracultura de la década de los sesenta y el movimiento New Age inició un giro que ha redefinido el aspecto de la espiritualidad estadounidense y dado forma y sentido a otro arquetipo: la buscadora o el buscador espiritual. Liberándose de las restricciones de la
religión tradicional, los buscadores devoran libros de las religiones orientales, practican la meditación y se vuelven cada vez más hacia la medicina holística, que aporta una dimensión espiritual a la curación.
El místico contemporáneo ha evolucionado hasta convertirse en el buscador espiritual, un arquetipo híbrido que combina la rica naturaleza interior del místico con los valores modernos del buscador espiritual, fusionando lo que es eterno del espíritu humano con lo que es esencial para los tiempos que vivimos. Juntos, ambos arquetipos están redefiniendo la esencia de la vía espiritual.
En el mundo de hoy en día, el nuevo monasterio es la aldea global, un campo sagrado de vida que todos debemos trabajar para sostener. Además, el buscador espiritual, con su inclinación hacia el mundo externo, hace buena pareja con el místico, el arquetipo que gobierna las actividades de nuestro yo interior. Tu buscadora espiritual prefiere el mundo basado en el yo, y tu mística se siente atraída por todo lo que hay en ti de eterno.
Pero ¿qué caracteriza a estos arquetipos, tanto a la buscadora espiritual como a la mística y a la buscadora espiritual/mística Y si la vida espiritual te atrae de algún modo, ¿a qué punto del espectro perteneces?
La buscadora espiritual
Para algunas puede haber sido una crisis personal o de salud lo que las llevó a escoger en una librería el primer libro de autoayuda, o bien las impulsó a realizar la primera lectura acerca de la conciencia humana o la espiritualidad. Para otras puede haber sido una experiencia de inteligencia intuitiva o un momento de claridad trascendente lo que les sugerió que en este mundo existe algo más que lo que vemos. La buscadora espiritual cobra vida cuando las personas como tú sienten curiosidad por el mundo inmaterial. Este arquetipo ha ido aumentando su campo gravitatorio a medida que la incertidumbre y la agitación mundiales llevan a cada vez más personas a buscar «el eje alrededor del cual gira el mundo», como escribió T. S. Eliot. Fíjate, sin embargo, en que este arquetipo es el de la «buscadora» espiritual, no el de la «encontradora» espiritual. Una buscadora espiritual está, por definición, buscando siempre algo más. Pero ¿qué más? Eso suele presentarse disfrazado de algún tipo de trastorno en tu vida. Sucede algo inesperado y, de pronto, te ves en una encrucijada. Quizás enfrentada a un divorcio, a problemas de dinero, a una trágica pérdida, a un diagnóstico poco halagüeño. Sea lo que sea, el resultado es que repentinamente el camino que habías seguido en la vida ya no es viable. Si eres como la mayoría de las que obedecen a la buscadora espiritual, llegada a este punto empezarás a pensar, posiblemente por primera vez: «¿Qué sentido tiene mi vida, qué propósito? Tiene que haber algo más que esto.» Lo cierto es que preguntarse qué sentido tiene la vida es más una oración, una invocación, que una verdadera pregunta. Porque lo que estás pidiendo es que te enseñen a vivir una vida más profunda y auténtica. Estás pidiendo sustituir la vida creada por tu ego por una que puedas vivir siendo más consciente como persona. El maestro tibetano Chögyam Trungpa Rimpoché les advertía a sus alumnos: «Mi consejo es que no emprendas el camino espiritual. Es demasiado difícil, demasiado largo y demasiado exigente... Sin embargo, si lo tomas, es mejor que vayas hasta el final.»
propósito he nacido?» Entendían que esta poderosa invocación equivalía a decir: «Elimina las ilusiones de mi vida. Deja que vea claramente quién soy, mi lado oscuro y mi luz. Dame el valor para amar profundamente y para enfrentarme a la parte de mí que tiene el poder de destruir a otros seres humanos.»
¿Con qué propósito naciste? A tu ego seguramente le encantaría la respuesta de que para tener un trabajo con glamour o un matrimonio perfecto o para cumplir cualquier otro sueño, pero la verdad es que sentido y propósito son fuerzas místicas, no comerciales. Sentido y propósito nunca nos vienen dados. Esos regalos empiezan a latir en nuestra alma más bien como resultado de aceptar un camino de servicio a lo largo del cual descubrimos la capacidad innata de mejorar la vida de los demás aparte de la nuestra. Es habitual el miedo a que emprender una senda espiritual lleve a la miseria o a la soledad. Sin embargo, no es más que una pesadilla del ego basada en una ilusión, aunque una pesadilla suficientemente terrible para que algunas buscadoras espirituales prefieran buscar sentido y propósito por un camino que les ofrezca recompensas materiales, hasta que algún tipo de crisis aparece y despierta su necesidad de buscar respuestas en su interior.
La mística
Es la más antigua, compleja y, en muchos aspectos, más interesante de la familia de los meditativos. Este arquetipo es como un prisma con muchas facetas. No cabe en una sola definición porque se da a conocer a cada individuo a través de su experiencia íntima. La mística ha despertado a su guía interior y cree en ella incondicionalmente. Trungpa Rimpoché solía decirles a sus discípulos: «La primera idea es la mejor.» Eso es coherente para una mística, que responde instintivamente a los fogonazos de la intuición que son su medio fundamental de aprendizaje. En el caso de la mayoría de los demás, una vez que la guía se ha filtrado en la mente desde el alma pura, se pierde en caóticas pautas de control de nuestros miedos e inseguridades y de las ilusiones de nuestros cinco sentidos, que nos llevan a confiar únicamente en lo que podemos ver, oír, saborear, oler y sentir por encima de nuestro conocimiento interior de la verdad. Una mística, sin embargo, está atenta a la autoridad de sus sentidos internos y se esfuerza por abandonar las ilusiones del mundo físico y mental. Eso no significa que lo consiga siempre. Como mística, te enfrentas a los mismos problemas que cualquier ser humano. Sin embargo, lo que la senda o la conciencia mística te aporta es una sensación de auténtica verdad interior acerca de qué es real en la vida y qué no. Las experiencias místicas tampoco son exclusivas de las místicas. Todos vivimos momentos en los que, alejados del tiempo y el espacio, nos encontramos en el vasto dominio de la conciencia más elevada. Pero las místicas parecen enfrentarse a la vida fundamentalmente desde el punto de vista privilegiado de su conciencia expandida. No temen cómo va a cambiar su vida enfrentarse a la verdad; en realidad, la buscan en lugar de huir de ella. Desde poetas como Maya Angelou, pasando por científicos como Albert Einstein y Stephen Hawking hasta astronautas como Edgar Mitchell, quienes obedecen a este arquetipo han roto las barreras del pensamiento ordinario basado en el miedo y prestado atención a su intelecto intuitivo. Para estas personas, y para muchos místicos, la dedicación a la mejora de la humanidad es un peldaño hacia la verdad.