4. La gestión de la cooperación al desarrollo en las universidades españolas
4.4. La Comisión de Cooperación al Desarrollo del CEURI/CRUE
sido el estrechamiento de relaciones entre estas y el inicio de un fructífero intercambio de experiencias, lo que ha posibilitado un notable avance en la coordinación y el diseño de estrategias. En la actualidad, la cooperación al desarrollo ya no constituye una preocupación aislada de una u otra universidad, sino que forma parte del acervo común de todas ellas.
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LA GESTIÓN DE LA COOPERACIÓN AL DESARROLLO EN LAS UNIVERSIDADES ESPAÑOLAS
4.Así fue planteado también en la ponencia «Los recursos humanos técnicos en las oficinas y servicios de cooperación al de- sarrollo de las universidades españolas. Diagnóstico y perspectivas de futuro», presentada por M.ª Llanos Gómez y cols. en el III Congreso Universidad y Cooperación (Madrid, abril del 2006), en la que nos hemos basado para este análisis.
Lo anterior se ha traducido en la consolidación, a lo largo de los últimos años, de espacios de encuentro entre las universidades para debatir y coordinar estrategias de cooperación. Podríamos diferenciar en estos espacios de encuentro y coordinación entre los de carácter estable y aquellos otros de carácter más puntual. Entre estos últi- mos cabe destacar un amplio número de jornadas y seminarios sobre la cooperación universitaria al desarrollo que han tenido lugar en distintas universidades (A Coruña, Córdoba, País Vasco, Granada, Autónoma de Madrid, Oviedo, Pública de Navarra, Cádiz, entre otras), así como tres congresos sobre la universidad y la cooperación celebrados en las universidades de Valladolid, Murcia y Madrid. En todos ellos ha habido oportunidad de refle- xionar sobre el papel de la universidad como agente social de la cooperación, así como de conocer las experien- cias concretas de trabajo, los modelos de gestión y las mejores prácticas en cuanto a la coordinación de la uni- versidad con otros agentes sociales.
Un resultado, entre otros, de estos debates e intercambios interuniversitarios ha sido el avance en los mecanis- mos de coordinación entre las universidades españolas que realizan actuaciones de cooperación al desarrollo. Desde 1998 viene operando en el seno del CEURI (Comité Español Universitario de Relaciones Internacionales) una comisión específica sobre cooperación al desarrollo, encargada de impulsar la coordinación de las universi- dades españolas y procurar una mejor interlocución con las administraciones públicas competentes en esta ma- teria.
El primer logro de esta Comisión de Cooperación al Desarrollo fue la elaboración, discusión y posterior aproba- ción de la ESCUDE (Estrategia de Cooperación Universitaria al Desarrollo).5
La importancia de la ESCUDE radica sobre todo en su propia existencia, pues la universidad quiso evidenciar, mediante este documento, su voluntad de constituirse como agente de la cooperación al desarrollo y su compromiso con ella. También significó un im- portante esfuerzo de reflexión sobre la necesidad de una mayor implicación universitaria en el compromiso de
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LA GESTIÓN DE LA COOPERACIÓN AL DESARROLLO EN LAS UNIVERSIDADES ESPAÑOLAS
5.Coordinado por el equipo del vicerrectorado de Relaciones Institucionales e Internacionales de la Universidad de Córdoba, este documento comenzó a gestarse en las Jornadas sobre Cooperación al Desarrollo organizadas por la Universidade da Co- ruña en 1999. Su elaboración y debate se llevaron a cabo a lo largo de diferentes reuniones celebradas en Sevilla (Universidad Pablo de Olavide) y Madrid (Universidad Rey Juan Carlos), y fue definitivamente aprobado por el plenario del CEURI celebrado en Córdoba el 3 de marzo del 2000, que contó con la participación de 51 universidades españolas. El documento fue sancio- nado, en último término, por la Conferencia de Rectores en su asamblea general del 28 de septiembre del 2000.
cooperar con el fortalecimiento de los sistemas universitarios de los países en desarrollo y, de manera más am- plia, en todos aquellos aspectos que son básicos para el desarrollo humano, como la salud, la cultura, el respeto al conocimiento local, la difusión de las humanidades, el uso sostenido de los recursos, la protección del medio ambiente o el reconocimiento del papel desempeñado por las mujeres.
Por último, en la ESCUDE se plantearon algunas de las funciones que la universidad habría de desempeñar en la cooperación, centrándolas en el impulso de la formación y la educación, la voluntad de compartir experiencias y recursos, la necesidad de incidir en el entorno social, la investigación para el desarrollo y la transferencia de tec- nología. Se señalaron asimismo los principios básicos que habrían de guiar la acción universitaria en este terreno, concretándolos en la continuidad de las acciones, la complementariedad de las iniciativas, la corresponsabilidad entre las instituciones participantes y la naturaleza voluntaria y no lucrativa de la cooperación.
Además de su papel fundamental en la elaboración de la ESCUDE, la Comisión de Cooperación al Desarrollo del CEURI ha venido impulsando en los últimos años diversas iniciativas orientadas a debatir sobre las relaciones de las universidades con otros agentes de la cooperación, particularmente las ONGDs. Durante el último año, en particular, el funcionamiento de esta comisión ha sido especialmente dinámico, y sus logros, muy notorios en dos campos: por un lado, ha elaborado el Código de conducta de la universidad en materia de cooperación al de-
sarrollo, recientemente aprobado por el CEURI; y por otro, ha logrado que los órganos de la Administración res-
ponsables de la cooperación al desarrollo reconozcan las especificidades y el potencial de la universidad como actor de la cooperación.
El Código de conducta constituye el principal referente ético de la actuación de las universidades en materia de cooperación al desarrollo. Define el campo de actuación de la cooperación universitaria al desarrollo y la diferen- cia de otras actividades internacionales que las universidades llevan a cabo. Señala que la cooperación al desa- rrollo es parte esencial del compromiso social de la universidad, que debe comprometerse institucionalmente con esta tarea apoyándola con medios técnicos, humanos y financieros. Al considerar que la cooperación resulta tanto más sólida cuanto más logra involucrar a todos los estamentos de la comunidad universitaria, plantea que es tarea de la universidad promover mecanismos que incentiven y valoren la participación de sus miembros en actividades de cooperación al desarrollo —mediante el reconocimiento académico de las actividades de coope- ración realizadas por docentes e investigadores, la promoción de la incorporación del PAS a las actividades de cooperación y el fomento del asociacionismo estudiantil y el voluntariado social en este campo— y que posibili- ten el compromiso material de los sectores universitarios.
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Asimismo, establece que las relaciones con las contrapartes deben estar basadas en el respeto institucional y en acuerdos de cooperación fundamentados en la participación democrática y la transparencia. Por último, subraya que las relaciones de la universidad con otros agentes de la cooperación deben estar sustentadas en el diálogo fluido y en la disposición a aprender de las experiencias de otros agentes sociales, fomentando su presencia en los centros universitarios.