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La AP como estrategia para continuar la apertura fuera del ALCA

Evolución de los tratados

No fueron pocos los teóricos que durante los años 90s planteaban que globalización e in- tegración regional no eran contradictorios (Guerra Borges, 2002). En nuestra región, incluso la CEPAL propugnaba por el “regionalismo abierto”, compatible con la apertura impulsada por el Consenso de Washington de aquella época, en tanto paso previo para la convergen- cia global desde la liberalización económica regional; Gudynas (2005) la cuestiona, como concepto porque el concepto de “regionalismo abierto” ha estado asociado a proyectos de integración muy diferentes entre sí (desde el NAFTA hasta la Comunidad Andina de Nacio- nes, pasando por el Mercosur) siendo además una idea rescatada tanto por proyectos neo-

FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN | UNLP 190

liberales como por otros de corte más progresistas. Este tema ha sido aclarado en el capítu- lo 1 de este libro. Otros autores entendieron que dicha integración era la estrategia de las potencias para garantizar mercados dentro del proteccionismo (Bhagwati y Panagariya, 1996; Frankel, Stein y Wein, 1996) en un contexto de globalización. Desde los años 80s se despliega un proceso conocido como “globalización”, encabezado por el capital transnacio- nal, las redes financieras globales. Este implica que por cada aumento del PIB mundial anual crece dos puntos el comercio mundial y tres puntos la inversión extranjera directa, en promedio durante 30 años. El capitalismo se transnacionaliza, desarrollándose a otra escala y con importantes cambios cualitativos, lo que presiona también hacia la conformación de organismos e instituciones globales como la OMC.

En términos de integración regional, lo más importante fue sin dudas el proceso de cons- titución de la UE y más aún, el que desembocará en el Euro como unidad de cuenta desde 1999, y de circulación desde 2002, con 11 países incluidos. Se conformaba un espacio del que depende algo más del 40% del comercio mundial, con un nivel elevado de protección y de estímulos, sobre todo del sector primario, pero también en la producción industrial y un comercio intrabloque, el cual representa un 67% del total. Además, se fundó con un discur- so no jerárquico, ya que se explicitaba el objetivo de tender a la convergencia entre regio- nes; obviamente, el bloque no resultó en eso que se esperaba, aunque sí lo es para su prin- cipal potencia, Alemania. Ésta tiene un superávit comercial de 244.900 millones de euros en su comercio con la UE (ITC, 2018). Si bien es claro que se trata de una alianza con una autonomía nada desdeñable, la salida de la crisis del 2008 y el salvataje griego han mostra-

do su subalternidad respecto a los EE.UU.38

A pesar de que EE.UU. se lanzaba a la caza de los tratados de libre comercio (TLC), como una forma de generar espacios de comercio bilaterales impensables en la posgue- rra, los mismos han estado sujetos a la aprobación de la Trade Promotion Authority (TPA) que establece reglas especiales en relación con productos agroalimentarios pro- tegidos, como: la carne bovina, el tabaco, algodón, maní, azúcar y lácteos. Dichas apro- baciones pasan por los durísimos Comités Agrícolas de la Cámara y del Senado. En la actualidad, EE.UU. tiene TLC con 20 países; casi el 50% del comercio se realiza dentro de un tratado (Fraser Chase, 2015).

En paralelo, en los 90’s se constituía el MERCOSUR, que hoy involucra un 1,8% de las exportaciones mundiales (BID, 2016). La lógica de la alianza está en crisis debido al cambio de signo político de los gobiernos de Argentina y Brasil, este punto será retomado en el capítulo 12.

El EE.UU. de Reagan, proponía un acuerdo con México y Canadá que luego en 1994, se firma como NAFTA, analizado en el capítulo anterior; recordemos que el blo- que tiene una importancia similar a la de Europa en el comercio global, ya que represen-

38 Esto se observa sobre todo en la injerencia de EE.UU. en los programas de rescate a Grecia, por medio de la intervención en la denominada Troika del Fondo Monetario Internacional (la que se completa con el Banco Cen- tral y la Comisión Europea). El punto fue visto en el capítulo 9.

GEOPOLÍTICA Y ECONOMÍA MUNDIAL –GABRIEL E.MERINO Y PATRICIO NARODOWSKI (COORDINADORES)

ta el 48% del mismo. Se vende a sí mismo un 32%, mucho menos que Europa y está más abierto, sobre todo con Asia.

Posteriormente EE.UU. intenta la unificación del MERCOSUR y del NAFTA en un bloque comercial más amplio, a través del ALCA, con claros fines geoestratégicos. Si en la Cumbre de las Américas de 1998 en Santiago de Chile y en la III Cumbre de Quebec en 2001, el avance de esta propuesta parecía inexorable, la IV Cumbre realizada en Mar del Plata en 2005 representa el inicio de un proceso en sentido contrario, debido al rechazo por parte del MERCOSUR y Venezuela del ALCA. No casualmente, la Alianza Bolivariana para los pue- blos de Nuestra América (ALBA) fue fundada un año antes, 2004 por Venezuela y Cuba. En 2006 se suma Bolivia, un año después Nicaragua, en 2008 Honduras y en 2009 Ecuador, con un discurso anticapitalista basado en valores como la solidaridad y la redistribución del ingreso y con propuestas de políticas como la creación de una moneda virtual, un sistema de créditos, multinacionales estatales y un banco de desarrollo regional (Álvarez, 2016). También la integran Antigua y Barbuda, Dominica, Granada, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas y Surinam. Recientemente Ecuador abandonó el bloque y el mis- mo se encuentra en un impase por la situación general de Venezuela, actor central y articu- lador del mismo.

En 2008 y en el mismo camino, nace la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) conformada por los doce países del subcontinente y también nace el Consejo Suramericano de Defensa (CSD), un Centro de Estudios Estratégicos de la Defensa del CSD y los prime- ros acuerdos de constitución del Banco del Sur. En 2011 se constituye la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), sin Estados Unidos y Canadá y con la presencia de Cuba. Toda una institucionalidad que cristaliza este nuevo momento en las relaciones de fuerza en el subcontinente en oposición al Tratado Interamericano de Asisten- cia Recíproca (TIAR) y la Organización de Estados Americanos (OEA).

Se trataba de un proceso que pretendía aumentar los niveles de autonomía relativa de la región en consonancia con los modelos neodesarrollistas nacionales y los modelos del “socialismo del siglo XXI” en curso; las dificultades de los mismos explican el poste- rior retroceso.

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