• No se han encontrado resultados

VI. Marco Teórico

6.3 La Compleja Unidad de la Experiencia Temprana

El bebé nace dotado por la biología para el desarrollo, pero necesita encontrar un adulto mejor dotado para la aceptación que se haga cargo de la conservación de su cuerpo. La madre lo ha dado a luz, ahora tiene que mantenerlo con vida y permitir su desarrollo.

La madre aporta los cuidados, y a través de la interacción inherente a los mismos se activaran diversos centros funcionales innatos en el bebé que irán configurando los diversos sistemas motivacionales, es decir; las estructuras que gobernaran la afectividad, la cognición y la acción. A su vez, también en la madre, los cuidados serán portadores de estímulos, señales y mensajes de sus propios sistemas motivacionales que irán imprimiendo modalidades de desarrollo en el bebé. De modo que para comprender la vida subjetiva de los bebés o niños pequeños no podemos sino describir las condiciones de partida de los mismos, y estas condiciones se asientan en la subjetividad del adulto.

Todo emerge y todo ocurre a través de la experiencia de los cuidados vitales; se trata de una única y sola experiencia _tanto para el bebé como para la madre_, pero sabemos que esta

unidad de experiencia aparentemente sencilla, constituye la fuente de estimulación y de la génesis de la actividad psíquica del bebé.

Ahora si nos sumergimos en la subjetividad de la madre que amamanta podemos describir el siguiente escenario de corrientes simultáneas y paralelas. En primer lugar, se halla ante el reto de comprobar si su organismo es capaz de responder a su ser deseante y si es realmente capaz de hacer realidad el proyecto largamente acariciado de dar vida a su bebé con su propia leche. De modo que si se ha sosegado suficientemente de la experiencia del parto y ya sabe que ha conseguido_ como hembra de la especie_ generar vida, ahora quiere saber si puede mantenerla. O sea, que se halla, prioritariamente, ante preocupaciones vitales heteroconservativas, la vida del bebé está en juego.

Un recién nacido llorando es la imagen de la indefensión, no obstante, una madre que se siente insegura de poder responder a las demandas de cuidados vitales puede albergar hondos sentimientos de indefensión inconscientes que la hagan sentirse tan indefensa como su bebe ante la aventura de la maternidad, y esta ansiedad puede llegar a malograrle la capacidad de darle el pecho (la depresión post parto puede tener este subtexto). Sin embargo, si todo va bien, el llanto del bebé es el gatillo que activará la receptividad y disponibilidad materna, respuesta impulsada por su propio sistema motivacional de apego/cuidados. Mantendrá el máximo de proximidad física con su bebé y su capacidad de atención estará dirigida privilegiadamente, hacia el recién nacido.

En el primer periodo, aproximadamente hasta los dos meses, el desafió se centrara en su capacidad para atender y regular el cuerpo de su bebé y las funciones básicas del mismo: hambre, sed, excreción, excitabilidad, ritmo de vigilia y sueño. Será la incesante tarea de aprovisionamiento y regulación de las funciones vitales la que contribuirá a establecer modalidades de contacto atencional, tono vital e intensidad emocional que se inscribirán en la memoria del bebé como representaciones interactivas de estar-con (Stern, 1999), o

representaciones relacionadas actuadas (Lyons-Ruth, 2000), que crearán expectativas de repetición más y más especificas y diferenciales, organizando de esta forma el sistema de apego del bebé.

A su vez, el funcionamiento vital de la madre _ el organismo recibiendo las órdenes del hipotálamo para que las glándulas mamarias produzcan leche_ tendrá que hallarse en armonía con un sentimiento de seguridad afectiva que le permita la hiperconcentración en la tarea de la crianza. De modo que sus propias necesidades de apego se van a ver activadas y reforzadas en esos momentos, necesitando ella a su vez “alguna madre” algún otro ser que le brinde unos mínimos de presencia afectiva y protección que le permitan alejar otras preocupaciones, al menos durante el tiempo que pasa con su bebé.

Si todo marcha bien, el encuentro con el cuerpo del niño puede activar el placer sensorial materno: sensaciones de ternura ante la fragilidad y el tamaño, la dulzura del contacto táctil, hasta llegar al punto en que la madre supere la represión conseguida durante su propio desarrollo y vuelva a tener una extrema tolerancia con las sensaciones olfatorias provenientes de la caca y el pis de su cría. Es decir, la madre activa sus circuitos sensoriales y transmite un placer en el contacto físico que el bebé recibirá y percibirá a través de las cualidades generales de experiencia sensorial: intensidad, ritmo, pausa temporal (Stern, 1985), y comenzará a erogenizar no solo la boca, el ano y los genitales _zonas erógenas predeterminadas_, sino a dotar a su cuerpo con experiencias sensoriales de tal intensidad placentera que buscará activamente reproducirlas, activando el sistema motivacional sensual/sexual y desplegando conductas auto eróticas. A su vez, la sensualidad de la díada jugara un papel central en la constitución del vínculo de apego, ya que sumara al cuidado de las necesidades vitales el placer erógeno temprano, lo que constituye un componente del apego humano.

constituyen en señales que la madre logra codificar adecuadamente, la ansiedad disminuirá en ambos miembros de la díada y se irán estableciendo pautas de regulación emocional en el bebé. La secuencia de huellas de memoria de experiencias de displacer rápidamente seguidas de una disminución de la tensión y el restablecimiento del bienestar corporal y psíquico le permitirán al bebe esperar más pacientemente y aliviarse más rápido, es decir, desarrollar su sistema de auto apaciguamiento. La mujer narcisísticamente satisfecha en su nueva identidad como madre mirará a su bebé con ojos de arrobamiento, dialogará dulcemente mientras realiza las tareas de cuidado y transmitirá por todos los sentidos cualidades de placer de contacto, que se registrarán en el bebé en formas de representaciones interactivas que anticiparán en el infante de un Self dotado de la alegría de ser.