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La constitución de la imagen corporal novedosa

En la pubertad, lo novedoso de los cambios somato-instintuales requiere la inscripción del cuerpo e imagen novedosa. Pero también se debe realizar la transcripción/transformación de las huellas pre-existentes, cuerpo infantil, para lograr la concordancia entre la imagen interna con aquella proveniente del exterior a partir de la percepción.

Aberastury (1971) sostiene la importancia de la relación del niño con su cuerpo como uno de los indicios para medir la integridad de su yo. Afirma que hay una íntima relación entre la imagen corporal y las funciones del yo, en especial la percepción, el juicio de realidad y el control de la motricidad.

Knobel (1999) señala que: “El esquema corporal es una resultante intrapsíquica de la realidad del sujeto, es decir, es la representación mental que el sujeto tiene de su propio cuerpo como consecuencia de sus experiencias en continua evolución” (1999, p. 49).

Schilder (1958) define a la imagen corporal como la representación que el sujeto se forma mentalmente de su propio cuerpo. La designa como esquema corporal y señala que está conformada por una base fisiológica y una estructura libidinal. El esquema corporal es la imagen tridimensional que cada uno tiene de sí mismo.

Para Chevnik (1986), la imagen corporal es la interiorización de la relación del niño con su cuerpo, se va elaborando y construyendo a lo largo de la vida y se transformará en función de las diferentes situaciones en la que se vea involucrado el sujeto. Es un componente esencial de la constitución de la

identidad.

Para el autor la imagen corporal cumple las funciones de permitir al sujeto sentirse como una unidad frente al mundo (la autorepresentación), colabora con la diferenciación del ser con el otro, de lo externo y lo interno. Estas funciones deben conducir a representar esta diferencia entre el ser y el otro, entre el adentro y el afuera.

El adecuado funcionamiento de la imagen corporal constituye la representación de un cuerpo unificado, diferenciado del otro, y un cuerpo sexuado (entendiendo a la sexualidad como un conjunto de actividades existentes desde la infancia que proporcionan placer, establece vínculos y que no se reducen a una necesidad fisiológica exclusivamente (Chevnik, 1986, Di Leo, 1978, Schilder, 1958).

Di Leo (1978) diferencia dos etapas en la construcción de la imagen corporal. La primera, estática, donde el niño aprende acerca de su cuerpo y las partes que lo componen; la segunda, una fase dinámica donde el cuerpo es proyectado en el entorno espacial y a partir del movimiento el niño ira adaptándose al continuo cambio de posición y forma en el espacio.

Esta tesis postula que la re-organización psíquica de la imagen corporal se produce a lo largo de toda la vida. Consideramos que en la pubertad, el proceso de metabolización de los cambios acaecidos, que el cuerpo se torne propio y familiar, permitirá el logro de una imagen de sí unificada. Proceso que incluye y requiere la presencia e intercambio con figuras significativas que colaboren en la adecuada tramitación de la pubertad.

Se coincide con Schilder (1958) en definir a la imagen corporal como la representación que el sujeto se forma mentalmente de su propio cuerpo. La misma se conforma por una base fisiológica y una estructura libidinal.

Sostenemos que desde un primer vínculo fusional con la figura materna o primer objeto constituyente del psiquismo, se va construyendo la noción de adentro–afuera, externo–interno. A partir de esta interacción, el niño toma conciencia de su propio cuerpo, de las partes que lo componen, de su ubicación en el espacio, del control de sus movimientos y de la respuesta de su cuerpo a los estímulos. 3

La interacción entre mundo interno y externo, además de constituir el fundamento de la constitución de la imagen corporal, influirá en la forma que esta adquiera. Dicha imagen se va transformando en función de las diferentes situaciones en la que se vea involucrado el sujeto (Chevnik, 1989, Schilder, 1958)

En la Carta 52, Freud (1896) sostiene que el mecanismo psíquico se genera por estratificación sucesiva ya que, de tiempo en tiempo, el material preexistente de huellas mnémicas experimenta un reordenamiento según nuevos nexos, una re transcripción. En sus escritos sobre la afasia afirmaba un reordenamiento similar para las vías que llegan desde la periferia perceptual. En este escrito Freud postula un modelo de transcripciones que desarrollara más tarde en el capítulo VII de La interpretación de los sueños (1900) como el primer esquema de aparato psíquico. Las transcripciones, que se siguen unas a otras, sostiene el autor, constituyen la operación psíquica de épocas sucesivas de la vida y en las fronteras de las mismas debe darse una traducción del material psíquico, sin poder evitar cierta cuota de displacer en

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El bebé requiere de un objeto externo, pecho materno, para calmar el estado de tensión propio del hambre. En ese encuentro, donde se pierden las fronteras entre lo somático y lo psíquico para transformarse en una experiencia que engloba a ambos, se constituye la vivencia de satisfacción. Vivencia que establece la primera relación entre un proceso interno y un factor externo necesario y constituyente del proceso de diferenciación, representación externo e interno y motor del deseo.

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este proceso. Si no se produce esta traducción, si la reescritura posterior falta, existirá un anacronismo. Freud sostiene esta cuestión también en la relación entre lo corporal y la corteza cerebral, es decir que se necesita un tiempo de transcripción, traducción, tramitación, elaboración entre las primeras huellas mnémicas y las actuales, si no, se corre el riesgo de que éstas sean tratadas según las leyes de los períodos anteriores.

En ese escrito Freud sienta las bases de lo que luego desarrolla y conceptualiza a lo largo de su obra. Destacamos la importancia de la descripción que realiza sobre las transcripciones psíquicas que sufren un permanente reordenamiento.

Freud sostiene también la existencia de nuevas inscripciones según las diferentes etapas de la vida que deben ser traducidas para que no sean tratadas según las leyes de períodos anteriores, por lo tanto plantea un psiquismo abierto a nuevas inscripciones desde lo corporal y desde la vía perceptual destacando la necesidad e importancia de un proceso transformacional del psiquismo para evitar el anacronismo.

En relación al proceso puberal, el texto freudiano permite describir la tarea que el púber debe realizar ante los cambios corporales. El niño debe inscribir una nueva imagen pero también transformar y re-presentar psíquicamente las inscripciones y representaciones psíquicas anteriores, resaltando el proceso transformacional del psiquismo, para no seguir tratando a su cuerpo e imagen según las leyes psicológicas del período anterior.

El trabajo del pensamiento (lograr la representación e inscripción psíquica de los cambios físicos y acceder a la palabra) restablece psíquicamente una continuidad allí donde la experiencia está marcada por el

sello de la discontinuidad. Esta concordancia va de la mano de comenzar a tener el juicio de atribución y el juicio de existencia.

Freud, en La Negación, sostiene que el juicio tiene dos posiciones que adoptar: atribuir o des-atribuir una propiedad a una cosa (juicio de atribución), y admitir o impugnar la existencia de una representación en la realidad (juicio de existencia)

Ahora ya no se trata de si algo percibido (una cosa del mundo) debe ser acogido o no en el interior del yo, sino de si algo presente como representación dentro del yo puede ser reencontrado también en la percepción (realidad). (1925, p.255)

Paulatinamente, el juicio de atribución, más cercano al principio de placer, comienza a darse conjuntamente con el juicio de existencia (y por consiguiente, el principio de realidad). Freud plantea que se está frente a una cuestión de afuera y adentro. Para el autor todas las representaciones provienen de percepciones y son la repetición de éstas, pero en un comienzo:

ello ocurrió en el extremo sensorial del aparato anímico, a raíz de las percepciones de los sentidos. En efecto, de acuerdo con nuestro supuesto, la percepción no es un proceso puramente pasivo, sino que el yo envía de manera periódica al sistema percepción pequeños volúmenes de investidura por medio de los cuales toma muestras de los estímulos externos, para volver a retirarse tras cada uno de estos avances tentaleantes. (1925, p.256)

La percepción opera en una permanente interrelación interno- externo, toma de los estímulos externos, pequeñas muestras que permiten la constitución de las representaciones a un sujeto.

En la pubertad, paulatinamente, en la interrelación entre mundo interno y mundo externo, y por esta articulación, el púber logra la representación psíquica de lo percibido como novedoso y extraño, su cuerpo, para adquirir la

concordancia entre la representación psíquica que tiene de su cuerpo y la percepción proveniente del exterior de su cuerpo novedoso.