7En una conversación dialógica es fundamental que la indagación sea compartida, que ninguno
suponga lo que el otro narra, se busca entender al otro y aprender de este, los participantes se comprometen a intentar entender al otro. Este tipo de conversación requiere de un “espacio dialógico”, que es un espacio metafórico en el pensamiento “a la consideración de ideas, creencias y opiniones múltiples” (Anderson, 1999. p.159) las conversaciones no son lineales, los temas de estas cambian de manera progresiva o abrupta, se mezclan con otros temas o dan saltos, no son determinadas por anticipado, muestra interés e invita a todas las voces, evita los secretos, usa lenguaje colectivo. La terapia busca nuevas formas de diálogo de la historia familiar ya contada, no busca descubrir nueva información, sino que crear nuevos sentidos en una historia recontada, co- construida en el intercambio. Estos nuevos significados no buscan la resolución de un problema, como un relato lineal, sino que la disolución de “dilema” o “situación vital” que es parte del relato.
Gálvez, como uno de los formadores dentro de eQtasis, considera el proceso de aprendizaje de los terapeutas como una instancia de deformación para el formador y el formando. En la (de)formación de terapeutas no solo existe un aprendizaje unilateral de aquella persona en posición de formando, sino que es una modificación entre ambos participantes, en la cual se realiza una deconstrucción en el discurso, se reformula, y reconstruye, de lo cual emergen nuevas perspectivas para quien se encuentra en formación, como para aquel que se posiciona como “formador”. En ese sentido se invita a “actuar una actitud deconstructiva” (Gálvez, 2010, p, 97) que involucra incertidumbres, que es inexacta y se aleja por tanto de la psicología tradicional
En la construcción de personajes terapéutico, se describen 3 condiciones contextuales que dibujan y permiten la formación de un terapeuta. a) Una ontología que se desprende de la acción en contraposición a una ontología y epistemología que estén previo de base ante las acciones, b) una realidad posmoderna, donde se trabaje constantemente una mirada crítica acerca de todos los conceptos de verdad unívocos, y c) una concepción de deformación en el quehacer de formador y formando. Bajo esta idea se estaría en un proceso constante de aparición de nuevas perspectivas, de deconstrucción y reformulación. Entonces, estas condiciones de crítica constante y ausencia de certidumbre, de ser como producto del discurso, y una formación que deforma a sus participantes, no solo describe el proceso formación psicoterapéutica, también permite un desarrollo del o los personaje terapéuticos, el ser del terapeuta en terapia.
Para entender a que se refiere cuando se indica “personaje”, se toman distinciones y conceptos de la construcción de personajes en el arte, la literatura y el teatro. Gálvez nos indica que el personaje no puede ser entendido como una ficción, que la persona no es una esencia y el personaje una “funcionalidad” de esta bajo una historia particular. El personaje es “un cierto conjunto de actividades, de transformaciones antropomórficas que cobran sentido y significación a medida que representan un hacer” (Gálvez, 2010, p.100).
Respecto a los conceptos que este toma de los personajes de literatura y las artes, cabe destacar las distinciones que se pueden hacer del personaje de guion; la presencia, que son los rasgos iníciales y complementos artifactuales. La situación, como el contexto en que este se encuentra, y la acción o actuación, como el escenario y la palabra que nos comunican el parecer del personaje. También se nos indican distinciones que apuntan a la formación, desarrollo y motivaciones del personaje, como el “contexto” en que se sitúa, la “meta”, como la motivación a la acción, la “postura/opinión” de las situaciones que lo involucran y lo que hace con estas y finalmente la “evolución”, como el crecimiento a través del conflicto. Desde el teatro, tomando como principal influencia a Konstantin Stanislavski, el
personaje es visto como un ser que no se comprende a sí mismo a cabalidad, ya que en su situación, y como cualquier sujeto, sólo conoce su pasado. Se sitúa en el presente y de acuerdo a este presente es que sus acciones son coherentes. La construcción del personaje teatral se describe desde tres factores. (Gálvez, 2010)
A) se resalta la complejidad de articular la emoción con cada situación a desarrollar por el personaje, y la fuerza o energía que esta entrega para alcanzar sus objetivos/metas en la trama.
B)“Tridimensionalidad del personaje”, que son los aspectos psicológicos, sociales y físicos, que le entregan particularidad y por tanto no solo le dan vida, sino que lo hacen distinguible.
C) Conflicto, es aquello que se interpone con el objetivo de los personajes, y cómo estos, se encuentra situado, ocurre en cierto contexto y momento en que los personajes han desplegado acciones para alcanzar su objetivo y que son concordantes con sus características particulares, es por esto, que el conflicto presenta riesgo para ellos.
Respecto a si el personaje es o no la persona, se considera como una discusión “saldada” al adscribir al pensamiento posmoderno, abandonando la idea esencialista de lo que “es” la persona, y considerando que tanto persona como personaje son construidos finalmente en el lenguaje.
El personaje en la formación terapéutica.
El proceso de asesoramiento y entrenamiento puede ser entendido como un proceso de construcción de personajes. En este proceso el personaje es inventado por el formando, y responde en un inicio a dos factores, las necesidades del contexto y las características que este cree tener. Se enfoca en sus recursos más que en sus carencias, para que la persona pueda trabajar con los recursos que cree tener, y por ende, se encuentran más a mano. La construcción del personaje terapéutico es descrita como una invención del formando, no refiriendo a una dimensión ficticia, sino por tres dimensiones de la invención misma; a) como la capacidad de inventar (la inventiva), b) como el acto, el momento en que acontece lo “nuevo”, y c) lo que es inventado (el contenido de la novedad). (Gálvez, 2010)
Estas tres dimensiones de en la invención del personaje terapéutico se presentan durante la formación, por ende, es tarea del formador y el formando poner atención en las apariciones de la novedad en todas sus formas, para que no sea limitada por alguno de los dos. También, se considera necesario atender el concepto de error, pensando la conversación en términos de útil o menos útil, aquello que se consigna como un error es una inadecuación en relación a esa utilidad y se determina de manera posterior, el riesgo de consignar el error, radica en que se establezca una limitación a las formas de actuar del terapeuta, como si éste incurriera en una falta y se consigne a seguir una estructura rígida de comportamiento.
En la formación del personaje, no se puede trabajar solo desde una forma de actuar, si este se forma constantemente existirá una cambio-desgaste de los principios que lo establecen, asimismo, la terapia es “un contexto relacional, del cual, quienes participan de él, siempre lo hacen de la mejor forma posible” (Gálvez, 2010, p. 107). En esa línea, Gálvez propone la formación entendida en un proceso de construcción de personajes como una ventaja para el desapego, puesto que permite llevar la atención desde lo que se es a lo que se puede llegar a ser (centrar los recursos y desatender las fallas y dificultades), es buscar “el sin número de personajes no actuados hasta el momento en el contexto terapéutico, pero quizás sí en otros dominios de existencia.” (Gálvez, 2010, p. 108) una posibilidad que se considera más difícil de abarcar desde conceptos como “la persona del terapeuta”, que se desarrolla desde lo que la persona es, aunque presenta similitudes acerca de desarrollar posibilidades y fortalece los recursos del terapeuta con conceptos como el “estilo del terapeuta” o “estilo personal del terapeuta” (Castañeiras, C., García,F., Gómez, B., y Fernández-Álvarez, H., Rial, V. 2006, Ceberio, s/f).
En el proceso de deformación se pueden describir 4 etapas en la construcción de personajes terapéuticos (Gálvez, 2010, p.110):
Contexto: se considera necesario el declarar explícitamente el contexto en que se realizará el proceso de formación, ya que este no solo se encuentra relacionado con la adecuación del personaje, también con los posibles personajes a desarrollar y cambios que estos puedan traer a este contexto particular.
Meta: enfocada a las motivaciones personales del terapeuta, se sugiere que éste aborde y considere las motivaciones que lo impulsan a realizar una práctica psicoterapéutica, además de las “ambiciones” que este se puede plantear como actor social.
acercarse durante el proceso formativo -y durante el mismo proceso terapéutico-, así, tener la posibilidad de desarrollar múltiples personajes, le permite al terapeuta ser más flexible en su actuar y abordar distintos contextos. Todos los personajes disponen de una postura, es decir, cuentan con una opinión de la situación en la cual están participando, y optar entre uno u otro personaje depende de la opinión que el terapeuta tenga de la postura que debe adoptar en determinado contexto
Evolución: Para terminar de conformar un proceso de deformación en relación con la construcción de personajes terapéuticos, se sugiere establecer etapas de evaluación de la construcción de dicho personaje, “incorporar un lenguaje, una nueva forma de hablar, un abandono a la primacía del sujeto (versus personaje), una forma de leer los procesos ahora centrados (y la relación entre ellos) en los conceptos de personaje-escenario- acción”
Un aporte importante al concepto, es el que realiza Verónica Jordán (2015), en su tesis de magíster, donde se enfoca al desarrollo psicocorporal del personaje terapéutico. En dicho trabajo, la corporalidad es entendida como vivencia consciente del cuerpo. La vivencia de lo corporal se considera necesaria o valiosa en la formación del psicoterapeuta, puesto “que desarrollarla nos haría terapeutas más presentes, hábiles y con una mayor cantidad de recursos al servicio de los procesos de cambio y desarrollo de nuestros pacientes o clientes”(Jordán, 2015, p. 80). La idea de una consciencia corporeizada surge del cuestionamiento a los métodos de validación en psicoterapia, que están enfocados principalmente a un dominio teórico y/o académico, resaltando la posición de un terapeuta que sabe, controla y previene, frente a uno que está presente y usa su presencia como recurso. Debido a lo anterior, el cuerpo se invisibiliza en terapia, por un dominio lingüístico como principal competencia del terapeuta, no tomando registro e incluso temiendo acercarse al dominio y los recursos corporales.
El desarrollo de esta consciencia propioceptiva permitiría emerger nuevas posibilidades ya que genera un cambio en la forma de “aparecer” en terapia, aunque estos cambios no anticipen qué nuevos recursos son los que aparecerán, el estar presente y consciente de lo corpóreo es una posibilidad ampliar el personaje terapéutico, ejemplo de esto es que el uso de la consciencia propioceptiva (a través de la respiración) puede “mantener” al terapeuta en el espacio de terapia. Por otra parte “Si centramos nuestra atención en la dimensión corpórea entonces, no estamos pensando en desarrollar un personaje en el sentido narrativo del término, pues no hay necesariamente un guión o pauta a seguir, sino un nuevo personaje que es, como bellamente declara una participante, como una cadencia, es decir un modo de moverse, un ritmo.” (Jodan, p. 82, 2015). Esta nueva sensación de estar y ser
en terapia, deviene posteriormente en una nueva narrativa, por ende, se construye fuera de las narrativas previas, de ahí la posibilidad de introducir novedad, novedad que a posteriori adquiere sentido, transformando la narrativa del terapeuta. Por último, destacar “la metáfora del personaje usurpador, (...) este personaje como la mente apolínea-patriarcal que domina y sobre controla nuestra práctica y hacer clínico (...) Desde la vivencia consciente del cuerpo en movimiento es posible acceder a comprensiones más rápidas y profundas respecto del propio personaje terapéutico y respecto de mi identidad y ser en el mundo, que si nos centramos solamente en la reflexión o la palabra.”(Jodan, p. 85, 2015)
IV. Marco metodológico