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Es importante tener en cuenta que las emociones van más allá de ser un impulso o respuesta a un estímulo, ellas tienen profundas funciones en nuestra vida, por ejemplo, Bisquerra (2009) considera que estas permiten al ser humano adaptarse al entorno, comunicar, tomar decisiones, influir en sus procesos mentales, en últimas se logra un desarrollo personal.

Por otro lado, Maturana (2013) desarrolla una idea sublime frente a la emoción del amor, esta permite esa construcción y convivencia con el otro, necesaria en la evolución, en el origen de lo humano. Sí el amor como emoción tiene el objetivo mencionado anteriormente, lo mismo sucede con el enojo (destruir un obstáculo), desagrado (expulsión o rechazo), cada una cumple un papel dentro de esa relación del ser humano con sí mismo, el otro y el entorno que le rodea.

Las emociones hacen parte de nosotros como humanos, poseemos cierta independencia de nuestro exterior, el individuo se puede entender como nosotros mismos sin nada de lo que nos rodea, cuando el individuo se conecta con todo aquello que lo rodea inicia un aprendizaje en dos direcciones, tanto hacia afuera (descubre todo lo que lo rodea) como hacia adentro (se descubre así mismo con una independencia, que nunca es total, de lo que lo circunda), todo este aprendizaje se hace parte del individuo, es decir, se interioriza, entendiéndolo como sujeto.

En lo anterior, se evidencia todo su comportamiento aprendido a partir de sus experiencias, está sujeto a ser hijo, hermano, padre, madre, dentro de la familia, ser estudiante o profesor dentro de las prácticas pedagógicas, es para sí, un yo y obtiene la capacidad del individuo para nombrarse,

36 luego la capacidad de describirse y es aquí, donde empieza a aparecer el sentido de vida, para definir lo que hacemos debemos hacernos las preguntas ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo?

El pensamiento se relaciona con las emociones y aunque estas devienen del pensamiento, en reacción de los estímulos, tanto el pensamiento como el sentimiento están profundamente relacionados en la construcción del ser, sin olvidar que “todas las acciones humanas se fundan en lo emocional, independientemente del espacio operacional en que surjan, y no hay ninguna acción humana sin una emoción que la establezca como tal y la torne posible como acto" (Maturana 2013, p. 21). En una perspectiva del desarrollo integral, estos dos aspectos anteriormente nombrados, tienen una lógica relacional donde el uno conlleva al otro, circunscribiéndose una interacción constantemente del uno sobre el otro, el pensamiento al elaborar una representación de la realidad, origina la emoción.

Para ver al sujeto debemos dar una posición encadenada en todas estas relaciones que tiene con otros sujetos y con la misma naturaleza de su existencia, es decir, el sujeto está en sí y a su vez no, se ve eclipsado por todo aquello que no es individual, que es externo al sujeto. El sujeto se ordena como individuo y como colectivo para sobrevivir creando un yo que se desprende de esta relación, que se interioriza y se hace real, que se interioriza y se hace ilusión.

Sabemos que actuamos por lo que somos y nos construimos junto al exterior con el que convivimos, pero este yo y esta voluntad se ve reflejada en la emoción y el sentimiento hacia la acción, si la acción es contraria al sentimiento, quiere decir que la voluntad está doblegada. Para empezar a hablar del yo, es necesario tener en cuenta que nos construimos permanentemente con la pasión como sentido de vida, así, para vivir se requiere una emocionalidad que nos una a ella, Freud (1930) buscó el sentido y lo llamaba un sentimiento oceánico, esa sensación de que somos parte de algo y vamos más allá de nosotros mismos, y se genera allí en el punto donde se unen lo que creemos con lo que sentimos.

Este punto se debe considerar como algo vivo, cambiante, un lugar donde se definen relaciones sociales y naturales, así el miedo, la ira, la alegría, la tristeza, etc. al igual que el amor y el afecto son los motores de las relaciones humanas las cuales también se deben ubicar en este punto, en donde debemos querer lo que tenemos y hacemos y a su vez construirse ello hacia el bienestar.

37 Está claro que existe una invisibilización acerca de lo emocional, lo cual borra parte importante de lo que es el ser humano, ya que no solo nos construimos a nosotros mismos a partir de lo que sabemos sino también de nuestra vida emocional, marca el derrotero de nuestros deseos y motivaciones, como lo explica Maturana (2013), sin embargo, es necesario identificar a lo largo de nuestra vida, para entendernos y comprender a los demás, aspectos con los cuales sentimos afinidad, con lo que tenemos afectividad y con los que no, además, es importante reconocer lo que percibimos de nuestro exterior y la forma como ese exterior va consolidando nuestro interior, generando significaciones partiendo de nuestro exterior para producir nuestras afectaciones, lo que sentimos.

Así, nuestras emociones fortalecen o destruyen nuestra relación con ese gran otro social, un aspecto inquietante es que se puede llegar a romper relaciones hasta consigo mismo si no se maneja nuestro mundo emocional de manera adecuada. A veces, en el mundo actual existe una dicotomía, unos momentos nos disolvemos en el mar de los otros, obligados por la necesidad de la vida en comunidad, sin reflexionar, ni entender los sentires propios, para los individuos humanos, formándonos y formando un mundo de ideas, concepciones, imaginarios e inclusive juzgando emociones, ya que también formamos emociones hacia las emociones. Otras veces empujados por la individualidad que nos aqueja la intensa incertidumbre de la soledad.