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Capítulo 1: Las TICs en la crisis económica global

1.4. CRISIS FINANCIERA

1.4.1. La crisis y sus orígenes

Durante los años 2006 y 2007 tuvieron lugar una serie de hechos que desataron una crisis financiera a gran escala que, durante 2008, se consolidó en una crisis económica a nivel global, que afecta especialmente a los países más desarrollados. Durante principios y mediados de la primera década del siglo, una serie de factores (como la necesidad de fomentar el consumo tras la caída provocada por incertidumbre creada por la situación política internacional que se produjo después de los atentados del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos) habían llevado a que los tipos de interés bancarios alcanzaran niveles inusualmente bajos, permitiendo el acceso fácil a una cantidad de crédito inusitada.

Con el estallido de la burbuja de las empresas tecnológicas del año 2000 aún demasiado cercano, los inversores buscaron un mercado más estable en el que tratar de aprovechar este crédito fácil, volcándose masiva y principalmente en los bienes inmuebles y los productos financieros derivados de este sector. Esto produjo que durante el primer lustro de la década los precios aumentaran vertiginosamente (en España, entre el año 2000 y el 2005, el precio por metro cuadrado construido aumento más de un 150%), lo que produjo efecto bola de nieve, atrayendo más capitales, aumentando la demanda, y con ellos los precios.

En verano del año 2007 se produjeron una serie de hechos en los que se vieron involucradas varias entidades financieras estadounidenses y que dieron origen a lo que hoy conocemos como la crisis económica mundial del 2008. Básicamente, los fondos y la banca de inversión habían estado negociando con una serie de productos financieros derivados del mercado inmobiliario. Entre ellos destacaban los paquetes de créditos hipotecarios, que agrupaban varias hipotecas que eran vendidas entre unas y otras entidades como una unidad, a pesar de que en el mismo paquete podían venir hipotecas de riesgo muy bajo con otras de riesgo muy alto (hipotecas concedidas a personas de bajo nivel adquisitivo, con un alto riesgo de

impago). Al mezclar estos diferentes tipos en un solo producto, se estaba camuflando el riesgo asociado a estas, y automáticamente se convertían en un producto ‘deseable’ por los inversores.

Durante los meses previos a la explosión de la crisis, distintas entidades de control y medios especializados comenzaron a advertir del riesgo que los inversores estaban corriendo, pero no fue hasta que varios fondos, especializados en negociar con este tipo de productos financieros, entraron en quiebra, cuando se desató el pánico. Durante agosto del año 2008 y los meses siguientes fue saliendo a la luz que estos productos financieros de alto riesgo se habían extendido severamente por todo el sistema financiero, y que gran parte de las mayores entidades bancarias y de inversión, tanto norteamericanas como europeas, se encontraban fuertemente comprometidas. El problema base era que, al salir a la luz que el riesgo de parte de sus activos financieros habían sido fuertemente subestimado, su valor pasaba a ser muy inferior al declarado inicialmente. Esto llevo a una serie de quiebras que amenazó todo el sistema bancario internacional, haciendo que los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea tuvieran que inyectar masivamente capital público en las entidades bancarias para evitar su caída.

Sin embargo, esto sólo frenó el pánico inicial, pero no fue suficiente para frenar el problema de los bancos. Estos, encontrándose en una situación muy vulnerable, con sus activos reales lejos del valor declarado, comenzaron a comportarse defensivamente y dejaron de proporcionar crédito fácil, lo que hizo que la economía se ralentizara y entrara en una espiral destructiva de la que aún no hemos salido. A esto hay que sumarle el resultado de las masivas inyecciones de capital realizadas por sector público a la banca, que combinadas con la disminución de ingresos que supone para los estados el descenso del consumo y el empleo, ha puesto en serios problemas de financiación a gran parte de la unión europea.

Este es el escenario económico actual, falta de crédito bancario, dificultades de financiación en el sector público y recesión en las que durante los últimos siglos habían sido las principales potencias mundiales. Si combinamos la situación actual con el hecho de que la población mundial se ha duplicado desde los años sesenta del pasado siglo, y se prevé que este crecimiento continúe aumentando exponencialmente, y que los dos países más poblados del mundo son también los países que más crecen económicamente hoy en día, necesitando cada vez de mayor número de recursos para sostener este crecimiento (y por tanto haciendo aumentar el precio de estos), cabe prever que la industria de las tecnologías de la información, como cualquier

otra, debe estar preparada para enfrentarse al actual contexto económico durante un largo periodo de tiempo.

Con la acumulación de problemas en los últimos años, Europa ha llegado a un punto crítico donde se verá obligada a adoptar decisiones cruciales. Podemos centrarnos en la crisis económica, una serie de amplios reajustes geoestratégicos a escala mundial, la crisis de gobierno implícita en las relaciones entre la clase política y la sociedad civil, y el profundo malestar alrededor de una cultura de la modernidad vagamente definida. En su conjunto, estos cuatro aspectos afectan radicalmente al curso de la Europa actual y, por lo tanto, a todos y cada uno de los Estados miembros (entre ellos, por supuesto, España). Que cualquiera de ellos se enfrentase a todos estos problemas y encontrase una solución actuando por su cuenta, no sólo sería complicado sino imposible.