LEGITIMIDAD POLÍTICA
LA DEMANDA POLÍTICA DE REFORMA DE LAS INSTITUCIONES MULTILATERALES
Una potencia emergente es un país que pone en cuestión su lugar en el seno del orden establecido y que, en consecuencia, da muestras de ambición política. Rusia y China expresan así su insatisfacción frente al orden actual que diluye la soberanía, y reafirman su ad- hesión al principio de no injerencia y su preferencia por un mundo multipolar. En los albores del siglo XXI, la segunda generación de potencias emergentes exige una reforma de la gobernanza mundial, al mismo tiempo que denuncia la pérdida de legitimidad de las insti- tuciones internacionales actuales. Tomando distancia del tercermun- dismo, de las estrategias del Grupo de los 77 y del Movimiento de los No Alineados, este nuevo pedido de reforma del sistema interna- cional es el resultado de una aceptación más consensual de las nor- mas defendidas por las instituciones internacionales. En efecto, ya no se trata más de transformar radicalmente el orden mundial, ni de simplemente integrarse al sistema como lo hicieron los nuevos países
industrializados en los años ochenta y noventa, sino más bien se trata de pedir la reforma de la gobernanza mundial tomando en cuenta las nuevas realidades de la configuración internacional. El cambio requerido no significa necesariamente una democratización de la go- bernanza, sino simplemente la inclusión en el proceso de los Estados emergentes que se ven de momento excluidos.
De esta forma, Brasil pasó a revisar las orientaciones estratégicas de su diplomacia en 2003, utilizando su política exterior para modifi- car las relaciones de fuerza y la geografía del comercio mundial. Celso Amorim, ministro de Relaciones Exteriores, dio una nueva vitalidad a las relaciones exteriores y le devolvió credibilidad a la idea de au- tonomía política de los países del Sur. A la par que insistió sobre la necesidad de negociaciones. La diplomacia de Lula destacó dos aspi- raciones: la presencia soberana de Brasil en el mundo y la proyección de los principios de justicia distributiva en el seno del multilateralis- mo político y económico. Además, la cooperación Sur-Sur fue mu- chas veces presentada como una alternativa viable como contracara de la cooperación Norte-Sur, especialmente en el contexto regional sudamericano. Espacio privilegiado de experimentación de esta hipó- tesis Sur-Sur, la integración regional fue fundada sobre la necesidad estratégica de un contrapeso a la influencia de Estados Unidos en la región y sobre el aporte de los financiamientos del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social brasileño (BNDES) otorgados a los países vecinos. En su relación con Estados Unidos, Brasil pudo te- ner numerosos puntos de fricción en cuanto a la integración de las Américas, el rol de Venezuela y del ALBA (Alianza Bolivariana para las Américas) en América del Sur o respecto de la participación del sec- tor público en el modelo brasileño de desarrollo económico. Existen dos otros problemas que no pueden ser considerados aisladamente: la reacción negativa de Estados Unidos a las pretensiones brasileñas de producción de uranio enriquecido en su territorio nacional, y el caso de Honduras. Vale recordar que Estados Unidos reconoció al gobierno electo de Porfirio Lobo, presidente desde enero del 2010, mientras que Brasil sigue apoyando el retorno al poder de Manuel Zelaya, conside- rado el presidente legítimo de Honduras. El reacercamiento reciente de Brasil con Turquía e Irán, además de su enfática petición de refor- ma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que suscitó in- tensas reacciones en Washington, constituye otro desacuerdo notable. Si la transición Lula-Dilma debía provocar mutaciones de estilo en la conducta de la diplomacia pública, no hay que olvidarse de que la coa- lición política en el poder no cambió de forma significativa.
Volvamos entonces a nuestra pregunta inicial: ¿qué rol políti- co juegan las diplomacias emergentes en el actual orden mundial?
¿Construyen estrategias comunes con el objetivo de cambiarlo? M. R. Soares de Lima y M. Hirst (2009) proponen una serie de tres crite- rios para la identificación de los países emergentes: una capacidad material que los distingue de los otros países en desarrollo; particu- laridades respecto de su rol identificado en el sistema internacional; indicadores de autopercepción (sobre dicho rol), y forma de recono- cimiento por parte de otros países. Los países emergentes tendrían, de esta manera, una relativa capacidad de proyección e influencia, es- pecialmente en los ámbitos de la cultura, de las políticas públicas en materia de desarrollo, y de los modelos de organización social que po- drían servir de ejemplo a otros países en desarrollo. G. Dupas (2006) había propuesto el término “grandes países periféricos” para designar aquellos países con una masa crítica suficiente como para participar, real o potencialmente, en la economía mundial. El desarrollo del capi- talismo mundializado engendraba, según él, la difusión de la potencia económica hacia un determinado número de países periféricos en los cuales una población importante permitía un rol distinto en el seno de la economía mundial y, a partir de esto, en la reconfiguración del orden mundial.
Así es como Sudáfrica, Brasil, China, India y Rusia, a pesar de sus diferencias, comparten cierto número de características comunes: estos países poseen recursos económicos, políticos y militares consi- derables en relación a la gran mayoría de los países del Sur; disponen todos de una capacidad de influencia relativa sobre el plan regional y a nivel mundial; y tienen todos un grado de cohesión doméstica y una capacidad de acción estatal efectiva. Empezaron también, en es- tos últimos años, a desarrollar entre ellos relaciones bilaterales. Rusia y China trabajan conjuntamente en el seno de la Shangai Cooperation Organization –fundada por ellos en el año 2001 con Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán y Kazajstán–, y llevan adelante ejercicios de cooperación militar. Brasil, China, India y Rusia anunciaron, además, en abril de 2010 la creación de un banco interregional de desarrollo en ocasión de la Cumbre de los BRICS en Brasilia.
Brasil e India sostienen un tipo de liderazgo, no sin dificultades, tanto en el G20 como en las negociaciones comerciales de la OMC, al utilizar las posibilidades ofrecidas por las normas de la organización internacional con el objetivo de intentar obligar a Estados Unidos y a la Unión Europea (UE) a aceptar una revisión de los reglamentos agrícolas; provocando la indignación del gobierno de estadouniden- se. Brasil denunció especialmente la pasividad del Grupo de Cairns, fundado en 1999 por iniciativa de los australianos, frente a los posicio- namientos de Estados Unidos (Farm Bill) y de la UE (Política agrícola común) en materia agrícola. La creación del G20 es el ejemplo de una
nueva lectura geopolítica del comercio internacional para los países del Sur. Menos heterogéneo, este grupo reúne, desde agosto de 2003, a países agrícolas que representan alrededor del 60% de la población mundial y el 70% de la producción rural mundial, pidiendo la refor- ma del régimen internacional del comercio.
Brasil, India y Sudáfrica refuerzan su relación al mismo tiem- po que su proyección geopolítica a través del Foro IBAS, lanzado en 2003. En materia de seguridad, el plan de acción IBAS-2004 prevé, por ejemplo, la realización de ejercicios militares conjuntos, la parti- cipación en operaciones de mantenimiento de la paz, y la lucha contra el tráfico de armas, estupefacientes y productos químicos tóxicos en los océanos Índico y Atlántico. En 2003, Sudáfrica y Brasil firmaron un acuerdo de cooperación en materia de defensa. En 2007, Brasil e India establecen el comité de defensa indo-brasileño con la decisión de designar a un agregado de cooperación militar en sus respectivas embajadas (Cepik, 2009: 63-118; Alsina Júnior, 2009).
Desde sus diferentes actividades, los grandes países emergentes dan muestra de ambición internacional al posicionarse como acto- res ineludibles de la cooperación Sur-Sur, del desarrollo, de la lucha contra la pobreza y de la reforma de las instituciones internacionales (Vizentini, 2006). ¿Cuáles serían los límites creados por la crisis que, sobre todo desde el 2010, pasó a interferir de modo crucial en las eco- nomías de estos países? ¿Qué impactos la crisis económica tendría en la capacidad de formulación estratégica (individual y colectiva) de los países del grupo BRICS?
EL ACELERAMIENTO DE LA CRISIS Y SUS EFECTOS SOBRE LOS