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La devastación de la ciudad y la desamortización

In document Tlaxcala: La invención de un convento (página 129-131)

Jaime Cuadriello dio a conocer una pintura anóni- ma de 1808 denominada El venerable anacoreta Juan Bautista de Jesús implora para librar a la ciudad de

Tlaxcala de una tormenta e inundación, de la colección del santuario de la Defensa en Tlaxcala.32 En esta

imagen panorámica aparece la ciudad de Tlaxcala muy pequeña, anegada en sus calles, con una plaza

cuadrada, sin jardín y rodeada por edificios que

distan mucho de los que ahora se ven.

No había una traza urbana que marcara retícula alguna. Del lado poniente se hallaban la parroquia y la capilla real; en el extremo superior izquierdo, en lo más alto del cerro de Ocotlán, el famoso san- tuario mariano; mientras que del lado derecho, al centro sobre la ladera de otra colina, se aprecia el lado norte del conjunto conventual franciscano. En éste se alcanza a ver una escalinata que el oleaje del agua toca en los peldaños inferiores y centrales, y en la que dos frailes platican y preceden la arcada de tres vanos, quizá ya con el túnel aéreo. El muro del convento presenta una puertecilla y ventanería adintelada en el segundo cuerpo. La torre se ob- serva de planta cuadrada, con arcos en el último registro y una cúpula semejante a la actual, o sea que ya había adquirido la forma que hoy tiene. Así

era el edificio frailuno en los albores de la Guerra

de Independencia, pero la ciudad continuaba inun-

dándose constantemente (figura 4.26).

Efectivamente, el río Zahuapan fue el principal enemigo de los habitantes de la ciudad que vivían rogando a los santos del cielo que no se desborda-

ra. Las constantes crecidas arrasaban con edificios,

personas, animales y cosechas. Las inundaciones prosiguieron y con ellas la falta de recursos no sólo de la antigua ciudad, sino de toda la provincia in- dígena que se vio más mermada en la época inde- pendiente. Las continuas guerras y el pillaje de los delincuentes que se aprovecharon de la confusión ocasionaron mayores daños a la economía.

Asimismo, la pobreza en la que se hallaba la región provocó que los diferentes congresos consti- tuyentes que se dieron cita en el siglo xix preten-

dieran anexar la región tlaxcalteca a puebla, aun- que sólo llegaron a darle la categoría de territorio y 30 Jaime Cuadriello, op. cit., pp. 433-436.

31Ibid., pp. 436-443, apud, Manuel Loayzaga, Historia de la milagrosísima imagen de Nra. Sra. De Occotlán, que se venera ex-

tramuros de la ciudad de Tlaxcala. Dala a nueva luz reimpresa y añadida el Br. D. (…), México, Imprenta de la Viuda de D.

Joseph Hogal, 1750, p. 42; Benito María de Moxó, Cartas mejicanas [1804], prólogo de Elías Trabulse, México, Biblioteca de la Fundación Miguel Alemán, 1995, pp. 280-281.

32 Jaime Cuadriello, op. cit., p. 438.

s Figura 4.26. Anónimo. El venerable anacoreta Juan Bautista de Jesús implora para liberar a la ciudad de Tlaxcala

de una tormenta e inundación, 1808 (detalle). Óleo sobre

tela, Col. santuario de la Defensa. Tlaxcala. Foto: pedro Ángeles, AFiie-unAm.

luego a formar parte del departamento de México. La capital era vista por sus coetáneos federalistas y centralistas como “un conjunto de ruinas for- madas en el recodo de un río sin potencialidades productivas”.33

pese a los estragos del río y a la penuria gene- ral, los tlaxcaltecas no admitieron perder su auto-

nomía de antaño, hasta que finalmente lograron

un estado libre y soberano en el Congreso de la unión de diciembre de 1856. sin embargo, las reyertas entre liberales y conservadores, y luego imperialistas, los dividieron y enfrentaron en su

misma tierra agravando la miseria. El fin de los

combates se obtuvo gracias a la alianza entre el coronel tlaxcalteca Miguel Lira y Ortega y el ge-

neral Porfirio Díaz en 1867.34 El primero ocupó

el cargo de gobernador del estado (1868-1872 y 1877-1880) y fue entonces cuando los habitantes

de la jurisdicción empezaron a reactivar la econo- mía con las consecuentes mejoras materiales en las obras y servicios públicos, lo que desde luego tuvo

que ver con el antiguo edificio franciscano.

El convento había padecido la desamortización en 1861 a causa de la puesta en práctica de las Le- yes de Reforma. Efectivamente, el presidente de la república lo cedió junto con sus anexos al gobier- no de Tlaxcala para que estableciera un plantel de enseñanza secundaria el 17 de mayo de 1861, pero

fue hasta después de la invasión francesa cuando se iniciaron las obras.35 Ya para ese entonces había

desaparecido la escalinata que precedía a la arcada de acceso al patio por el norte y en su lugar existía la rampa actual.36 Quizá ya se había construido el

túnel aéreo que comunica el convento con la torre sobre la arcada de ingreso al patio alto. Ese túnel se levantó también de mampostería, ladrillos rotos y materiales amorfos, aunque puede verse que es posterior a la arquería porque se ve la huella de la junta sobrepuesta al muro de aquélla.

Con las Leyes de Reforma los terrenos del con- vento cambiaron de dueño. La huerta del recinto primero se adjudicó al señor José Mariano Mar- tínez en 1868;37 luego, en 1870 el gobierno federal

olvidó que ya se la había cedido al estatal, y éste a su vez la volvió a demandar a aquél en vista de que poseía los manantiales.38 Más tarde, el 27 de junio

de 1874, se sacó a remate y la obtuvo el señor Ca-

milo Hernández Perales; finalmente, su heredero,

Bernabé Hernández perales, enajenó los terrenos de la huerta en 1891. En lo que fue el convento se adaptaron y construyeron una cárcel, un hospital y un colegio.39 Las obras fueron continuas a partir

del momento en que se hubo de arreglar desde la cañería de la fuente del convento, el empedrado y atarjea maestra de la calle de san Francisco, es decir, la de la rampa y por supuesto la cárcel.40

33 Carolina Figueroa Torres, “Tlaxcala: un pueblo y su historia”, en [enencuentrodirectivos.org.mx/4to_encuentro/ pDFs/Historia_Tlaxcala.pdf], 11 de abril de 2013.

34 Ricardo Rendón Garcini, Breve historia de Tlaxcala, México, Colmex, Fideicomiso Historia de las Américas, FCe, 1996 [http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/sites/estados/libros/tlaxcala/html/sec_2.html].

35 Indaabin, vol. 65/32089, leg. 1, México, D.F., 23 de septiembre de 1931.

36 María Magdalena Vences Vidal, “Tlaxcala colonial. Estudio histórico y artístico”, tesis de licenciatura en historia, México, unAm, FFyl, 1980, p. 128, apud, El museo mexicano o miscelánea pintoresca de amenidades curiosas e instructivas, 3 vols., México, impresión y publicación de Ignacio Cumplido, 1843, vol. I, p. 503.

37 Indaabin, vol. 65/32089, leg.1, México, D.F., 23 de septiembre de 1931.

38AGet, Archivos incorporados, sección Ayuntamiento, Fondo siglo xix, caja 118, exp. 6, fs. 75-76, Tlaxcala, Tlax, 20 y 21 de diciembre de 1870.

39 Indaabin, vol. 65/32089, leg.1, México, D.F., 23 de septiembre de 1931.

40AGet, Informes de gobierno de Miguel Lira y Ortega (1877-1881), en el periódico El Estado de Tlaxcala, t. III, sesiones del 18 de mayo, 14 de junio, 19 de junio y 11 de octubre de 1877; AGet, Periódicos oficiales, El Pueblo, exp. 1, fs. 3, 4 y 5, Tlaxcala, Tlax., 18 de mayo, 14 de junio y 11 de octubre de 1877.

Es evidente que desde la aplicación de las Le- yes de Reforma el complejo conventual tlaxcalteca vio su mayor destrucción con la enajenación de sus terrenos, y en la adaptación y construcción de mu- ros para dependencias que jamás fueron pensadas por sus antiguos moradores. En esos años no exis- tía entre los liberales el concepto de que estaban destruyendo y dando nuevas funciones a una obra de arquitectura virreinal; si bien modesta, de todos modos con una historia de tres siglos. Lo importan- te era tener espacios para implementar y solucio- nar las demandas de la sociedad liberal en cuanto a salud, seguridad y educación.

Desde luego que resultaba más barato reacon- dicionar y agregar dependencias al otrora conven-

to que construir edificios nuevos, debido a que el

erario estaba prácticamente vacío después de los enfrentamientos entre conservadores y liberales, así como de las facciones de juaristas, lerdistas y

porfiristas.

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