II. Segundo capítulo Esclarecimiento y desambiguación conceptual: la cartografía conceptual de la felicidad
2.2 La diferencia fundamental: objetivo-subjetivo
Comprender o tener presente que “felicidad” designa a un fenómeno mental, mientras que “bienestar” a un tipo de vida buena es el primer paso en el esclarecimiento terminológico y la delimitación exhaustiva de los términos centrales de nuestra investigación. Sin embargo, como suele suceder en filosofía, la mayoría de las respuestas no hacen sino abrir más interrogantes. En este caso, aunque conozcamos la distinción técnica, no hemos abordado todavía el problema de la diferencia fundamental entre ambos conceptos. Si no tenemos esto completamente claro, lo que hemos hecho hasta ahora servirá de poco y nada. ¿Qué queremos decir con diferencia fundamental?
En el punto anterior, Sellars insinúa rápidamente en qué puede consistir esto. Señala que
eudaimonia es un “bienestar sustantivo en la propia vida”. En contraparte, “felicidad” corresponde a un “sentimientosubjetivode contento”. La distinción de fondo que se deja traslucir en estas definiciones, la posible diferencia fundamental entre felicidad y bienestar, es que el primer término es generalmente entendido como un fenómeno
subjetivo, mientras que el segundo como algo únicamente objetivo. Muy ligada a lo
anterior está la propuesta de acuerdo a la cual la felicidad y el bienestar se distinguen en que el primero es más bien un fenómeno interior, algo que se encuentra dentro del sujeto mismo, mientras que el bienestar es algo exterior, o bien al mismo tiempo interior y
exterior —mixto—. Por tanto, con diferencia fundamental nos referimos a aquella característica en virtud de la cual ambos términos —“felicidad” y “bienestar”— se distinguen más profunda y completamente.
Distinciones como las mencionadas no son extrañas. Consideremos, por ejemplo, una tesis doctoral realizada en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
En la primera parte de la tesis, compuesta por los capítulos del 1 al 4, reviso y evalúo algunas teorías filosóficas acerca de la felicidad que combinan de manera distinta lo que considero paradigmas en torno a este tema e intento, a partir de eso, ofrecer una caracterización de la felicidad que evite los problemas y las limitaciones que señalo en el caso de las teorías revisadas. Los cuatro grandes paradigmas que elijo para mi análisis de las teorías en torno a la felicidad son: por un lado, el paradigma que concibe a la felicidad como una experiencia subjetiva y el que la concibe como un estado objetivo, y, por otro lado, el que sostiene que la felicidad es un estado interno a la persona y el que sostiene que, además de un estado interno, requiere de ciertas condiciones externas. (Cézares Blanco, 2007, p. 11;los énfasis son nuestros)
De acuerdo a Cézares Blanco, los paradigmas centrales para comprender la felicidad se encuentran en los binomios subjetivistas-objetivistas e interioristas-exterioristas —o mixtos—. Opiniones semejantes son sostenidas por diferentes autores, tales como Vlastos (1991) o Kraut (1979), entre muchos otros. Ahora bien, si resulta ser cierto que estas categorías podrían utilizarse para distinguir a la felicidad del bienestar, ¿qué significa realmente que uno de estos términos sea subjetivo mientras el otro objetivo? En
el debate acerca de la felicidad, denominar a una teoría como subjetivista significa que “aquello en lo que consiste la felicidad puede variar enormemente de una persona a otra, dependiendo de sus muy particulares gustos, deseos, preferencias, intereses, etc.” (Cézares Blanco, 2007, p. 12). Estas teorías se fundan en el hecho bien conocido de que el placer de unos puede perfectamente ser el dolor de otros, es decir, que aquello que nos produce placer, nos agrada o nos satisface es enteramente personal, distinto de un sujeto a otro a tal grado que aquello que a mí me gusta puede dañar a otros. Dado que esta es una realidad irrefutable, las teorías subjetivistas de la felicidad rescatan este hecho para afirmar que la felicidad será, de la misma forma, subjetiva: aquello que me hace feliz depende únicamente de mis gustos, preferencias y estándares únicos y particulares. Demás está decir que generalmente —aunque no siempre— se considera que la felicidad, en tanto estado mental, es un concepto de este tipo.
En contraposición a estas teorías nos encontramos con las de corte objetivista, las cuales “ponen el énfasis en algún criterio que —en mayor o menor medida— se considera independiente de las preferencias, los gustos o los intereses de cada agente” (Cézares Blanco, 2007, p. 12). Esto es debido a que, en general, los objetivistas alegan que la vida del individuo debe cumplir ciertas expectativas objetivas para poder considerarse feliz, independiente de lo que el sujeto opine o sienta con respecto a la misma. Por este motivo, usualmente se considera que el bienestar, es decir la vida buena, es un concepto de este tipo. En efecto, como los filósofos han notado ya desde Sócrates, la calidad de una vida no necesariamente se condice con el sentimiento o disposición que se tiene hacia ella —el estado mental que nos produce—: una persona puede disfrutar mucho robando y mintiendo, y al hacer esto día tras día, durante toda su vida, puede en efecto sentirse realmente satisfecho y contento, pero difícilmente diremos que su vida es buena o digna de ser vivida. En ese sentido, aunque se puedan cumplir ciertos criterios subjetivos, estos no son suficientes para transformar la vida en una que valga la pena: para ello se requieren ciertos criterios objetivos, independientes de los gustos o preferencias del agente.
Esta es, grosso modo, la manera en que se entiende la distinción objetivo- subjetivo a la hora de pensar el tema de la felicidad. Si la definición de Sellars manifiesta una tendencia común en la filosofía, cabe suponer que diversos autores afirman algo similar a lo que él ha dicho: que la felicidad sería subjetiva, mientras que la
eudaimonia —o el bienestar, agregamos nosotros— sería objetiva. En efecto, otros autores, como por ejemplo L. W. Sumner (1996) adhieren a esta tesis: la eudaimonia sería eminentemente objetiva, mientras que la felicidad mayormente subjetiva. Empero, ¿es esta tesis correcta? Nosotros creemos que no. De hecho, consideramos que este binomio paradigmático no refiere a estos conceptos siquiera. Esta distinción no es sobre la felicidad y la eudaimonia o el bienestar, sino sobre sus fuentes. Indaguemos sobre esto.